Por qué hacer preguntas complejas mejora tus proyectos creativos pero hunde tus notas en los exámenes de opción múltiple

Formular preguntas complejas mejora el desempeño en proyectos creativos pero perjudica las calificaciones en los típicos exámenes de opción múltiple.

Por qué hacer preguntas complejas mejora tus proyectos creativos pero hunde tus notas en los exámenes de opción múltiple
Imagen de © Depositphotos.

Desde niños se nos repite que "no hay preguntas tontas" y que la curiosidad es el principal motor del aprendizaje. Sin embargo, ¿qué pasaría si el sistema educativo actual en realidad castigara a quienes formulan las interrogantes más analíticas y profundas? 

Un reciente trabajo liderado por Raz (2026) plantea una paradoja sobre cómo adquirimos conocimiento a lo largo del tiempo y cómo se nos evalúa. En esencia, descubrieron que aprender a formular preguntas complejas impulsa la creatividad, pero al mismo tiempo, sabotea el rendimiento en las pruebas tradicionales.

No todas las preguntas son iguales

Para entender esta desconexión, primero debemos mirar cómo los psicólogos cognitivos miden la calidad de una pregunta. No es lo mismo preguntar "¿En qué año se describió el condicionamiento operante?" que cuestionar "¿Cómo adaptarías los principios del condicionamiento operante para mitigar la adicción a las redes sociales?".

La primera pregunta requiere memoria básica; la segunda exige un nivel superior de procesamiento. Para catalogar esto, los investigadores utilizaron la Taxonomía de Bloom, un marco educativo que clasifica las tareas cognitivas en una escalera. En el escalón más bajo está recordar hechos aislados, mientras que en la cima se encuentra la síntesis y la creación de nuevas ideas.

La premisa de Raz y su equipo era intuitiva pero ambiciosa: sospechaban que a medida que los alumnos dominan un tema durante un semestre, su habilidad para formular preguntas de alto nivel —aquellas en la cima de la taxonomía de Bloom— mejoraría naturalmente. Pero el verdadero nudo metodológico era entender si ser un "mejor preguntador" se traduce en éxito académico general.

Para probarlo, tenían que contrastar dos tipos de éxito. Por un lado, los proyectos abiertos que premian el pensamiento divergente —básicamente, la capacidad de explorar múltiples soluciones creativas para un solo problema—. Por otro, los exámenes de opción múltiple, que exigen pensamiento convergente —la habilidad para descartar ruido y llegar rápidamente a la única respuesta correcta—.

La doble espada de la complejidad cognitiva

El equipo siguió a un grupo de estudiantes durante un semestre completo de introducción a la psicología. Midieron su capacidad para hacer preguntas generales (sobre objetos cotidianos como un reloj o un cojín) y preguntas específicas del dominio (sobre experimentos de psicología). Los contrastes arrojaron matices profundamente reveladores:

El conocimiento transforma el foco de la curiosidad

A medida que avanzó el semestre, las preguntas específicas de los alumnos sobre psicología se volvieron más numerosas, originales y complejas. Sin embargo, su capacidad para hacer preguntas generales creativas se estancó o disminuyó.

Esto nos indica que ganar dominio en un área técnica no necesariamente nos hace más creativos en la vida general, sino que afina el lente analítico y la sofisticación para esa disciplina en específico.

La sincronización de la complejidad lo es todo

Los grupos que generaron preguntas sumamente complejas al principio del curso obtuvieron peores notas en sus proyectos finales. Por el contrario, los grupos que mostraron esta alta complejidad al final del semestre, lograron las mejores calificaciones en el proyecto de investigación abierto.

Intentar deconstruir un tema antes de dominar sus cimientos teóricos lleva a la sobrecomplicación y al agobio cognitivo; la verdadera innovación requiere que primero se interioricen las reglas antes de intentar romperlas.

La fluidez no es calidad

Generar un gran volumen de preguntas no garantizó el éxito. De hecho, una cantidad masiva de preguntas se asoció con calificaciones más bajas en los proyectos.

Lanzar ideas contra la pared a ver qué pega es menos efectivo que formular una o dos directrices de investigación altamente estructuradas y meditadas.

La trampa de la opción múltiple

Este es quizás el dato más provocador. Los estudiantes que formularon preguntas más originales y de mayor complejidad, tendieron a obtener peores calificaciones en el examen final cerrado de opción múltiple.

Una mente configurada para ver múltiples posibilidades, escenarios hipotéticos y zonas grises encuentra profundamente frustrante, e incluso penalizante, un formato que le exige apagar su pensamiento crítico para recordar datos rígidos y literales.

Una mirada bajo el capó

Para capturar este fenómeno, los investigadores implementaron un diseño longitudinal con 68 estudiantes universitarios, evaluándolos meticulosamente en la primera y en la última semana de clases. Esta medición a lo largo del tiempo es lo que le da fuerza al argumento: no tomaron solo una foto estática, sino que grabaron la película completa del aprendizaje.

Analizaron cientos de preguntas utilizando modelos de Inteligencia Artificial entrenados para igualar los criterios humanos al puntuar la originalidad, cruzando luego estos datos con la Taxonomía de Bloom. En términos de la magnitud del impacto, detectaron aumentos considerables en habilidades a lo largo del semestre; por ejemplo, la originalidad de las preguntas específicas aumentó con un tamaño del efecto de d = 0.44. En las convenciones de la estadística en ciencias sociales, este es un efecto de pequeño a moderado, pero es notable tratándose de un entorno de aula ruidoso y del mundo real, no de un laboratorio estéril.

Por supuesto, debemos mirar estos datos con honestidad científica. La muestra fue relativamente pequeña y se limitó a un solo curso introductorio de psicología. Como no probaron esto en estudiantes de física cuántica o literatura renacentista, no podemos asegurar que el fenómeno opere exactamente igual en otras disciplinas. Además, hay una asimetría estructural a considerar: el proyecto de investigación creativo se trabajó y evaluó de forma grupal, mientras que el examen de opción múltiple fue un calvario individual. Es muy posible que la dinámica social haya potenciado a las mentes creativas en el proyecto, un lujo del que carecían frente a su hoja de respuestas.

¿Qué significa esto para el futuro de la educación?

Históricamente, tendemos a igualar las notas de los exámenes con la inteligencia o la capacidad de aprendizaje de un estudiante. Sin embargo, esta investigación destapa una profunda disonancia cognitiva en el diseño pedagógico moderno. 

Las instituciones se llenan la boca animando a los alumnos a "pensar fuera de la caja", a lidiar con la incertidumbre y a practicar la indagación crítica. Pero, a la hora de la verdad, su futuro se decide mediante pruebas de opción múltiple que recompensan una retención de memoria rígida y veloz.

Un mal resultado en un examen estandarizado podría no ser un síntoma de holgazanería; irónicamente, podría ser el efecto secundario de una mente demasiado acostumbrada a explorar la complejidad. Las preguntas que quedan abiertas son urgentes: ¿Cuántos talentos científicos o innovadores estamos dejando atrás porque nuestro filtro de evaluación castiga el pensamiento divergente?

Quizás el verdadero desafío no sea enseñar a los estudiantes a encontrar la respuesta correcta más rápido, sino rediseñar nuestros sistemas de evaluación para que estén a la altura de las grandes preguntas que nuestras mentes son capaces de formular.

Fuentes y recursos de información

Raz, T. & Kenett, Y. (2026). Knowledge reshapes inquiry by changing question asking ability and impacting academic assessment. npj Science of Learning, 11, (1). DOI: 10.1038/s41539-026-00402-0

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