Hipocognición: cuando no me sale la palabra

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¿Te ha pasado alguna vez que has intentado comunicar una idea o un concepto y no encuentras las palabras adecuadas para expresarte?

Es ahí cuando sientes que te sumerges en una sensación extraña en la que deseas encontrar los vocablos para describir un pensamiento, pero lamentablemente no lo consigues debido a que presentas una ausencia de lenguaje preciso. Sin saberlo, te encuentras inmerso en lo que se conoce como un estado de hipocognición.

No te preocupes si esto te ocurre, no es nada malo puesto que podemos entrenar nuestras capacidades lingüísticas y poner la palabra adecuada para cada momento.

Empecemos por el significado y origen de la hipocognición para que conozcas parte de su historia y la importancia de este concepto. Además podrás identificar las situaciones de hipocognición.

Hipocognición: cuando no me sale la palabra
Fotografía de Roman Kraft en Unsplash.com

¿Qué es la hipocognición y cuál fue su origen?

La hipocognición, en la lingüística cognitiva, se define como la ausencia de una representación lingüística para describir ideas o expresar experiencias. 

La idea de hipocognición fue introducida por primera vez en 1973 por el antropólogo estadounidense Robert Levy a raíz de un estudio que realizó sobre el comportamiento de los habitantes de Tahití.

Levy observó que se producían un número elevado de suicidios en la isla de Tahití e intentó buscarle una explicación a este dramático acontecimiento.

Cuando los tahitianos perdían a un ser querido no expresaban pena, sino que experimentaban un sentimiento de extrañeza o directamente enfermaban. Esto ocurría porque los tahitianos no disponían del concepto de pena o dolor.

No podían expresar su sufrimiento porque no conocían el discurso verbal para poder comunicarlo, es decir, no sabían cómo expresar su dolor mediante el lenguaje. Al no poder trasmitir lo que sentían, derivaba en una situación sin salida, insoportable para muchas personas, que terminaban por suicidarse.

La importancia de la palabra adecuada para cada momento

La Psicología, ya desde una temprana edad, se fundamenta en poder hablar de los problemas dándole forma verbal, expresándolos mediante el lenguaje. En un ejercicio de escape de la presión que se acumula en nuestra cabeza, que ayuda a poder compartir nuestras experiencias y preocupaciones con los demás.

Solo podemos pensar a través del vocabulario del que disponemos. Cuantas más palabras lo conformen, más enriquecido estará nuestro pensamiento y más capacidades tendremos para expresar ideas o nuevas realidades.

Me siento como una mezcla entre esto y aquello otro… ¿no te suena? De ahí la importancia de encontrar las palabras precisas. El nombrar de forma incorrecta una emoción o idea, puede crear situaciones ambiguas, falsas impresiones, generar incerteza a lo que decimos, hacer creer algo que no es… y así un largo sin fin.

Imagínate que has descubierto un nuevo invento, para explicarlo lo primero que debes hacer es designarlo de algún modo, es decir, ponerle un nombre. Si no eres capaz de nombrarlo, menos aún lo serás de explicar su funcionamiento o la esencia de su diseño.

Ahora bien, a donde quiero ir con este razonamiento, pues claramente a la importancia de poseer un lenguaje preciso, para que puedas expresar claramente todo aquello que se te pasa por la cabeza. Y también, según recoge Scientific American, ayudar a nuestra memoria a catalogar experiencias y sentimientos ya vividos.

Hipocognición: cuando no me sale la palabra
Fotografía de Sincerely Media en Unsplash.com

Nadie es inmune a la hipocognición, ni tan siquiera el mismo lenguaje

Por desgracia, la hipocognición no se cura porque adquieras una nueva palabra para tu vocabulario, y menos aún si es la palabra de moda del momento, sino que se trata de un ejercicio continuo.

Poder conocer un determinado concepto con su nombre te ayuda a identificarlo en ciertos contextos y valerte del mismo para utilizarlo. La importancia de reconocerlo y hacerlo tuyo tiene ventajas.

Analicemos el siguiente ejemplo para el término ningufoneo, que probablemente no conozcas, pero que ya lleva un tiempo entre nosotros y es acertado al contexto. Veamos la definición de ningufoneo (en inglés phubbing), según la Wikipedia:

El ningufoneo se considera al acto de ignorar a una persona y al propio entorno por concentrarse en la tecnología móvil, ya sea un teléfono inteligente, tableta, PC portátil, u otro objeto inteligente.

(…) El término es etimológicamente producto de la unión de las palabras phone (teléfono) y snubbing (despreciar). Apareció en el año 2009, cuando se popularizaron los teléfonos inteligentes y se constituye como un neologismo que todavía no es recogido por el diccionario de la Real Academia Española.

Visto este ejemplo, ahora podemos ponerle nombre a una situación cotidiana, identificarla como tal y comentarla con otras personas.

Cuando alguien dice que le faltan palabras para comunicar algo, lo que le sucede en primer lugar es que le falta tener una idea clara de lo que quiere comunicar. Tener esa idea clara previa, facilitará la creación de un discurso eficaz que ayude a transmitir lo que estamos pensando de la forma adecuada, ya sea en una única palabra o en varias.

Así que, primeramente, pon orden en tu cabeza y luego busquemos si existen las palabras precisas para comunicar lo que queremos decir.

Sin embargo, en ocasiones también sucede que el mismo lenguaje es insuficiente para describir una situación o emoción porque se queda escueto para representar las complejidades de esa relación. En este caso, usamos denotaciones delimitadas a ese mismo contexto y puede ser insuficiente para mostrar el verdadero significado de la situación.

De aquí deriva la obligatoriedad de que el idioma evolucione acorde con su tiempo para que sirva de herramienta en distintos contextos comunicativos y etapas.

¡Y no nos olvidemos! Las palabras que usamos en el lenguaje y conforman un idioma, no todas pueden ser traducidas sin que pierdan matices y connotaciones, de ahí que ciertos idiomas definan mejor ciertas situaciones, según apunta el estudiode Scientifc American: The Magic of «Untranslatable» Words .

Como hemos visto anteriormente, evitar los estados de hipocognición, aquellos en los que no tenemos la palabra en la punta de lengua dispuesta a disparar para definir el momento adecuado, es igualmente importante que identificar la hipocognción intencional. Veamos su significado.

La hipocognición intencional: un arma de doble filo

La hipocognicón más oscura es la que nace de forma intencionada y decidida para lograr un objetivo, ya sea el control de la información o también el control social.

Para entender lo que quiero decir, hemos de volver al origen del término, cuando Levy analizó el comportamiento tahitiano. En ese contexto, el concepto de dolor no era deseado ni bienvenido, es decir, existía un sentimiento privado de dolor. El sentir algo que no existía a términos de poder comunicarlo, no poder hablar sobre ello, era una forma de control de esa población.

Generar un estado de apatía, en el que no se pueda formar ninguna idea sobre un tema, se provoque su asfixia en un silencio para no darle estructura y poder comunicar ese pensamiento, es una forma de funcionamiento furtivo de la hipocognición

La hipocognición intencional puede servir como una forma peligrosa de control de la información según el estudio realizado por Kaidu Wu .

En él, se pone de manifiesto la experiencia de lo ocurrido al escritor rebelde chino Han Han, cuando intentaba realizar artículos que contuviesen la palabra “gobierno” o “comunista”. Inmediatamente eran censurados por la policía china de internet, fuesen del tipo que fuesen. Aunque se elogiase al gobierno, el mero hecho de incluir la palabra prohibida provocaba la retirada de la noticia.

En lugar de hacer una selección de los comentarios a favor o en contra del gobierno, cualquier información relacionada es bloqueada a fin de evitar una discusión y reflexión sobre el tema.

Es de este modo, como un funcionamiento furtivo de la hipocognicion sirve para acallar ideas y mantener un estado apático de la sociedad.

Evitar episodios de hipocognición en nuestro día a día pasa un ejercicio sencillo de identificar nuestras carencias lingüísticas.

Sin embargo, identificar un movimiento, concepto o sentimiento que todavía no se ha categorizado y que surja un nuevo término pasa por la evolución propia de nosotros mismo hacia la necesidad de expresión que tengamos como individuos.

Saber entrever estados de hipocognición intencional pasa por un aprendizaje de lo que esto significa desde edades tempranas, de ahí que sea menester de los maestros el enseñar la magnitud de la palabra a sus alumnos. 

El ejercicio de los maestros de enseñar el término hipocognición a sus alumnos.

La conveniencia de enseñar el significado de la hipocognición en la escuela, a niños de edad temprana, no antes de los 10 años para que puedan comprender su significado, sería una tarea conveniente.

Es ejercicio de maestros hacer entender a sus alumnos que existe un término para cuando no le sale la palabra.

Deben estar al tanto de su hipocognición y de que es una realidad. Que sean conscientes de que un problema existe cuando tenemos conocimiento de ello y que puede ser designado mediante una palabra para poder expresarlo, deben entenderlo desde el principio.

El maestro debe tener como norma los objetivos de su profesión como noble y comprometida. Su responsabilidad como docente pasa en enseñar valores, representando y sintiendo lo que hace para lograr una unión de aprendizaje con sus alumnos.

Enseñarle la esencia y el alcance del término hipocognición a sus alumnos, les servirá de ayuda para identificar los casos de hipocognición intencionada y saber evitarlos.

En la mano de los maestros está el cambio, formar una sociedad futura más crítica y con niveles de consciencia que impidan la manipulación, pasa por una enseñanza desde el principio.

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