La regla de los cinco minutos: una estrategia sencilla para empezar cuando cuesta dar el primer paso

La regla de los cinco minutos aplica principios de modificación de conducta para reducir barreras iniciales y facilitar la transición de la intención a la acción.

La regla de los cinco minutos: una estrategia sencilla para empezar cuando cuesta dar el primer paso
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Todos hemos experimentado situaciones en las que sabemos qué deberíamos hacer, incluso cuando reconocemos que esa actividad es importante, pero aun así nos cuesta enormemente empezar. Puede tratarse de redactar un informe, estudiar para un examen, ordenar la casa o recuperar una actividad que hemos ido abandonando durante un periodo de bajo estado de ánimo.

En estos momentos es frecuente pensar que necesitamos encontrar primero la motivación suficiente para actuar. Sin embargo, desde la psicología sabemos que esperar a sentirse preparado o con ganas puede convertirse, en algunas ocasiones, en un obstáculo para iniciar determinadas conductas. Los enfoques basados en la modificación de conducta y la terapia cognitivo-conductual han mostrado que, mediante acciones pequeñas y planificadas, es posible aumentar la probabilidad de implicarse en actividades que inicialmente generan rechazo, esfuerzo o malestar.

Una de las estrategias que se ha popularizado en los últimos años para afrontar estas dificultades es la llamada regla de los cinco minutos: comprometerse únicamente a realizar una actividad durante un periodo breve de tiempo y decidir, una vez transcurrido ese intervalo, si continuar o detenerse.

Aunque suele presentarse como un sencillo truco de productividad o motivación, su interés psicológico puede entenderse mejor desde principios ampliamente estudiados en modificación de conducta y terapia cognitivo-conductual. Más que por la duración concreta de cinco minutos, su utilidad potencial reside en que facilita una primera aproximación a la conducta, reduce la probabilidad de evitación y permite entrar en contacto con nuevas consecuencias que pueden favorecer la continuidad de la actividad.

¿Qué es la regla de los cinco minutos?

La llamada regla de los cinco minutos es una estrategia sencilla que consiste en reducir el tamaño del primer compromiso cuando una persona se encuentra ante una actividad que está evitando. En lugar de proponerse completar toda la tarea, el objetivo pasa a ser únicamente comenzar durante unos minutos y decidir después si continuar o detenerse.

Por ejemplo, una persona que tiene que preparar un informe puede sustituir el objetivo de «terminarlo esta tarde» por otro mucho más concreto: abrir el documento y trabajar únicamente durante cinco minutos. De forma similar, alguien que lleva semanas sin hacer ejercicio puede cambiar la meta de «volver a entrenar» por la de salir a caminar durante ese mismo intervalo de tiempo.

La clave de esta estrategia no consiste en completar la actividad en cinco minutos, sino en facilitar la aparición de la conducta inicial. Desde la modificación de conducta sabemos que las conductas complejas suelen adquirirse y mantenerse con mayor facilidad cuando se descomponen en objetivos pequeños y alcanzables, reforzando progresivamente las aproximaciones hacia la conducta final (Martin & Pear, 2019; Kazdin, 2013).

Este planteamiento también guarda una estrecha relación con la activación conductual, una intervención ampliamente respaldada para problemas como la depresión. Desde este enfoque, el objetivo no es esperar a que aparezca la motivación para actuar, sino favorecer que la persona vuelva a implicarse en actividades significativas mediante pasos graduales y asumibles, aumentando así las oportunidades de contactar con experiencias potencialmente reforzantes (Jacobson et al., 2001; Martell et al., 2010).

En este sentido, la regla de los cinco minutos no debe entenderse como una técnica con propiedades especiales por la duración concreta del tiempo que propone. Su utilidad puede explicarse porque reduce la barrera inicial que dificulta el comienzo de muchas actividades y favorece una primera aproximación conductual. Una vez iniciada la acción, la persona puede entrar en contacto con nuevas consecuencias —como la sensación de progreso, una mayor percepción de control o el propio avance en la tarea— que aumenten la probabilidad de continuar.

¿Por qué puede funcionar la regla de los cinco minutos?

Aunque la regla de los cinco minutos no constituye una técnica psicológica validada de manera independiente, los principios en los que se basa son coherentes con varios mecanismos ampliamente estudiados en modificación de conducta y terapia cognitivo-conductual. Su posible utilidad no reside en que cinco minutos tengan un efecto especial, sino en que modifican las condiciones que dificultan el inicio de una conducta.

1. Reduce la barrera inicial para actuar

Uno de los principales obstáculos ante determinadas actividades no es necesariamente la capacidad para realizarlas, sino el momento inicial en el que debemos comenzar. Cuando una tarea se representa como larga, difícil o desagradable, es más probable que aumenten las respuestas de evitación.

No es lo mismo plantearse "tengo que estudiar toda la tarde" que "voy a estudiar durante cinco minutos". Aunque la actividad sea la misma, el segundo objetivo supone un compromiso menor y puede aumentar la probabilidad de iniciar la conducta.

Desde la modificación de conducta se sabe que establecer objetivos concretos, delimitados y alcanzables facilita la adquisición de nuevas conductas, especialmente cuando una respuesta resulta inicialmente poco probable (Martin & Pear, 2019).

2. Interrumpe el ciclo de evitación

Una de las explicaciones más relevantes para comprender la procrastinación es que, en muchas ocasiones, posponer una tarea cumple una función: permite reducir temporalmente el malestar asociado a afrontarla.

Por ejemplo, una persona que debe comenzar un informe puede experimentar ansiedad, aburrimiento o sensación de esfuerzo. Si decide evitarlo y realiza otra actividad más agradable, puede experimentar un alivio inmediato.

Aunque a largo plazo esta estrategia genere problemas, a corto plazo la evitación ha conseguido reducir una experiencia desagradable. Desde la perspectiva del aprendizaje, esa reducción del malestar puede actuar como un reforzador negativo, aumentando la probabilidad de que la conducta de posponer vuelva a aparecer en situaciones similares (Kazdin, 2013; Martin & Pear, 2019).

La regla de los cinco minutos introduce una alternativa conductual: en lugar de responder al malestar evitando la tarea, la persona realiza una primera aproximación a ella. No elimina la incomodidad inicial, pero modifica la respuesta que aparece ante esa experiencia.

3. Favorece el contacto con consecuencias reforzantes

Mientras una persona evita una actividad, únicamente está en contacto con las consecuencias inmediatas de la evitación. Sin embargo, al comenzar la tarea aparecen nuevas experiencias que no estaban disponibles previamente.

Por ejemplo, después de iniciar una actividad pueden aparecer:

  • sensación de avance;
  • percepción de competencia;
  • mayor sensación de control;
  • reducción de la incertidumbre;
  • satisfacción asociada al progreso.

Desde la activación conductual, uno de los principios centrales es precisamente aumentar la implicación en actividades que permitan recuperar el contacto con consecuencias reforzantes del entorno. La motivación no siempre tiene que aparecer antes de la acción; en muchas ocasiones, la acción crea las condiciones para que puedan aparecer nuevas experiencias que favorezcan la continuidad (Jacobson et al., 2001; Martell et al., 2010).

4. Utiliza el principio de aproximaciones sucesivas

Muchas conductas que queremos desarrollar son demasiado amplias para intentar realizarlas de forma completa desde el principio. Aprender una habilidad, recuperar un hábito o afrontar una tarea compleja suele requerir avanzar mediante pasos progresivos.

La modificación de conducta ha descrito procedimientos como el moldeamiento, basado en reforzar aproximaciones sucesivas hacia una conducta objetivo (Martin & Pear, 2019). Aunque la regla de los cinco minutos no constituye por sí misma un procedimiento formal de moldeamiento, comparte la idea de avanzar mediante pasos progresivos en lugar de exigir desde el principio la realización completa de una conducta.

Desde esta perspectiva, los cinco minutos no representan la meta final, sino el primer paso de una cadena conductual más amplia. La persona no intenta pasar de la evitación completa a la realización perfecta de la actividad, sino aumentar progresivamente la probabilidad de que aparezcan conductas relacionadas con ese objetivo.

¿Cuándo puede ser especialmente útil?

La regla de los cinco minutos puede resultar especialmente útil en aquellas situaciones en las que existe una dificultad para iniciar una conducta que, en realidad, la persona sabe que sería beneficiosa o necesaria. Sin embargo, desde una perspectiva cognitivo-conductual, es importante tener en cuenta que no todas las dificultades para actuar tienen el mismo origen. Dos personas pueden posponer una actividad aparentemente similar, pero las variables que mantienen esa conducta pueden ser diferentes.

Situación 1. Cuando procrastinamos tareas que no nos apetecen

Imaginemos a una persona que tiene que preparar una presentación importante para el trabajo. Sabe que debe hacerla, tiene tiempo disponible e incluso reconoce que sería conveniente empezar cuanto antes, pero cada vez que piensa en ponerse con ella aparecen pensamientos como: “ya lo haré luego”, “ahora no tengo ganas” o “empiezo después de comer”.

Finalmente, termina realizando otras actividades menos prioritarias, como revisar redes sociales, ver vídeos o entretenerse con cualquier otra tarea que resulte más sencilla en ese momento.

Desde una perspectiva conductual, este patrón no se explica simplemente por falta de voluntad o pereza. La procrastinación puede entenderse como una conducta que cumple una función concreta: reducir de manera inmediata el malestar asociado a afrontar una actividad percibida como desagradable, difícil o exigente. Cuando una persona evita una tarea que genera ansiedad, aburrimiento o frustración, experimenta un alivio a corto plazo. Precisamente porque esa evitación produce una consecuencia beneficiosa inmediata, aumenta la probabilidad de que vuelva a repetirse en situaciones similares (Martin & Pear, 2019; Kazdin, 2013; Sirois & Pychyl, 2013; Pychyl & Sirois, 2016).

La regla de los cinco minutos interviene precisamente en ese punto. En lugar de plantearse terminar toda la presentación, la persona únicamente se compromete a abrir el documento y trabajar durante cinco minutos. El objetivo inicial deja de ser completar una tarea amplia y pasa a ser realizar una primera aproximación a la conducta que quiere desarrollar.

Al comenzar, la persona puede entrar en contacto con consecuencias que no estaban disponibles mientras evitaba la actividad: comprobar que la tarea es más manejable de lo esperado, experimentar una sensación de progreso o recuperar cierta percepción de control. En algunos casos, esos primeros minutos facilitan que continúe trabajando; en otros, aunque decida detenerse, ya ha sustituido la respuesta habitual de evitación por una conducta de aproximación.

La idea central es que la regla de los cinco minutos no pretende aumentar la motivación antes de actuar, sino facilitar una conducta que permita que aparezcan nuevas consecuencias reforzantes.

Situación 2. Cuando el estado de ánimo es bajo

La aplicación de esta estrategia puede ser diferente cuando la dificultad no se encuentra en una tarea concreta, sino en una reducción general de la actividad asociada a un periodo de bajo estado de ánimo.

Imaginemos a una persona que lleva varias semanas sintiéndose desanimada. Poco a poco ha dejado de realizar actividades que antes formaban parte de su vida cotidiana: salir a caminar, cocinar, quedar con amigos o dedicar tiempo a aficiones que anteriormente le resultaban agradables. En ese contexto, acciones que antes eran sencillas pueden empezar a percibirse como demasiado costosas.

A corto plazo, permanecer inactivo puede parecer la opción más fácil. Sin embargo, cuando la reducción de actividad se mantiene en el tiempo, también disminuyen las oportunidades de experimentar consecuencias positivas, como sensación de logro, disfrute, conexión social o percepción de competencia.

Esta es precisamente una de las ideas centrales de la activación conductual, una intervención psicológica basada en principios conductuales y con amplio respaldo científico. Desde este enfoque, no siempre es necesario esperar a recuperar la motivación para volver a actuar. En muchas ocasiones, aumentar progresivamente la participación en actividades valiosas permite recuperar el contacto con experiencias reforzantes y favorecer cambios en el estado de ánimo (Jacobson et al., 2001; Dimidjian et al., 2006; Martell et al., 2010).

En este contexto, la regla de los cinco minutos puede utilizarse para reducir la exigencia inicial. En lugar de plantearse volver a hacer deporte como antes, la persona puede proponerse simplemente salir a caminar durante cinco minutos. En lugar de intentar recuperar todas sus rutinas de golpe, puede comenzar preparando una comida sencilla o leyendo durante unos minutos.

El objetivo no es conseguir un cambio completo en ese momento, sino generar una primera oportunidad de acción. Incluso si la actividad termina después de esos cinco minutos, la persona ha realizado una conducta incompatible con la inactividad y ha aumentado la probabilidad de volver a implicarse en actividades similares.

En ambos casos, la lógica psicológica es la misma: la acción no siempre aparece después de la motivación; en muchas ocasiones, una acción pequeña y alcanzable puede ser precisamente el primer paso para que aparezcan nuevas experiencias que favorezcan el cambio.

Algunas recomendaciones para utilizar la regla de los cinco minutos

Aunque la regla de los cinco minutos es una estrategia sencilla, su aplicación puede beneficiarse de algunos principios que aumentan la probabilidad de que resulte útil. No se trata únicamente de dedicar cinco minutos a cualquier actividad, sino de utilizar ese tiempo inicial de una forma que facilite la aparición de la conducta que queremos desarrollar. Desde la modificación de conducta sabemos que la manera en la que definimos un objetivo, reducimos las barreras iniciales y planificamos los primeros pasos puede influir de forma importante en la probabilidad de que una conducta llegue a producirse y se mantenga en el tiempo (Martin & Pear, 2019).

1. Definir una conducta concreta y alcanzable

Uno de los aspectos más importantes para aplicar correctamente esta estrategia es transformar objetivos generales en acciones concretas y fácilmente identificables. Con frecuencia, las personas se plantean metas demasiado amplias, como “ponerme al día con el trabajo”, “volver a cuidarme” o “hacer más ejercicio”, pero este tipo de objetivos pueden resultar difíciles de iniciar porque no indican cuál es exactamente el primer comportamiento que debe realizarse.

Convertir ese objetivo en una conducta específica permite reducir la ambigüedad y facilita el comienzo. No es lo mismo proponerse “estudiar” que “abrir los apuntes y leer durante cinco minutos”; ni plantearse “hacer ejercicio” que “ponerse las zapatillas y caminar durante cinco minutos”. En ambos casos, la actividad final puede ser la misma, pero el primer paso resulta mucho más accesible.

Este principio es coherente con la modificación de conducta, donde se destaca la importancia de establecer objetivos concretos, observables y alcanzables, especialmente cuando se pretende instaurar una nueva conducta o recuperar una actividad que se ha dejado de realizar (Martin & Pear, 2019).

2. No esperar a sentir motivación para empezar

Una de las dificultades más frecuentes cuando intentamos cambiar una conducta es asumir que primero debe aparecer la motivación necesaria y que, solo después, será posible actuar. Esta idea puede llevar a esperar el “momento adecuado”: un día con más energía, menos preocupaciones o más ganas de hacer aquello que estamos evitando.

Sin embargo, desde los enfoques conductuales sabemos que esta relación no siempre funciona en una única dirección. Aunque en ocasiones la motivación facilita la acción, también puede ocurrir que sea la propia acción la que genere las condiciones para que aumenten posteriormente las ganas de continuar. Este principio está especialmente presente en la activación conductual, donde se plantea que la recuperación de actividades valiosas puede favorecer el contacto con consecuencias reforzantes del entorno, incluso cuando inicialmente existe poca motivación (Jacobson et al., 2001; Martell et al., 2010).

Aplicado a la regla de los cinco minutos, esto significa que no es necesario esperar a sentirse preparado para comenzar. La estrategia propone realizar una pequeña aproximación a la actividad aun cuando exista cierta resistencia inicial. Al hacerlo, la persona obtiene nueva información sobre la situación y puede comprobar que la tarea era más manejable de lo que anticipaba, experimentar una sensación de avance o recuperar cierta percepción de eficacia.

Por tanto, el objetivo no es eliminar la falta de motivación antes de actuar, sino evitar que esa falta de motivación se convierta en una barrera que impida cualquier movimiento.

3. Mantener el permiso real para detenerse

Para que la regla de los cinco minutos cumpla su función, es importante que la persona entienda que el compromiso inicial es realmente limitado. No se trata de utilizar los cinco minutos como una estrategia para obligarse posteriormente a completar toda la tarea, sino de crear un primer acercamiento que reduzca la resistencia inicial.

Si una persona se plantea “voy a empezar cinco minutos, pero después tendré que terminarlo todo”, la tarea puede seguir percibiéndose como una obligación excesiva y la barrera para comenzar puede mantenerse. En cambio, cuando existe un permiso real para detenerse al finalizar ese tiempo, la actividad pierde parte de la carga asociada y resulta psicológicamente más accesible.

Desde la perspectiva de la modificación de conducta, este aspecto es relevante porque aumenta la probabilidad de que ocurra la primera respuesta. Una conducta que inicialmente parece demasiado costosa puede convertirse en una conducta más probable cuando se reduce la exigencia inicial y se establecen pasos progresivos hacia el objetivo final (Martin & Pear, 2019).

Además, esta libertad para parar no significa que la persona vaya a abandonar necesariamente la actividad. En muchas ocasiones ocurre precisamente lo contrario: una vez iniciada la conducta, aparecen consecuencias que favorecen la continuidad, como la sensación de progreso, el interés por la tarea o la satisfacción de estar avanzando.

4. Repetir pequeñas aproximaciones en lugar de buscar cambios bruscos

Otro aspecto importante es entender que la regla de los cinco minutos no pretende producir una transformación completa en una única aplicación. Su valor está en favorecer la repetición de pequeños acercamientos a una conducta que anteriormente se estaba evitando.

En modificación de conducta, el aprendizaje de nuevas respuestas suele construirse mediante aproximaciones sucesivas. El moldeamiento consiste precisamente en reforzar progresivamente conductas que se acercan cada vez más al comportamiento objetivo, en lugar de exigir desde el principio una ejecución perfecta (Martin & Pear, 2019).

Esto resulta especialmente importante en personas que han acumulado experiencias repetidas de evitación o fracaso. Si una persona lleva meses sin hacer ejercicio, intentar recuperar de golpe una rutina intensa puede aumentar la probabilidad de abandono. En cambio, comenzar con acciones pequeñas permite generar experiencias de éxito y aumentar progresivamente la dificultad.

Por ello, algunos días la regla de los cinco minutos puede convertirse en una actividad más prolongada, mientras que otros días puede quedarse únicamente en ese primer paso. Ambos resultados tienen valor desde una perspectiva conductual, porque en ambos casos la persona ha practicado una respuesta diferente a la evitación y ha aumentado la probabilidad de volver a implicarse en esa actividad.

En definitiva, utilizar la regla de los cinco minutos implica trabajar con la lógica del cambio gradual: hacer que una conducta inicialmente difícil sea suficientemente accesible como para empezar, permitiendo que la propia experiencia de actuar facilite los siguientes pasos.

¿Tiene limitaciones la regla de los cinco minutos?

Aunque la regla de los cinco minutos puede ser una estrategia útil para facilitar el inicio de determinadas conductas, es importante entender sus límites. Su utilidad no reside en que sea una solución universal para cualquier dificultad relacionada con la motivación, la procrastinación o el estado de ánimo, sino en que constituye una herramienta concreta para modificar un punto específico del proceso: el momento en el que una persona tiene que pasar de la intención a la acción.

En primer lugar, esta estrategia no sustituye una intervención psicológica cuando existe un problema clínico. Una persona que presenta un trastorno depresivo, un problema de ansiedad, dificultades significativas de regulación emocional u otras dificultades psicológicas puede necesitar una evaluación y un tratamiento adaptado a sus necesidades. En estos casos, la regla de los cinco minutos puede utilizarse como un recurso complementario dentro de una intervención más amplia, pero no como una solución independiente.

Del mismo modo, aunque puede ayudar a romper episodios puntuales de evitación, no siempre será suficiente para abordar una procrastinación mantenida durante mucho tiempo. Cuando posponer tareas se convierte en un patrón estable, puede estar relacionado con diferentes variables, como miedo al fracaso, perfeccionismo, dificultades de planificación, problemas de regulación emocional o un entorno que favorece constantemente la evitación. En estas situaciones, comprender la función que cumple la conducta y trabajar sobre las variables que la mantienen resulta fundamental.

Algo similar ocurre con el bajo estado de ánimo. La regla de los cinco minutos puede facilitar pequeños pasos de activación y favorecer el contacto con experiencias positivas, pero no elimina por sí misma las causas que pueden estar contribuyendo a un problema emocional. La pérdida de interés, la desesperanza, las dificultades cognitivas o los problemas personales asociados al malestar requieren un abordaje más amplio cuando tienen una intensidad o duración significativa.

Por tanto, el valor de esta estrategia no está en prometer un cambio inmediato, sino en ofrecer una herramienta sencilla para un momento concreto: facilitar el primer paso cuando iniciar una conducta resulta difícil. Entendida desde la modificación de conducta y la terapia cognitivo-conductual, la regla de los cinco minutos no es una solución mágica, sino una forma práctica de aumentar la probabilidad de actuar y comenzar a construir cambios progresivos.

Conclusión

La regla de los cinco minutos no parece ser útil porque exista un tiempo mágico ni porque permita “engañar al cerebro”. Su posible utilidad puede entenderse desde principios ampliamente estudiados en la modificación de conducta y la terapia cognitivo-conductual: reducir las barreras iniciales que dificultan actuar, interrumpir patrones de evitación, favorecer el contacto con consecuencias reforzantes y facilitar la construcción progresiva de nuevas conductas mediante pequeños pasos.

Desde esta perspectiva, los cinco minutos no tienen un valor especial por sí mismos. Lo relevante es que permiten transformar una tarea que la persona percibe como demasiado exigente en una primera aproximación más accesible. Ese pequeño cambio puede ser suficiente para pasar de un patrón basado en la evitación a otro en el que la persona empieza a experimentar las consecuencias de actuar: sensación de progreso, mayor percepción de control, reducción de la incertidumbre o recuperación del contacto con actividades significativas.

En el caso de la procrastinación, esta estrategia puede ayudar a modificar el ciclo en el que posponer una tarea produce un alivio inmediato que termina reforzando la evitación. En situaciones de bajo estado de ánimo, puede servir como una forma sencilla de favorecer la activación conductual y recuperar progresivamente la participación en actividades que habían quedado abandonadas.

Sin embargo, es importante recordar que la regla de los cinco minutos no es una técnica universal ni una solución para todos los problemas relacionados con la motivación, la evitación o el malestar emocional. No sustituye una intervención psicológica cuando existe un problema clínico, como un trastorno depresivo, un trastorno de ansiedad u otras dificultades que requieren una evaluación y un tratamiento especializado. En estos casos, buscar ayuda profesional resulta fundamental.

Su valor se encuentra en otro lugar: como estrategia concreta para facilitar el inicio de determinadas conductas cuando la dificultad principal está en dar el primer paso. Entendida desde la psicología científica, la regla de los cinco minutos no promete eliminar las dificultades ni hacer que todas las tareas resulten fáciles, pero sí recuerda un principio importante del cambio conductual: en muchas ocasiones, esperar a sentirse preparado para actuar puede mantenernos inmóviles, mientras que una pequeña acción puede convertirse en el punto de partida desde el que construir cambios más amplios.

Fuentes y recursos de información

  • Dimidjian, S., et al. (2006). Randomized trial of behavioral activation, cognitive therapy, and antidepressant medication in the acute treatment of adults with major depression. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 74(4), 658–670. https://doi.org/10.1037/0022-006X.74.4.658
  • Jacobson, N. S., Martell, C. R., & Dimidjian, S. (2001). Behavioral activation treatment for depression: Returning to contextual roots. Clinical Psychology: Science and Practice, 8(3), 255–270. https://doi.org/10.1093/clipsy.8.3.255
  • Kazdin, A. E. (2013). Behavior modification in applied settings (7th ed.). Waveland Press.
  • Martin, G., & Pear, J. (2019). Behavior modification: What it is and how to do it (11th ed.). Routledge.
  • Martell, C. R., Dimidjian, S., & Herman-Dunn, R. (2010). Behavioral activation for depression: A clinician's guide. Guilford Press.
  • Pychyl, T. A., & Sirois, F. M. (2016). Procrastination, emotion regulation, and well-being. En F. M. Sirois & T. A. Pychyl (Eds.), Procrastination, health, and well-being (pp. 163–188). Academic Press. https://doi.org/10.1016/B978-0-12-802862-9.00008-6
  • Sirois, F. M., & Pychyl, T. A. (2013). Procrastination and the priority of short-term mood regulation: Consequences for future self. Social and Personality Psychology Compass, 7(2), 115–127. https://doi.org/10.1111/spc3.12011
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Cómo citar este Artículo

Arrimada Fernández, M. (2026, agosto 21). La regla de los cinco minutos: una estrategia sencilla para empezar cuando cuesta dar el primer paso. Actualidad en Psicología. https://www.actualidadenpsicologia.com/cinco-minutos-primer-paso/

Graduado en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca y con un Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Alfonso X el Sabio. Asimismo, cuenta con un Máster en Psicoterapia impartido por la Asociación Española para el Fomento y Desarrollo de la Psicoterapia (AEFDP) y el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. También dispone de formación especializada en distintas áreas de la salud mental, destacando el Máster en Actualización en Intervención Psicológica y Salud Mental de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), así como varios cursos de especialización: Experto Universitario en Trastornos de la Conducta Alimentaria por la Universidad Europea Miguel de Cervantes, Especialista en el Tratamiento de las Adicciones por la Asociación Española de Psicología Sanitaria (AEPSIS), Experto en Mindfulness para profesionales de la salud (UDIMA), Experto en CIE-11 y DSM-5 (UDIMA), Experto Avanzado en el Tratamiento de los Trastornos de la Personalidad (AEFDP) y Experto en Terapias Contextuales de Tercera Generación (AEFDP). Desarrolla su labor como psicólogo sanitario y cuenta con experiencia en distintos contextos clínicos, abordando problemáticas como adicciones, patología dual, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos de la personalidad, ansiedad y depresión, tanto en formato individual como grupal. Ejerce su práctica profesional en centros presenciales, así como en modalidad online a través de BetterHelp

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