Entre la repetición y el goce

Este trabajo seguirá las líneas trazadas por J. Lacan en el Seminario XVIII respecto del valor de letra y de lo escrito cuyos efectos inciden en la repetición y el goce aplicado a las toxicomanías

jarmoluk / Pixabay

Al recorrer algunas puntuaciones lacanianas de los Escritos en los cuales ya estaba la idea principal de la repetición y el goce  será en la  La Carta robada texto de Allan Poe, E. donde describe el destino fundamental de la repetición, en el sentido de que no puede ser comprendida desde el lado de la ley (en la Carta sería la policía). Esta incapacidad de comprender es el sustrato material de la Carta; ésta se encuentra sobre todo fuera de la dimensión espacial. Dicho esto agrega que los hechos suceden así porque toda la repetición se sostiene mayormente a nivel del registro imaginario, o sea que propone su ampliación (Lacan, J. 2009/1971, p. 90-92) lo cual tendrá su incidencia en el registro simbólico.

Aquí se perfila según el autor que la identificación al rasgo unario, (propuesta del 61-61) no se encuentra ni en lo imaginario ni en lo simbólico, sino en lo real, tal como Freud en la expresión eineinzigerzug lo describe, en su carácter de palote. (p. 92)

 

¿Cómo pensar esta repetición en el Discurso del Amo?

El rasgo unario se presenta como algo del sujeto que tiene el carácter de irreductible, alude al inconciente pero Lacan destaca algo que sorprende: dice que ese sujeto se distingue por su especial imbecilidad, o sea que la idea esencial respecto de la repetición, es la de un sujeto que no comprende absolutamente nada (p. 95).

Pero ese empuje de la repetición es contradictorio, ya que se trata de un Hombre que se atreve a cualquier cosa. Quizás sea significativo que Lacan hable de hombre en el extremo de la repetición al portar su Rasgo Unario como marca de goce. Es un viraje interesante para pensar la falta de vergüenza y la posibilidad de producir un escándalo que estos sujetos modernos y/o toxicómanos o adictos nos proponen, se trata de “la burla” a la castración, su evitación la deja en suspenso.

Tal como se viene planteando en la repetición, Lacan sugiere que “no se entiende nada” pero por eso mismo constituye “la gran esperanza” ya que ese signo está afectado por algo. Ahora bien, ¿Por qué algo ilegible tendría un sentido? (p. 98) Por la simple razón de que está escrito, y será desde la función del mito como eso escrito se articulará en torno a la inscripción del falo y la relación sexual. Esa misma repetición que para Lacan tiene un efecto feminizante se observa en la imposibilidad de decir La Mujer: o sea que un Hombre no puede hacer referencia a “todas las mujeres”. Porque esta sería la posición del padre mítico de Tótem y Tabú (Freud, S.1992/1913): él las tenía a todas…..entonces ¿Cómo entrar en el signo de la imposibilidad y soportar el peso del falo? Interrogación valida respecto de la neurosis (p. 99)

Lo que sin duda se observa en las toxicomanías es que la falta de regulación, la ausencia de relación sexual traslada la idea de partenaire sexual a un objeto-sustancia que debió haber sido ocupado por un objeto de amor, en este caso, una mujer. Pero el toxicómano hace existir a La Mujer, figura esencial que escapa a la ley. Por esta razón, para el toxicómano-adicto, una mujer es su esclava, deberá someterse a su propia ley, condenada al goce, a un goce que privilegia el objeto-sustancia, antes que el sufrimiento de esa mujer. Por esta cuestión no tenemos en las toxicomanías un goce sexual tramitable, sino solo un circuito de goce. Quizás la posibilidad de hiancia, de producción inconciente se produzca al admitir el discurso como tal, en su total dimensión (p. 100)

Respecto de la inclusión del goce sexual plantea que:

“solo adquiere su estructura a partir de la prohibición que recae sobre el goce dirigido al cuerpo propio, es decir, precisamente, en esa arista y esa frontera donde confina con el goce mortal”  (p. 100)

A lo que agrega en forma aclaratoria que:

“Y solo alcanza la dimensión sexual haciendo recaer lo prohibido sobre el cuerpo del que proviene el cuerpo propio, a saber, sobre el cuerpo de la madre. Únicamente de este modo su estructura se alcanza en el discurso lo que solo la ley puede aportar, a saber, lo que atañe al goce sexual” (p. 100)

Será aquí donde nos detenemos para reflexionar sobre el lugar de la palabra, de su recorrido, de vueltas en función de esas marcas tan primitivas que llevan al toxicómano-adicto a caer en su propia trampa: su goce, tal como lo señalo Lacan, es un hombre imbécil, así pensara este autor al hombre del futuro, que bajo las marcas primitivas como Rasgo Unario soporta las consecuencias del engaño del Otro, quien no introdujo diferencias. Para ello, algo del amor deberá quedar incluido en el inconciente e introducir el goce sexual, quedando advertidos que esta operación es producto de la relación el sujeto con el saber.

Sera la palabra en su dimensión de la verdad lo que traerá en el discurso la imposibilidad de la relación sexual, sirve de punto de partida. De este modo, esa fórmula donde Lacan explica que no hay Otro, el S (A/) léase significante de una falta en el Otro, enuncia que no hay garantía; no hay aval sobre el goce del Otro (p. 101) Goce irreductible del cual el sujeto toxicómano está impregnado, condenado a sucumbir. ¿Sera el psicoanálisis una posibilidad de reversión? ¿Podrá responsabilizar al sujeto toxicómano respecto de su goce mortífero? ¿Cómo reducir los impactos del goce del Otro si el mismo es un resto, un deshecho?

Lacan se pregunta algo más… ¿o bien es el psicoanálisis el que muestra su convergencia con lo que nuestra época revela de un desbocamiento del antiguo lazo con el que se sofrena la polución de la cultura? (p. 106) Nos recuerda la manera con que Freud, S. (1993/1913) en El malestar en la cultura refiere lo que ella misma incide sobre todos los sujetos que la padecen. En este sentido es que Lacan propone que “la civilización se asemeja a una cloaca”  (p. 106) expresión que alude a la realización de un fantasma social tan perverso como astuto. Como ya en el año 1971 suponía que el empuje al goce era hacia lo peor, hacia un desbocamiento del lazo social mediante la caída del Discurso del Amo (p. 106-107)

Y aunque Freud (citado por Lacan, J. 2009/1971, p. 109) haya realizado una sorprendente y exquisita versión propia de Dostoievsky para resaltar y revelar como desde el Psicoanálisis puede leerse otra cosa, otra versión de algo que ya estaba escrito por su autor, Lacan destaca el valor de lo escrito en el texto de Freud, ese valor de letra que marca el goce ya la repetición que cualquier toxicómano-adicto evidencia.

De este modo, para Lacan la oposición entre verdad y saber supone la crítica de una letra, que indomable repite, propone que se trata de una frontera que separa dos territorios; o sea que la letra podría ser la instancia, la razón que daría al inconciente su entrada? Esa razón ya probada por Lacan en los Escritos en “La Instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud…razón que podrá aparecer bajo la forma de un sueño, fallido pero indudablemente en un discurso

Aunque se presenta en lo real, esa letra, podría dejar de ser “literal”, ¿podría dejar de ser un límite? Es tan solo el borde del agujero en el saber, que mediante su aparición el psicoanálisis lo obliga a poner en movimiento (Lacan, J. A. 2009/1971, p. 109)

Esa letra tal como se nos presenta en el discurso del paciente, se caracteriza por su carácter primitivo pero que tiene valor de instrumento: es su función provocar algo que el sujeto dice “al pie de la letra” lo cual no alcanza para que tenga valor significante (p. 110)

¿Cómo nos muestra Lacan que algo es “literal”? A partir de una experiencia en la cual el autor se encuentra regresando de Japón por una ruta nueva a bordo de un avión cuando este atraviesa la planicie siberiana del circulo ártico, destaca “nueva ruta” para descubrir algo mediante la observación: se trata de lo asombroso que a la vista surge como primeras huellas, aquellas que se forman como terraplén, modificaciones que parecen barras que separan un lugar de otro, también por su perspectiva de verticalidad podríamos decir palotes que se remontan a una dimensión sin espacialidad, puro literal o litoral (p. 114)

Con esta revelación Lacan introduce la idea de que el inconciente se produjo por un “aluvión” en el cual habrá efectos de huella, de marcas que como surcos diferencian la planicie, ese desierto que en su desolación sin vegetación, en ella se produce solo reflejos de aluvión, sombras que no resplandecen (p. 112)

Es un rasgo primero, es una parte de la Cosa, tal como el Inconsciente se inaugura, lo llamativo es que es por su borradura del rasgo como se designa el sujeto. Es un rasgo,….pero unario porque algo se borró, algo quedó tachado. ¿Eso que queda es un rasgo por esta operación de tachadura que no logra el estatuto de huella? Pero que adquiere valor como rasgo e introduce un surco en la tierra como “litura pura”. ¿Cuál será la esencia de lo escrito? ¿Porque tendría valor la caligrafía?

Para responder a estos interrogantes deducimos que lo que se produce a partir de un “aluvión” es una única marca, esta será brindada por el Otro y que al ser tachada por su presencia misma elide el inconciente “como productor de surcos, de elementos llamados palotes o barras que solo si adquieren valor de trazo se escriben”. Sera de este modo que Lacan valora la escritura japonesa, aquella donde el trazo vertical escribe con exactitud mediante la perfección de una caligrafía que explica por gráficos artísticos la unión como un matrimonio entre el arte y la escritura” (p. 110)

Esta similitud entre lo que se escribe en la escritura chino-japonesa y el inconciente remite al valor que Lacan le da a lo que viene del Otro. Lo que nos sugiere como pregunta es admitir que el psicoanálisis es propio de occidente porque es propio del fracaso del Otro, en tanto queda como marca literal sobre un fondo litoral-frontera que solo se sostiene por su valor de real.

Lacan observa efectos muy diferentes en la escritura japonesa. Le sorprendió el valor significante que como rasgo o letra porta sobre sí misma. Recalca que lo importante es “lo que agrega” y a ello llama “literatura”. Cada letra constituye “la jugada de una apuesta” ¿Cuál? La del semblante, pero la observación critica de Lacan sobre este valor que tiene la caligrafía o el arte japonés se basa en algo muy importante: advierte que esa escritura “padece de exceso metafórico”, o sea que “su sentido cambia carácter por carácter”. De allí su dificultad para aprenderlo. Es una escritura cuya función de referente (significante) es excesiva, porque todo está calculado, tiene “demasiados apoyos” y agrega que “tenerlos es lo mismo que no tenerlos” (p. 116).

Cabe señalar que en ese idioma las variaciones en el enunciado son variaciones de cortesía, o sea que “la estructura de verdad refuerza la estructura de ficción” que resalta gracias a la cortesía. Lo que nos sugiere sobre este idioma entonces es ¿qué sentido tendría enfrentarse a lo reprimido, si este es un producto aniquilado desde el origen? Nos referimos a la interrogación. Pero si damos por descontado que allí el registro imaginario se satisface con la referencia a lo ya escrito, por lo cual la palabra quedo desplegada, se entiende lo que expresa Barthes, R. (citado por Lacan, J. p. 117) cuando dice que “el sujeto japonés no envuelve nada” (frase expresada en su libro “El imperio de los signos” obra que Lacan destaca de su amigo).

A estas ideas Lacan opone otra: “un sujeto que esconde algo tiene más valor que no esconder nada”. Lo que sugiere que tendrá más valor entonces observar ese vacío significante causado por la escritura que muestra un semblante a pesar del goce, se lo podrá invocar para articularlo a algún artificio. Sera el camino que propone el psicoanálisis como subjetivación.

Al volver sobre el otro lado, cuando todo está escrito y el sujeto no cuestiona su imperio, logran verdaderas proezas como  lo muestran sus ceremoniales, su arte, su valor respecto de los objetos, además de su poder de contemplación. Ellos con sus éxitos nos manipulan, por eso siempre necesitan interprete, que su idioma sea traducido, ya que la letra impide por completo la interpretación (p. 117) De este modo, aliviado concluye Lacan que “el japonés es la traducción perpetua hecha lenguaje. Por este motivo, el japonés “comunica” y eso impide el dialogo (p. 118)

Tal vez nuestros pacientes toxicómanos-adictos nos comuniquen no su saber sobre el semblante, sino su modo de goce que como una astilla en el desierto, es lo único que lo sostiene aunque desconozca que algo del Otro quedó tachado, borradura necesaria que marca el rasgo, que en su condición de unario revelara una mínima conexión al significante inaugurando la efectividad de una cadena que remite al lugar del Otro en la estructura, quedando habilitada una estructura que remite tanto a la falta como a la relación sexual, en lo que promueve que ese hombre genérico asuma un lugar como sujeto producto del saber.

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Silvia Maioli

Lic. en Psicología. Actualmente Prof. Adjunta en Universidad J.F. Kennedy: En la Licenciatura en Psicología; Profesora dictante del Taller Final Integrador, La Maestría en Psicoanálisis y de la Diplomatura en Adicciones 2016/17. Directora de Tesis desde 2011; Jurado interno de la Maestría en Psicoanálisis; Miembro de Jurado de TFI. Investigadora Principal con trabajos expuestos en Jornadas Universitarias sobre “Violencia y Agresividad. Efectos subjetivos. Toxicomanías y Duelos” Trabajos publicados en Letra Analítica y Revista Borromeo. Miembro activo del Dpto. de Toxicomanías y Adicciones (EOL), 2005/15.

1 Comentario

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