Dejar de consumir es un paso fundamental en la recuperación de una adicción, pero mantener ese cambio implica aprender a afrontar situaciones, emociones y pensamientos que pueden volver a acercar a la persona al consumo. En determinados momentos, especialmente cuando aparece el deseo de consumir, puede producirse una idealización del consumo: se recuerdan sus efectos agradables, se minimizan sus consecuencias o aparecen pensamientos como «por una vez no pasa nada» o «ahora ya sé controlarlo». Estos procesos pueden aumentar la vulnerabilidad ante una recaída (Becoña Iglesias, 2016; Monar Bermúdez et al., 2024).
Una forma de trabajar estos momentos consiste en utilizar dos recursos sencillos y complementarios: la foto negra y la foto blanca. La idea es crear dos imágenes simbólicas que ayuden a mantener presente aquello que, en determinados momentos, puede quedar fuera de foco. La foto negra permite recordar qué significaba realmente el consumo y cuáles fueron sus consecuencias; la foto blanca ayuda a visualizar qué se ha conseguido durante la recuperación y qué merece la pena seguir cuidando.
La foto negra no pretende generar miedo ni culpabilidad. Su objetivo es recuperar una visión completa cuando el consumo empieza a parecer más atractivo de lo que realmente fue. Puede incluir los problemas, pérdidas, conflictos, consecuencias o situaciones que llevaron a la persona a plantearse un cambio. De esta manera, cuando aparezca el pensamiento «echo de menos consumir», la persona puede volver a preguntarse: «¿Echo de menos el consumo o estoy olvidando todo lo que también implicaba?»
La foto blanca completa esta mirada. La recuperación no consiste únicamente en dejar de consumir, sino también en construir una vida diferente: recuperar relaciones, desarrollar proyectos, ganar autonomía, incorporar nuevas actividades o alcanzar objetivos que antes podían quedar desplazados por el consumo. Mantener presentes estos cambios permite recordar que la abstinencia no supone solamente renunciar a algo, sino también proteger y seguir construyendo aquello que se ha conseguido. Esta perspectiva conecta con la importancia de consolidar un proyecto de vida y mantener los cambios a largo plazo.
Así, ambas fotografías cumplen funciones diferentes pero complementarias. La foto negra ayuda a desidealizar el consumo; la foto blanca ayuda a valorar la recuperación. Una recuerda aquello a lo que no se quiere regresar y la otra aquello que se quiere conservar y seguir construyendo.
La foto negra: recordar lo que el consumo también significaba
Cuando aparece el deseo de consumir, es habitual que la atención se centre en lo que la sustancia puede proporcionar de manera inmediata: placer, alivio, desinhibición, desconexión o una forma conocida de afrontar determinadas situaciones. El problema es que, en esos momentos, la memoria puede seleccionar una parte de la experiencia y dejar en segundo plano todo aquello que también acompañaba al consumo. La prevención de recaídas señala precisamente la importancia de reconocer estas situaciones de riesgo, los pensamientos asociados y las expectativas positivas sobre el consumo para poder responder de una manera diferente (Becoña Iglesias, 2016).
La foto negra es una propuesta práctica para trabajar esta idealización. Consiste en construir, junto con la persona, una representación clara y concreta de lo que el consumo llegó a suponer en su vida. No se trata únicamente de enumerar consecuencias negativas, sino de recuperar la historia completa: qué problemas aparecieron, qué relaciones se deterioraron, qué oportunidades se perdieron, cómo afectó a la salud o al bienestar emocional y qué llevó finalmente a la persona a plantearse un cambio.
Este ejercicio puede resultar especialmente útil cuando aparecen pensamientos que minimizan el riesgo, como «solo será esta vez», «ahora lo tengo controlado» o «echo de menos cómo me hacía sentir». Frente a ellos, la foto negra permite detenerse y ampliar la perspectiva: si consumo, ¿qué más puede volver conmigo? La finalidad no es generar culpa, sino contrarrestar el autoengaño y recuperar información que, en un momento de craving o vulnerabilidad, puede quedar temporalmente fuera de escena (Monar Bermúdez et al., 2024).
Por eso, la foto negra no debería convertirse en una lista utilizada para castigarse, sino en una herramienta de recuerdo y toma de decisiones. Su función es ayudar a que, ante el deseo de consumir, la persona pueda comparar lo que espera obtener a corto plazo con lo que realmente puede poner en juego.
Cómo construir una foto negra
Para que la foto negra sea realmente útil, no basta con recordar de forma general que «el consumo tenía consecuencias». Es necesario hacerla personal, concreta y conectada con la experiencia de cada persona. La prevención de recaídas parte de identificar las situaciones de riesgo, los pensamientos y emociones que las acompañan y las consecuencias que siguen a la conducta de consumo.
Por ello, podemos construir la foto negra repasando diferentes áreas de la vida que se vieron afectadas por el consumo. ¿Qué ocurrió con las relaciones? ¿Con el trabajo o los estudios? ¿Con la economía? ¿Con la salud? ¿Con el estado de ánimo? ¿Qué actividades dejó de hacer? ¿En qué situaciones terminó encontrándose? También resulta importante recordar qué consecuencias aparecían después del consumo, no solo durante los primeros minutos u horas.
Este último aspecto es especialmente relevante. El consumo puede proporcionar determinadas consecuencias gratificantes de manera inmediata, mientras que otras consecuencias negativas aparecen posteriormente. Recuperar ambas partes permite realizar una valoración más completa de la conducta y evitar que el deseo presente oculte lo que sucedía después (Echeburúa, 2001; Becoña Iglesias, 2016).
La fotografía puede quedar recogida por escrito, mediante palabras, frases o incluso imágenes que tengan un significado personal. Lo importante es que, cuando aparezca una situación de alto riesgo, la persona pueda volver a mirar esa fotografía y recordar su propia experiencia, en lugar de dejar que el deseo o la idealización del consumo decidan por ella.
La pregunta central podría ser sencilla: «Si vuelvo a consumir, ¿qué estoy arriesgando?». La respuesta constituye el contenido de la foto negra.
La foto blanca: recordar todo lo que estás construyendo
Si la foto negra ayuda a recordar aquello que el consumo llegó a poner en juego, la foto blanca dirige la mirada hacia el otro lado de la recuperación: todo lo que la persona está consiguiendo, recuperando y construyendo desde que decidió cambiar. Esta perspectiva resulta especialmente importante porque mantener la abstinencia a largo plazo no consiste únicamente en evitar el consumo, sino en consolidar nuevas formas de relacionarse consigo misma, con los demás y con su entorno (Monar Bermúdez et al., 2024).
Durante la recuperación pueden aparecer cambios que al principio parecen pequeños: volver a confiar en alguien, recuperar una rutina, mejorar la relación con la familia, retomar una afición, volver a estudiar o trabajar, dormir mejor, recuperar autonomía o simplemente empezar a sentirse capaz de tomar decisiones diferentes. Con el tiempo, estos cambios pueden convertirse en una parte fundamental de la nueva vida que la persona está construyendo.
La foto blanca permite hacer visibles esos avances. Cuando aparece el pensamiento «¿para qué seguir?», «no ha cambiado tanto» o «podría consumir solo una vez», recordar todo lo que se ha conseguido puede ayudar a poner la decisión en perspectiva. No se trata de idealizar la recuperación ni de negar las dificultades, sino de recordar que detrás de la abstinencia existe también algo que merece la pena proteger.
Por eso, una pregunta puede guiar la construcción de esta fotografía: «¿Qué he conseguido desde que dejé de consumir y qué no quiero perder?». La respuesta reúne aquello que da sentido al cambio y puede convertirse en un recordatorio especialmente valioso en los momentos de mayor vulnerabilidad.
Cómo construir una foto blanca
Al igual que ocurre con la foto negra, la foto blanca debe ser personal y concreta. No se trata de elaborar una lista genérica de razones para mantenerse abstinente, sino de identificar aquello que realmente ha cambiado en la vida de la persona y que tiene valor para ella.
Podemos construirla repasando diferentes áreas: las relaciones que se han recuperado o fortalecido, los proyectos que han vuelto a ocupar un lugar importante, las actividades que ahora puede realizar, los objetivos alcanzados, la autonomía recuperada y las nuevas formas de afrontar las dificultades. También pueden incluirse pequeños logros cotidianos que, aunque parezcan poco importantes, reflejen el proceso de cambio.
Es útil incorporar tanto lo que la persona ha recuperado como aquello que está empezando a construir. De esta manera, la fotografía no representa únicamente el resultado de la recuperación, sino también la dirección que quiere mantener. Esto conecta con la importancia de desarrollar un estilo de vida más saludable, reforzar la autoeficacia y consolidar un proyecto vital que dé sentido al mantenimiento del cambio (Becoña Iglesias, 2016; Monar Bermúdez et al., 2024).
La foto blanca puede quedar recogida mediante palabras, fotografías, recuerdos, objetivos o cualquier otro elemento que permita visualizar ese proceso. Lo importante es que pueda consultarse en momentos de dificultad y ayude a recordar que cada decisión de no consumir también protege algo que la persona considera valioso.
La pregunta que puede guiar este ejercicio es: «Si continúo con mi recuperación, ¿qué quiero seguir construyendo?».
Dos fotografías, una misma decisión
La foto negra y la foto blanca no pretenden competir entre sí, sino complementarse. En los momentos de mayor vulnerabilidad, una puede ayudar a recuperar las consecuencias que el deseo de consumir tiende a dejar fuera de foco, mientras que la otra permite recordar los motivos por los que la persona decidió iniciar y mantener su recuperación.
Utilizadas conjuntamente, ayudan a ampliar la perspectiva antes de tomar una decisión. Ante una situación de riesgo, podemos detenernos y preguntarnos: «¿Qué puede ocurrir si vuelvo a consumir?» y, al mismo tiempo, «¿qué estoy protegiendo si decido no hacerlo?». Estas preguntas permiten conectar la decisión inmediata con sus consecuencias a corto y largo plazo, algo especialmente relevante en la prevención de recaídas.
Además, ambas fotografías pueden revisarse y actualizarse a medida que avanza la recuperación. Lo que inicialmente llevó a una persona a abandonar el consumo puede no ser lo mismo que, meses después, le motive a continuar. Incorporar nuevos logros, cambios y aprendizajes permite que la herramienta acompañe el proceso y mantenga su significado personal.
En definitiva, prevenir una recaída no consiste únicamente en recordar por qué se dejó de consumir, sino también en mantener presente para qué se quiere seguir adelante. La foto negra mira hacia aquello que se quiere dejar atrás; la foto blanca, hacia aquello que se quiere conservar y construir.
Utilizar las fotografías en momentos de riesgo
Estas herramientas pueden resultar especialmente útiles cuando la persona identifica que se encuentra ante una situación de alto riesgo. En lugar de esperar a que el deseo de consumir alcance su máxima intensidad, las fotografías pueden utilizarse como una señal de alerta que invite a detenerse, recuperar perspectiva y poner en marcha las estrategias aprendidas durante el tratamiento.
Por ejemplo, ante una discusión, una emoción intensa, el contacto con personas relacionadas con el consumo o una situación social en la que consumir parece una opción atractiva, la persona puede recurrir primero a la foto negra y después a la foto blanca. La primera permite recordar las consecuencias que no quiere repetir; la segunda, aquello que quiere proteger. Este proceso puede ayudar a interrumpir decisiones aparentemente irrelevantes que, de manera progresiva, pueden acercar a una situación de consumo (Becoña Iglesias, 2016; Monar Bermúdez et al., 2024).
Sin embargo, las fotografías no sustituyen a las estrategias de afrontamiento. Su función es ayudar a tomar perspectiva y facilitar una decisión consciente. Después de utilizarlas, puede ser necesario alejarse de la situación de riesgo, contactar con una persona de apoyo, practicar una técnica de regulación emocional, resolver el problema que ha desencadenado el malestar o aplicar otras estrategias previamente entrenadas.
La clave está, por tanto, en no utilizar las fotografías únicamente cuando «ya no se puede más», sino incorporarlas como parte de un plan personal de prevención de recaídas. Reconocer las señales tempranas y actuar antes de que el riesgo aumente permite que la persona conserve un mayor sentido de control sobre sus decisiones.
Cuando una fotografía no es suficiente
Las fotografías pueden ayudar a recuperar perspectiva, pero no deberían convertirse en la única respuesta ante el deseo de consumir. La prevención de recaídas requiere entrenar diferentes estrategias de afrontamiento para responder a las situaciones, emociones, pensamientos y contextos que pueden aumentar el riesgo. El trabajo puede incluir el manejo del craving, la resolución de problemas, la regulación emocional, las habilidades sociales o el control de estímulos, entre otras estrategias (Becoña Iglesias, 2016; Barragán Torres et al., 2014).
Por eso, si al mirar la foto negra o la foto blanca la persona continúa sintiendo un deseo intenso de consumir, el objetivo no es «convencerse» de que ese deseo ha desaparecido. Se trata de reconocerlo y poner en práctica el plan de afrontamiento previamente establecido. Puede ser necesario abandonar el lugar, posponer la decisión, contactar con una persona de apoyo o recurrir a alguna de las técnicas aprendidas durante el tratamiento.
También es importante recordar que experimentar craving o atravesar un momento difícil no significa haber fracasado. Los modelos de prevención de recaídas entienden estos episodios como situaciones que pueden ser identificadas y afrontadas, y en las que la percepción de autoeficacia y la capacidad para utilizar estrategias adecuadas desempeñan un papel central (Becoña Iglesias, 2016).
Las fotografías, por tanto, forman parte de un conjunto más amplio de herramientas. Ayudan a recordar, pero la recuperación se sostiene en lo que la persona hace con ese recuerdo.
Integrar las fotografías en el plan de prevención
Para que la foto negra y la foto blanca tengan utilidad más allá de una sesión concreta, pueden incorporarse al plan individual de prevención de recaídas. La persona puede identificar previamente aquellas situaciones que considera especialmente peligrosas y decidir cómo utilizará las fotografías cuando aparezcan. De este modo, no se recurre a ellas de manera improvisada, sino como parte de una estrategia que se ha preparado cuando existe mayor estabilidad.
También puede ser útil revisarlas periódicamente durante el proceso de recuperación. Las circunstancias cambian, aparecen nuevos retos y pueden surgir nuevos motivos para mantenerse abstinente. Actualizar ambas fotografías permite que sigan representando la realidad de la persona y que continúen conectadas con sus objetivos actuales.
Este trabajo puede realizarse junto con el terapeuta, especialmente cuando existen situaciones de alto riesgo frecuentes o dificultades para poner en práctica las estrategias de afrontamiento. La intervención no consiste únicamente en elaborar las fotografías, sino en aprender a reconocer cuándo utilizarlas, qué hacer después y cuándo pedir ayuda.
Así, la foto negra y la foto blanca dejan de ser simplemente dos ejercicios escritos para convertirse en un recurso integrado dentro de la recuperación: un recordatorio accesible para esos momentos en los que resulta más difícil mantener presente la decisión de no volver al consumo.
Conclusiones: recordar para seguir avanzando
La recuperación de una adicción no puede reducirse a dejar de consumir. La abstinencia constituye un objetivo fundamental, pero el mantenimiento del cambio requiere mucho más: aprender a reconocer las situaciones de riesgo, identificar los pensamientos y emociones que pueden preceder al consumo, desarrollar estrategias de afrontamiento, fortalecer la autoeficacia y construir progresivamente un estilo de vida compatible con la recuperación. Desde los modelos de prevención de recaídas, la recaída se entiende como un proceso en el que intervienen diferentes factores y no como un acontecimiento aislado. Por ello, el trabajo terapéutico debe dirigirse tanto a prevenir las situaciones de riesgo como a dotar a la persona de recursos para afrontarlas cuando aparezcan (Becoña Iglesias, 2016; Barragán Torres et al., 2014; Secades-Villa et al., 2021).
En este contexto, la foto negra y la foto blanca pueden utilizarse como herramientas complementarias dentro de un proceso de tratamiento más amplio. No sustituyen la intervención psicológica, el acompañamiento terapéutico, el trabajo grupal, la intervención familiar, la educación sobre la adicción ni el resto de estrategias que forman parte de la recuperación. Su utilidad reside en que permiten hacer algo aparentemente sencillo, pero especialmente relevante en determinados momentos: poner delante de la persona información que puede quedar temporalmente fuera de foco cuando aumenta el deseo de consumir.
La foto negra permite recuperar una visión completa del consumo cuando aparece la idealización. Frente al recuerdo selectivo de sus efectos agradables, ayuda a tener presentes las consecuencias, pérdidas, conflictos y problemas que acompañaron a la conducta adictiva. De este modo, puede contribuir a cuestionar determinados autoengaños y expectativas positivas sobre el consumo, así como a reconocer con mayor rapidez aquellas situaciones en las que la persona comienza a acercarse nuevamente al riesgo. La foto blanca cumple una función complementaria: permite hacer visibles los avances, relaciones, proyectos, capacidades y cambios que se han ido construyendo durante la recuperación. Ambas pueden favorecer que la decisión de no consumir no se apoye únicamente en evitar consecuencias negativas, sino también en proteger una vida que progresivamente adquiere mayor valor y significado (Becoña Iglesias, 2016; Monar Bermúdez et al., 2024).
Su utilidad adquiere todavía mayor sentido cuando se integran en el trabajo que se realiza en un centro especializado en adicciones. En estos contextos, la recuperación requiere abordar diferentes dimensiones de la vida de la persona: mantener la abstinencia, trabajar la motivación y el compromiso con el cambio, identificar situaciones de alto riesgo, desarrollar habilidades de afrontamiento, prevenir y manejar el craving, trabajar las emociones y los pensamientos relacionados con el consumo, mejorar las relaciones interpersonales, recuperar hábitos y actividades saludables, fortalecer la red de apoyo y favorecer la autonomía. También resulta fundamental trabajar sobre el proyecto vital de la persona, de manera que la recuperación no se limite a dejar una conducta, sino que implique construir alternativas de vida que puedan mantenerse en el tiempo (Del Nogal Tomé, 2014; Monar Bermúdez et al., 2024).
Desde esta perspectiva, las fotografías pueden funcionar como un recurso transversal dentro del proceso terapéutico. Pueden elaborarse durante el tratamiento individual o grupal, revisarse cuando aparecen nuevas situaciones de riesgo y utilizarse posteriormente como parte del plan personal de prevención de recaídas. También pueden ayudar al profesional a explorar qué consecuencias tuvieron realmente importancia para la persona, qué aspectos de su vida considera valiosos y qué motivos sostienen actualmente su decisión de mantenerse abstinente. Así, la propia elaboración de las fotografías puede convertirse en una oportunidad para trabajar objetivos terapéuticos más amplios.
También es importante evitar que estas herramientas se utilicen desde el miedo o la culpabilización. La foto negra no pretende recordar a la persona todo lo malo que hizo ni convertir las consecuencias del consumo en un mecanismo de castigo. Del mismo modo, la foto blanca no pretende presentar una recuperación perfecta, sin dificultades ni momentos de duda. Ambas fotografías deben partir de la realidad de cada persona, incluyendo sus dificultades, sus avances y aquellos aspectos que considera verdaderamente importantes. La finalidad es aumentar la conciencia, favorecer una toma de decisiones más ajustada y reforzar la capacidad para actuar de acuerdo con los objetivos de recuperación.
Además, una fotografía por sí sola no puede resolver una situación de alto riesgo. Si aparece un craving intenso, un conflicto interpersonal, una emoción difícil o una situación asociada al consumo, será necesario poner en marcha las estrategias que se hayan trabajado durante el tratamiento. Las fotografías pueden ayudar a detenerse y recuperar perspectiva, pero después será necesario hacer algo con esa información: alejarse de la situación, utilizar una estrategia de afrontamiento, pedir apoyo, resolver el problema, aplicar técnicas de regulación emocional o contactar con los profesionales cuando sea necesario. La prevención de recaídas se basa precisamente en entrenar estas respuestas y aumentar progresivamente la capacidad de la persona para afrontar situaciones difíciles sin recurrir al consumo (Becoña Iglesias, 2016; Barragán Torres et al., 2014).
Por otra parte, si se produce un consumo puntual, la existencia de estas fotografías también puede adquirir un significado diferente. Una caída no tiene por qué convertirse automáticamente en una recaída. Lo relevante será analizar qué ocurrió, qué factores estuvieron presentes, qué señales de riesgo no se detectaron y qué puede aprenderse para evitar que el episodio se prolongue. Desde esta perspectiva, la fotografía negra puede ayudar a recuperar las consecuencias reales del consumo y la blanca a recordar aquello que sigue siendo importante proteger. El objetivo no es aumentar la culpa, sino favorecer una respuesta rápida y orientada al aprendizaje y a la recuperación (Del Nogal Tomé, 2014; Echeburúa, 2001).
En definitiva, la foto negra y la foto blanca no son el tratamiento de una adicción, sino dos herramientas que pueden incorporarse al tratamiento para reforzar algunos de sus objetivos fundamentales. Una ayuda a mantener presente aquello que llevó a la persona a querer cambiar; la otra recuerda por qué merece la pena mantener ese cambio. Entre ambas permiten conectar pasado, presente y futuro: recordar las consecuencias del consumo, reconocer los avances realizados y mantener una dirección hacia la vida que la persona quiere seguir construyendo.
La recuperación, por tanto, no consiste únicamente en preguntarse «¿cómo puedo evitar consumir hoy?», aunque esta pregunta sea esencial. También implica preguntarse «¿qué necesito aprender para afrontar las próximas dificultades?», «¿qué estoy recuperando?» y «qué clase de vida quiero seguir construyendo?». Las respuestas a estas preguntas son las que permiten que la abstinencia deje de ser únicamente la ausencia de consumo y se convierta progresivamente en parte de un proyecto de recuperación más amplio.
La foto negra recuerda lo que no queremos volver a vivir. La foto blanca recuerda todo aquello que queremos seguir construyendo. Y el tratamiento ayuda a convertir ambos recuerdos en decisiones, habilidades y cambios que puedan mantenerse en el tiempo.
Fuentes y recursos de información
- Barragán Torres, L., Flores Mares, M., Ramírez García, A. N., & Ramírez Mendoza, C. (2014). Manual del Programa de Prevención de Recaídas. Secretaría de Salud, Centro Nacional para la Prevención y Control de las Adicciones.
- Becoña Iglesias, E. (2016). Trastornos adictivos. Síntesis.
- Becoña Iglesias, E. (2020). Adicciones a sustancias. En A. Belloch, B. Sandín, & F. Ramos (Eds.), Manual de psicopatología (3.ª ed., Vol. 1, pp. 485–509). McGraw-Hill.
Del Nogal Tomé, M. (2014). El tratamiento de los problemas de drogas: Una guía para el terapeuta. Desclée de Brouwer. - Echeburúa, E. (2001). Abuso de alcohol: Guía práctica para el tratamiento. Síntesis.
- Isorna Folgar, M., & Saavedra Pino, D. (Coords.). (2012). Prevención de drogodependencias y otras conductas adictivas. Pirámide.
- Martínez Ortiz, E. (2009). Prevención de recaídas: Un libro de herramientas para personas en recuperación. Colectivo Aquí y Ahora.
- Monar Bermúdez, et al. (2024). Adicciones: Claves para el éxito del tratamiento: Manual para profesionales, pacientes y familiares. Letra Minúscula.
- Secades-Villa, R., González-Roz, A., Weidberg, S., & García-Fernández, G. (2021). Tratamientos psicológicos para los trastornos debidos al consumo de sustancias. En E. Fonseca Pedrero (Ed.), Manual de tratamientos psicológicos: Adultos (pp. 505–528). Pirámide.
- Washton, A. M. (1995). La adicción a la cocaína: Tratamiento, recuperación y prevención. Paidós.