¿Qué sucede en nuestro cerebro cuando nos enamoramos?

Aprende sobre la diferencia entre amor el enamoramiento y las áreas cerebrales implicadas.

Míriam Sánchez González

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¿Qué sucede en nuestro cerebro cuando nos enamoramos?
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Cupido y su flecha representan el amor y el deseo, pero ¿qué es el amor?, ¿por qué sentimos “mariposas” en el estómago y se nos acelera el corazón al ver a la persona deseada?, ¿por qué el amor es, a veces, tan adictivo?

En definitiva, ¿qué sucede en nuestro cerebro cuando nos enamoramos?

¿Qué es el amor?

A pesar de no contar con una definición única y exacta sobre lo que es el amor (y todo lo que engloba), desde la psicología se define como una emoción compleja que implica sentimientos de afecto y ternura hacia algo, alguien o uno mismo.

Son muchos los autores que han estudiado y explicado este concepto. Mientras unos lo entienden como una emoción, otros lo entienden como un sentimiento; pero ¿dónde se encuentra la diferencia?

A grandes rasgos, podemos definir la emoción como una reacción psicofisiológica espontánea, automática, involuntaria, breve e inmediata; mientras que el sentimiento es una respuesta más consciente, particular, duradera y menos intensa.

En resumen, la emoción está más relacionada con la parte fisiológica y el sentimiento con la cognitiva, ya que es la interpretación de la emoción. Por ejemplo, escuchar una canción concreta puede producirnos alegría (emoción), porque lo asociamos a un recuerdo que nos produce felicidad (sentimiento).

Lo que sí cabe resaltar es que, a pesar de contar con numerosas definiciones, la experiencia de enamoramiento es subjetiva y, por tanto, cada persona lo experimenta y siente de una forma diferente.

¿Qué sucede en nuestro cerebro cuando nos enamoramos?

Como toda respuesta de nuestro organismo, el amor también tiene consecuencias biológicas. Cuando nos enamoramos, nuestro cuerpo experimenta una serie de respuestas (alegría, felicidad, emoción, más energía, pérdida de apetito, deseo de estar junto a la persona…), que se explican a través de cambios en la funcionalidad química o la activación de áreas cerebrales concretas.

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La biología del amor, por tanto, puede dividirse en dos: por un lado, está implicada toda la actividad bioquímica (neurotransmisores y neuropéptidos); y, por otro lado, la parte más anatómico-estructural (circuitos cerebrales y estructuras).

Pero ¿cómo puede el amor alterar nuestro marcador somático? A lo largo de la evolución humana, han sido muchos los cambios en la arquitectura biológica que han permitido el desarrollo de unos mecanismos específicos para el amor.

Por un lado, a nivel químico cabe destacar principalmente el papel de la oxitocina, la vasopresina y la dopamina en la atracción y en el vínculo de pareja.

La oxitocina, producida en el hipotálamo, es la encargada de facilitar el contacto social o el vínculo. En base a esto, se ha estudiado la relación entre este neuropéptido y el amor; concluyendo que la oxitocina aumenta durante las relaciones sexuales, así como con los abrazos o las caricias.

La vasopresina se asocia a la preferencia por la pareja y a la atracción, principalmente. Son muchas las investigaciones actuales que concluyen que esta sustancia se relaciona también con la fidelidad o el compromiso a largo plazo y con la monogamia, ya que se vincula a un gen específico (RS334) responsable de que dicho vínculo se prolongue en el tiempo.

La dopamina, conocida como “la droga del amor”, está relacionada con la euforia, el placer y el inicio de las relaciones sexuales. En definitiva, cuando hablamos de “enganche” dentro de una relación, hablamos de dopamina.

Este neurotransmisor también se activa en las conductas adictivas (consumo de sustancias, juego patológico…) y, ante la pérdida del estímulo (la sustancia, la conducta o –en este caso– la pareja), también aparecen sentimientos de tristeza o ansiedad.

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Esta hipótesis explica el porqué, en la mayoría de los casos –sino todos–, las relaciones al inicio son tan adictivas: siempre se quiere más de la otra persona (pasar más tiempo a solas, verse más, tener más contacto físico…). Ese “más es más” que tanto se relaciona con la dependencia en el consumo, entendiendo la dependencia como la necesidad incontrolable de llevar a cabo una acción.

Por otro lado, a nivel estructural también se dan cambios en el organismo (ya que el amor activa circuitos cerebrales y, en general, estructuras que hacen que lo experimentemos con tanta intensidad). Las principales estructuras que destacamos son el área tegmental ventral y el núcleo caudado (ambas implicadas también en las conductas placenteras –como comer o tener relaciones sexuales–, o adictivas), el núcleo accumbens (encargado de la función reforzante de conductas y de la estimulante de las drogas), y la amígdala (que además de activar el sentimiento consciente, regula las reacciones fisiológicas y emocionales).

Aunque el enamoramiento no se limita solo a esto, ya que desde la investigación científica se ha concluido que en el proceso se activan en su totalidad hasta 12 áreas cerebrales.

Gracias a un estudio llevado a cabo en Estados Unidos por la Universidad de Syracuse (Nueva York), se sabe que el enamoramiento es realmente un proceso cerebral, que nada tiene que ver con el corazón y que puede llegar a suceder en 0,5 segundos; ya que es el tiempo que tarda el cerebro en liberar las sustancias químicas implicadas, ante la persona escogida.

Asegura Stephanie Ortigue, neuropsicóloga que encabeza dicho estudio, que es el cerebro el que provoca las mariposas en el estómago y la aceleración cardíaca, como consecuencia de la liberación del cóctel de sustancias y de la activación de todas las estructuras y circuitos que hemos explicado anteriormente.

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 Y tú… ¿crees ahora en el amor a primera vista?

Fuentes y recursos de información

Míriam Sánchez González
Míriam Sánchez es psicóloga general sanitaria (núm. Col. CL05880) y experta en neuropsicología clínica. Graduada en psicología por la Universidad Pontificia de Salamanca, continúa su formación especializándose en la rama sanitaria y en neuropsicología clínica.
Apasionada de su profesión y de las artes literarias, decide unir ambas modalidades y dar el salto a la publicación de artículos divulgativos. Ella describe el proceso como una “catarsis divulgativa”, explicado con sus palabras como “la necesidad de contar al mundo lo bonita y sorprendente que puede llegar a ser la psicología”.
Actualmente escribe periódicamente en redes sociales (vía instagram en su cuenta “la psicología hoy”: @la.psicologia.hoy) y en sitios web (“actualidad en psicología”) sobre temas variados de psicología.