Sé que el título de este artículo puede sonar algo polémico, sobre todo cuando actualmente se habla del poder sanador del perdón.

Después de todo el perdón es un término de moda, desde líderes religiosos, gurús espirituales e incluso psicólogos de gran renombre hacen hincapié en la importancia del perdón como parte de la búsqueda de la verdadera felicidad y libertad interior.

Y esto puede ser cierto, ya que el perdón en ciertas circunstancias puede ser beneficioso.

Por ejemplo, cuando tenemos una discusión con una persona cercana con la cual queremos seguir teniendo contacto, puede ser benéfico entender que todos en algún momento decimos o hacemos cosas que pueden lastimar a quienes más queremos, ahí es cuando el poder del perdón puede jugar un papel importante en nuestras relaciones.

El perdón no es el único camino

El trabajo psicoterapéutico con personas que han sufrido traumas terribles infringidos por otros, traumas que incluyen abuso sexual, violación, explotación, abuso físico y emocional, cuyos autores en muchos casos son familiares y en algunos otros no, el grado de traumatismo en cada uno de estos casos es considerable y tiene un gran impacto en sus vidas y bienestar.

Son personas las cuales adquieren una gran resistencia y valentía al tener que afrontar sus traumas, pero muchos de ellos quedan atrapados en un punto, ellos no creen que perdonar a su victimario les aporte ningún beneficio.

Y es cierto, no hay que perdonar para seguir adelante…

Si alguien por sí solo en psicoterapia busca el “perdón” no hay que desalentarlo, pero gran parte de las personas que han sido víctimas de las malas acciones de otros luchan contra esta palabra y con razón.

Ellos no quieren comprender el comportamiento de su agresor, no quieren justificarlo, no quieren aceptar su modo de proceder, en otras palabras, no quieren empatizar con quien les ha causado un gran daño.

No sienten que su victimario merezca su perdón y lo peor que se puede hacer cómo psicoterapeuta es contradecir el sentir del paciente y decirle como debe sentir.

Las emociones son importantes y por lo general automáticas.  Cuando somos capaces de reconocer y apreciar incluso los más oscuros sentimientos a menudo nos libera de una pesada carga.

Cuando le decimos a un paciente “usted no tiene que perdonar”, este gesto de comprensión por lo general da un suspiro de alivio.

Una vez que se ha determinado que el perdón no es necesario, se trabaja en la búsqueda de una palabra que será más congruente para la persona en su trabajo de liberarse del trauma.

Otras alternativas al perdón

Una alternativa es “desahogo”, esta estrategia fue aborda por primera vez por Richard Schwartz en su libro “Internal Family Systems Therapy”.

El desahogo es un proceso de dejarse llevar, es decir, dejar de lado el poder el trauma tiene sobre la persona y expresar y liberar la ira y otras emociones fuertes sobre lo ocurrido, sin críticas o expectativas sobre lo que debe ocurrir.

Esto incluye permitir que una persona tenga todo el tiempo que necesita para sentir todas sus emociones, lo que puede incluir la rabia, el odio y el resentimiento.

Es igualmente importante que las demás personas entiendan que no deben obligar a alguien a perdonar a su perpetrador, inclusive si la intención implícita es buena.

Tratar de que alguien que ha sido víctima de una violación perdone puede revictimizar al sujeto.

En cambio, es más útil validar que la persona tiene derecho con respecto a sus sentimientos, servir como un escucha en lugar de tratar de solucionar el problema es mucho mejor, servir de apoyo y facilitar la curación.

La persona tiene que ser capaz de tener voz y expresar lo que él o ella está sintiendo y pensando, sin el temor a ser juzgado.

Es importante que el proceso natural de elaboración del trauma fluya y eliminar los obstáculos que pueden interponerse en el camino.

Esto incluye la creencia que no podemos permitirnos sentir emociones “negativas” o que tenemos que perdonar.

Una vez eliminamos esas expectativas, el camino hacia la superación fluye naturalmente, inclusive si el perdón no llega, él o ella aún pueden seguir adelante, desahogarse y prosperar.

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