La psicología del agresor sexual y la transgresión del deseo

Un recorrido desde la evolución humana hasta el psicoanálisis para entender la violencia de género.

La psicología del agresor sexual y la transgresión del deseo
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Deseo y transgresión

Por otro lado, si el deseo es deseo de lo que no se tiene, fácilmente podremos deducir que aquello que "no se tiene", puede adquirir semblantes tales como: lo imposible, lo añorado, lo perdido, lo tentador, lo prohibido. STOP.

"No desearás la mujer de tu prójimo"

Deuteronomio 5:21.

El hombre abusador, el maltratador, el violador, el homicida, el feminicida, no atiende a un único perfil forense, aunque a nivel coloquial cualquiera de ellos pudiera ser acertadamente catalogable como inhumano, despreciable, malvado, cobarde y un largo etcétera de apelativos. En todo caso, bien podremos señalar que cualquiera de tales actos demuestra una trasgresión ética; en definitiva, la de no hacer daño al semejante.

Si nos ponemos a mirar la psicología del agresor sexual, nos encontraremos con un sinfín de tipologías, la gran mayoría de ellas orientadas hacia el análisis de la conducta y la cognición. Se trata de investigaciones que priman la objetivación de las conductas observadas. Otras incorporan elementos psiquiátricos, como en el caso de algunos serial killers, abusadores y/o violadores, que han actuado bajo los efectos de cuadros delirantes o episodios disociativos.

Más allá de la psicopatía

Sin embargo, muchas veces, las atrocidades cometidas no son fruto de desarreglos psíquicos que les impidieran tener noción de lo que hacían. En muchos de ellos, ha sido la maldad psicopática la que ha propiciado el acto transgresor. Una maldad que coexiste con una total ausencia de condolencia con la víctima, que no de empatía como erróneamente se piensa, ya que el psicópata sabe "leer" perfectamente las necesidades de su objetivo, y es por eso que se propone como medio (vehículo) para poder cubrir dichas necesidades.

Para poder "leer" las necesidades de un otro, hay que estar capacitado para sintonizar, lo que no garantiza el estar igualmente capacitado para percibir el dolor infringido.

Por otro lado, están aquellos hombres que no presentan cuadros psiquiátricos ni psicopáticos (en algunos sectores se habla de sociopatía). Se trata de hombres con una cierta funcionalidad social, hombres que pueden pasar desapercibidos e incluso ser bien considerados en su vecindario, empleo o entorno social en general.

Hombres que actúan de forma notablemente transgresora, conscientes de lo que hacen, concernidos de que su hacer es un hacer que atropella el cuerpo, la dignidad y la voluntad de la mujer, pero con notable autoindulgencia y mecanismos cognitivos para relativizar la culpa y la consiguiente angustia por la comisión delictiva.

Categorías comportamentales del agresor sexual

En este artículo proponemos algunas categorías comportamentales, destiladas tras ocho años de labor terapéutica con agresores sexuales convictos. Categorías vinculadas al germen motivacional del acto delictivo, entendiendo el acto delictivo como aquellas agresiones sexuales contra mujeres, o tal y como recoge el título V del código penal: agresiones contra la indemnidad sexual.

1. Actos consumistas y voyeur

Actos grupales de puesta en escena y en donde la mostración de la vejación es condición erótica.

Son los actos de consumo y socialización del visionado de cuerpos forzados. Sería ésta una violencia autosatisfecha de su propia puesta en acto; una violencia que no busca decir, sino ofrecer un espectáculo de crueldad, dejando muestra clara de que lo virtual está comiendo terreno a lo real-presencial, y la capacidad de condolerse por el daño ocasionado es un software que no se estila en el discurso de los nuevos modos consumistas.

En resumen, cabe decir que, en el mundo joven, se está jugando el peligro de forjarse una dinámica social en el que la culpa es culpa por no gozar, la vergüenza es vergüenza de no ser visto y la angustia es angustia de no ser y no angustia por no poder, como antaño.

Esta deriva perversa en el estatuto de estos reguladores, que hace de los cuerpos objetos de consumo y mercadeo, y de las redes sociales escaparates de elección o mostración de cuerpos que ejercen violencia y cuerpos que la padecen, puede generar a futuro modos de ejercer la agresión al cuerpo femenino. Aunque cabe añadir que el consumismo puede llegar a igualar los géneros fuera de los roles propios de la cultura patriarcal, equiparándolos entre sí como meros objetos de goce y autoconsumo.

2. Actos apropiativos

Actos individuales en donde la agresión es reflejo de un "porque puedo y me lo permito".

Hemos sido testigos de cómo la comisión de delitos de agresión la protagonizaban individuos bien ajustados a los estándares sociales. Hombres con trabajo y familia, así como un círculo de relaciones más o menos contenedor, al menos en apariencia. Hombres que se dan el autoconsentimiento a la agresión, a sabiendas de que se trata de un acto ilícito y dañino, aunque algunos minimicen la gravedad como mera estrategia mental para pasar al acto.

Son los actos hechos lejos de la mirada de un otro que lo pueda descalificar. Hombres adultos que se permiten soportar la propia voz de la conciencia, revestidos de doble moral, relativizando el acto, atribuyendo la responsabilidad al hecho de sentirse seducidos o negando la gravedad al suponer que no hubo daño de su parte.

Individuos que han planificado la comisión de forma más o menos deliberada. Son los actos apropiativos, de dueñidad. Actos violentos como un ejercicio de poder patrimonial y al servicio de una apetencia que requiere ser satisfecha, tal puede ser el forzamiento sexual.

3. Actos deficitarios

Actos individuales en donde la agresión es reflejo de un "porque no lo puedo de otra manera".

Son actos que nos habilitan a pensar la agresión como expresión de sentimientos subjetivos deficitarios, tales son el rencor, el deseo de dominio, el despecho o el sentimiento de culpa. Hombres que hacen uso de dicha violencia movidos por una falta que requiere ser taponada. ¿Pero cuál sería la razón de dicha incapacidad?

Más allá de las razones individuales, derivadas de vivencias en la crianza y posteriores, y sin pretender dar respuesta redonda a una pregunta tan exigente, me atreveré a exponer tres ideas al respecto. En esta línea, incluimos aquí los actos que se ejercen en el marco de tres escenarios psicológicos, no excluyentes entre sí. Son los siguientes:

3.1. Agresiones reactivas (tras el encuentro circunstancial con una determinada mujer)

En estos casos, diremos que la escena que comienza a desarrollarse en ese tipo de encuentros se registra en la mente del individuo como una escena repetida. Una escena biográfica y que le devuelve al sujeto a una vivencia íntima del lugar que ocupa para la mujer. Puede ser éste un lugar en donde él se viva rechazado, impotente e, incluso, invisible o despreciable. La inscripción de ese lugar de resto en la psique del individuo actúa como precipitante de la comisión y sus actos, a la postre, acaban corroborando esa autopercepción.

3.2. Agresiones a mujeres rivales de potencia

Protagonizadas por hombres que ven peligrar sus credenciales masculinas. Se trata de actos cuyo propósito primero no es hacer uso del cuerpo femenino como fuente de placer, sino del sometimiento como condición erógena, condición de capacidad. Una capacidad ficticia que vela la incapacidad íntima ante el encuentro con la rival femenina.

3.3. Desvalimiento ante el encuentro sexual

Vincularemos la hostilidad como respuesta compensatoria al hecho del desvalimiento (que presentan estos sujetos) ante el encuentro sexual, siempre inquietante. Sujetos que socaban el cuerpo de la mujer, un cuerpo que encarna un modo de sentir y ser habitado que interroga al hombre sobre su lugar en él. Lo descompleta de sus certezas y cuestiona, siempre, la garantía de su potencia y de su masculinidad. Una masculinidad que puede llegar a hacer del forzamiento y de la misoginia dos modos de combatir la angustia por el encuentro con lo femenino, reeditando la falsa creencia en una supuesta fortaleza, lo cual aleja al hombre de su propia vivencia de feminidad y todos sus sinónimos.


Primera parte: El macho que habita al hombre: la violencia nombrada como machista

Segunda parte: De los mandatos de masculinidad a la violencia masculina

Cómo citar este Artículo

Torrealdea Koskorrotza, K. (2026, marzo 10). La psicología del agresor sexual y la transgresión del deseo. Actualidad en Psicología. https://www.actualidadenpsicologia.com/la-psicologia-del-agresor-sexual-y-la-transgresion-del-deseo/

Psicólogo Especializado en Psicología Clínica. Formación en psicoanálisis Psicoterapeuta acreditado por la EFTA y la FEAP. Miembro de la AEN (Asociación Española de Neuropsiquiatría)

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