En los últimos años, el mercado de las drogas ha experimentado una transformación importante con la proliferación de nuevas sustancias psicoactivas. Muchas de ellas aparecen, desaparecen o son sustituidas con rapidez por nuevos compuestos, lo que dificulta su identificación y complica tanto la prevención como la respuesta sanitaria. Entre estas sustancias destacan las catinonas sintéticas, una familia de drogas estimulantes cuya presencia ha adquirido una relevancia creciente a nivel internacional, especialmente en Europa.
No se trata de una única droga. Bajo esta denominación se agrupan numerosos compuestos, entre ellos la mefedrona o 4-MMC, la 3-MMC, la 2-MMC, la 3-CMC, la 4-CMC o la NEP. Todas mantienen cierta relación química con la catinona presente de forma natural en la planta Catha edulis —conocida como khat—, pero presentan perfiles farmacológicos y niveles de riesgo diferentes.
El Plan Nacional sobre Drogas advierte de que estas sustancias pueden comercializarse bajo denominaciones como sales de baño, legal highs o research chemicals, e incluso ofrecerse como si fueran MDMA o cocaína (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas [DGPNSD], 2025).
Por tanto, hablar de las catinonas sintéticas no supone referirse únicamente a una nueva moda dentro del consumo de drogas. Implica abordar un fenómeno que plantea importantes desafíos desde la prevención, la salud mental, las adicciones y la salud pública.
Una presencia creciente a nivel internacional
Las catinonas sintéticas forman parte de un mercado de nuevas sustancias psicoactivas cada vez más diversificado y globalizado. Organismos internacionales como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito han documentado su presencia en distintas regiones del mundo. Sin embargo, actualmente no existen estimaciones suficientemente sólidas sobre la evolución de la prevalencia mundial específica de su consumo, por lo que resulta más preciso hablar de una creciente presencia y disponibilidad internacional que de un aumento generalizado del consumo (United Nations Office on Drugs and Crime [UNODC], 2025; Chen et al., 2024). De hecho, datos recientes de la UNODC muestran que nuevas catinonas continúan apareciendo simultáneamente en varios continentes.
Europa es una de las regiones donde esta evolución está mejor documentada. La European Union Drugs Agency (EUDA) considera que las catinonas están adquiriendo una mayor presencia dentro del mercado europeo de estimulantes y señala que algunas se han establecido como alternativas a otros estimulantes. Un indicador especialmente relevante desde el ámbito sanitario es que el número de personas que iniciaron tratamiento por problemas relacionados con catinonas sintéticas aumentó un 356 % entre 2018 y 2023 en los países europeos que aportaron datos (European Union Drugs Agency [EUDA], 2025).
En Estados Unidos, las catinonas sintéticas adquirieron especial notoriedad desde comienzos de la década de 2010 bajo denominaciones como bath salts o “sales de baño” y continúan siendo objeto de vigilancia sanitaria y toxicológica. No obstante, los datos disponibles no permiten hablar actualmente de una epidemia generalizada comparable a la asociada a otras drogas sintéticas (National Institute on Drug Abuse [NIDA], 2024).
En conjunto, la evidencia disponible indica que las catinonas sintéticas no constituyen un fenómeno circunscrito a una región concreta. Su detección internacional, la aparición continuada de nuevos derivados y su posible comercialización como sustitutos o adulterantes de otras sustancias justifican mantener y reforzar los sistemas de vigilancia, la investigación y las estrategias preventivas (Chen et al., 2024; EUDA, 2025; UNODC, 2025).
¿Qué efectos pueden producir?
Las catinonas sintéticas son estimulantes del sistema nervioso central que actúan principalmente sobre los sistemas monoaminérgicos, modificando en diferente medida la actividad de neurotransmisores como la dopamina, la noradrenalina y la serotonina. Estos sistemas participan, entre otras funciones, en procesos relacionados con la recompensa, la motivación, la activación, el estado de ánimo y la respuesta al estrés.
Sin embargo, hablar de “catinonas sintéticas” no implica hablar de una sustancia con un único perfil farmacológico. Existen diferencias importantes entre los distintos compuestos en cuanto a mecanismo de acción, potencia, duración y efectos, que pueden variar además en función de la dosis, la vía de administración, la frecuencia de consumo, las características individuales y la combinación con otras sustancias (Chen et al., 2024; DGPNSD, 2025).
Entre los efectos subjetivamente buscados pueden aparecer aumento de energía y activación, euforia, mayor sociabilidad, disminución de la sensación de cansancio y, en algunos compuestos, incremento del deseo sexual (DGPNSD, 2025). Los estudios realizados en humanos con mefedrona han encontrado efectos estimulantes y euforizantes, así como incrementos subjetivos de bienestar y placer (Papaseit et al., 2016).
Esta cuestión resulta especialmente importante desde la psicología de las adicciones. Una prevención rigurosa no debería limitarse a enumerar los posibles daños: para comprender por qué una persona puede repetir el consumo de una sustancia potencialmente perjudicial es necesario analizar también qué efectos inmediatos pueden estar funcionando como reforzadores de esa conducta. Una revisión sistemática sobre el potencial de abuso de las catinonas en humanos concluyó que determinadas sustancias de esta familia presentan propiedades reforzantes y efectos subjetivos que pueden favorecer la repetición del consumo (Poyatos et al., 2022).
Cuando la recompensa inmediata favorece la repetición
Uno de los principios fundamentales del aprendizaje establece que una conducta seguida de consecuencias reforzantes aumenta su probabilidad de repetirse en situaciones similares. Desde el análisis funcional, por tanto, no basta con preguntarse por qué una persona consume, sino que resulta necesario analizar qué antecedentes facilitan el consumo, qué función cumple y qué consecuencias contribuyen a mantenerlo (Froxán Parga, 2020).
En el caso de las catinonas sintéticas, efectos como la euforia, el aumento de energía, la sociabilidad, la desinhibición sexual o la reducción de la fatiga pueden actuar como reforzadores positivos, incrementando la probabilidad de nuevos consumos. A su vez, mediante procesos de aprendizaje, determinados lugares, personas, situaciones o actividades repetidamente asociados al consumo pueden adquirir progresivamente capacidad para facilitar o desencadenar respuestas relacionadas con la búsqueda de la sustancia. El craving puede aparecer precisamente ante estas señales externas, pero también ante estados internos como ansiedad, estrés, aburrimiento, tristeza o irritabilidad (Arrimada Fernández, 2026a).
Desde una perspectiva funcional, estos estados emocionales pueden actuar como variables motivadoras, aumentando temporalmente el valor reforzante que tiene el consumo para una determinada persona. Así, por ejemplo, el efecto de una sustancia puede resultar especialmente reforzante en una situación de cansancio, estrés o malestar emocional. En determinadas catinonas se añade además una elevada tendencia a repetir la administración durante un mismo episodio. La mefedrona presenta efectos relativamente breves y se ha asociado con un intenso deseo de repetir dosis, característica que puede favorecer patrones de consumo compulsivo (DGPNSD, 2025; Poyatos et al., 2022).
Con el tiempo, además, la función del consumo puede cambiar. Inicialmente puede predominar el refuerzo positivo, consumiendo para obtener euforia, energía o estimulación; posteriormente puede adquirir mayor importancia el refuerzo negativo, cuando se consume para reducir o escapar temporalmente de ansiedad, irritabilidad, tristeza, estrés u otros estados aversivos. De este modo, una persona puede pasar progresivamente de consumir principalmente para sentirse mejor a consumir también para dejar de sentirse mal (Arrimada Fernández, 2026a; Froxán Parga, 2020).
Esto no implica que toda persona que consuma una catinona vaya a desarrollar una adicción. La consolidación de un patrón problemático depende de múltiples variables y de la historia de aprendizaje de cada persona. Precisamente por ello, el análisis funcional permite comprender de manera individualizada qué antecedentes, variables motivadoras y consecuencias están favoreciendo y manteniendo el consumo, en lugar de atribuirlo simplemente a una supuesta falta de voluntad.
Ansiedad, paranoia, insomnio y otros riesgos psicológicos: una lectura funcional
Los efectos de las catinonas sintéticas no se limitan a la estimulación o la euforia. Se han descrito ansiedad, agitación, insomnio, confusión, alucinaciones, paranoia, sintomatología psicótica, consumo compulsivo, tolerancia y dependencia (Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas [DGPNSD], 2025). Sin embargo, desde una perspectiva psicológica resulta más útil no entender estos términos únicamente como una lista de síntomas, sino analizar qué respuestas concretas aparecen, en qué contexto y qué variables pueden estar favoreciendo su aparición y mantenimiento. El análisis funcional precisamente propone estudiar las relaciones entre antecedentes, respuestas y consecuencias, incorporando variables disposicionales y motivadoras que pueden modificar dichas relaciones (Froxán Parga, 2020).
1. Ansiedad y activación fisiológica
La intensa estimulación producida por estas sustancias puede acompañarse de taquicardia, tensión, inquietud y otras sensaciones de elevada activación. Estas respuestas pueden adquirir además un significado amenazante para la persona: notar el corazón acelerado, no poder relajarse o experimentar sensaciones corporales desconocidas puede favorecer respuestas de miedo y verbalizaciones del tipo «me está pasando algo» o «voy a perder el control». Desde una perspectiva funcional, por tanto, interesa analizar no solo la etiqueta “ansiedad”, sino las respuestas fisiológicas, conductuales y encubiertas que la componen y las contingencias en las que aparecen. Las respuestas emocionales pueden actuar, además, como operaciones motivadoras, modificando temporalmente el valor reforzante de determinados estímulos y la probabilidad de otras conductas.
2. Insomnio y privación de sueño
Al tratarse de sustancias estimulantes, el consumo puede interferir directamente con el sueño. El problema puede agravarse cuando se encadenan dosis o episodios prolongados de consumo, aumentando el tiempo de vigilia. El insomnio no debe considerarse únicamente una consecuencia aislada: la privación de sueño puede convertirse en una variable disposicional relevante que modifica el funcionamiento posterior de la persona, incrementando el cansancio, la irritabilidad, la reactividad emocional y la vulnerabilidad ante otras alteraciones psicológicas. En consumidores habituales de mefedrona se han observado durante los días posteriores problemas de sueño, cansancio y alteraciones del estado de ánimo (Homman et al., 2018).
3. Suspicacia, ideación paranoide y alteraciones perceptivas
En algunos episodios de intoxicación pueden aparecer hipervigilancia, interpretaciones amenazantes de estímulos ambiguos, sensación de estar siendo observado o perseguido, confusión, alucinaciones y sintomatología psicótica (Daswani et al., 2024; DGPNSD, 2025). El riesgo puede aumentar cuando confluyen una elevada estimulación, repetición del consumo y periodos prolongados sin dormir. Desde el análisis funcional, términos como “paranoia” o “psicosis” no sustituyen al análisis de la conducta concreta: resulta necesario identificar qué hace la persona, qué verbaliza, qué estímulos anteceden a esas respuestas y qué consecuencias pueden contribuir a mantenerlas.
4. El malestar posterior al consumo también puede modificar la función de la conducta
Los efectos adversos no necesariamente terminan cuando desaparece la estimulación aguda. En los días posteriores al consumo de mefedrona se han descrito cansancio, problemas de sueño, alteraciones del estado de ánimo y otros efectos físicos y psicológicos (Homman et al., 2018). Este periodo posterior resulta especialmente relevante porque las propias respuestas emocionales pueden modificar el valor reforzante de determinadas conductas (Froxán Parga, 2020).
Estas consecuencias pueden, además, modificar las contingencias que mantienen el consumo. Como se ha señalado anteriormente, estados como la ansiedad, la irritabilidad, el cansancio o el bajo estado de ánimo pueden aumentar el valor reforzante de un nuevo consumo cuando este permite reducir temporalmente el malestar. Desde el análisis funcional, por tanto, no basta con registrar etiquetas como “ansiedad”, “insomnio”, “paranoia” o “craving”, sino que interesa determinar qué respuestas concretas aparecen, qué las antecede y qué consecuencias contribuyen a mantenerlas.
Los riesgos también pueden afectar a la salud física
Aunque desde la psicología resulte especialmente importante comprender los mecanismos relacionados con el aprendizaje, el craving y la pérdida de control, las catinonas sintéticas pueden producir también complicaciones físicas importantes.
Entre los efectos descritos se encuentran taquicardia, hipertensión, sudoración, hipertermia, náuseas, vómitos, bruxismo, cefalea y convulsiones, entre otros (DGPNSD, 2025).
Los datos procedentes de intoxicaciones por 3-MMC muestran un cuadro predominantemente simpaticomimético. Aunque muchas intoxicaciones registradas presentaron una gravedad moderada, también se han documentado casos graves (Nugteren-van Lonkhuyzen et al., 2022).
Las complicaciones cardiovasculares merecen particular atención. En la literatura clínica se han descrito manifestaciones como taquicardia, hipertensión, palpitaciones y dolor torácico, además de complicaciones cardiovasculares de mayor gravedad en determinados casos (Groenewegen et al., 2024).
También existe investigación sobre el posible potencial neurotóxico de varias catinonas sintéticas. Una revisión sistemática encontró diferentes mecanismos compatibles con neurotoxicidad, aunque buena parte de la evidencia disponible procede todavía de modelos experimentales y animales (Daziani et al., 2023).
Por ello, conviene evitar generalizaciones como afirmar que todas las catinonas producen inevitablemente el mismo tipo de daño cerebral. Se trata de una familia muy heterogénea y el nivel de conocimiento científico varía considerablemente entre unos compuestos y otros.
La incertidumbre científica, sin embargo, no implica ausencia de riesgo. Que todavía existan limitaciones en el conocimiento sobre los efectos a medio y largo plazo de algunas catinonas sintéticas no significa que estas sustancias puedan considerarse seguras. Su rápida aparición, la diversidad de compuestos existentes y las diferencias en potencia y perfil farmacológico dificultan conocer con precisión todas sus posibles consecuencias. La evidencia disponible ya documenta efectos adversos relevantes e intoxicaciones potencialmente graves, mientras que para algunas sustancias de aparición más reciente todavía será necesario acumular mayor evidencia clínica y epidemiológica.
Precisamente por ello, la información rigurosa y la prevención adquieren una especial importancia. Ante la aparición de síntomas físicos o psicológicos relacionados con el consumo, episodios de intoxicación, pérdida de control o dificultades para reducir o abandonar su uso, resulta recomendable buscar ayuda sanitaria y, cuando exista un patrón problemático, acudir a profesionales o centros especializados en adicciones. No es necesario esperar a que las consecuencias sean graves o a que el problema esté plenamente consolidado: la detección y la intervención tempranas pueden facilitar el abordaje y prevenir un mayor deterioro. En definitiva, la ausencia de evidencia concluyente sobre determinados daños no debe confundirse con evidencia de ausencia de daño.
Otro problema añadido: no siempre se sabe qué sustancia se está consumiendo
Uno de los principales riesgos asociados a las nuevas sustancias psicoactivas es la incertidumbre sobre la composición real de los productos adquiridos en mercados ilícitos.
El hecho de que una sustancia se comercialice bajo un determinado nombre no garantiza que contenga realmente ese compuesto ni que su concentración, pureza o composición sean las esperadas. En el mercado ilícito, un producto puede contener otras sustancias diferentes, mezclas de varios compuestos o derivados de la misma familia con perfiles farmacológicos distintos. Esto introduce un riesgo adicional, ya que la persona puede tomar decisiones basándose en experiencias previas con una sustancia concreta cuando, en realidad, está consumiendo otra con diferente potencia, duración de los efectos y toxicidad. En el caso de las catinonas sintéticas, esta incertidumbre resulta especialmente relevante debido a la rápida aparición de nuevos derivados y a su posible comercialización como sustitutos o adulterantes de otras drogas (DGPNSD, 2025; EUDA, 2026).
El Plan Nacional sobre Drogas advierte de que las catinonas sintéticas pueden venderse bajo nombres inespecíficos o presentarse como otras drogas, entre ellas MDMA o cocaína (DGPNSD, 2025).
La EUDA también ha documentado recientemente situaciones en las que determinados compuestos han sido comercializados como si fueran otras catinonas, favoreciendo consumos no intencionados e intoxicaciones (EUDA, 2026a).
Esto introduce un elemento preventivo especialmente importante: una persona puede creer que está tomando una sustancia que ya conoce cuando en realidad se está exponiendo a un compuesto diferente, con distinta potencia, duración y perfil de toxicidad.
Además, la velocidad con la que aparecen nuevas sustancias hace que muchas de ellas dispongan de mucha menos investigación que drogas conocidas desde hace décadas. Por tanto, que una sustancia sea nueva o poco conocida no significa que sea menos peligrosa; en muchos casos significa simplemente que sabemos menos sobre sus posibles consecuencias.
Prevenir no consiste únicamente en decir “no consumas”
La prevención necesita mensajes rigurosos, comprensibles y creíbles, basados en la evidencia científica y capaces de informar sobre los riesgos reales sin recurrir al alarmismo ni minimizar sus posibles consecuencias.
Exagerar los riesgos puede resultar contraproducente. Cuando una persona recibe mensajes alarmistas que no coinciden con su experiencia, puede terminar desconfiando también de advertencias que sí cuentan con un respaldo científico sólido.
En el caso de las catinonas sintéticas no es necesario exagerar: los riesgos documentados ya justifican suficientemente una actitud preventiva.
La opción más segura para evitar sus consecuencias es no consumirlas, especialmente teniendo en cuenta tanto sus riesgos inherentes como la incertidumbre asociada a la composición de las sustancias disponibles en mercados ilícitos. El propio Plan Nacional sobre Drogas plantea la evitación del consumo como la alternativa más segura (DGPNSD, 2025).
Pero una prevención eficaz también debería ayudar a reconocer precozmente cuándo una relación con una sustancia está comenzando a cambiar.
Algunas señales de alarma pueden ser:
- Experimentar cada vez más craving o pensar frecuentemente en consumir.
- Consumir con mayor frecuencia de la prevista.
- Tener dificultades para detenerse una vez iniciado el consumo.
- Repetir dosis durante un mismo episodio.
- Realizar intentos de reducir o abandonar el consumo y no conseguir mantenerlos.
- Comenzar a organizar actividades, ocio o relaciones alrededor de la sustancia.
- Continuar consumiendo pese a consecuencias psicológicas, físicas, sociales, familiares o laborales.
- Abandonar progresivamente actividades anteriormente importantes.
- Utilizar la sustancia cada vez más para afrontar ansiedad, estrés, tristeza, soledad u otros estados emocionales.
La presencia de estas señales no debería interpretarse como una cuestión de “falta de voluntad”. Las adicciones son fenómenos complejos en los que interactúan procesos de aprendizaje, mecanismos neurobiológicos, variables emocionales, circunstancias sociales y factores ambientales (Arrimada Fernández, 2026a; Monar Bermúdez et al., 2024).
Cuando existe un problema con el consumo: buscar ayuda especializada
Si una persona considera que está perdiendo el control sobre el consumo de catinonas sintéticas, presenta consecuencias negativas o tiene dificultades para abandonarlas, resulta recomendable buscar ayuda profesional en recursos especializados en adicciones o acudir a profesionales sanitarios con formación específica en este ámbito.
No es necesario esperar a encontrarse en una situación extrema. Una de las ideas que todavía dificultan el acceso al tratamiento es la creencia de que alguien debe haber “tocado fondo” antes de pedir ayuda. Sin embargo, cuanto antes se identifique un patrón problemático y se intervenga sobre él, mayor capacidad existe para evitar que determinadas consecuencias se consoliden o se extiendan a otras áreas de la vida.
El tratamiento de una adicción tampoco consiste únicamente en conseguir que la persona interrumpa el consumo. El manual de Monar Bermúdez et al. (2024) plantea la recuperación desde una perspectiva integral en la que intervienen aspectos psicológicos, médicos, familiares y sociales. Sus autores destacan la importancia de entender el tratamiento como un proceso estructurado y progresivo, y no únicamente como la interrupción puntual del consumo.
Desde la intervención psicológica, uno de los primeros objetivos consiste en comprender qué función cumple la conducta adictiva en esa persona concreta. El análisis funcional permite estudiar qué ocurre antes del consumo, qué características tiene la propia conducta y qué consecuencias inmediatas contribuyen a mantenerla. Entre los antecedentes pueden encontrarse estrés, ansiedad, aburrimiento, conflictos interpersonales, determinados contextos sociales o estímulos previamente asociados al consumo. Entre las consecuencias pueden aparecer placer, reducción temporal del malestar, activación, desinhibición o desconexión emocional (Arrimada Fernández, 2026a).
A partir de esta evaluación pueden abordarse diferentes componentes del tratamiento: motivación para el cambio, identificación de desencadenantes, manejo del craving, regulación emocional, entrenamiento en habilidades de afrontamiento, modificación de rutinas y entornos asociados al consumo, reconstrucción de actividades gratificantes y prevención de recaídas.
El proceso suele requerir además cambios más amplios en el estilo de vida. Mantener la recuperación implica con frecuencia reorganizar rutinas, mejorar los hábitos de sueño y autocuidado, recuperar relaciones saludables, reconstruir actividades de ocio no relacionadas con el consumo y desarrollar nuevas estrategias para afrontar situaciones difíciles (Arrimada Fernández, 2026a).
La prevención de recaídas constituye asimismo un componente fundamental. Las recaídas no suelen surgir de manera completamente inesperada, sino que con frecuencia van precedidas de señales como aumento del craving, exposición a situaciones de riesgo, abandono de rutinas protectoras, aislamiento, exceso de confianza o deterioro de la regulación emocional. Identificar precozmente estas señales permite intervenir antes de que culmine nuevamente en el consumo (Arrimada Fernández, 2026a).
En determinadas personas también puede resultar beneficioso incorporar estrategias procedentes de intervenciones basadas en mindfulness o de terapias contextuales, orientadas a aprender a observar el craving y otras experiencias internas sin responder automáticamente mediante el consumo. Estas estrategias deben entenderse como componentes potenciales dentro de programas terapéuticos más amplios y adaptados a cada paciente, no como tratamientos aislados o universales (Arrimada Fernández, 2026b, 2026c).
Cuando existen síntomas psicóticos, alteraciones importantes del estado de ánimo, complicaciones físicas, policonsumo o posibles problemas de salud mental concurrentes, puede ser necesaria además una valoración médica o psiquiátrica. En estas situaciones, el tratamiento integrado y la coordinación entre diferentes profesionales adquieren especial importancia (Arrimada Fernández, 2026a; Monar Bermúdez et al., 2024).
La recuperación de una adicción es posible, pero con frecuencia requiere tiempo, seguimiento y modificaciones que van mucho más allá de dejar de consumir. El objetivo último consiste en que la sustancia deje de ocupar el lugar central que había adquirido y que la persona pueda construir progresivamente una vida estable y gratificante al margen del consumo.
La mejor prevención comienza por conocer el riesgo
Las catinonas sintéticas representan uno de los ejemplos más claros de la transformación actual del mercado de las drogas: aparecen nuevos compuestos, cambia rápidamente su disponibilidad y la sustancia adquirida puede no corresponderse con aquella que la persona cree estar consumiendo.
Sus efectos estimulantes y reforzantes ayudan a comprender por qué determinadas personas pueden repetir su consumo. Al mismo tiempo, la evidencia disponible muestra riesgos psicológicos, cardiovasculares y neurológicos potencialmente importantes, además de intoxicaciones graves y la posibilidad de desarrollar patrones problemáticos.
La prevención no debería construirse desde el estigma hacia las personas que consumen ni desde mensajes exageradamente alarmistas, sino desde información rigurosa, accesible y científicamente fundamentada.
Comprender cómo una conducta inicialmente asociada con consecuencias gratificantes puede adquirir progresivamente un carácter compulsivo permite entender mejor los mecanismos implicados en las adicciones y reconocer antes sus señales de alarma.
La forma más segura de prevenir los daños derivados de las catinonas sintéticas es evitar su consumo. Pero, cuando el consumo ya se ha convertido en un problema, existe otro mensaje igualmente importante: no es necesario esperar a que la situación sea extrema para pedir ayuda.
Acudir a profesionales especializados en adicciones y comenzar una intervención individualizada de forma temprana puede evitar un mayor deterioro y facilitar el inicio de un proceso de recuperación.
Las adicciones tienen tratamiento, y pedir ayuda profesional puede marcar una diferencia importante en el proceso de recuperación. No es necesario esperar a que el consumo haya provocado consecuencias graves o a que la persona haya perdido por completo el control para acudir a profesionales o centros especializados. La detección temprana permite evaluar el patrón de consumo, comprender las variables que lo están manteniendo y plantear una intervención adaptada a las necesidades de cada persona. En prevención, informarse a través de fuentes fiables, reconocer cuanto antes las primeras señales de riesgo y buscar ayuda antes de que el problema continúe avanzando siguen siendo algunas de nuestras mejores herramientas. El propio Plan Nacional sobre Drogas recuerda que la adicción puede tratarse y recomienda buscar ayuda cuando sea necesaria (DGPNSD, 2025).
Fuentes y recursos de información
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- Arrimada Fernández, M. (2026b, 24 de abril). Ayuda profesional para adicciones: intervención clínica y prevención de recaídas. Actualidad en Psicologí
- Arrimada Fernández, M. (2026c, 9 de abril). Terapia de Aceptación y Compromiso online para dejar de fumar. Actualidad en Psicologí
- Arrimada Fernández, M. (2026d, 14 de julio). Mindfulness dentro del tratamiento de rehabilitación de las adicciones. Blog de Psicología del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.
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