No es fácil decirle a las personas cómo somos o cómo nos sentimos, nadie nos enseña ni nos dice lo importante que es para nuestro equilibrio emocional saber comunicarnos de forma abierta y transparente.

Una familia que no habla demasiado de emociones, creer que desnudar tu alma te convierte en vulnerable, la vergüenza, la creencia de que a nadie le interesa lo que sientes o no saber cómo hacerlo… son algunas de la razones por las cuales no solemos hablar de lo que sentimos, de cómo somos o de cómo estamos en muchas de las situaciones que vivimos.

Así que vamos por la vida con un gran filtro que regula y limita lo que expresamos de nosotros mismos. Seguro que lo has escuchado mil veces, las famosas “máscaras” que nos ponemos.

¿Cuántas veces has dejado de decirle a alguien que te ha molestado lo ha dicho o ha hecho? Si no se lo dices directamente, ¿qué te hace pensar que no se volverá a repetir?

Las personas no tenemos telepatía y es muy difícil adivinar lo que les molesta a los demás. Aprende a ir de cara y te darás cuenta de las veces que algo que crees que han hecho a posta, es totalmente involuntario y puede tener solución.

¿Cuántas veces ocultas que estás pasando por un mal momento a las personas que tienes cerca?¿Es malo que te ayuden o que te apoyen? ¿Acaso crees que las personas que te conocen no notan qué te pasa algo?

Miedo a que te vean débil, orgullo, creer que puedes con todo, pensar que nadie puede ayudarte…

¿Qué hay más sano que compartir lo que te pasa con las personas que te quieren? Tal vez no tengan las respuestas que necesitas o no puedan ayudarte de la forma que quisieras, pero sí pueden darte abrazos, palabras afectivas, consejos sobre sus propias experiencias o simplemente apoyo. Lo que está claro es que llevando la pena tu solo no te haces ningún favor. Aprende a ir de cara y te darás cuenta de que en compañía, todo se vive mejor.

¿Cuántas veces has dejado de mostrar tus verdaderos sentimientos por miedo a que te vieran débil o vulnerable?, ¿cuántas veces has fingido que algo no te importaba cuando, en realidad, te importaba muchísimo?

No conozco a nadie a quien no le hayan hecho daño, por mucho que haya fingido que no le importaba lo más mínimo. La diferencia está en que si aparentas que no te importa solo consigues ser una persona que no eres y la persona que tienes en frente nunca podrá conocerte de verdad.

Lo más positivo es ser transparente con tus valores, con tus miedos, con tus límites, con cómo eres, sin trampa ni cartón y, si alguien se aprovecha de eso, ya te ocuparás de valorar luego si te conviene o no una persona así en tu vida. Pero dejar de ser uno mismo, por si acaso… es una actitud que no te aportará nada de bueno. Si aprendes a ir de cara te sentirás más relajado porque serás tú mismo y cuando tengas que resolver un conflicto lo harás con tus propias herramientas y habilidades y no con las supuestas herramientas del personaje que te has inventado.

Y no, no estoy diciendo que debamos ir por la vida desnudando el alma a diestro y siniestro, pero si no hablas de cómo eres, de cómo te sientes, de lo que necesitas, de lo que quieres… si no hablas de tus emociones o sentimientos, ¿no crees que las personas que tienes cerca se pierden una parte muy importante de ti?, ¿no consideras que obviando tu verdadero yo, dejas de ser tu mismo?

Tú eres lo que te gusta y lo que te duele, lo que te hace reír y lo que te hace llorar, lo que adoras y lo que detestas. Y cuando compartes con los demás tus verdaderos rostros, tienes  la oportunidad de comunicarte de forma más directa y simple.

¿Muestras tu verdadera cara?
mcredifine / Pixabay

Ahora ya tenemos la teoría, la siempre fácil teoría. Vayamos a la práctica.

Si no tienes el hábito de hablar abiertamente de ti y de cómo eres, pasar a ser transparente no es una cosa que podamos hacer de la noche a la mañana. Requiere un esfuerzo por nuestra parte, requiere una estrategia a seguir para que nos resulte más sencillo empezar con este cambio.

Para empezar, tienes que identificar todas las situaciones en que dejas de decir lo que sientes y piensas, debes prestar atención a tu propio comportamiento. Para poder cambiar algo, primero debemos ser conscientes de ello.

Observa qué cosas callas, qué cosas omites, qué información das de ti. Y luego, ves apuntando tus conclusiones en una libreta o en el mismo móvil, la memoria es buena pero nos interesa tener un hecho palpable al cual recurrir para seguir con la estrategia de cambio.

Si vas haciendo los deberes de auto observación, cada vez que hablando con alguien omitas algo que no deberías omitir, tu cerebro te mandará un pequeño toque. Tu cerebro te mandará un mensaje de que es en ese momento en el que has de pasar a la acción.

No va a ser fácil, no te voy a engañar, vas a tener que ir probando diferentes maneras de decir las cosas, vas tener que equivocarte, vas a tener que decir una cosa por otra y vas a tener que callarte hasta que hayan pasado algunas veces. Pero es normal, no te rindas ni te des por vencido, es cuestión de práctica y, por lo tanto, solo cuestión de tiempo que encuentres la forma de ser más honesto y natural con tus sentimientos y emociones.

Y ahora que ya sabes las consecuencias de tus propias máscaras, puedes decidir si continuas con ellas o las vas rompiendo poco a poco a base de ser quien de verdad eres.

Sé tu mismo.

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