Hablar de la mente y de la enfermedad mental, se vuelve un problema actual en la sociedad. Si bien, algunas personas empiezan a aceptar con mayor consciencia y entendimiento estas patologías, hay muchas que se rehúsan a escucharlas, o a informarse acerca del tema.

La razón es simple: en la sociedad, hay un estigma y prejuicio acerca de la enfermedad mental.

Se acepta como natural e incluso peligroso cualquier daño físico, pero cualquier otro problema relacionado con lo psicológico o emocional, es considerado “locura”, e incluso para muchos, genera tanto temor que los lleva al distanciamiento.

¿Por qué ocurre esto?

Uno de los factores es la poca información que muchas personas tienen sobre el tema y porque en varias civilizaciones de la antigüedad, se creó un imaginario colectivo con una mirada peyorativa a quienes sufren este tipo de problemas; en la edad Media, había una visión demonológica de la enfermedad mental.

Los conceptos acerca de la enfermedad mental fueron evolucionando, creando diferentes creencias y mitos a lo largo del tiempo, llevando siempre a un distanciamiento por parte de la sociedad, por temor e ignorancia.

Hoy en día, si bien muchas de estas creencias fueron derribadas, y gracias a la ciencia y el avance médico, se pudo concientizar más a la población, aún nos falta mucho por conocer.

Este prejuicio y discriminación que la sociedad crea alrededor de la enfermedad mental, lleva en el peor de los casos a la marginación social, como así también a la denigración del sufriente, sintiéndose herido y avergonzado, de manera tal, que es incapaz de pedir ayuda por miedo al rechazo o a la burla.


En la Edad Media se realizaba una especie de operación quirúrgica que según los testimonios escritos consistía en la extirpación de una piedra que causaba la necedad del hombre.

No solo los que padecen trastornos mentales son vistos de forma diferente, sino también sus familias, quienes muchas veces ocultan el problema por temor al qué dirán.

Esta conducta es muy grave, ya que la persona que padece la problemática, se siente juzgada y herida por su núcleo más cercano; y eso agrava la situación.

Además, los prejuicios en muchos casos afectan al enfermo hasta el punto que los asume como verdaderos y pierde la confianza en su recuperación y en la capacidad de poder llevar una vida normal.

Se terminan todos estos juicios negativos instalando en la persona, que asume esas actitudes marginadoras y se autodiscrimina; se generan así reacciones emocionales negativas, disminución de la autoestima.

Ello le puede llevar a fracasar en su tratamiento, e ingresar en un círculo de negatividad que le impide seguir adelante, y le quita la motivación por sanarse o mejorar.

Educar contra el prejuicio y la discriminación

¿Qué debemos hacer para poder disminuir la discriminación y el estigma social respecto a la enfermedad mental?

Educar: El conocimiento acerca del tema permite que se derriben mitos y estereotipos. Informar no solo de los trastornos mentales sino también de los efectos perjudiciales que produce el estigma.

A partir de esta posición, intentar cambiar el lenguaje cotidiano y corriente que las personas usan, como el de “locura” o “demente”, para que se reduzcan los estereotipos y los sentimientos de inferioridad y desigualdad que generan.

No tengamos miedo de hablar de las enfermedades mentales. Intercambiar experiencias e incluso vivencias propias con otras personas, abriéndose desde la más profunda sinceridad, permite que los demás puedan adentrarse en el tema, y sentir realmente cuánto sufrimiento genera.

No tengamos miedo en pedir ayuda.

No dejemos que el miedo o la vergüenza nos impidan avanzar hacia el bienestar. Porque la creencia popular de que es más fuerte quien no sufre, es errónea.

Ser fuerte no es no tener problemas, sino que, pese a los problemas, tener el coraje de buscar ayuda, enfrentarlos, aceptando la crisis como parte de la vida y saliendo adelante, con el temor que eso implica.

Es necesario que concienticemos a la población sobre la salud mental, ya que no es algo menor. Los trastornos/enfermedades mentales, también necesitan de un tratamiento adecuado y apoyo.

En la actualidad, hay un aumento de las personas con depresión, ansiedad, y otros trastornos, incluyendo cada vez a más jóvenes.

Esto se debe entre otros factores a los cambios en la forma de vida, en la velocidad con la que transcurren las cosas, la competencia entre los individuos, la búsqueda de prestigio, como así también, la poca conciencia que se tiene respecto a la vida.

Las tecnologías usurparon nuestras vidas, generando muchos efectos negativos, que la población juvenil sufre cada vez más, incluso los más pequeños quienes ya han nacido con las nuevas tecnologías.

Por eso, es necesario tomar conciencia. Salir del estado de comodidad, y aceptar que tenemos un problema como sociedad, viviendo en lo superficial, haciendo la vista gorda a problemas que cada vez se vuelven mayores.

Aceptar la diferencia

Aceptar a partir de la comunicación e información, que debemos poner un freno y decidir cambiar nuestro modo de vida, como así también, cambiar la mentalidad y ser más abiertos con los otros.

Ser fuerte no es no tener problemas, sino que, pese a los problemas, tener el coraje de buscar ayuda, enfrentarlos, aceptando la crisis como parte de la vida y saliendo adelante, con el temor que eso implica.

Aceptar y comprender las individualidades, porque todos en algún momento de nuestras vidas hemos pasado por crisis, y todos hemos vivido diferentes emociones, tanto buenas como malas.

Pero no toleramos el malestar, ni la angustia. Nos obligamos a estar bien, o intentamos aparentarlo para no ser vistos como débiles, o frágiles.

Contrariamente, es parte de la vida tener esos sentimientos y esas emociones.

Nada es tan lineal y exacto como parece y quisiéramos creer. La vida color de rosas, no existe, y la felicidad es una búsqueda constante de autodescubrimiento, de bienestar y satisfacción.

Muchas veces, ese descubrimiento solo se alcanza llegando hasta el pozo más profundo.
Aunque parezca imposible, uno se re-descubre y se vuelve más sabio, aquellos que han podido vencer las enfermedades más duras tanto físicas como mentales, son claros ejemplos de esto.

Como seres humanos, tenemos cualidades y dotes, pero también carencias, y aspectos negativos.

Somos un blanco y un negro, y entre esa mezcla de colores somos quienes somos. Esa es nuestra naturaleza, es lo que nos vuelve auténticos.

Porque no hay nadie en este mundo igual a nosotros. Y eso debemos aceptarlo y respetarlo: unirnos a partir de nuestras diferencias y dificultades, para enfrentar juntos los problemas que nos aquejan y ayudarnos a vivir de una mejor manera.

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