La imagen convencional de la ansiedad social (AS) suele reducirse a un adolescente retraído, silencioso y temeroso del juicio ajeno. Sin embargo, esta visión estereotipada deja fuera a un grupo significativo de jóvenes cuya angustia no se traduce en inhibición, sino en impulsividad y agresión.
Tradicionalmente, la psicología ha tratado la ansiedad social como un fenómeno de evitación, pero la evidencia emergente sugiere que existe un "lado oscuro" donde el miedo al rechazo activa respuestas externalizantes que complican tanto el diagnóstico como el tratamiento.
El vacío en la comprensión de la ansiedad social
El problema radica en que, al considerar la ansiedad social únicamente como una tendencia al aislamiento, se han ignorado los diversos estilos de autorregulación. Un estudio liderado por Eriksson y Schmidt, de la Universidad McMaster, aborda precisamente este vacío.
Los investigadores plantean que la ansiedad social es un constructo heterogéneo donde los rasgos narcisistas (tanto vulnerables como grandiosos) juegan un papel determinante en cómo se manifiesta el malestar intermodal. En la adolescencia, una etapa crítica para la formación de la identidad, entender este "atípico" perfil de ansiedad es vital para evitar que los síntomas se cronifiquen bajo formas de conducta disruptiva.
Desglosando los perfiles latentes
Para desentrañar estas dinámicas, Eriksson y Schmidt contaron con una muestra de 298 adolescentes (edad media de 14.44 años; 46.5% varones). Utilizaron una técnica estadística avanzada denominada Análisis de Perfil Latente (LPA), que permite agrupar a los individuos no por variables aisladas, sino por patrones de comportamiento y personalidad co-currentes.
Los indicadores utilizados para identificar estos subgrupos fueron:
- Niveles de ansiedad social.
- Narcisismo vulnerable (sensibilidad extrema a la crítica).
- Narcisismo grandioso (necesidad de admiración y superioridad).
- Impulsividad.
- Agresión (evaluada mediante la subescala de Temperamento Adolescente de Capaldi & Rothbart).
Los tres rostros de la ansiedad adolescente
El análisis de Eriksson y su equipo reveló la existencia de tres perfiles claramente diferenciados, lo que confirma que la ansiedad social no es un bloque monolítico:
Perfil 1: Normativo (45.64%)
Representa a casi la mitad de la muestra. Estos jóvenes mostraron niveles bajos de ansiedad social, narcisismo y conductas externalizantes. Es el grupo con mayor éxito en la regulación emocional.
Perfil 2: Inhibido Típico (29.53%)
Este grupo presenta alta ansiedad social y alto narcisismo vulnerable, pero niveles bajos de agresión e impulsividad. Coincide con el prototipo clínico tradicional: el adolescente que se retrae para protegerse de una posible humillación.
Perfil 3: El Subtipo Impulsivo-Agresivo (24.83%)
Este es el hallazgo clave. A pesar de tener una ansiedad social moderada, estos adolescentes presentaron los niveles más altos de narcisismo (tanto vulnerable como grandioso), impulsividad y agresión. Este perfil "atípico" estuvo compuesto mayoritariamente por varones.

El papel del narcisismo en el conflicto aproximación-evitación
Según los autores, el narcisismo parece ser el motor que diferencia el subtipo airado del inhibido. Mientras que el ansioso social típico evita el contacto para no ser juzgado, el adolescente con rasgos narcisistas experimenta un conflicto de aproximación-evitación: desea la validación social (aproximación) pero teme el rechazo (evitación). Cuando este miedo se activa, la respuesta no es la huida, sino el ataque o la impulsividad como mecanismo de defensa para proteger un ego frágil.
Conclusión
Es imperativo manejar estos hallazgos con cautela intelectual. Eriksson y Schmidt señalan que, debido al diseño transversal del estudio, no es posible establecer una relación de causalidad; es decir, no sabemos si el narcisismo precede a la ansiedad o si ambos se desarrollan simultáneamente como respuesta a un entorno social percibido como hostil. Además, la dependencia de autoinformes puede introducir sesgos de deseabilidad social, especialmente en sujetos con rasgos grandiosos.
Desde una perspectiva clínica, este estudio es una llamada de atención para profesionales y educadores. Si un adolescente presenta estallidos de ira o impulsividad, la intervención tradicional para problemas de conducta podría ser insuficiente si no se detecta la ansiedad social subyacente.
El hecho de que los varones predominen en el perfil agresivo sugiere que las normas de género podrían estar moldeando la expresión de la vulnerabilidad. En lugar de mostrar miedo (socialmente menos "aceptable" en ciertos entornos masculinos), los jóvenes canalizan su ansiedad a través de la externalización. Las estrategias de tratamiento deben, por tanto, ser personalizadas: mientras que unos necesitan ganar confianza para exponerse, otros requieren herramientas de regulación de la ira y el manejo de su autoconcepto narcisista.
Fuentes y recursos de información
- Eriksson, M. & Schmidt, L. (2026). Characterizing the dark side of social anxiety in adolescence: A replication and extension study. Personality and Individual Differences, 251, 113581. DOI: 10.1016/j.paid.2025.113581
- Kashdan, T. & McKnight, P. (2010). The Darker Side of Social Anxiety. Current Directions in Psychological Science, 19, (1), 47-50. DOI: 10.1177/0963721409359280
- Mörtberg, E., Tillfors, M., van Zalk, N., & Kerr, M. (2014). An atypical anxious‐impulsive pattern of social anxiety disorder in an adult clinical population. Scandinavian Journal of Psychology, 55, (4), 350-356. DOI: 10.1111/sjop.12117