¿Cuánto duran los beneficios de la psicoterapia para la depresión? Un nuevo metaanálisis ofrece resultados esperanzadores

Las intervenciones psicológicas breves pueden generar diferencias en la sintomatología depresiva que perduran durante varios años.

¿Cuánto duran los beneficios de la psicoterapia para la depresión? Un nuevo metaanálisis ofrece resultados esperanzadores
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La depresión es uno de los problemas de salud mental más frecuentes y con mayor impacto sobre la vida de las personas. Aunque suele asociarse principalmente con la tristeza, un episodio depresivo puede afectar a muchas otras áreas: la motivación, la capacidad para disfrutar, el sueño, la concentración, la energía, las relaciones interpersonales, el rendimiento laboral o académico y la percepción que la persona tiene de sí misma y de su futuro.

Afortunadamente, la depresión es también uno de los problemas psicológicos sobre los que disponemos de una extensa investigación acerca de la eficacia de los tratamientos. Diferentes formas de psicoterapia han demostrado ser eficaces, entre ellas la terapia cognitivo-conductual, la activación conductual, la terapia interpersonal y la terapia cognitiva basada en mindfulness, intervenciones que cuentan con un importante respaldo empírico.

Sin embargo, demostrar que un tratamiento funciona mientras se está realizando o inmediatamente después de finalizarlo responde solamente a una parte de la cuestión. Existe otra pregunta especialmente relevante para pacientes y profesionales: ¿qué ocurre con los beneficios de la psicoterapia cuando pasan los meses y los años?

Un amplio metaanálisis publicado recientemente en World Psychiatry por Pim Cuijpers y colaboradores permite aproximarnos a esta cuestión con un nivel de detalle hasta ahora poco habitual. Sus resultados sugieren que los beneficios de la psicoterapia para la depresión no se limitan al periodo en el que se desarrolla el tratamiento: aunque una parte del efecto inicial disminuye durante los primeros meses, la ventaja frente a las condiciones control parece estabilizarse posteriormente y puede mantenerse durante años.

Un metaanálisis de más de 33.000 personas sobre la eficacia a largo plazo de la psicoterapia para la depresión

Cuijpers y colaboradores (2026) llevaron a cabo uno de los análisis más amplios realizados hasta la fecha sobre la evolución a largo plazo de los efectos de la psicoterapia para la depresión. Para ello, analizaron 191 ensayos clínicos aleatorizados, que proporcionaron 209 comparaciones entre diferentes formas de psicoterapia y condiciones control y reunieron a un total de 33.691 participantes adultos con depresión. Para formar parte del metaanálisis, los estudios debían disponer de al menos un seguimiento realizado seis meses después de la aleatorización, lo que permitió ir más allá de la pregunta habitual acerca de si la psicoterapia resulta eficaz al finalizar el tratamiento y estudiar cómo evolucionan sus beneficios con el paso del tiempo.

Otro aspecto importante es que el estudio no se limitó a una única modalidad de psicoterapia. Aproximadamente la mitad de las comparaciones correspondían a terapia cognitivo-conductual, pero también se incluyeron estudios sobre activación conductual, terapia interpersonal, terapias de tercera generación, terapia de solución de problemas y otras intervenciones psicológicas. Los tratamientos fueron, además, relativamente breves: la duración media se situó en torno a diez sesiones, aunque existía variabilidad entre los diferentes estudios.

En conjunto, los investigadores dispusieron de 534 mediciones realizadas en diferentes momentos de seguimiento, lo que les permitió analizar cómo iba cambiando la diferencia entre quienes habían recibido psicoterapia y quienes habían sido asignados a las condiciones control. Esta cantidad de información resulta especialmente relevante porque uno de los principales problemas de investigaciones anteriores era precisamente la escasez de datos sobre la evolución de los pacientes una vez transcurridos los primeros meses después del tratamiento.

La principal innovación del trabajo estuvo, además, en la forma de analizar toda esta información. Los metaanálisis anteriores solían agrupar los resultados en categorías temporales relativamente amplias —por ejemplo, seis meses, un año o más de un año— y analizar cada periodo por separado. En este caso, los investigadores utilizaron un modelo longitudinal avanzado que permitió integrar los distintos momentos de seguimiento y reconstruir la trayectoria del efecto de la psicoterapia a lo largo del tiempo. De esta manera, en lugar de obtener únicamente fotografías aisladas de lo que ocurría en determinados momentos, pudieron aproximarse a cómo evolucionaba el efecto desde las primeras semanas hasta los seguimientos más prolongados.

Y es precisamente esa trayectoria la que ofrece uno de los resultados más interesantes del estudio: los beneficios de la psicoterapia no siguen una evolución lineal ni desaparecen simplemente a medida que transcurre el tiempo. Tras alcanzar su mayor magnitud durante los primeros meses, una parte del efecto disminuye progresivamente, pero posteriormente parece estabilizarse, abriendo una cuestión especialmente relevante para la práctica clínica: hasta qué punto los beneficios obtenidos durante una psicoterapia pueden mantenerse una vez finalizado el tratamiento (Cuijpers et al., 2026).

Los beneficios disminuyen parcialmente, pero no parecen desaparecer

Durante las primeras semanas, la diferencia entre quienes habían recibido psicoterapia y las condiciones control fue aumentando. Aproximadamente a las doce semanas se alcanzó una diferencia de medias estandarizada de 0,55, un tamaño del efecto que los autores describen como moderado a grande.

A partir de ese momento, la magnitud de la diferencia comenzó a disminuir progresivamente. A los tres meses, el tamaño del efecto estimado era de 0,54; a los seis meses, de 0,43; a los nueve meses, de 0,40; y aproximadamente un año después de la aleatorización se situaba en torno a 0,39.

Hasta aquí podríamos pensar que, sencillamente, el efecto de la psicoterapia se va diluyendo progresivamente con el paso del tiempo. Pero eso no es exactamente lo que encontraron los investigadores.

Después de aproximadamente un año, el descenso se frenaba y el tamaño del efecto permanecía relativamente estable, alrededor de 0,39, durante los años posteriores. Es decir, la diferencia entre los grupos disminuía respecto a los primeros meses, pero no continuaba reduciéndose al mismo ritmo. En el modelo estadístico, la diferencia media en síntomas depresivos permanecía estadísticamente significativa durante varios años después de la aleatorización (Cuijpers et al., 2026).

El patrón general puede resumirse, por tanto, de una manera sencilla: la psicoterapia alcanza inicialmente una ventaja de magnitud moderada a grande frente a las condiciones control; una parte de esa diferencia disminuye durante los meses siguientes, pero posteriormente se estabiliza en un nivel moderado y puede mantenerse durante años.

Este hallazgo resulta clínicamente relevante porque cuestiona una concepción de la psicoterapia como una ayuda cuyos beneficios solamente están presentes mientras la persona acude a consulta. Una intervención psicológica puede ser relativamente breve y, sin embargo, las diferencias asociadas al tratamiento pueden continuar observándose mucho tiempo después de que las sesiones hayan terminado.

¿Qué significa que el efecto se mantenga?

Conviene detenerse aquí, porque los tamaños del efecto pueden resultar difíciles de interpretar fuera del ámbito de la investigación. Que al cabo de uno o varios años se observe un tamaño del efecto próximo a 0,39 no significa que cada persona conserve exactamente «el 39 %» de los beneficios obtenidos durante la terapia. Tampoco significa que cuatro de cada diez pacientes se hayan recuperado. Se trata de una diferencia de medias estandarizada: indica que, en promedio, las personas asignadas a psicoterapia presentaban menos síntomas depresivos que las asignadas a las condiciones control, con una diferencia cercana a cuatro décimas de una desviación típica.

El estudio examinó también los resultados de una manera más intuitiva mediante las tasas de respuesta, considerando respuesta clínica una reducción de al menos el 50 % de los síntomas depresivos respecto al inicio. A los tres meses, aproximadamente el 34 % de las personas asignadas a psicoterapia cumplían este criterio, frente al 19 % de los grupos control. Al año, las estimaciones eran del 35 % frente al 24 % y, a los cinco años, del 35 % frente al 29 % (Cuijpers et al., 2026).

Hay, sin embargo, un matiz importante. Aunque a los cinco años las tasas estimadas seguían siendo superiores en el grupo de psicoterapia, la diferencia en respuesta ya no era estadísticamente significativa. El riesgo relativo de respuesta alcanzó 1,68 a los tres meses y fue disminuyendo progresivamente hasta 1,14 a los cinco años, manteniéndose estadísticamente significativo hasta aproximadamente los 4,5 años.

Esto no contradice que el análisis de la sintomatología depresiva como variable continua mostrara diferencias durante más tiempo. Se trata de dos formas diferentes de analizar los resultados: una compara la intensidad media de los síntomas entre los grupos y la otra establece un punto de corte para determinar qué proporción de participantes alcanza una reducción de al menos el 50 %.

Otro aspecto interesante es que la tasa estimada de respuesta en el grupo de psicoterapia permaneció relativamente estable a lo largo del tiempo, mientras que aumentó progresivamente en los grupos control. Por tanto, la reducción de las diferencias entre ambos grupos no parece explicarse únicamente por una pérdida progresiva de los beneficios entre quienes recibieron psicoterapia.

Los autores plantean diferentes explicaciones posibles. Con el paso del tiempo, las personas inicialmente asignadas a las condiciones control pueden recibir posteriormente psicoterapia, medicación u otros tratamientos, y también pueden producirse recuperaciones sin tratamiento adicional. Además, cuanto más prolongado es el seguimiento, más difícil resulta atribuir las diferencias observadas exclusivamente al tratamiento recibido inicialmente.

Por ello, estos resultados deben interpretarse como diferencias promedio entre grupos a lo largo del tiempo, y no como una medida de cuánto beneficio conserva individualmente cada paciente. En conjunto, los datos indican que la ventaja asociada a la psicoterapia disminuye respecto a los primeros meses, pero una parte de esa diferencia puede mantenerse a largo plazo (Cuijpers et al., 2026).

¿Podemos afirmar entonces que una psicoterapia dura ocho años?

El metaanálisis encontró que la diferencia media en sintomatología entre quienes habían sido asignados a psicoterapia y quienes habían sido asignados a las condiciones control permanecía estadísticamente significativa en el modelo hasta aproximadamente 8,3 años después de la aleatorización.

Es probablemente uno de los resultados más llamativos del estudio, pero también uno de los que requieren mayor prudencia. Que el modelo encuentre una diferencia estadísticamente significativa hasta ese momento no significa que se haya demostrado con la misma solidez que los beneficios de una psicoterapia duren ocho años.

La razón principal es que la cantidad de información disponible disminuye considerablemente a medida que aumenta el tiempo de seguimiento. De las 534 mediciones incluidas en el metaanálisis, solo 52 correspondían a periodos superiores a un año: 37 se situaban entre uno y dos años, ocho entre dos y cuatro años y únicamente siete entre cinco y diez años. Los propios investigadores advierten, por ello, de que las estimaciones posteriores a los dos años deben interpretarse con cautela.

Tampoco sería científicamente adecuado concluir que «diez sesiones de psicoterapia curan la depresión durante ocho años». La media de los tratamientos incluidos se situaba aproximadamente en diez sesiones, pero el estudio analiza diferencias promedio entre grupos y no demuestra que cada persona conserve durante ocho años los beneficios obtenidos inicialmente ni que permanezca libre de nuevos episodios depresivos.

Lo que los resultados permiten afirmar es algo más matizado y, al mismo tiempo, clínicamente relevante: existe evidencia sólida de que los beneficios asociados a la psicoterapia pueden mantenerse más allá del final del tratamiento, mientras que los resultados sugieren que parte de esa ventaja podría prolongarse durante varios años. Sin embargo, la certeza con la que podemos realizar esta afirmación disminuye conforme aumenta el periodo de seguimiento, debido al menor número de datos disponibles (Cuijpers et al., 2026).

Además, hablar de efectos duraderos no equivale a hablar de curación permanente. No todas las personas responden al tratamiento y la depresión puede presentar un curso recurrente. Los propios autores recuerdan que las recaídas siguen siendo frecuentes incluso entre quienes han alcanzado la remisión. Por ello, el dato de los 8,3 años debe entenderse como una estimación de hasta cuándo el modelo detecta una diferencia media estadísticamente significativa entre los grupos, y no como una duración garantizada del efecto terapéutico para cada persona.

¿Por qué puede mantenerse el efecto de una psicoterapia?

El metaanálisis muestra que las diferencias entre quienes recibieron psicoterapia y las condiciones control pueden mantenerse a lo largo del tiempo, pero no permite determinar qué mecanismos explican esa persistencia. Por tanto, conviene diferenciar los resultados observados de las posibles explicaciones psicológicas de esos resultados.

Una característica de muchas intervenciones psicológicas es que no se limitan a producir cambios durante las sesiones, sino que buscan que la persona adquiera habilidades y estrategias que pueda seguir utilizando posteriormente. Dependiendo del tratamiento, esto puede implicar aprender a identificar y revisar determinados patrones de pensamiento, recuperar actividades significativas, reconocer conductas de evitación, afrontar de manera diferente los conflictos interpersonales, resolver problemas o identificar señales tempranas relacionadas con una posible recaída (Barraca Mairal, 2021; Beck et al., 2026).

Estos aprendizajes pueden incorporarse progresivamente a la vida cotidiana y continuar utilizándose una vez finalizado el tratamiento. Desde esta perspectiva, resulta plausible que una intervención limitada en el tiempo pueda favorecer cambios que se mantengan posteriormente. Sin embargo, el metaanálisis de Cuijpers y colaboradores no demuestra que este proceso de aprendizaje sea el responsable de los efectos a largo plazo observados, por lo que debe entenderse como una posible explicación y no como una conclusión derivada directamente del estudio.

Tampoco todas las psicoterapias actúan necesariamente a través de los mismos procesos. Precisamente, una de las características de la investigación sobre depresión es que existen diferentes intervenciones con respaldo empírico que abordan el problema desde perspectivas distintas. Entre las más estudiadas se encuentran la terapia cognitivo-conductual, la activación conductual y la terapia interpersonal, junto con otras intervenciones como la terapia cognitiva basada en mindfulness (Barraca Mairal, 2021; Fonseca-Pedrero et al., 2021).

Tratamientos psicológicos con respaldo empírico para la depresión

La depresión es uno de los problemas psicológicos que cuenta con una mayor tradición de investigación sobre la eficacia de la psicoterapia. Las revisiones de la evidencia disponible sitúan a la terapia cognitivo-conductual (TCC), la activación conductual, la terapia interpersonal y la terapia cognitiva basada en mindfulness entre las intervenciones que han acumulado un respaldo empírico especialmente sólido para su tratamiento. No obstante, estas no constituyen las únicas intervenciones psicológicas con apoyo empírico para la depresión, y el mayor volumen de estudios acumulado por determinados tratamientos no debe interpretarse necesariamente como evidencia de una mayor eficacia frente a otras intervenciones que también han mostrado resultados favorables.

La existencia de distintas alternativas terapéuticas respaldadas por la investigación permite, además, seleccionar la intervención atendiendo no solo a la evidencia disponible, sino también a las características clínicas, necesidades, circunstancias y preferencias de cada persona. La práctica psicológica basada en la evidencia implica precisamente integrar la mejor investigación disponible con la experiencia clínica y las características y preferencias del paciente (Barraca Mairal, 2021; Fonseca-Pedrero et al., 2021).

Entre ellas, la terapia cognitivo-conductual es una de las más investigadas y, de hecho, representó aproximadamente la mitad de las intervenciones incluidas en el metaanálisis de Cuijpers y colaboradores. Desde el modelo desarrollado por Aaron T. Beck, se presta especial atención a la relación entre pensamientos, emociones y comportamientos. Durante la depresión pueden aparecer interpretaciones negativas acerca de uno mismo, de las propias experiencias y del futuro, que pueden contribuir al mantenimiento del malestar. La intervención no consiste simplemente en «pensar en positivo», sino en identificar y analizar determinados pensamientos y creencias, poner a prueba algunas interpretaciones y desarrollar perspectivas más flexibles y ajustadas, junto con cambios conductuales dirigidos a recuperar el funcionamiento de la persona (Beck et al., 2026; Ruiz Fernández et al., 2012).

La activación conductual, por su parte, presta especial atención a la relación entre la conducta y el contexto. En la depresión puede producirse una reducción progresiva de actividades y fuentes de reforzamiento, acompañada de patrones de evitación que proporcionan alivio a corto plazo pero pueden contribuir al mantenimiento del problema. Por ello, no consiste simplemente en recomendar a la persona que «haga más cosas». A partir del análisis funcional se estudian las relaciones entre situaciones, conductas y consecuencias y se programan progresivamente actividades relevantes que permitan recuperar el contacto con fuentes de reforzamiento significativas para esa persona (Barraca Mairal, 2021; Froxán Parga, 2020; Martell et al., 2013). De ahí una de sus ideas más características: en ocasiones no es necesario esperar a encontrarse mejor para empezar a actuar; empezar a actuar de otra manera puede formar parte precisamente del proceso que ayuda a encontrarse mejor.

La terapia interpersonal (TIP) ofrece otro modo de abordar la depresión. Desarrollada originalmente por Gerald Klerman y colaboradores específicamente para este problema, parte de que los episodios depresivos se producen dentro de un contexto interpersonal y de que existe una influencia recíproca entre los síntomas y las relaciones de la persona. Es una intervención breve y focalizada que trabaja principalmente sobre áreas como el duelo, los conflictos interpersonales, las transiciones de rol —por ejemplo, una separación, una jubilación o un cambio laboral— y las dificultades para establecer o mantener relaciones satisfactorias (Klerman et al., 1984). Su eficacia ha sido estudiada durante décadas y forma parte de las intervenciones para la depresión destacadas por las revisiones de tratamientos psicológicos basados en la evidencia (Fonseca-Pedrero et al., 2021).

Junto a ellas, la terapia cognitiva basada en mindfulness (MBCT) cuenta también con respaldo empírico y resulta especialmente relevante cuando hablamos de la recurrencia de la depresión. Fue desarrollada precisamente para reducir la vulnerabilidad a futuras recaídas, trabajando, entre otros aspectos, sobre la tendencia a reactivar patrones cognitivos negativos y rumiativos cuando vuelve a descender el estado de ánimo. En lugar de intentar modificar necesariamente el contenido de cada pensamiento, se busca favorecer una relación diferente con pensamientos y emociones y una mayor capacidad para reconocerlos sin quedar atrapado automáticamente en ellos (Ruiz Fernández et al., 2012; Barraca Mairal, 2021).

Que existan diferentes tratamientos eficaces no significa que debamos establecer un ranking rígido entre ellos. El propio metaanálisis de Cuijpers y colaboradores incluye TCC, activación conductual, terapia interpersonal, terapias de tercera generación, solución de problemas y otras psicoterapias, y sus resultados no permiten identificar una intervención universalmente superior para todas las personas (Cuijpers et al., 2026).

La práctica psicológica basada en la evidencia implica precisamente integrar la mejor investigación disponible con la experiencia clínica y con las características, necesidades, contexto y preferencias de cada persona (Fonseca-Pedrero et al., 2021). Por ello, más que preguntarnos únicamente cuál es «la mejor terapia» para la depresión, resulta necesario valorar qué intervención respaldada por la evidencia puede resultar más adecuada para una persona concreta y para los procesos que están contribuyendo al mantenimiento de sus dificultades.

La psicoterapia no termina necesariamente con la última sesión

Probablemente este sea uno de los mensajes más relevantes del nuevo metaanálisis. Una psicoterapia puede desarrollarse durante unas semanas o unos meses, pero sus posibles beneficios no tienen por qué limitarse al periodo en el que la persona mantiene contacto regular con el terapeuta.

Idealmente, a lo largo del proceso terapéutico la persona va comprendiendo mejor los factores relacionados con sus dificultades y desarrollando recursos que puede incorporar a su vida cotidiana. Dependiendo del tipo de intervención, esto puede implicar detectar antes un patrón de aislamiento, cuestionar una interpretación especialmente rígida, recuperar progresivamente actividades cuando disminuye la motivación, reconocer conductas de evitación, afrontar de otra manera un conflicto interpersonal o identificar señales tempranas relacionadas con una posible recaída.

Estas habilidades pueden seguir utilizándose una vez finalizado el tratamiento. Sin embargo, es importante diferenciar esta explicación clínicamente plausible de lo que demuestra el estudio: el metaanálisis no permite establecer que la adquisición de estas habilidades sea el mecanismo responsable de la persistencia de los efectos observados a largo plazo. Tampoco permite afirmar que todas las personas mantengan los beneficios obtenidos ni que una depresión tratada no pueda reaparecer.

Lo que sí muestran los resultados es algo más concreto: las personas asignadas a psicoterapia continuaron presentando, en promedio, menos síntomas depresivos que las asignadas a las condiciones control mucho después del periodo inicial de tratamiento. La magnitud de esta diferencia disminuyó durante los primeros meses, pero posteriormente mostró una relativa estabilización (Cuijpers et al., 2026).

Además, los investigadores realizaron análisis de sensibilidad para valorar hasta qué punto la pérdida de participantes durante los seguimientos podía estar influyendo en los resultados. Incluso bajo supuestos conservadores, en los que se asumía que las personas perdidas durante el seguimiento podían haber presentado peores resultados, el efecto favorable a la psicoterapia se mantuvo estadísticamente significativo. Este análisis refuerza la robustez del hallazgo principal, aunque no elimina otras limitaciones del estudio ni la mayor incertidumbre existente en los seguimientos más prolongados (Cuijpers et al., 2026).

En este sentido, quizá la idea más relevante no sea que la psicoterapia produzca un efecto permanente, sino que una intervención limitada en el tiempo puede asociarse con diferencias que se prolongan mucho más allá de la última sesión.

Una conclusión esperanzadora, pero también realista

Los resultados de este amplio metaanálisis refuerzan una conclusión respaldada por décadas de investigación: la psicoterapia es un tratamiento eficaz para la depresión y parte de sus beneficios puede mantenerse a largo plazo.

La diferencia frente a las condiciones control alcanza su mayor magnitud durante los primeros meses, disminuye progresivamente durante aproximadamente el primer año y, a partir de entonces, tiende a estabilizarse en torno a un efecto moderado. Los resultados sugieren que esta ventaja puede prolongarse durante varios años, aunque la evidencia se vuelve progresivamente más limitada cuanto mayor es el tiempo de seguimiento. Por ello, las estimaciones más alejadas en el tiempo deben interpretarse con especial cautela (Cuijpers et al., 2026).

Estos hallazgos no significan que todas las personas respondan a la psicoterapia, que exista una intervención universalmente superior, que un tratamiento breve sea suficiente para cualquier persona con depresión o que, una vez alcanzada la recuperación, no puedan producirse recaídas. Tampoco permiten afirmar que los beneficios permanezcan inalterados durante años en cada paciente.

Lo que muestran es algo más preciso y clínicamente relevante: una intervención psicológica limitada en el tiempo puede asociarse con beneficios que se prolongan mucho más allá del periodo en el que se desarrolla el tratamiento. Además, disponemos de diferentes tratamientos psicológicos ampliamente investigados para la depresión. La terapia cognitivo-conductual permite intervenir sobre patrones cognitivos y conductuales relacionados con el problema; la activación conductual presta especial atención a la evitación, la reducción de actividad y la pérdida de contacto con fuentes de reforzamiento; y la terapia interpersonal aborda, entre otros aspectos, pérdidas, conflictos, transiciones vitales y dificultades relacionales vinculadas al episodio depresivo (Barraca Mairal, 2021; Fonseca-Pedrero et al., 2021).

El alcance de una psicoterapia, por tanto, no debería valorarse únicamente por la reducción de los síntomas mientras duran las sesiones. Uno de los objetivos fundamentales del tratamiento psicológico es favorecer cambios y desarrollar recursos que puedan incorporarse a la vida cotidiana y seguir utilizándose posteriormente. El metaanálisis no permite afirmar que este aprendizaje explique los efectos encontrados a largo plazo, pero sí aporta evidencia de que la ventaja asociada a recibir psicoterapia puede extenderse mucho más allá de la última sesión (Cuijpers et al., 2026).

Fuentes y recursos de información

  • Barraca Mairal, J. (2021). Tratamientos psicológicos para la depresión. En E. Fonseca Pedrero (Coord.), Manual de tratamientos psicológicos: Adultos (pp. 305–330). Ediciones Pirámide.
  • Beck, A. T., Rush, A. J., Shaw, B. F., Emery, G., DeRubeis, R. J., & Hollon, S. D. (2026). Terapia cognitiva de la depresión (2.ª ed. revisada y ampliada; F. Montesinos Pons, Trad.). Desclée De Brouwer.
  • Cuijpers, P., Miguel, C., Kaya Aglio, E., van Straten, A., Karyotaki, E., & Harrer, M. (2026). Long-term effects of psychotherapies for depression: An advanced meta-analysis. World Psychiatry, 25(2), 287–294. https://doi.org/10.1002/wps.70065
  • Fonseca-Pedrero, E., et al. (2021). Empirically supported psychological treatments for adults: A selective review. Psicothema, 33(2), 188–197. https://doi.org/10.7334/psicothema2020.426
  • Klerman, G. L., Weissman, M. M., Rounsaville, B. J., & Chevron, E. S. (1984). Interpersonal psychotherapy of depression. Basic Books.
  • Martell, C. R., Dimidjian, S., & Herman-Dunn, R. (2013). Activación conductual para la depresión: Una guía clínica. Desclée De Brouwer.
  • Ruiz Fernández, M. Á., Díaz García, M. I., & Villalobos Crespo, A. (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo conductuales. Desclée De Brouwer.
  • Segal, Z. V., Williams, J. M. G., & Teasdale, J. D. (2002). Mindfulness-based cognitive therapy for depression: A new approach to preventing relapse. Guilford Press.
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Cómo citar este Artículo

Arrimada Fernández, M. (2026, agosto 31). ¿Cuánto duran los beneficios de la psicoterapia para la depresión? Un nuevo metaanálisis ofrece resultados esperanzadores. Actualidad en Psicología. https://www.actualidadenpsicologia.com/beneficios-psicoterapia-depresion-metaanalisis/

Graduado en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca y con un Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Alfonso X el Sabio. Asimismo, cuenta con un Máster en Psicoterapia impartido por la Asociación Española para el Fomento y Desarrollo de la Psicoterapia (AEFDP) y el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. También dispone de formación especializada en distintas áreas de la salud mental, destacando el Máster en Actualización en Intervención Psicológica y Salud Mental de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), así como varios cursos de especialización: Experto Universitario en Trastornos de la Conducta Alimentaria por la Universidad Europea Miguel de Cervantes, Especialista en el Tratamiento de las Adicciones por la Asociación Española de Psicología Sanitaria (AEPSIS), Experto en Mindfulness para profesionales de la salud (UDIMA), Experto en CIE-11 y DSM-5 (UDIMA), Experto Avanzado en el Tratamiento de los Trastornos de la Personalidad (AEFDP) y Experto en Terapias Contextuales de Tercera Generación (AEFDP). Desarrolla su labor como psicólogo sanitario y cuenta con experiencia en distintos contextos clínicos, abordando problemáticas como adicciones, patología dual, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos de la personalidad, ansiedad y depresión, tanto en formato individual como grupal. Ejerce su práctica profesional en centros presenciales, así como en modalidad online a través de BetterHelp

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