Tanto si condenamos al villano de una película como si sentimos que alguien nos ha ofendido a nivel personal, cada uno de nosotros realizamos juicios morales contantemente.

Desde un punto de vista neuropsicológico, el acto de juzgar una situación moral es increíblemente complejo y tiene mucho que ver con la intencionalidad.

¿El responsable de un crimen realmente quería hacer todas esas cosas horribles?

¿Qué sucede en nuestro cerebro cuando sabemos que quien causó un daño lo hizo de manera no intencional?

Una reciente investigación exploró la base neuroanatómica del perdón.

En este estudio se examinó el papel de un área cerebral denominada Surco Temporal Superior anterior (STSa  o aSTS, por sus siglas en inglés) en el acto de perdón, en particular a aquellas personas que han cometido errores involuntarios.

Surco Temporal Superior anterior
Surco Temporal Superior anterior

Según los autores, realizar un juicio moral maduro sobre un acto ilícito implica no sólo considerar el daño causado, sino también la intención y el estado mental del responsable.

Cuando hay una clara contradicción entre ambos, sin embargo, la intención parece tener prioridad sobre el resultado de la acción.

Indrajeet Patil, autor principal del estudio, afirmó al respecto:

Los estudios conductuales han demostrado que cuando la intención y el resultado de una acción son conflictivos, como en el caso de daños accidentales a veces graves, las personas tienden a centrarse principalmente en las intenciones al formular un juicio y esto es más o menos una característica universal de los juicios morales maduros común a todas las culturas.

Hasta la fecha, sin embargo, muy pocas investigaciones habían abordado esta cuestión desde un punto de vista anatómico, para comprender si las diferencias en el volumen y la estructura de ciertas áreas del cerebro podrían explicar variaciones en el juicio moral. Este estudio explora precisamente este aspecto.

Estudiando la base neuroanatómica del perdón

Para desarrollar su planteamiento, los investigadores solicitaron a 50 participantes que completaran una tarea de juicio moral.  A los voluntarios se les presentaron 36 historias únicas con cuatro posibles juicios para cada una de ellas.

Cada escenario constaba de cuatro partes: (1) algunos antecedentes; (2) Un denominado segmento de prefiguración, en el cual se sugería que el resultado sería neutro o perjudicial; (3) Información sobre el estado mental neutral o intencionalmente dañino del agente involucrado; y, (4) finalmente, la consecuencia, la cual revelaba la acción del agente y el resultado consecuente.

Después de leer cada historia, a los participantes se les solicitó que aportaran su juicio moral al contestar una serie de preguntas sobre “aceptabilidad” y “culpa“.

Se les preguntó, por ejemplo: “¿Qué tan moralmente aceptable era el comportamiento del agente?“, y “¿Cuánta culpabilidad merecía el agente?” Los voluntarios dieron respuestas basadas en una escala de 1 a 7.

Mientras ellos respondían las preguntas, su actividad cerebral era monitorizada mediante  morfometría basada en vóxel – una técnica de neuroimagen que permite un examen holístico de los cambios cerebrales, mientras que simultáneamente preserva un alto grado de especificidad de cada región cerebral.

Los investigadores también utilizaron la neuroimagen para localizar aquellas áreas neurales responsables de la llamada Teoría de la Mente (Mentalización), lo cual se entiende como la capacidad de una persona para atribuir correctamente estados mentales – tales como creencias, intenciones y deseos – a otros basado en su comportamiento.

La mentalización también se refiere a la capacidad de la persona para explicar y predecir el comportamiento de otras personas basado en dichas inferencias.

Las personas con un Surco Temporal Superior anterior más desarrollado son más propensas a perdonar

Los resultados revelaron una conexión entre las diferencias en la severidad de los juicios morales sobre el daño no intencional y el volumen de la región izquierda del cerebro del STSa.

Más específicamente, cuanto más desarrollado era el STSa , menos culpa se les atribuía a los malhechores. “Cuanto mayor es el volumen de materia gris [en esta área], menos condenado era el daño accidental“, afirmaron los autores.

Patil explica además sus conclusiones:

Se sabía que el STSa estaba involucrado en la capacidad de representar los estados mentales (pensamientos, creencias, deseos, etc.) de otros. Según nuestras conclusiones, los individuos con más materia gris en el Surco Temporal Superior anterior son más capaces de representar el estado mental de los responsables de las acciones y así comprender la naturaleza no intencionada del daño, y al expresar su juicio, pueden centrarse en este último aspecto y darle prioridad sobre las consecuencias especialmente desagradables de la acción. Por tanto, están menos inclinados a condenarlo severamente.

Este estudio abre nuevas vías para la investigación neurocientífica.  Patil y sus colegas recomiendan que otros estudios usen contextos más realistas para estudiar los juicios morales, así como usar una muestra de estudio más demográficamente diversa.

La investigación fue encabezada por Giorgia Silani de la Universidad de Viena en Austria, y fue realizada con la colaboración con científicos de la Universidad de Trieste en Italia y la Universidad de Boston en Massachusetts.  Los hallazgos fueron publicados recientemente en la revista Scientific Reports.

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