Imagina que un querido amigo te dio el regalo que siempre soñaste: ¡tu propio reloj Rolex! No solo atesoraste el regalo, sino que también te has sentido en éxtasis desde que tu amigo increíblemente generoso y bondadoso te otorgó este regalo maravilloso y considerado. Aunque sorprendido con el regalo, no te impactó, ya que estabas al tanto de las historias sobre su generosidad y amabilidad hacia los demás.

Unos meses después de recibir el magnífico Rolex, observas que el cristal ha sufrido algunas ralladuras, lo que parece poco probable ya que los relojes Rolex son conocidos por sus cristales de zafiro resistentes a las ralladuras.

Tres meses después de eso, sucede algo increíble: ¡el reloj comienza a atrasarse! No te atreves a decírselo a tu amigo por temor a parecer ingrato e irrespetuoso. Eliges mantenerlo en secreto, ya que el reloj es más que un reloj para ti; es un símbolo de la cercanía que comparten tú y tu amigo. Después de todo, piensas, no es gran cosa que tu hermoso reloj se atrase solo unos minutos al día.

Para tu gran sorpresa, seis meses después de recibir su preciado obsequio, el Rolex rallado y que se atrasa, ¡deja de funcionar por completo! Confundido pero curioso, lo llevas a un taller de reparación de relojes, donde te enteras de que el regalo preciado de tu atesorado amigo es falso; ¡nada más que una falsificación de $75, hecho en China!

Con las mejores intenciones, amablemente y con delicadeza envías un correo electrónico a tu amigo para hacerle saber que fue engañado para comprar un reloj falsificado.

Le recomiendas que busque alguna forma de compensación del joyero criminal que se lo vendió. Aunque “engañado” y “criminal” pueden no haber sido las mejores palabras escogidas, confías en que tu amigo interpretará el mensaje con la mejor intención. Su respuesta te confunde, ya que la decepción y frustración compartida que esperabas fue contraatacada por ira y actitud defensiva.

Él te culpa por hacer juicios prematuros, y por ser irresponsable e imprudente con el valioso regalo que te dio desinteresadamente. La situación se vuelve aún más extraña cuando te das cuenta de que el grupo de siete hombres que pertenecen al círculo social compartido están copiados en esta particular conversación por correo electrónico.

Sorprendido y consternado, usted responde reflexivamente solo a él con un firme mensaje de “relájate” y “desiste”, mientras le preguntas por qué incluiría al grupo de amigos en esta conversación.

Esta respuesta lo enciende como un fósforo en un charco de gasolina. En un ataque de ira, exige que le devuelvas el reloj para poder refutar tus acusaciones “infundadas y vengativas”.

Luego de tus bien intencionados intentos de calmarlo, difuminar su actitud defensiva y conseguir que deje de culparte, notas que su personalidad cambia a una que es distante, fría y desinteresada por escuchar cualquier cosa más acerca de tu experiencia desilusionante.

Al estar confundido y aturdido por la sumatoria de su enojo y represalias por un simple aviso acerca del reloj, naturalmente cumples con devolverle el reloj. No te atreves a desafiar su extraña solicitud porque es muy claro que hacerlo lo induciría a un nivel aún más alto de ira histriónica.

Además, ya estás avergonzado porque todos los miembros de tu grupo ahora conocen este asunto privado. Lo que no sabías, era que al devolver el reloj, también perdías la posibilidad de limpiar tu nombre y restaurar tu reputación que se vio empañada por esta desafortunada e injusta campaña de desprestigio.

Te quedarás intentando entender cómo y por qué la empatía, el altruismo y la sinceridad de tu amigo desaparecieron en un instante e inesperadamente se transformaron en una cruzada enfocada en hacerte daño.

Después de una cuidadosa reflexión, decides dejar pasar toda la situación, ya que las cartas ya están echadas contra ti. Desafortunadamente, es demasiado tarde y el efecto dominó no se puede detener cuando te enteras de que tu ex amigo ha planeado una campaña de desprestigio que culminará en ser excluido de todas las actividades futuras del grupo. El abandono de parte de tus amigos agregará otra capa de trauma y traición.

Te quedarás con un conjunto de sentimientos de “qué pasó acá”, mientras intentas reconstruir lo que pasó y por qué. Al igual que otras víctimas de narcisistas encubiertos, tristemente te darás cuenta de que tu “amigo” y la amistad nunca fueron reales.

También puedes llegar a la profundamente decepcionante conclusión de que tu falso amigo los engañó a ti y a otros al crear múltiples capas de rasgos de personalidad, que fueron diseñadas para su beneficio.

En otras palabras, te sorprenderás al darte cuenta de que la personalidad generosa, incondicionalmente amable y altruista de tu amigo no era más que una actuación digna de un Oscar que se desarrolló, practicó y afinó a través de una larga lista de otros “amigos” desacreditados y descartados.

Lo que pronto entenderás es que este querido amigo siempre fue un narcisista encubierto y que la amistad que usted tanto apreciaba y valoraba no era más que una falsificación, muy similar al reloj Rolex.

Los narcisistas encubiertos son maestros del disfraz:

actores exitosos, humanitarios, políticos, miembros del clero e incluso psicoterapeutas, que son amados y apreciados, pero secretamente egoístas, calculadores, controladores y vengativos.

Crean una ilusión de altruismo mientras obtienen su elevado estatus. Aunque comparten rasgos básicos similares con el narcisista común, es decir, la necesidad de atención, afirmación, aprobación y reconocimiento, son más sigilosos al ocultar sus motivos egoístas y egocéntricos.

A diferencia del narcisista manifiesto, que muestra su narcisismo para que todos lo vean, el narcisista encubierto esconde furtivamente sus verdaderos motivos e identidad.

Estos narcisistas pueden engañar a otros para que crean que son personas honestas, altruistas y empáticas. Tienen éxito al pretender ser una versión más agradable de sí mismos, sabiendo que, si se descubriera su verdadera identidad, no serían capaces de mantener el respeto, estatus y prestigio que han obtenido de forma manipuladora.

Comparado con los narcisistas manifiestos, los narcisistas encubiertos son más reservados y compuestos. Al no publicitar sus profundos valores y motivos narcisistas, pueden lograr sus objetivos, al tiempo que protegen sus inseguridades y vulnerabilidades más profundas.

A diferencia de los narcisistas manifiestos, gastan una gran cantidad de energía psicológica para contener u ocultar sus seres insensibles, indiferentes y manipuladores.

A pesar de que los narcisistas encubiertos han reprimido el completo alcance y magnitud de su trastorno de personalidad, a un nivel semiconsciente, son conscientes de que sus fantasías son desconcertantes e inaceptables.

Debido a que los narcisistas encubiertos son capaces de crear y mantener una fachada de altruismo y consideración positiva incondicional, pueden funcionar en posiciones que tradicionalmente no son atractivas para los narcisistas, por ejemplo, clérigos, maestros, políticos, psicoterapeutas y otros.

A pesar de que son capaces de replicar las características conocidas de estas posiciones, a menudo son profundamente inseguros y reservados sobre su falta de conocimiento o incapacidad para realizar las tareas más esenciales.

Por ejemplo, un narcisista encubierto que es psicoterapeuta dominará los patrones de comportamiento estereotípicos específicos de esta carrera, tales como escuchar reflexivamente, apoyar y aceptar críticas y los gestos que imitan aceptación incondicional.

Sin embargo, este psicoterapeuta narcisista encubierto será deficiente en el área más crítica del trabajo. A pesar de que intentan demostrar honestidad, simpatía y empatía con sus clientes, finalmente se quedan cortos. Simplemente no pueden dominar los elementos clave de la posición, ya que son intrínsecamente críticos, controladores y emocionalmente distantes.

Estos terapeutas a menudo discuten con sus clientes cuando son desafiados o cuestionados. Los clientes que no les permitan controlar el proceso a menudo desencadenarán una herida narcisista.

Estos narcisistas sigilosos y resbaladizos reaccionan ante su desenmascaramiento con toda la fuerza de su arsenal de armas que nunca imaginarías que existían. Cuando perciben una amenaza a su persona pública cuidadosa y meticulosamente diseñada, ¡el resultado es impredecible! Como su reputación personal y profesional se basa en mentiras y tergiversaciones, la protegerán por cualquier medio necesario.

Su reflejo para atacar la amenaza percibida es alimentado por un instinto de supervivencia lleno de adrenalina que no es diferente a que si estuvieran arrinconados por una manada de lobos hambrientos. Intentarán aplastar la amenaza, mientras se posicionan como la víctima de un daño premeditado vengativo y grave.

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