Buscar pepitas de oro en la recuperación de las adicciones: encontrar recursos donde antes solo veíamos problemas

La técnica de la Terapia Breve Centrada en Soluciones identifica conductas de protección y recursos personales para fortalecer la rehabilitación de adicciones.

Buscar pepitas de oro en la recuperación de las adicciones: encontrar recursos donde antes solo veíamos problemas
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Cuando una persona inicia un tratamiento por un problema de adicción, gran parte de la intervención suele centrarse en comprender aquello que mantiene el consumo: las recaídas, los desencadenantes, el craving, las dificultades emocionales o las situaciones de riesgo. Este análisis resulta imprescindible para comprender el problema y planificar una intervención eficaz. Sin embargo, existe otra fuente de información que con frecuencia recibe mucha menos atención y que puede aportar un enorme valor terapéutico: los momentos en los que la persona consiguió proteger su recuperación y responder de una manera diferente.

¿Qué hizo para mantenerse abstinente cuando aparecieron situaciones de riesgo? ¿Cómo consiguió mantener su compromiso con el tratamiento en momentos especialmente difíciles? ¿Qué decisiones le ayudaron a proteger su recuperación? ¿Cuándo pidió ayuda antes de que el riesgo aumentara? ¿Qué habilidades puso en marcha para afrontar el malestar sin recurrir al consumo?

Estas preguntas constituyen el punto de partida de una estrategia procedente de la Terapia Breve Centrada en Soluciones conocida como "buscar las pepitas de oro" (Rodríguez Morejón & Beyebach, 1997; Beyebach & Herrero de Vega, 2016). Su objetivo no consiste en ignorar el sufrimiento ni en minimizar las dificultades asociadas a una adicción. Al contrario, parte de la comprensión del problema para identificar aquellos recursos, habilidades y conductas que el propio paciente ya ha demostrado ser capaz de poner en marcha y que pueden convertirse en la base sobre la que seguir construyendo su recuperación.

En el tratamiento de las adicciones, esta estrategia adquiere especial interés cuando se integra dentro de un proceso de rehabilitación psicológica desarrollado por profesionales especializados. La recuperación no consiste únicamente en dejar de consumir, sino en desarrollar progresivamente nuevas habilidades de afrontamiento, reconstruir hábitos y rutinas, fortalecer la red de apoyo, aprender a gestionar las emociones, identificar precozmente las situaciones de riesgo y consolidar un estilo de vida compatible con la abstinencia (Herranz & Del Nogal, 2025; Monar Bermúdez et al., 2023). En este contexto, la búsqueda de "pepitas de oro" no constituye un tratamiento en sí mismo, sino una herramienta que complementa la intervención ayudando a identificar aquellas conductas de recuperación que el propio paciente ya ha comenzado a desarrollar —aunque sea de forma incipiente— y que pueden fortalecerse a lo largo de las diferentes fases del proceso terapéutico.

Además de analizar por qué una persona consume o por qué puede producirse una recaída, esta forma de trabajar invita a formular una pregunta complementaria: ¿qué hizo posible que, en otras ocasiones, la persona consiguiera mantenerse en el camino de la recuperación? Lejos de representar simples anécdotas o pequeños éxitos aislados, estas excepciones contienen información muy valiosa sobre las estrategias de afrontamiento, las decisiones de protección y los recursos personales que ya forman parte del repertorio del paciente y que pueden fortalecerse para prevenir futuras recaídas (Herranz & Del Nogal, 2025; Marlatt & Donovan, 2005).

Más que una estrategia orientada a "pensar en positivo", la búsqueda de "pepitas de oro" propone una forma diferente de entender el proceso terapéutico: sin dejar de analizar las dificultades, invita también a estudiar con el mismo rigor aquellas ocasiones en las que la persona consiguió proteger su recuperación. Cada una de estas excepciones aporta información valiosa sobre cómo se construye el cambio y permite transformar experiencias de éxito, a menudo inadvertidas, en herramientas clínicas útiles para seguir avanzando.

En este artículo se analiza en qué consiste esta estrategia, cómo puede incorporarse a un tratamiento psicológico integral de las adicciones y de qué manera puede contribuir a fortalecer la prevención de recaídas, la autoeficacia y el desarrollo de habilidades de afrontamiento dentro de un proceso de rehabilitación progresivo, individualizado y basado en la evidencia científica.

¿En qué consiste la técnica de “buscar pepitas de oro”?

La expresión "buscar pepitas de oro" hace referencia a una metáfora utilizada en la Terapia Breve Centrada en Soluciones para describir una forma particular de escuchar y trabajar con el paciente (Rodríguez Morejón & Beyebach, 1997; Beyebach & Herrero de Vega, 2016). Del mismo modo que un buscador de oro examina grandes cantidades de arena para encontrar pequeñas partículas de gran valor, el terapeuta explora el relato de la persona en busca de experiencias que aporten información útil para favorecer el cambio.

Estas "pepitas de oro" suelen corresponder a excepciones al problema: momentos en los que la conducta esperable no llegó a producirse o tuvo una intensidad menor de la habitual. En el tratamiento de las adicciones pueden adoptar formas muy diversas: una ocasión en la que la persona consiguió resistir el impulso de consumir, pidió ayuda antes de una recaída, abandonó una situación de riesgo, logró manejar una emoción intensa sin recurrir a la sustancia o interrumpió un consumo antes de que evolucionara hacia una recaída de mayor gravedad.

Desde esta perspectiva, el objetivo no consiste únicamente en analizar las dificultades, sino también en identificar aquello que ya está funcionando. Estas excepciones no representan simples anécdotas ni pequeños éxitos aislados. Constituyen ejemplos reales de estrategias de afrontamiento, habilidades y recursos que el propio paciente ya ha utilizado con éxito y que pueden fortalecerse y reutilizarse durante el proceso terapéutico (De Shazer et al., 2007).

No obstante, resulta importante subrayar que buscar "pepitas de oro" no constituye un tratamiento en sí mismo, ni pretende sustituir las intervenciones psicológicas con mayor respaldo científico. Se trata de una herramienta que puede integrarse dentro de un proceso de rehabilitación integral, desarrollado por profesionales especializados y adaptado a las necesidades de cada persona. La evidencia actual señala que la recuperación de una adicción requiere habitualmente una intervención multimodal que combine evaluación clínica, prevención de recaídas, entrenamiento en habilidades de afrontamiento, regulación emocional, trabajo con la familia cuando sea necesario y reconstrucción progresiva de hábitos y proyectos vitales (Herranz & Del Nogal, 2025; Monar Bermúdez et al., 2023).

En este contexto, la búsqueda de "pepitas de oro" puede desempeñar un papel especialmente útil en momentos en los que la persona experimenta desánimo, baja motivación o la sensación de que no está avanzando. Es frecuente que, tras una recaída o durante una etapa especialmente difícil, el paciente centre toda su atención en aquello que no ha conseguido. En esas situaciones, el terapeuta puede ayudarle a dirigir temporalmente la mirada hacia experiencias que demuestran que el cambio ya ha comenzado a producirse, aunque todavía sea de forma parcial. La pregunta deja de ser únicamente "¿qué salió mal?" para incorporar también "¿qué hiciste diferente las veces que sí lograste afrontar esa situación?

Esta estrategia puede aplicarse tanto en terapia individual como en terapia grupal. En las sesiones individuales, el terapeuta ayuda a reconstruir con detalle esas excepciones, identificando qué hizo el paciente, qué circunstancias facilitaron el cambio y cómo podrían reproducirse en futuras situaciones de riesgo. En terapia grupal, además, aparece un elemento especialmente valioso: los propios compañeros suelen identificar avances que la persona no reconoce en sí misma. Comentarios como "hace unos meses habrías abandonado el tratamiento después de consumir y hoy has venido al grupo" o "esta vez pediste ayuda antes de que la situación empeorara" permiten que el grupo funcione como un espacio donde las "pepitas de oro" también son descubiertas colectivamente.

En definitiva, esta técnica no pretende minimizar las recaídas ni sustituir el análisis de los problemas asociados al consumo. Su principal aportación consiste en complementar ese trabajo ayudando al paciente a identificar, comprender y fortalecer aquellas conductas que ya están favoreciendo su recuperación. Con el tiempo, estas pequeñas excepciones pueden convertirse en un repertorio cada vez más amplio de estrategias de afrontamiento útiles para sostener el cambio a largo plazo (Herranz & Del Nogal, 2025; Marlatt & Donovan, 2005).

Recuperarse no es solo dejar de consumir

Uno de los errores más frecuentes consiste en entender la recuperación exclusivamente como la ausencia de consumo. Sin embargo, tanto la práctica clínica como la literatura especializada coinciden en que recuperarse implica mucho más que alcanzar la abstinencia. La recuperación es un proceso progresivo de rehabilitación en el que la persona va desarrollando nuevas habilidades, modificando hábitos, reconstruyendo relaciones personales y aprendiendo formas más adaptativas de afrontar las dificultades cotidianas (Herranz & Del Nogal, 2025; Monar Bermúdez et al., 2023).

Desde esta perspectiva, dejar de consumir representa un objetivo importante, pero no el único. La verdadera recuperación supone construir una vida en la que el consumo vaya perdiendo progresivamente su función. Para ello resulta necesario desarrollar estrategias de regulación emocional, mejorar las habilidades de afrontamiento, recuperar rutinas saludables, fortalecer la red de apoyo social y avanzar hacia proyectos personales significativos (Monar Bermúdez et al., 2023).

Este proceso tampoco suele producirse de forma lineal. Durante el tratamiento pueden aparecer momentos de mayor motivación y otros de incertidumbre, desánimo o incluso recaídas. Lejos de interpretarse necesariamente como un fracaso, estas dificultades forman parte del proceso terapéutico y ofrecen información relevante para seguir ajustando la intervención (Herranz & Del Nogal, 2025; Marlatt & Donovan, 2005).

Precisamente por ello, las "pepitas de oro" adquieren un valor especial. Cada ocasión en la que una persona rechaza una invitación para consumir, consigue gestionar un conflicto sin recurrir a la sustancia, pide ayuda antes de una recaída o atraviesa una emoción intensa utilizando otras estrategias constituye una evidencia de que determinados aprendizajes ya están produciéndose.

En este sentido, las "pepitas de oro" no representan únicamente pequeños éxitos. Son indicadores de que la recuperación ya está en marcha. Identificarlas permite al terapeuta y al propio paciente reconocer habilidades que pueden seguir fortaleciéndose a lo largo de las diferentes fases del tratamiento, desde la deshabituación inicial hasta la rehabilitación y la posterior reinserción social (Herranz & Del Nogal, 2025).

Este cambio de perspectiva resulta especialmente útil en aquellas personas que sienten que "no están avanzando" porque centran toda su atención en los errores o en las recaídas. Aprender a reconocer también los pequeños logros cotidianos permite construir una visión más completa y realista del proceso de recuperación. No porque estos avances eliminen las dificultades existentes, sino porque muestran que la persona ya dispone de recursos sobre los que seguir construyendo el cambio.

Las pepitas de oro y la autoeficacia

Uno de los conceptos más relevantes en la prevención de recaídas es la autoeficacia, entendida como la percepción de que una persona dispone de las capacidades necesarias para afrontar con éxito determinadas situaciones de riesgo. El modelo de prevención de recaídas desarrollado por Marlatt y Gordon señala que, cuando una persona responde de forma eficaz ante una situación de alto riesgo sin recurrir al consumo, aumenta su confianza para afrontar situaciones similares en el futuro, reduciendo así la probabilidad de recaída (Marlatt & Donovan, 2005).

Sin embargo, esta confianza no surge simplemente por intentar pensar de forma más positiva. Se construye, sobre todo, a partir de experiencias reales de afrontamiento. Cada ocasión en la que una persona consigue manejar un craving, rechazar una oferta de consumo, pedir ayuda a tiempo o regular una emoción difícil sin recurrir a la sustancia constituye una experiencia de aprendizaje que fortalece progresivamente su percepción de competencia.

Es precisamente aquí donde las "pepitas de oro" adquieren un papel especialmente relevante. Más que buscar motivos para animar al paciente, esta estrategia permite identificar evidencias concretas de que determinadas habilidades ya forman parte de su repertorio. La pregunta deja de ser "¿eres capaz de conseguirlo?" para convertirse en "¿qué hiciste aquella vez que sí lo conseguiste?

Este cambio de enfoque resulta especialmente útil en momentos de desánimo o tras una recaída. Cuando una persona siente que "todo ha salido mal", suele minimizar o incluso olvidar los numerosos momentos en los que logró responder de una manera diferente. Recuperar esas experiencias permite construir una visión más equilibrada del proceso terapéutico y recordar que la recuperación no se apoya únicamente en la ausencia de dificultades, sino también en la acumulación progresiva de pequeñas experiencias de éxito.

En este sentido, las "pepitas de oro" pueden entenderse como evidencias conductuales de recuperación. No demuestran que el problema haya desaparecido, pero sí que la persona ya dispone de recursos sobre los que seguir construyendo el cambio. Cada nueva excepción al consumo amplía ese repertorio de habilidades y proporciona información valiosa para afrontar futuras situaciones de riesgo de una manera más eficaz.

Encontrar excepciones al problema

Uno de los pilares de la Terapia Breve Centrada en Soluciones consiste en identificar las excepciones al problema, es decir, aquellos momentos en los que, a pesar de las dificultades, la persona consiguió responder de una manera diferente a la que el problema parecía dictar (De Shazer et al., 2007; Beyebach & Herrero de Vega, 2016).

En el tratamiento de las adicciones, estas excepciones no deben entenderse como ocasiones en las que la persona "consumió menos", sino como situaciones en las que puso en marcha conductas de protección de su recuperación. El foco no está en el consumo, sino en las decisiones, habilidades y estrategias que favorecieron el mantenimiento de la abstinencia y el compromiso con el tratamiento.

Desde el modelo de prevención de recaídas sabemos que las recaídas rara vez aparecen de forma repentina. Habitualmente se construyen a través de una secuencia de pequeñas decisiones que van acercando progresivamente a la persona a situaciones de mayor vulnerabilidad. Marlatt denominó a muchas de ellas decisiones aparentemente irrelevantes, ya que, aunque en un primer momento parecen inofensivas, terminan aumentando la probabilidad de consumo (Marlatt & Donovan, 2005). En la práctica clínica también pueden entenderse como decisiones de riesgo (DDR), porque incrementan la exposición a contextos, personas o situaciones asociadas al consumo.

Precisamente por ello, una de las funciones más valiosas de las "pepitas de oro" consiste en identificar aquellas ocasiones en las que la persona consiguió anticiparse a estas decisiones de riesgo y proteger su proceso de recuperación.

Una "pepita de oro" puede encontrarse cuando el paciente:

  • Decide no acudir a un lugar donde sabe que habrá consumo;
  • rechaza una invitación que podría comprometer su abstinencia;
  • detecta precozmente un aumento del craving y pide ayuda antes de que la situación se complique;
  • informa con honestidad al equipo terapéutico de que está atravesando un momento de mayor vulnerabilidad;
  • modifica una rutina que estaba favoreciendo la aparición de situaciones de riesgo;
  • utiliza las estrategias aprendidas en terapia para afrontar el malestar sin recurrir a la sustancia.

En estos casos, el interés del terapeuta no consiste únicamente en felicitar al paciente por haber tomado una buena decisión, sino en comprender cómo llegó a tomarla. ¿Qué señales detectó? ¿Qué pensamientos o emociones le hicieron darse cuenta del riesgo? ¿Qué estrategia utilizó para protegerse? ¿Qué personas o recursos facilitaron esa decisión?

Responder a estas preguntas permite transformar una experiencia concreta en un aprendizaje útil para el futuro. La persona empieza a reconocer qué señales anuncian un aumento de su vulnerabilidad y qué conductas le ayudan a interrumpir esa secuencia antes de que desemboque en una recaída.

Desde esta perspectiva, las "pepitas de oro" no consisten únicamente en recordar pequeños logros del pasado. Constituyen una herramienta para fortalecer la capacidad de anticipación, favorecer la toma de decisiones protectoras y consolidar un repertorio cada vez más amplio de estrategias de prevención de recaídas dentro de un tratamiento integral de rehabilitación (Herranz & Del Nogal, 2025).

La búsqueda de pepitas de oro como herramienta de prevención de recaídas

La prevención de recaídas constituye uno de los pilares fundamentales del tratamiento psicológico de las adicciones. En la actualidad, las recaídas no se entienden como acontecimientos imprevisibles o consecuencia exclusiva de una falta de voluntad, sino como procesos complejos en los que interactúan variables biológicas, psicológicas, emocionales, sociales y contextuales (Herranz & Del Nogal, 2025; Marlatt & Donovan, 2005).

Desde esta perspectiva, el objetivo del tratamiento no consiste únicamente en mantener la abstinencia, sino en ayudar a la persona a desarrollar un repertorio cada vez más amplio de estrategias que le permitan afrontar eficazmente las situaciones de riesgo cuando estas aparezcan. La identificación de desencadenantes, el entrenamiento en habilidades de afrontamiento, la regulación emocional, el fortalecimiento de la red de apoyo, la planificación de respuestas alternativas al consumo y la detección precoz de situaciones de vulnerabilidad forman parte de los componentes esenciales de los programas actuales de prevención de recaídas (Herranz & Del Nogal, 2025).

Es precisamente en este contexto donde la búsqueda de "pepitas de oro" adquiere un valor clínico especial. Más que introducir estrategias completamente nuevas, esta técnica ayuda a identificar cuáles de esos recursos ya han aparecido espontáneamente a lo largo de la historia de recuperación del paciente. En otras palabras, permite localizar ejemplos reales de afrontamiento eficaz sobre los que continuar construyendo el tratamiento.

Por ejemplo, un paciente puede descubrir que las ocasiones en las que consiguió mantener la abstinencia tenían elementos comunes: detectar precozmente el aumento del craving, abandonar una situación de riesgo antes de que se intensificara, contactar con una persona de apoyo, acudir a una sesión terapéutica a pesar del desánimo o modificar una rutina que estaba incrementando su vulnerabilidad. Estas experiencias dejan de interpretarse como éxitos aislados y pasan a convertirse en información clínica de gran utilidad para prevenir futuras recaídas.

Desde esta perspectiva, las "pepitas de oro" funcionan como un puente entre la experiencia previa del paciente y la planificación del futuro. Cada excepción identificada aporta información sobre qué estrategias resultaron eficaces, en qué circunstancias funcionaron y cómo pueden adaptarse cuando vuelvan a aparecer situaciones similares.

En este sentido, el interés terapéutico no reside únicamente en recordar lo que salió bien, sino en transformar esos aprendizajes en un auténtico plan de prevención de recaídas. La recuperación deja así de apoyarse exclusivamente en la evitación del consumo para incorporar también la identificación, el fortalecimiento y la repetición deliberada de aquellas conductas que ya han demostrado proteger el proceso de cambio.

Uno de los objetivos fundamentales de la prevención de recaídas consiste en que la persona disponga de un conjunto de estrategias claras para afrontar los momentos de mayor vulnerabilidad antes de que estos desemboquen en una recaída. Algunos programas de tratamiento proponen elaborar un auténtico "kit de emergencia", entendido como un plan personalizado que reúne aquellas herramientas que han demostrado resultar eficaces para proteger el proceso de recuperación (Herranz & Del Nogal, 2025).

En este contexto, las "pepitas de oro" constituyen la base sobre la que construir ese plan. El objetivo no consiste en elaborar una lista de recomendaciones generales, sino en identificar aquellas estrategias que el propio paciente ya ha utilizado con éxito en otras ocasiones. De este modo, el kit deja de fundamentarse únicamente en lo que "debería hacer" y pasa a construirse a partir de aquello que ya ha comprobado que le ayuda a mantenerse abstinente y comprometido con su tratamiento.

Cada persona irá configurando un repertorio diferente en función de su historia, sus circunstancias y los recursos disponibles. Para algunos, una de las estrategias más eficaces será abandonar de forma inmediata una situación de riesgo; para otros, practicar ejercicios de respiración, salir a caminar, retomar una rutina saludable o realizar una actividad incompatible con el consumo. En muchos casos, una de las decisiones más protectoras consiste en pedir ayuda de manera precoz, antes de que el malestar o el craving aumenten de intensidad.

Esta petición de ayuda puede dirigirse a una persona de confianza, a un familiar, a otros compañeros del grupo terapéutico o al propio equipo de profesionales que acompaña el proceso de rehabilitación. Lejos de interpretarse como una muestra de debilidad o de fracaso, reconocer que uno atraviesa un momento de mayor vulnerabilidad y solicitar apoyo constituye una de las conductas de protección más importantes frente a una posible recaída. De hecho, una intervención temprana permite analizar lo que está ocurriendo, reforzar las estrategias de afrontamiento ya aprendidas y reajustar el plan terapéutico cuando resulte necesario (Herranz & Del Nogal, 2025).

El "kit de emergencia" tampoco debe entenderse como un recurso estático. A medida que avanza la recuperación, la persona incorpora nuevas habilidades, identifica otras señales de riesgo y descubre estrategias que funcionan mejor para ella. Cada nueva "pepita de oro" pasa a enriquecer ese repertorio personal, convirtiéndose en una herramienta disponible para futuras situaciones de dificultad.

En definitiva, el verdadero valor de este kit no reside en acumular consejos, sino en transformar la propia experiencia de recuperación en una guía práctica para el futuro. Cada situación difícil superada, cada decisión de protección y cada momento en el que la persona consigue mantenerse fiel a sus objetivos terapéuticos aportan información valiosa que puede seguir utilizándose cuando aparezcan nuevos desafíos. De este modo, las "pepitas de oro" dejan de ser únicamente recuerdos de pequeños logros y se convierten en un conjunto de recursos concretos que fortalecen la prevención de recaídas y favorecen una recuperación más estable y duradera.

Las recaídas también pueden prevenirse: construir la recuperación día a día

Aunque las recaídas pueden formar parte del proceso de recuperación, no deben entenderse como acontecimientos inevitables. La evidencia científica muestra que un tratamiento psicológico estructurado, desarrollado por profesionales especializados y seguido de forma continuada permite reducir significativamente su probabilidad y favorecer una recuperación más estable (Herranz & Del Nogal, 2025; Marlatt & Donovan, 2005).

La prevención de recaídas no depende de una única técnica ni de la fuerza de voluntad. Es el resultado de un trabajo constante en el que la persona va desarrollando habilidades de afrontamiento, aprendiendo a reconocer las situaciones de riesgo, anticipándose a las decisiones de riesgo (DDR), fortaleciendo su red de apoyo y consolidando progresivamente un estilo de vida compatible con la recuperación.

En este proceso, el compromiso con el tratamiento resulta esencial. Respetar las distintas fases de la recuperación, asistir regularmente a las sesiones, cumplir las pautas terapéuticas, trabajar los objetivos acordados y permitir que la exposición a situaciones de riesgo se produzca de forma gradual y planificada son algunos de los pilares que ayudan a construir una recuperación sólida (Herranz & Del Nogal, 2025).

Del mismo modo, existen actitudes que favorecen especialmente el cambio. La honestidad, tanto con uno mismo como con el equipo terapéutico y el grupo, permite detectar precozmente las dificultades antes de que evolucionen hacia una recaída. La humildad ayuda a reconocer que la recuperación requiere tiempo, aprendizaje y, en ocasiones, apoyo externo, evitando la falsa sensación de control que puede aparecer cuando la persona cree que ya no necesita las estrategias aprendidas en tratamiento. Y mantener un cierto sentido del humor, entendido como la capacidad para relativizar algunas dificultades sin minimizar el problema, puede convertirse en un importante factor de resiliencia frente a las adversidades cotidianas.

Otro aspecto fundamental consiste en pedir ayuda antes de que el problema aumente de intensidad. Esperar a que la situación sea insostenible suele dificultar la intervención. Por el contrario, compartir con el terapeuta o con el grupo que están aumentando las ganas de consumir, que aparecen pensamientos de abandono del tratamiento o que determinadas situaciones están resultando especialmente difíciles permite intervenir de forma temprana y reajustar el plan terapéutico antes de que se produzca una recaída.

Desde esta perspectiva, las "pepitas de oro" vuelven a adquirir un papel especialmente relevante. Cada ocasión en la que la persona decide ser honesta, solicita ayuda, evita una decisión de riesgo, sigue las recomendaciones terapéuticas o mantiene su compromiso con el tratamiento constituye una nueva evidencia de recuperación. Estas pequeñas decisiones, aparentemente sencillas, son las que, repetidas una y otra vez, terminan construyendo cambios duraderos.

La recuperación rara vez depende de un único gran logro. Habitualmente se sostiene gracias a la acumulación de numerosas decisiones de protección que, con el tiempo, consolidan un estilo de vida cada vez más alejado del consumo y más cercano a los valores, objetivos y proyectos personales de la persona.

Conclusión

La búsqueda de "pepitas de oro" constituye una herramienta sencilla, pero de gran valor clínico, para complementar el tratamiento psicológico de las adicciones. Integrada dentro de un proceso de rehabilitación desarrollado por profesionales especializados, permite identificar, comprender y fortalecer aquellas conductas que ya están favoreciendo la recuperación de la persona. No sustituye al tratamiento ni a otras intervenciones con respaldo científico, sino que amplía la mirada terapéutica incorporando una pregunta tan importante como la que habitualmente nos hacemos ante una recaída: ¿qué hizo posible que, en otras ocasiones, la persona consiguiera mantenerse en el camino de la recuperación?

Desde esta perspectiva, el objetivo deja de ser únicamente analizar los errores o las dificultades para incluir también el estudio de los aciertos. Las recaídas ofrecen información valiosa sobre los factores que aumentan la vulnerabilidad; las "pepitas de oro", por su parte, permiten descubrir las decisiones, habilidades y estrategias que protegen la recuperación. Ambas perspectivas son necesarias y se complementan para construir una intervención más completa.

La recuperación de una adicción rara vez depende de un único momento de transformación. Habitualmente se construye a través de numerosas decisiones cotidianas: asistir a terapia cuando cuesta hacerlo, pedir ayuda antes de que el riesgo aumente, ser honesto con uno mismo y con el equipo terapéutico, evitar una decisión de riesgo, manejar un craving sin consumir o mantener el compromiso con el tratamiento incluso en los momentos de menor motivación. Cada una de estas conductas constituye una nueva "pepita de oro" que fortalece el proceso de cambio.

En definitiva, las "pepitas de oro" nos recuerdan que la recuperación no se sostiene únicamente evitando el consumo, sino aprendiendo a reconocer y consolidar todos aquellos comportamientos que acercan a la persona a la vida que desea construir. Porque, en muchas ocasiones, los recursos más valiosos para avanzar no son aquellos que todavía debemos enseñar, sino aquellos que el propio paciente ya ha comenzado a desarrollar y que, con la ayuda adecuada, pueden convertirse en los cimientos de una recuperación sólida, estable y duradera.

Fuentes y recursos de información

  • Beyebach, M., & Herrero de Vega, M. (2016). 200 tareas en terapia breve: Un enfoque centrado en soluciones.
  • De Shazer, S., Dolan, Y. M., Korman, H., Trepper, T. S., McCollum, E. E., & Berg, I. K. (2007). More than miracles: The state of the art of solution-focused brief therapy.
  • Herranz, J., & Del Nogal, M. (2025). Manual de tratamiento de las conductas adictivas. Desclée de Brouwer.
  • Marlatt, G. A., & Donovan, D. M. (Eds.). (2005). Relapse prevention: Maintenance strategies in the treatment of addictive behaviors (2nd ed.). Guilford Press.
  • Monar Bermúdez, S., et al. (2023). Adicciones: Claves para el éxito del tratamiento. Círculo Rojo.
  • National Institute on Drug Abuse. (2018). Principles of drug addiction treatment: A research-based guide (3rd ed.). U.S. Department of Health and Human Services.
  • Rodríguez Morejón, A., & Beyebach, M. (1997). Reflexiones sobre el trabajo con soluciones en terapia familiar sisté Cuadernos de Terapia Familiar, 34, 39–56.
  • Ruiz Fernández, M. Á., Díaz García, M. I., & Villalobos Crespo, A. (Coords.). (2012). Manual de técnicas de intervención cognitivo-conductuales. Desclée de Brouwer.
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Cómo citar este Artículo

Arrimada Fernández, M. (2026, agosto 28). Buscar pepitas de oro en la recuperación de las adicciones: encontrar recursos donde antes solo veíamos problemas. Actualidad en Psicología. https://www.actualidadenpsicologia.com/recuperacion-adicciones-recursos-problemas/

Graduado en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca y con un Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Alfonso X el Sabio. Asimismo, cuenta con un Máster en Psicoterapia impartido por la Asociación Española para el Fomento y Desarrollo de la Psicoterapia (AEFDP) y el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. También dispone de formación especializada en distintas áreas de la salud mental, destacando el Máster en Actualización en Intervención Psicológica y Salud Mental de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), así como varios cursos de especialización: Experto Universitario en Trastornos de la Conducta Alimentaria por la Universidad Europea Miguel de Cervantes, Especialista en el Tratamiento de las Adicciones por la Asociación Española de Psicología Sanitaria (AEPSIS), Experto en Mindfulness para profesionales de la salud (UDIMA), Experto en CIE-11 y DSM-5 (UDIMA), Experto Avanzado en el Tratamiento de los Trastornos de la Personalidad (AEFDP) y Experto en Terapias Contextuales de Tercera Generación (AEFDP). Desarrolla su labor como psicólogo sanitario y cuenta con experiencia en distintos contextos clínicos, abordando problemáticas como adicciones, patología dual, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos de la personalidad, ansiedad y depresión, tanto en formato individual como grupal. Ejerce su práctica profesional en centros presenciales, así como en modalidad online a través de BetterHelp

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