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Dar respuesta a esta interesante pregunta puede influir directamente en nuestra capacidad laboral. Plantearnos qué meta queremos alcanzar en cada momento, qué deseo hacer con mi vida en definitiva, nos conduce directamente a una interesante e ineludible tarea: analizar de qué manera mis principios, valores y objetivos repercuten en mi forma de organizar mis prioridades.

Desde el marco de la Inteligencia Emocional (IE) podemos explicar cómo las emociones afectan en la gestión de nuestro tiempo. Porque, ¿somos conscientes de la importancia de las emociones en el trabajo?

La inteligencia emocional se traduce como la capacidad de percibir, entender y gestionar información emocional propia y ajena.

Desde la Psicología Positiva se trabajan los diferentes aspectos de la IE: autoconocimiento, autocontrol, automotivación y relaciones interpersonales, promoviendo que las personas se sientan plenas, felices y realizadas.

Se pone el foco en las fortalezas que todos tenemos y en cómo desarrollarlas. Además de ayudar a alcanzar una vida más satisfactoria, previene patologías que se producen cuando nada parece tener sentido vital.

Porque la Psicología Positiva no ignora los problemas o el sufrimiento, al contrario, complementa la psicología tradicional desde un eje transversal.

Las intervenciones en el campo de la psicología positiva permiten cambios conductuales (ser más compasivo o expresar gratitud, por ejemplo), cambios cognitivos (evocar acontecimientos positivos, potenciar estados de flow) o cambios en las metas y sentido vital (incrementar la resiliencia, planificar y perseguir objetivos, etc.).

Ante este contexto e intentando dar respuesta a la pregunta inicial, destacamos a Stephen Covey (“Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”), uno de los autores americanos que más aportaciones a hecho en el ámbito de la gestión del tiempo. Él nos aconseja: “Establezca primero lo primero” o, lo que es lo mismo: “Tomemos un cubo e introduzcamos en primer lugar piedras grandes y, en segundo lugar, rellenemos los huecos que quedan con piedras pequeñas”; La teoría del Cubo de Covey viene a explicarnos que las piedras grandes representan las cosas importantes de nuestra vida y que las pequeñas serían aquellas tareas del día a día, actividades cotidianas de menor magnitud.

De igual modo, debemos planificar nuestra AGENDA: Daremos prioridad a los asuntos que para nosotros son importantes y cubriremos los huecos con actividades y recados  que suponen más una obligación que el hecho de conseguir una meta en sí misma.

Planificando nuestra agenda…

  • Sé asertivo: Di sí a tus prioridades antes que a las de los otros.
  • Programa periodos de descanso entre tus actividades.
  • No comas en tu mesa de trabajo, ni te saltes comidas.
  • Recuerda anotar también tiempo para tu familia, no les des el tiempo que te sobra.
  • Ten en cuenta las agendas de los demás a la hora de planificar la tuya.
  • Programa variedad y experiencias a tu vida: No esperes que los demás hagan tu vida interesante.

Quizá, en ocasiones, lo que nos resulta más difícil no es planificar nuestra agenda o centrarnos en una tarea concreta, si no acabar aquello que hemos estado posponiendo durante un plazo de tiempo indefinido.

Rita Emmet, en su libro “¡Hágalo ya! Manual del postergador”, nos descubre la Ley de Emmet: “El temor a realizar una tarea consume más tiempo y energía que realizar la tarea en sí”.

Merece la pena esforzarse, pues “cuando derrotamos la postergación –dice Rita Emmet-adquirimos una sensación de control sobre nuestra vida”. Esto conduce a una fabulosa sensación de confianza.

A medida que nos convirtamos en anti-postergadores con confianza, nos sentiremos capaces de afrontar nuestras actividades y propósitos.

Los pequeños logros conducen a otros mayores. Y predice: “El día que se diga a sí mismo: “Odio hacer esto, pero tengo que hacerlo, así que mejor lo hago ahora mismo y de este modo me lo quito de encima”, se liberará de la sensación de culpa y tensión causadas por el aplazamiento”.

Contra la postergación…

  1. Selecciona una tarea de las que has estado posponiendo
  2. Pon el reloj en 60 minutos
  3. Trabaja en esa tarea sin interrupciones durante este tiempo
  4. Date una palmadita en la espalda

Para ello, es muy útil y casi necesario buscar las recompensas que le motivan a cada uno a la hora de terminar un trabajo…Pensemos en algo que nos apetezca de verdad y pueda motivarnos a terminar el trabajo temido cuanto antes. Podemos seguir unos sencillos pasos:

  • Asigna una recompensas a cada tarea que hayas estado aplazando.
  • Las pequeñas recompensas para trabajos pequeños: un tentempié o una llamada por teléfono a un amigo.
  • Las mayores para trabajos mayores: una compra especial o una salida de fin de semana.
  • Y recompensas fabulosas por conseguir logros que cambien tu vida.

Son las 19:30, jueves. El AVE todavía está en la estación de Barcelona en espera a partir hacia Madrid-Atocha. Elisa abre su correo. El documento informativo de cumplimiento ambiental que le han enviado desde la oficina va a necesitar una gran revisión, y se comprometió a entregarlo mañana a la Dirección. Otro día que comenzará temprano. Hay otros dos correos electrónicos sobre el contrato de los becarios y fotos de la cena de cumpleaños de su hermana anoche, que se perdió por “motivos de trabajo”.

Un WhatsApp de su marido:¿Llamaste al seguro para hacer el cambio del coche? ¡No, cómo voy a hacerlo si llevo todo el día de reunión en reunión!, ¡No puedes enviarme un mensaje preguntando si me dio tiempo a comer!. Elisa no ha tenido un momento para sí misma desde que salió de la ducha a las 6 de la mañana.

Esta es una de las muchas situaciones en las que identificamos una gran carga emocional y sentimos que nuestra agenda se desborda.

Los aspectos y personas con los que me gustaría relacionarme adecuadamente, entre ellos mi hermana, reflexionar sobre lo que está pasando en mi vida de pareja, leer un libro, dar paseos por el campo, se han visto mermados por poner el foco en las demandas del entorno laboral.

Siento el trabajo como una amenaza para mi salud física, psicológica y mis relaciones sociales. Estamos casi convencidos de que “deberíamos hacer malabares con todo, siempre con una sonrisa y salir airoso del conflicto”. No consideramos aceptable mostrar nuestra vulnerabilidad o pedir ayuda terapéutica por el riesgo de que a ojos de los demás aparezcamos como un “perdedor”.

El desarrollo del autoconocimiento y el autocontrol, dos capacidades englobadas en la Inteligencia Emocional, nos resultan beneficiosas a la hora de  gestionar las emociones propias y las de los demás influyendo en la gestión eficaz del tiempo tanto personal como laboral de un trabajador.

Si sabemos cómo funcionan las emociones en nuestro cuerpo, sabremos cómo, por qué y cuánto nos afectan, qué situaciones las provocan y cómo evitar por ejemplo que el estrés o la frustración nos impidan realizar nuestro trabajo.

Una vez que una persona se conoce a sí misma, puede controlarse. La Psicología Positiva se aplica a todas las emociones, también a las que sentimos como más dolorosas: rabia, abatimiento, desmotivación, etc. consiguiendo un incremento significativo de nuestro nivel de bienestar.

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