Reserva cognitiva: la clave para prevenir el deterioro mental

La reserva cognitiva se refiere a la capacidad del cerebro para hacer frente a los cambios que se producen con el paso del tiempo.

Reserva cognitiva
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En la actualidad, existe una falta de consenso en la definición del concepto de reserva cognitiva, que ha cobrado cada vez mayor relevancia en el ámbito de la salud mental. También hay debate sobre los componentes que la conforman y su correlación. Sin embargo, algunas definiciones son ampliamente aceptadas, respaldadas por numerosos estudios.

La reserva cognitiva se refiere a la capacidad de nuestro cerebro para afrontar los cambios cerebrales que ocurren durante el envejecimiento normal o debido a patologías neuropsicológicas.

En este artículo, exploraremos el concepto de reserva cognitiva y proporcionaremos pautas que pueden ayudarnos a aumentar su capacidad, especialmente a medida que nos acercamos a una etapa vital en la que puede ser de gran beneficio, como es la tercera edad.

¿Qué significa el concepto de reserva cognitiva?

La reserva cognitiva es un concepto ampliamente discutido en el campo de la salud mental debido a su relevancia. Se refiere a la capacidad que posee nuestro cerebro para afrontar los cambios cerebrales que se producen con el paso de los años, ya sea durante el proceso de envejecimiento común o debido a una patología neuropsicológica.

Por lo tanto, se podría decir que la reserva cognitiva del cerebro se encargaría de modular la asociación entre las lesiones sufridas a nivel cerebral y sus manifestaciones clínicas, y de esta forma se conseguirá limitar los posibles impactos negativos producidos por este tipo de lesiones en el área cognitiva.

Este concepto nos permite explicar por qué no siempre se produce de manera directa una asociación entre el daño cerebral y su manifestación clínica, ya que ciertos daños cerebrales podrían afectar la función cognitiva en algunas personas pero no en otras. En estos casos, hablaríamos de la influencia de la reserva cognitiva, especialmente cuando no se ha observado una relación directa entre una función cognitiva alterada y un cambio cerebral específico (Arenaza-Urquijo y Bartrés-Faz, 2013).

Modelos teóricos desarrollados en torno al concepto de reserva cognitiva

El concepto de reserva cognitiva ha terminado siendo teorizado por dos grandes modelos teóricos que se encuentran interrelacionados entre sí: el modelo pasivo de la reserva cerebral y el modelo activo de la reserva cognitiva (Arenaza-Urquijo y Bartrés-Faz, 2013).

1. Modelo pasivo de la reserva cerebral

El primer modelo, el modelo pasivo, ha sido desarrollado por investigadores fundamentándose en ciertas características anatómicas del cerebro. Entre estas características destacan el tamaño cerebral, una mayor densidad sináptica y una cantidad superior de neuronas, que están directamente relacionadas con niveles más altos de reserva cerebral. Estos factores pueden considerarse parte del concepto de potencial anatómico del cerebro.

2. Modelo activo de la reserva cognitiva

El modelo activo de reserva cognitiva ha enfatizado la teoría de que la reserva es más de naturaleza cognitiva que cerebral.

En este sentido se destaca que la reserva cognitiva es una habilidad proporcionada por nuestro cerebro para ejecutar las tareas cognitivas de forma ediciones, ya sea a través del uso de las redes neuronales específicas, ya existentes para una tarea, o a través de un reclutamiento de otras redes neuronales alternativas.

De esta forma, al utilizar esas redes neuronales del cerebro de una manera más efectiva, se lograría disminuir el impacto de los cambios que se producen como consecuencia del envejecimiento o alguna neuropatología.

Algunos hábitos que podemos implementar en nuestro día a día con el fin de aumentar nuestra reserva cognitiva

La reserva cognitiva ha sido considerada como un constructo de la salud mental que no es estable debido a que puede ir cambiando a lo largo de las diferentes etapas de la vida de las personas, más allá de las variables innatas.

Por tanto, se puede afirmar que es factible adoptar una serie de hábitos que podrían contribuir al aumento de los niveles de reserva cognitiva. A continuación, explicaremos algunos de estos hábitos, que, como veremos, a menudo están interrelacionados entre sí.

1. Lectura diaria y formación académica

Algunos estudios han propuesto que el principal factor que influye en el aumento de los niveles de reserva cognitiva es la formación académica, de manera que cuantos más años se encuentre una persona estudiando más aumentarían sus niveles de reserva cognitiva (Calderón-Rubio, Uréndez-Serrano, Martínez-Nicolás y Tirapu-Ustárroz, 2022).

No obstante, estos niveles de reserva no solo se pueden aumentar a través de la formación académica ya que la adquisición del hábito de la lectura diariamente también permitiría aumentar la reserva cognitiva. Esta sería otra muestra más de la importancia que tiene leer todos los días y no perder nunca este hábito.

2. Aprender

Otro de los hábitos que se ha podido demostrar que incluyen en el aumento de la reserva cognitiva y, por ende, es un factor de protección frente a las demencias, es el aprendizaje. Tratar de aprender cosas nuevas a lo largo de nuestra vida siempre será bueno para nuestra capacidad cognitiva.

Por lo tanto, es fundamental mantenernos siempre activos en el aprendizaje de cosas que nos estimulen y enriquezcan (por ejemplo, visitar museos, aprender un nuevo idioma, mejorar nuestras habilidades culinarias, ver documentales, etc.).

3. Plantearnos algún reto o ponernos a prueba

Un hábito sumamente útil para mantenernos cognitivamente activos y que puede contribuir al aumento de nuestros niveles de reserva cognitiva es poner continuamente a prueba nuestras capacidades y establecernos retos que requieran cierto esfuerzo, pero sin exagerar en la elección de estos retos.

Si el desafío es demasiado abrumador, es más probable que nos desanimemos antes de incorporarlo a nuestra rutina diaria.

Ejemplos de esto incluyen resolver sudokus, crucigramas, juegos de mesa que requieran estrategia, actividades de ocio que estimulen nuestras capacidades cognitivas, entre otros.

4. Hacer cambios en nuestra rutina continuamente

Para aumentar nuestra reserva cognitiva, es importante no realizar siempre las mismas actividades, ya que la repetición constante de tareas que hemos automatizado no desafía lo suficiente a nuestro cerebro.

Esto no significa que debamos cambiar por completo todas nuestras rutinas diarias, ya que ciertos hábitos, como mantener un horario regular de sueño, son beneficiosos.

En cambio, nos referimos a cambiar ciertos hábitos que nos planteen desafíos cognitivos (como variar la ruta para ir al trabajo, perfeccionar nuestras habilidades en las tareas cotidianas en lugar de hacerlas de la misma manera siempre, romper con hábitos perjudiciales para la salud y reemplazarlos por otros más beneficiosos a largo plazo, etc.)."

Fuentes y recursos de información

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  • Amoretti, S. y Bernardo, M. (2019).  Resistencia al trastorno mental: el papel de la reserva cognitiva. Mente & Cerebro, 96, 20-22.
  • Arenaza-Urquijo, E. M. y Bartrés-Faz, D. (2013).  Reserva cognitiva. En D. Redolar (coord.).  Neurociencia Cognitiva (pp. 185-200). Editorial Médica Panamericana.
  • Bennett, D. A. (2016). Medidas para prevenir el alzheimer. Mente & Cerebro, 80, 32-41.
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Cómo citar este Artículo

Arrimada Fernández, M. (2023, octubre 2). Reserva cognitiva: la clave para prevenir el deterioro mental. Actualidad en Psicología. https://www.actualidadenpsicologia.com/reserva-cognitiva/

Graduado en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca y con un Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Alfonso X el Sabio. Asimismo, cuenta con un Máster en Psicoterapia impartido por la Asociación Española para el Fomento y Desarrollo de la Psicoterapia (AEFDP) y el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. También dispone de formación especializada en distintas áreas de la salud mental, destacando el Máster en Actualización en Intervención Psicológica y Salud Mental de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), así como varios cursos de especialización: Experto Universitario en Trastornos de la Conducta Alimentaria por la Universidad Europea Miguel de Cervantes, Especialista en el Tratamiento de las Adicciones por la Asociación Española de Psicología Sanitaria (AEPSIS), Experto en Mindfulness para profesionales de la salud (UDIMA), Experto en CIE-11 y DSM-5 (UDIMA), Experto Avanzado en el Tratamiento de los Trastornos de la Personalidad (AEFDP) y Experto en Terapias Contextuales de Tercera Generación (AEFDP). Desarrolla su labor como psicólogo sanitario y cuenta con experiencia en distintos contextos clínicos, abordando problemáticas como adicciones, patología dual, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos de la personalidad, ansiedad y depresión, tanto en formato individual como grupal. Ejerce su práctica profesional en centros presenciales, así como en modalidad online a través de BetterHelp

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