La foto negra: recordar lo que el consumo también significaba para prevenir una recaída

La integración de la foto negra y la foto blanca en la prevención de recaídas permite equilibrar las expectativas positivas con los objetivos de recuperación

La foto negra: recordar lo que el consumo también significaba para prevenir una recaída
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La recuperación de una adicción no termina cuando desaparece el consumo. Mantener el cambio implica aprender a reconocer situaciones de riesgo, afrontar el deseo de consumir y desarrollar recursos que permitan responder de otra manera ante pensamientos, emociones o circunstancias que pueden favorecer una recaída. En este proceso, uno de los retos consiste en mantener una visión realista del consumo, especialmente cuando pasa el tiempo y algunos de sus efectos más desagradables pueden perder fuerza en el recuerdo.

Puede ocurrir entonces que aparezca una imagen parcial de aquella etapa. Se recuerdan determinados momentos de placer, alivio, desinhibición o desconexión, mientras quedan en segundo plano los problemas, pérdidas y dificultades que acompañaron al consumo. También pueden aparecer pensamientos como “solo será una vez”, “ahora estoy mejor” o “esta vez podría controlarlo”. La prevención de recaídas presta especial atención a estas situaciones, así como a las expectativas positivas sobre el consumo, el craving, la autoeficacia y las decisiones que pueden acercar progresivamente a una situación de riesgo (Becoña Iglesias, 2016; Barragán Torres et al., 2014).

La presente propuesta introduce el concepto de 'foto negra' como un recurso cognitivo diseñado para contrarrestar la memoria selectiva durante los episodios de craving: cuando el deseo de consumir hace que recordemos principalmente “lo bueno”, puede ser necesario volver a mirar la fotografía completa. El objetivo de la foto negra no es la inducción de estados emocionales negativos como el miedo o la culpa, sino la reintegración de las consecuencias disfuncionales en la narrativa del paciente, equilibrando la percepción de los efectos gratificantes del consumo. y que, en determinados momentos, puede quedar fuera de foco.

A lo largo de este artículo veremos qué utilidad puede tener esta herramienta, cómo puede ayudar a afrontar el deseo de consumir y cómo construir una foto negra a partir de la propia historia de consumo. También veremos por qué debe entenderse como un recurso integrado dentro del tratamiento y la prevención de recaídas, y no como una técnica aislada. Porque, en ocasiones, prevenir una recaída no consiste en recordar algo que no sabíamos, sino en volver a recordar aquello que el deseo de consumir nos hace olvidar.

¿Qué son las fotos negras en el entorno de la recuperación de adicciones?

En el contexto de la recuperación de una adicción, podemos utilizar el término foto negra para referirnos a un recurso personal que recoge aquellos aspectos de la experiencia de consumo que la persona no quiere volver a vivir. Puede incluir las consecuencias, dificultades, pérdidas, conflictos o situaciones problemáticas que estuvieron relacionadas con el consumo y que, con el paso del tiempo, pueden quedar menos presentes en el recuerdo.

La denominación “foto negra” es una propuesta práctica, no el nombre de una técnica formalmente establecida en los principales modelos de prevención de recaídas. Su planteamiento se relaciona con principios ampliamente utilizados en este ámbito, como la identificación de situaciones de alto riesgo, el análisis funcional del consumo, el trabajo sobre las expectativas asociadas a la sustancia y la prevención de los procesos que pueden conducir a una recaída (Becoña Iglesias, 2016; Barragán Torres et al., 2014).

La idea parte de una situación frecuente durante la recuperación: cuando aparece el deseo de consumir, podemos recordar con mayor facilidad aquello que la sustancia nos proporcionaba y dejar en segundo plano lo que ocurría después. La foto negra permite recuperar deliberadamente esa otra parte de la experiencia y volver a contemplar el consumo desde una perspectiva más amplia y ajustada a la propia historia.

La construcción de la foto negra trasciende la mera elaboración de listas de consecuencias; busca la consolidación de un recordatorio personal basado en la historia de vida del sujeto, reforzando los motivos intrínsecos del cambio. Su utilidad está en poder recurrir a esa fotografía cuando el consumo vuelva a parecer atractivo y recordar que aquella conducta no estaba formada únicamente por sus efectos inmediatos, sino también por todo aquello que implicaba a medio y largo plazo.

Cuando el consumo parece una buena idea: cómo utilizar la foto negra para prevenir recaídas

Durante la recuperación puede haber momentos en los que volver a consumir empiece a parecer una opción razonable. Puede ocurrir después de una discusión, ante una emoción intensa, al encontrarse con determinadas personas o lugares, o incluso después de un periodo prolongado de abstinencia. En estas situaciones, el recuerdo del consumo puede adquirir un protagonismo especial: aparecen con facilidad sus efectos agradables, la sensación de alivio, la desinhibición, la desconexión de los problemas o determinadas experiencias sociales asociadas a él.

El problema es que esta visión puede ser parcial. Lo que en ese momento se recuerda como una solución puede haber formado parte, en realidad, de un patrón que también generó conflictos, pérdidas, malestar y otras consecuencias que llevaron a la persona a plantearse un cambio. La prevención de recaídas presta atención precisamente a las situaciones de alto riesgo, a las expectativas asociadas al consumo y a determinados pensamientos que pueden aumentar progresivamente la probabilidad de volver a consumir (Becoña Iglesias, 2016; Barragán Torres et al., 2014).

En ocasiones, este proceso comienza con pensamientos que parecen poco importantes: “solo será una vez”, “ahora estoy mejor”, “ya sé controlarlo” o “por una ocasión no pasa nada”. Son formas de interpretar la situación que pueden reducir la percepción de riesgo y facilitar que la persona se aproxime a contextos relacionados con el consumo. Por eso, reconocer estas señales tempranas resulta especialmente importante.

Es en este punto donde podemos utilizar la foto negra. La propuesta consiste en recuperar deliberadamente aquella parte de la experiencia que puede quedar fuera de foco cuando aparece el deseo de consumir. Mirar nuevamente qué significaba realmente el consumo para la persona permite ampliar la perspectiva y recordar no solo aquello que esperaba obtener, sino también aquello que podía volver a poner en juego.

La fotografía no pretende eliminar el deseo ni convencer a la persona de que consumir nunca tuvo ningún efecto positivo. Su función es más concreta: introducir una pausa antes de actuar y recuperar información relevante para tomar una decisión más completa. Ante el pensamiento “quiero consumir”, puede ayudar a formular una pregunta diferente: “¿Estoy recordando toda la experiencia o solamente la parte que ahora me resulta atractiva?”.

De esta manera, la foto negra puede convertirse en un recurso sencillo dentro de la prevención de recaídas. No sustituye al tratamiento ni a las estrategias de afrontamiento, pero puede ayudar a reconocer un momento de vulnerabilidad y conectar nuevamente con las razones que llevaron a la persona a iniciar su recuperación. Porque cuando el consumo vuelve a parecer una buena idea, quizá lo primero que necesitamos no sea discutir con ese pensamiento, sino recordar toda la historia que hay detrás de él.

No recordar solo lo bueno: la foto negra como herramienta para prevenir recaídas

Cuando una persona lleva un tiempo sin consumir, puede ocurrir que algunos recuerdos asociados al consumo cambien de significado. Las consecuencias negativas pueden perder intensidad o quedar más alejadas emocionalmente, mientras que determinados recuerdos agradables permanecen especialmente accesibles. En un momento de deseo, esta selección puede hacer que el consumo aparezca como una experiencia más atractiva de lo que realmente fue.

La foto negra pretende contrarrestar precisamente esta visión parcial. Su objetivo no es sustituir los recuerdos positivos por recuerdos negativos, sino recuperar una imagen más completa de la experiencia de consumo. Esto implica recordar qué proporcionaba la sustancia, pero también qué consecuencias tenía, qué problemas generaba y qué precio terminaba pagando la persona por obtener esos efectos inmediatos. La prevención de recaídas presta atención a las expectativas positivas asociadas al consumo y a la importancia de analizar las consecuencias de la conducta dentro de su contexto (Becoña Iglesias, 2016; Echeburúa, 2001).

Esta perspectiva resulta especialmente importante porque muchas de las consecuencias negativas no aparecen al mismo tiempo que los efectos gratificantes. El alivio puede producirse rápidamente, mientras que los conflictos, el deterioro de las relaciones, los problemas económicos, el malestar emocional o las dificultades en otras áreas de la vida pueden aparecer después. Si solo recordamos el primer momento, la valoración de la conducta queda incompleta.

Por eso, la foto negra puede ayudar a ampliar el foco cuando el deseo lo estrecha. Ante el pensamiento “echo de menos consumir”, permite recuperar también preguntas como qué ocurría después, cómo terminaba sintiéndose la persona o qué aspectos de su vida se veían afectados. No pretende convencerla de que todo relacionado con el consumo fue negativo, sino evitar que una parte de la experiencia termine representando a toda la experiencia.

Por lo tanto, prevenir una recaída también implica recordar con precisión. La foto negra convierte ese recuerdo en un recurso que permite recuperar las razones del cambio cuando, temporalmente, pueden quedar eclipsadas por aquello que el consumo promete ofrecer.

La foto negra en adicciones: una herramienta para afrontar el deseo de consumir

La foto negra: recordar lo que el consumo también significaba para prevenir una recaída
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El deseo de consumir puede aparecer incluso después de un periodo prolongado de abstinencia. No siempre surge como una necesidad intensa y evidente; en ocasiones comienza de una forma mucho más sutil, a través de un recuerdo, una emoción, una situación concreta o un pensamiento que devuelve a la persona a momentos asociados al consumo. Por eso, aprender a reconocer el craving y las circunstancias que pueden favorecerlo constituye una parte importante de la prevención de recaídas (Becoña Iglesias, 2016).

En este contexto, la foto negra puede utilizarse como un recurso para recuperar perspectiva cuando el deseo comienza a ganar protagonismo. Al volver sobre las consecuencias y experiencias que la persona ha identificado previamente, se introduce información que puede ayudar a equilibrar las expectativas positivas que acompañan al consumo. La intención no es eliminar el craving, sino evitar que la urgencia del momento haga que la persona valore únicamente lo que espera obtener de manera inmediata.

Su utilidad puede ser especialmente relevante en las denominadas situaciones de alto riesgo. Una emoción negativa intensa, un conflicto interpersonal, la presión de otras personas, determinados lugares o contactos relacionados con el consumo o incluso una situación positiva que antes se asociaba a consumir pueden aumentar la vulnerabilidad. Ante estas circunstancias, disponer de un recordatorio previamente elaborado permite actuar antes de que el deseo se convierta en una conducta (Becoña Iglesias, 2016; Barragán Torres et al., 2014).

Mirar la foto negra puede convertirse así en un momento de pausa. La persona puede reconocer “estoy teniendo ganas de consumir” sin interpretar automáticamente ese deseo como una orden que debe seguir. Al mismo tiempo, puede recordar qué ocurrió otras veces y qué consecuencias tendría volver a abrir esa puerta. Desde ahí, la fotografía puede facilitar la puesta en marcha de otras estrategias trabajadas durante el tratamiento, como abandonar una situación de riesgo, contactar con una persona de apoyo, manejar el craving o aplicar recursos de regulación emocional.

Por tanto, la foto negra no pretende funcionar como una herramienta aislada para “quitar las ganas de consumir”. Su utilidad está en ayudar a crear un espacio entre el deseo y la respuesta, permitiendo que la persona pueda recuperar sus objetivos y utilizar los recursos que ha aprendido durante su proceso de recuperación. En ocasiones, ese pequeño espacio puede ser suficiente para que una decisión impulsiva deje de parecer inevitable.

Recordar para no recaer: cómo utilizar la foto negra durante la recuperación

La utilidad de la foto negra no se limita al momento en el que aparece un deseo intenso de consumir. Puede formar parte del proceso de recuperación desde etapas más tempranas, ayudando a la persona a identificar qué quiere dejar atrás y qué razones sostienen su decisión de cambio. La prevención de recaídas no debería entenderse únicamente como una intervención que se realiza cuando el tratamiento está llegando a su final, sino como un trabajo progresivo en el que se aprenden a reconocer las situaciones de riesgo y a desarrollar recursos para afrontarlas (Del Nogal Tomé, 2014).

Por este motivo, la foto negra puede elaborarse en un momento de mayor estabilidad, cuando la persona dispone de suficiente distancia para revisar su experiencia de consumo sin encontrarse bajo la presión inmediata del craving. Construirla con calma permite seleccionar aquellos recuerdos y consecuencias que tienen un significado personal y convertirlos posteriormente en un recurso al que recurrir cuando las circunstancias sean más difíciles.

A medida que avanza la recuperación, esta fotografía también puede revisarse. Las situaciones de riesgo pueden cambiar, pueden aparecer nuevos aprendizajes y algunas consecuencias que inicialmente tenían un papel central pueden adquirir un significado diferente. Revisarla permite mantenerla conectada con la realidad actual de la persona y evitar que se convierta en un documento estático elaborado únicamente al comienzo del tratamiento.

Su utilización debe formar parte, además, de un plan más amplio de prevención de recaídas. Ante una situación de riesgo, mirar la foto negra puede ayudar a detenerse y recuperar perspectiva, pero después será necesario aplicar las estrategias de afrontamiento que la persona haya aprendido: manejar el craving, alejarse de determinados estímulos, resolver conflictos, regular las emociones, pedir apoyo o recurrir al equipo terapéutico cuando sea necesario.

De esta manera, la fotografía puede acompañar diferentes momentos del proceso: se construye cuando existe estabilidad, se revisa durante la recuperación y se utiliza cuando aparecen señales de riesgo. Su función es mantener accesible una información que puede resultar especialmente valiosa cuando el deseo de consumir hace más difícil recordar por qué se decidió cambiar.

En última instancia, recordar no significa vivir permanentemente pendiente del pasado. Significa utilizar la propia experiencia para anticiparse al riesgo y tomar decisiones coherentes con el proceso de recuperación.

Cuando idealizamos el consumo: utilizar la foto negra para recuperar una visión completa

Una de las situaciones que pueden aumentar el riesgo durante la recuperación aparece cuando el consumo comienza a recordarse de una manera selectiva e idealizada. No significa necesariamente que la persona haya olvidado las consecuencias que tuvo en el pasado, sino que, en determinados momentos, esas consecuencias pueden perder protagonismo frente a los beneficios inmediatos que ahora recuerda. El placer, el alivio, la desinhibición o determinadas experiencias sociales pueden ocupar toda la escena mientras el resto de la historia queda temporalmente fuera de foco.

Esta idealización puede verse reforzada por pensamientos que minimizan las consecuencias o exageran la capacidad actual de control. Frases como “ahora sería diferente”, “ya no tengo el mismo problema” o “podría hacerlo solo una vez” pueden modificar la percepción del riesgo y facilitar decisiones que acercan progresivamente a la persona al consumo. La prevención de recaídas concede especial importancia a estas expectativas, al sentido de autoeficacia y a las llamadas decisiones aparentemente irrelevantes que pueden preceder a una situación de alto riesgo (Becoña Iglesias, 2016; Monar Bermúdez et al., 2024).

En este punto, la foto negra puede ayudar a recuperar una visión más completa de la experiencia. Frente a la imagen parcial que aparece en un momento de deseo, permite volver a poner en escena aquello que también ocurrió: las consecuencias posteriores, los problemas que se generaron, las relaciones que se deterioraron, las oportunidades que se perdieron o el malestar que llevó finalmente a buscar ayuda. No pretende modificar los recuerdos positivos, sino evitar que sean los únicos que intervengan en la decisión.

Esta mirada resulta especialmente importante porque el consumo puede haber cumplido una función real para la persona. Quizá proporcionaba alivio ante determinadas emociones, facilitaba la interacción social o permitía escapar temporalmente de situaciones difíciles. Precisamente por eso, limitarse a afirmar que “consumir era malo” puede resultar insuficiente. Comprender qué aportaba el consumo permite también identificar qué necesidades deben abordarse mediante alternativas más saludables y compatibles con la recuperación (Echeburúa, 2001).

La foto negra funciona entonces como una herramienta para ampliar el foco, no para imponer una interpretación. Ante un recuerdo idealizado, puede ayudar a recuperar la pregunta: “¿Qué más formaba parte de aquella experiencia?”. Al responderla desde la propia historia, la persona puede observar que aquello que ahora echa de menos no existía de manera aislada, sino dentro de un contexto mucho más amplio.

En definitiva, desidealizar no significa demonizar el consumo. Significa recordar toda la fotografía y no únicamente la parte que, en ese momento, resulta más atractiva. Y recuperar esa visión completa puede ser especialmente importante cuando una decisión aparentemente pequeña empieza a acercar de nuevo a la persona hacia aquello que decidió dejar atrás.

El recuerdo que aparece cuando queremos consumir: cómo construir una foto negra

Construir una foto negra implica transformar la experiencia personal de consumo en un recordatorio concreto y significativo que pueda recuperarse en momentos de vulnerabilidad. Para ello, es importante partir de la propia historia y no de una descripción general de las consecuencias de una sustancia. Lo que debe aparecer en la fotografía es aquello que tuvo un significado real para esa persona y que puede ayudarle a recordar por qué decidió iniciar un proceso de recuperación.

El primer paso consiste en reconstruir cómo era la vida cuando el consumo ocupaba un lugar importante. Esto supone observar qué función cumplía la sustancia, qué situaciones solían preceder al consumo y qué esperaba conseguir la persona cuando consumía, pero también qué sucedía posteriormente. El análisis funcional permite precisamente relacionar antecedentes, conducta y consecuencias, teniendo en cuenta tanto las consecuencias inmediatas como aquellas que aparecían a más largo plazo.

A partir de ahí, la fotografía puede recoger aquello que la persona considera que no quiere volver a experimentar: relaciones deterioradas, conflictos familiares, dificultades laborales o económicas, problemas de salud, pérdida de actividades o proyectos, aislamiento, malestar emocional o determinadas situaciones de riesgo. También puede incorporar acontecimientos concretos que hayan marcado el proceso de recuperación, especialmente aquellos que ayudaron a comprender que era necesario cambiar.

No es necesario incluir absolutamente todo. Una buena foto negra no tiene que ser extensa, sino significativa. Puede estar formada por unas pocas frases, recuerdos, palabras o imágenes que permitan recuperar rápidamente una experiencia que, en un momento de craving, puede aparecer de manera parcial. Incluso puede resultar útil incluir aquello que la persona pensaba antes de dejar de consumir y contrastarlo con lo que realmente terminó ocurriendo.

El formato puede ser muy sencillo. Una hoja, una nota en el teléfono, una fotografía simbólica o cualquier otro soporte que permita acceder fácilmente al contenido pueden cumplir esta función. Lo importante es que la persona pueda reconocerla como su propia fotografía, construida a partir de su experiencia y no como un listado impuesto desde fuera.

También puede revisarse a medida que avanza la recuperación. Nuevos aprendizajes, situaciones de riesgo o cambios en las circunstancias pueden hacer necesario incorporar otros elementos. De esta forma, la foto negra permanece conectada con el proceso terapéutico y sigue cumpliendo su función como recordatorio.

Por lo tanto, construirla consiste en responder con honestidad a una pregunta: cuando vuelva a pensar que consumir puede ser una buena idea, ¿qué necesito recordar de aquella etapa que quizá esté olvidando ahora? La respuesta permite convertir la propia historia en una herramienta para afrontar el presente.

Del deseo de consumir a recordar por qué decidí dejarlo: la herramienta de la foto negra

Llegados a este punto, la foto negra puede entenderse como algo más que un recuerdo de las consecuencias del consumo. Su verdadero valor está en conectar un momento concreto de deseo con la decisión que llevó a iniciar la recuperación. Cuando aparece el pensamiento de volver a consumir, la persona puede encontrarse temporalmente centrada en lo que espera obtener y desconectada de las razones que hicieron necesario el cambio. Recuperar la fotografía permite volver a poner esas razones delante de sí misma.

Esto resulta especialmente importante porque la recuperación no depende únicamente de evitar determinadas sustancias o situaciones, sino también de desarrollar la capacidad para tomar decisiones diferentes cuando aparecen dificultades. La prevención de recaídas pone el énfasis en reconocer las situaciones de riesgo, fortalecer las estrategias de afrontamiento y aumentar la percepción de autoeficacia para responder ante ellas (Becoña Iglesias, 2016). En este sentido, la foto negra puede actuar como un recordatorio previo a la acción, ayudando a interrumpir el camino que puede llevar desde un pensamiento aparentemente inocuo hasta una conducta de consumo.

Utilizarla implica, por tanto, hacer una pausa y recuperar la propia historia. No para preguntarse “¿cómo pude llegar hasta ahí?”, ni para juzgar las decisiones del pasado, sino para recordar qué estaba ocurriendo en mi vida cuando decidí que necesitaba cambiar. Esa información puede adquirir un significado diferente cuando se observa desde el momento actual y puede ayudar a distinguir entre el deseo que aparece ahora y la decisión que la persona quiere mantener a largo plazo.

La fotografía también puede recordar que una recaída no comienza necesariamente en el momento en que se produce el consumo. Puede existir un proceso previo de acercamiento al riesgo: determinados pensamientos, emociones, contactos, lugares, decisiones o situaciones que van debilitando las medidas de protección. Reconocer ese proceso permite intervenir antes y recuperar las estrategias aprendidas durante el tratamiento.

Por eso, la pregunta que resume la utilidad de la foto negra no sería únicamente “¿qué ocurrió cuando consumía?”, sino también “¿por qué decidí dejarlo y qué quiero hacer diferente esta vez?”. La respuesta conecta la experiencia pasada con el compromiso presente y permite que el recuerdo se convierta en una herramienta activa de recuperación.

La foto negra no pretende mantener a la persona anclada en aquello que quiere dejar atrás. Pretende ayudarla a recordar, precisamente en los momentos en los que resulta más difícil hacerlo, por qué decidió avanzar en otra dirección.

La foto negra: recordar lo que el consumo también significaba para prevenir una recaída
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La foto blanca: recordar todo lo que estás construyendo

La recuperación no consiste únicamente en alejarse del consumo, sino también en construir una vida que haga posible y sostenible ese cambio. Cuando una persona lleva tiempo sin consumir, algunos de los avances conseguidos pueden llegar a formar parte de su rutina y dejar de percibirse como algo extraordinario. Recuperar una relación, volver a trabajar o estudiar, recuperar una afición, mejorar la convivencia, recuperar autonomía o comenzar a desarrollar nuevos proyectos pueden parecer pequeños pasos cuando se observan desde el presente, pero forman parte de un proceso de cambio mucho más amplio.

La foto blanca parte de esta idea complementaria a la foto negra. Si esta última permite recordar aquello que la persona no quiere volver a vivir, la foto blanca ayuda a hacer visible todo aquello que está recuperando, protegiendo y construyendo durante su recuperación. De esta manera, la abstinencia deja de contemplarse únicamente como renuncia al consumo y puede relacionarse con aquello que la persona quiere conseguir y mantener a largo plazo.

Esta perspectiva conecta con la importancia de fortalecer la autoeficacia, consolidar hábitos saludables y desarrollar un proyecto vital que dé sentido al mantenimiento de los cambios. La recuperación no termina simplemente cuando se deja de consumir; requiere consolidar progresivamente nuevas formas de afrontar las dificultades y una vida compatible con el mantenimiento de la abstinencia (Becoña Iglesias, 2016; Monar Bermúdez et al., 2024).

La fotografía puede recoger precisamente esos cambios. No necesita representar una vida perfecta ni una recuperación sin dificultades. Puede incluir personas, relaciones, proyectos, objetivos, aprendizajes, actividades y pequeños logros cotidianos que tengan un significado real para quien se encuentra en recuperación. Lo importante es que permita responder a una pregunta diferente cuando aparece el deseo de consumir: “¿Qué estoy construyendo al mantener este cambio?”

Así, la foto blanca complementa a la foto negra sin sustituirla. Una permite recordar aquello que se quiere dejar atrás; la otra, aquello que se quiere seguir construyendo. Una mira hacia las consecuencias que no queremos repetir; la otra hacia la vida que queremos seguir cuidando.

Dos fotografías para una misma recuperación

La foto negra y la foto blanca pueden utilizarse de manera conjunta porque responden a dos necesidades diferentes dentro de la recuperación. Una ayuda a mantener presente aquello que se quiere dejar atrás; la otra permite reconocer aquello que se está construyendo al avanzar. Mientras la primera resulta especialmente útil cuando el consumo comienza a idealizarse, la segunda puede ayudar a conectar la abstinencia con los cambios y objetivos que hacen que mantenerla tenga sentido.

Ante una situación de riesgo, ambas pueden favorecer una pausa antes de actuar. La foto negra permite recordar qué consecuencias tuvo el consumo y qué llevó a la persona a decidir que necesitaba cambiar. La foto blanca permite añadir otra perspectiva: qué relaciones, proyectos, actividades, capacidades o aspectos de la vida actual están en juego si se vuelve a consumir. De esta manera, la decisión deja de plantearse únicamente como “consumir o no consumir” y puede contemplarse como una elección entre diferentes consecuencias y direcciones posibles.

Su utilidad será mayor cuando formen parte de un proceso de recuperación más amplio. Las fotografías no sustituyen el trabajo terapéutico, el entrenamiento en estrategias de afrontamiento, la intervención sobre las situaciones de riesgo, el apoyo familiar y social ni el resto de elementos necesarios para mantener el cambio. Pueden funcionar, sin embargo, como un recurso sencillo y accesible que ayude a recordar, recuperar perspectiva y conectar con los objetivos de recuperación en momentos especialmente difíciles.

Además, ambas fotografías pueden cambiar con el tiempo. La recuperación no es un proceso estático y aquello que una persona quiere proteger puede transformarse a medida que recupera nuevas áreas de su vida. Revisarlas y actualizarlas permite que continúen representando una realidad significativa y que no se conviertan simplemente en documentos elaborados al comienzo del tratamiento.

En definitiva, la foto negra y la foto blanca permiten mirar la recuperación desde dos direcciones complementarias: hacia aquello que no queremos volver a vivir y hacia aquello que queremos seguir construyendo. La primera ayuda a recordar las razones del cambio; la segunda, a mantener presente el sentido de mantenerlo.

Conclusión: recordar para seguir avanzando

La recuperación de una adicción implica mucho más que dejar de consumir. Supone aprender a reconocer las situaciones de riesgo, comprender qué factores pueden favorecer una recaída, desarrollar estrategias de afrontamiento y construir progresivamente una vida en la que mantener el cambio tenga sentido. Por eso, cualquier herramienta utilizada durante este proceso debe entenderse como parte de un abordaje más amplio, en el que el trabajo terapéutico, el entrenamiento en habilidades, el apoyo social y la consolidación de un proyecto de vida ocupan un papel fundamental (Becoña Iglesias, 2016; Del Nogal Tomé, 2014; Secades-Villa et al., 2021).

En este contexto, la foto negra y la foto blanca pueden funcionar como recursos sencillos para mantener presentes dos aspectos complementarios de la recuperación. La primera permite recuperar una visión completa de lo que el consumo llegó a significar y de las consecuencias que la persona no quiere volver a experimentar. La segunda ayuda a hacer visibles los cambios, relaciones, proyectos, objetivos y oportunidades que se han ido construyendo durante el proceso. Una permite mirar hacia aquello que se quiere dejar atrás; la otra, hacia aquello que se quiere proteger.

Su utilidad aparece especialmente en aquellos momentos en los que el deseo de consumir puede modificar la percepción de lo que está en juego. Ante un pensamiento como “solo será una vez” o “ahora puedo controlarlo”, volver a mirar estas fotografías puede introducir una pausa y favorecer una valoración más amplia de la decisión. No pretenden eliminar el deseo ni sustituir las estrategias de afrontamiento, sino ayudar a recuperar perspectiva y facilitar que la persona pueda poner en práctica los recursos que ha aprendido durante el tratamiento.

También es importante recordar que una recuperación no se construye únicamente evitando las recaídas. Se construye aprendiendo a afrontar las dificultades de otra manera, recuperando vínculos, desarrollando autonomía, incorporando actividades saludables y avanzando hacia objetivos personales. Por eso, la foto negra puede recordar por qué merece la pena no volver al consumo, mientras que la foto blanca puede recordar para qué merece la pena continuar con la recuperación.

En un centro especializado, ambas pueden integrarse como un recurso más dentro del trabajo de prevención de recaídas, revisándose y adaptándose a medida que cambia la situación de la persona. Porque la recuperación no es un estado que se alcanza de una vez, sino un proceso en el que las decisiones cotidianas van consolidando una nueva dirección.

En definitiva, recordar no significa quedarse anclado en el pasado. Significa utilizar la propia experiencia para tomar mejores decisiones en el presente. La foto negra recuerda lo que no queremos volver a vivir; la foto blanca, todo aquello que no queremos perder. Una ayuda a desidealizar el consumo y la otra a dar valor a la recuperación. Juntas pueden convertir el recuerdo en una herramienta para seguir avanzando.

Fuentes y recursos de información

  • Barragán Torres, L., Flores Mares, M., Ramírez García, A. N., & Ramírez Mendoza, C. (2014). Manual del Programa de Prevención de Recaídas. Secretaría de Salud, Centro Nacional para la Prevención y Control de las Adicciones.
  • Becoña Iglesias, E. (2016). Trastornos adictivos. Síntesis.
  • Becoña Iglesias, E. (2020). Adicciones a sustancias. En A. Belloch, B. Sandín, & F. Ramos (Eds.), Manual de psicopatología (Vol. 1, pp. 485–509). McGraw-Hill.
  • Del Nogal Tomé, M. (2014). El tratamiento de los problemas de drogas: Una guía para el terapeuta. Desclée de Brouwer.
  • Echeburúa, E. (2001). Abuso de alcohol: Guía práctica para el tratamiento. Síntesis.
  • Isorna Folgar, M., & Saavedra Pino, D. (Coords.). (2012). Prevención de drogodependencias y otras conductas adictivas. Pirámide.
  • Martínez Ortiz, E. (2009). Prevención de recaídas: Un libro de herramientas para personas en recuperación. Colectivo Aquí y Ahora.
  • Monar Bermúdez, S., et al. (2024). Adicciones: Claves para el éxito del tratamiento: Manual para profesionales, pacientes y familiares. Letra Minúscula.
  • Secades-Villa, R., González-Roz, A., Weidberg, S., & García-Fernández, G. (2021). Tratamientos psicológicos para los trastornos debidos al consumo de sustancias. En E. Fonseca Pedrero (Ed.), Manual de tratamientos psicológicos: Adultos (pp. 505–528). Pirámide.
  • Washton, A. M. (1995). La adicción a la cocaína: Tratamiento, recuperación y prevención. Paidós.
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Cómo citar este Artículo

Arrimada Fernández, M. (2026, octubre 9). La foto negra: recordar lo que el consumo también significaba para prevenir una recaída. Actualidad en Psicología. https://www.actualidadenpsicologia.com/foto-negra-prevenir-recaida/

Graduado en Psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca y con un Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad Alfonso X el Sabio. Asimismo, cuenta con un Máster en Psicoterapia impartido por la Asociación Española para el Fomento y Desarrollo de la Psicoterapia (AEFDP) y el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. También dispone de formación especializada en distintas áreas de la salud mental, destacando el Máster en Actualización en Intervención Psicológica y Salud Mental de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), así como varios cursos de especialización: Experto Universitario en Trastornos de la Conducta Alimentaria por la Universidad Europea Miguel de Cervantes, Especialista en el Tratamiento de las Adicciones por la Asociación Española de Psicología Sanitaria (AEPSIS), Experto en Mindfulness para profesionales de la salud (UDIMA), Experto en CIE-11 y DSM-5 (UDIMA), Experto Avanzado en el Tratamiento de los Trastornos de la Personalidad (AEFDP) y Experto en Terapias Contextuales de Tercera Generación (AEFDP). Desarrolla su labor como psicólogo sanitario y cuenta con experiencia en distintos contextos clínicos, abordando problemáticas como adicciones, patología dual, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos de la personalidad, ansiedad y depresión, tanto en formato individual como grupal. Ejerce su práctica profesional en centros presenciales, así como en modalidad online a través de BetterHelp

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