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Decidimos y dibujamos nuestro futuro con cada una de las decisiones que tomamos. Y con las decisiones que no tomamos, también. Porque no decidir ya es haber decidido. Significa decidir quedarse al inicio del camino, viendo como los demás inician sus ascensos.

Significa quedarse en una posición pasiva, a la espera de lo que vendrá. A la espera de que los vientos y la marea le lleven a uno hacia otros horizontes.

Puedes vivir en base a tus decisiones, o en base a las decisiones que los demás tomaron por ti. Puedes vivir tu propia vida, o vivir la vida de otros.

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Tú eres el que decide.

No vas por una cinta transportadora dejando tu vida en manos de alguna fuerza extraña y desconocida… ¡o quizás sí!

¿Has elegido tu trabajo o has hecho lo que otros esperaban de ti?, ¿cuánta valentía y coraje pones en perseguir lo que realmente deseas?, ¿continúas esperando que el sistema y la sociedad mejore o creas esa mejora tú mismo?

Si estás esperando que las cosas cambien… te diré que te armes de paciencia para  esperar eternamente.

Puedes vivir en base a dos criterios muy distintos.  El primero es vivir en base a las normas externas, es decir, vivir en base a lo que se espera de ti. Lo que debes o no debes hacer. Lo apropiado y lo correcto.

Es un estilo de vida donde das prioridad al bienestar de otros antes que a ti mismo.

¡Realmente, debe ser agotador intentar agradar y tener contento a todo el mundo!

Y el segundo criterio en base al cual puedes vivir, es guiándote por ti mismo.

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Las referencias no han de estar fuera, en las normas sociales, en los deberías, en lo que se supone que es correcto… Las referencian deben estar dentro, dentro de uno mismo. En lo que cada cual considera oportuno, adecuado y en lo que siente que quiere hacer.

Ahí están las verdaderas referencias.

Puedes estudiar medicina porque tiene salidas (referencia externa), o puedes estudiar bellas artes porque es lo que te apasiona (referencia interna).

Puedes continuar diciéndote el eterno discurso de… “me gustaría hacerlo pero no sé qué pensarían de mi…” O puedes hacerlo, dar el paso, saltar y tener en cuenta que es tú vida lo que tienes en tu mano, y tú decides la valía que le das.

Le da muy poca valía a su propia vida quien tiene más en cuenta las opiniones de otros, que las suyas propias. Quien pasa los días decidiendo y actuando de cara a la galería. Quien se muestra complaciente con quien no le apetece serlo. Quien sigue acudiendo a las reuniones sociales que detesta. Quien muestra una sonrisa como máscara.

Tú eres tu mayor referente y desde ahí debes decidir. Recibirás consejos, críticas, halagos y apoyos. Da la bienvenida a todo, y finalmente, quédate contigo mismo.

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