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Septiembre es el mes de la prevención del suicidio, también es el mes en el cual muchos estudiantes alrededor del mundo regresan a la escuela o colegio, para enfrentar un nuevo año de retos y desafíos.

Es por ello que cabe preguntarnos ¿Estamos realmente enseñándoles a nuestros niños y niñas lo que ellos necesitan saber?

Es frecuente en educación preocuparnos por temas tales como los estándares de curriculares comunes, pruebas estandarizadas y el tamaño de las clases, sin embargo debería ser una preocupación mayor el cómo ayudar a los niños a aprender a reconocer y afrontar sus propias emociones.

¿Cómo pueden ellos manejar las tensiones propias e inevitables de la convivencia a su edad tanto en la escuela como fuera de ella?

La adolescencia y juventud podrían ser ya un momento difícil y tardío para enseñar este tipo de estrategias, el cerebro en desarrollo es más propenso a experimentar el riesgo, las hormonas están activándose y afectan el estado de ánimo, situaciones como el bullying son parte de este contexto y la perspectiva necesaria que trae consigo la experiencia todavía no se ha adquirido.

Lo que significa que problemas que para un adulto serían fáciles de enfrentar a los jóvenes pudieran parecerles insuperables.

Para complicar el panorama, muchos de los problemas de salud mental tales como la ansiedad, depresión, trastorno bipolar y el consumo y abuso de sustancias psicoactivas, primero se presentan en la adolescencia y pueden ser un factor que aumente el riesgo de suicidio.

De hecho, una serie de estudios sobre este tema revela que cerca del 90% de los jóvenes que consuman este acto, padecían de un trastorno mental al mental el cual a menudo fue sub-diagnosticado o tratado inadecuadamente.

En aquellos que tienen 10 a 24 años de edad, el suicidio es la tercera causa de muerte.

El Rol de las escuelas en el cuidado de la salud mental de los niños

Los padres son sin duda la primer y más importante línea defensiva para ayudar a los niños y jóvenes a reconocer sus dificultades emocionales y ayudarles a desarrollar la capacidad de enfrenarlos (resiliencia).

Pero inclusive las familias emocionalmente cercanas pueden pasar por alto los signos de una lucha interna que un niño decididamente quiere ocultar.

La escuela como institución donde los niños asisten regularmente, pueden también convertirse en un complemento vital, que puede ofrecer una vía para ayudar a los niños, cuyos padres es poco probable que sean parte de la solución, pero pueden de hecho, estar contribuyendo al problema.

Algunos consideran que trabajar con los estudiantes temas de salud mental y habilidades de afrontamiento no debe ser parte de los currículos de un sistema educativo escolar, argumentan que los profesores no son psicólogos o trabajadores de la salud mental.

Pero la realidad es que ayudar a los niños a fortalecer su salud mental no sólo se traduce en una mayor probabilidad para el éxito académico, sino también una mayor probabilidad para aprender a aplicar las habilidades de afrontamiento.

Las altas puntuaciones académicas parecen inútiles ante la perspectiva de un estudiante deprimido sin deseos de continuar sus estudios universitarios o buscar empleo y el cual considera el suicidio como su única opción.

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Como implementar la empatía en al aula de clase

Las escuelas pueden implementar servicios de salud mental, que ayuden a mitigar problemas como la deserción escolar, conductas de riesgo, la delincuencia, el consumo de SPA, este tipo de programas pueden variar de escuela a escuela según sus características.

En Canada se desarrolló un programa llamado EMPATHY creado por, Peter Silverstone  psiquiatra y profesor de la Universidad de Alberta, en respuesta a la ola de suicidios de estudiantes del Distrito Escolar de Red Deer.

Diseñado para disminuir la ansiedad juvenil, la depresión y el suicidio.  El programa piloto se desarrolló en el 2012, en solo tres meses se lograron resultados significativos, en todas las escuelas donde fue aplicado, las puntuaciones de depresión se redujeron en un 15%, la ansiedad se redujo en un 11% y el número de estudiantes que reportaron ideación suicida cayo de 125 a 30.

El programa inicio con el tamizaje de los 3000 estudiantes participantes, de ellos el 4% fueron identificados con alto riesgo de suicidio, los cuales recibieron una atención pronta, que incluyo un coach en resiliencia, la participación de los padres y la opción de un programa en línea para ayudar a enfrentar problemas específicos.  Luego fueron reevaluados y se remitió a la atención de un especialista si era necesario.

Los estudiantes de secundaria recibieron un curso de resiliencia de 16 semanas que les enseño habilidades para interactuar con sus compañeros, enfrentar el estrés diario y combatir la ansiedad y el bajo estado de ánimo.

El programa EMPATHY fue capaz de identificar estudiantes con dificultades que previamente no habían sido identificados, gracias a este programa los estudiantes lograron implementar estrategias de resiliencia que aprendieron en el aula de clase, la trasferencia de estas compentencias tuvo un impacto positivo en la vida diaria de los estudiantes y en su capacidad para enfrentar los problemas que van surgiendo.

Imagienense el impacto que se lograría si cada escuela implementara un programa similar a este, los estudiantes aprenderían que su salud mental es tan importante como la física, que pueden solicitar ayuda y que esto no implica ninguna vergüenza, que las emociones se pueden manejar y que existen otros jóvenes que comparten sus luchas internas.

También se podría avanzar en convertir la escuela en ámbito de aprendizaje de las habilidades necesarias para la vida y poder crear una posible mejor vida, capaz de superar los retos.

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