Mujeres y salud mental: las Mujeres como sujetos políticos

La salud mental de las mujeres debe abordarse desde una perspectiva feminista, de derechos humanos y de deconstrucción de los estereotipos patriarcales

las Mujeres como sujetos políticos
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La psicología en el contexto sociocultural actual se enfrenta ante el desafío de actualizar sus nociones y praxis en torno a la construcción de las identidades feminizadas; no solo por el requerimiento que marca una agenda que indica 1 femicidio cada 33 horas en Argentina, 107 femicidios en lo que va del año (Informe Ni una menos, Observatorio Mumalá, Junio de 2025, disponible en https://mumala.online/observatorio ); sino también porque la urgencia de generar salud mental pensando en subjetividades históricamente atravesadas por opresiones del poder dominante se presenta como inminente. En este sentido la OMS ha determinado a la violencia de género como un problema de salud pública (OPS /OMS junio 2013).

Nos enfrentamos, aquí con lo siniestro de la cultura, con la violencia como enfermedad social, y con una profunda limitación de pensar los acontecimientos como políticos, remitiéndolos siempre a casos individuales.

El objetivo de este ensayo se circunscribe a habilitar el pensamiento crítico sobre la salud mental de las mujeres, la constitución de sus subjetividades y su rol en nuestras sociedades; a partir de dos experiencias profesionales puntuales.

La primera relacionada con la asistencia a mujeres en situación de violencia en el Polo de la Mujer de la Provincia de Córdoba, lugar en donde me desempeño como psicóloga; y la segunda a partir de la construcción de conocimiento situado en los claustros universitarios desde la Catedra de Feminismos y Salud Mental, un seminario electivo no permanente que conforma parte del currículo de formación de la carrera de licenciatura de psicología en la Universidad Nacional de Córdoba, en donde me desempeño como docente adscripta.

Para realizar un análisis exhaustivo de la temática pensaremos a la subjetivación de las mujeres como históricamente situadas, atravesadas por atávicos contextos de desigualdad, inequidad, y opresión; que no solo se relacionan con modelos de organización social como el patriarcado sino también con el colonialismo, el capitalismo, el neoliberalismo y la globalización.

Pensar el zoom politicón desde la sentencia aristotélica en tanto “todo sujeto es político”, nos enfrenta con los estereotipos sociales cuando ese sujeto es autopercibido mujer.

El feminismo nos aporta que lo personal es político, y que la biología no es destino; nos invita a pensar a las mujeres más allá de úteros gestantes en un sistema de división del trabajo que enajena e invisibiliza una producción que no es paga. ¿Y si la sexualidad fuera al feminismo lo que el trabajo es al marxismo?

¿Cómo se deviene mujer en sociedades altamente patriarcales? Los conocidos dispositivos de biopoder sobre el cuerpo de las mujeres, sobre sus psiquismo y sus roles, nos dicen cómo. Y es aquí donde un cuerpo sin palabras es lo contrario a ser un sujeto político.

En un mundo androcéntrico, donde el masculino es el genérico que abarca al todo a las mujeres no les ha quedado otra opción que forjar sus identidades desde la alteridad, desde lo otro, asumiendo posiciones cosificantes, y de falta en ser en tanto incompletud.

Como adelantáramos en la introducción la metodología que utiliza el presente ensayo propone una articulación a territorio exponiendo dos experiencias profesionales puntuales a la luz de la problemática planteada.

La primera relacionada con el trabajo con dispositivos de abordaje psico-socioeducativos en la asistencia a mujeres en situación de violencia, concibiendo a las destinatarias como sujetos activos en la construcción de sus historias a pesar de los mandatos y los sesgos de género que impactan en sus elecciones e inciden en un devenir vital caracterizado por la vulnerabilidad.

El llamado es a una praxis psicológica que evite reproducir patrones paternalistas sobre las mujeres, que deconstruya los estereotipos de género para pensar sus malestares subjetivos y que pueda concebir sus identidades en contextos de opresión desde miradas interseccionales e interdisciplinarias; donde cada derecho ha sido conquistado por una lucha colectiva que aún persiste, y donde cada opresión (de genero por ejemplo) coexiste con otra (de clase, de raza, etc.).

En este contexto es fundamental evitar revictimizar y que la mujer sea protagonista de su proceso de emancipación de la situación de violencia que atraviesa; suma pensar la categoría víctima como una categoría política y no psicológica, revirtiendo la desubjetivación que la violencia genera y retomando el trauma histórico que ha dejado sus huellas en las mujeres como sujetos politizados.

La segunda experiencia de articulación práctica focaliza en la construcción de nuevos conocimientos situados desde los espacios académicos convencionales, que nos garantiza que las nuevas generaciones de egresados como profesionales en salud mental dispondrán de las herramientas para poner en tensión las teorizaciones con las realidades sociales siempre conflictivas y cambiantes.

Cuando hablamos de conocimiento psicológico a la altura de las demandas de la época, nos referimos a teorías y praxis que contemplen la Educación Sexual Integral, que entiendan la autopercepción del género sin patologizar las identidades (recién en mayo de 1990 ser lesbiana dejo de ser una nosología psiquiátrica para CIE), que puedan reconocer intervenciones homo-odiantes (no homofóbicas) y que lejos de psiquiatrizar un puerperio, por ejemplo, puedan pensar a la mujer que materna más allá de su ser madre.

Operando una mirada histórica encontramos que antes fue la lucha por el acceso a la ciudadanía a través de la posibilidad de votar, la opción de la ruptura de la unión civil conservando el cuidado personal de los hijos, el acceso a derechos sexuales reproductivos y no reproductivos; hoy es que se hable de salud menstrual, de climaterios, de violencia obstétrica, de medicalización de las problemáticas de género, que se garantice el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo, que haya cupo en escenarios de poder político, que se visibilice el trabajo no pago que subyace a la feminización de la pobreza, que hablemos de formas sutiles de violencia de género como la violencia vicaria, el gasligthing o el mansplanning; que a los femicidios se los llame por su nombre y no se los designe como meros homicidios agravados por el vínculo; es decir, la lucha continua; y en esto la psicología tiene mucho por hacer y por decir acompañando a las mujeres y a su salud mental.

Los resultados de este ejercicio reflexivo nos señalan la importancia de la interpelación a la ciencia psicológica desde esta problemática actual que nos conduce invariablemente a la deconstrucción de las miradas androcentristas imperantes dado que se presenta como fundamental la generación de nuevas prácticas que nos habiliten a la construcción compartida de una vida libre de violencias, pensando a las mujeres como sujetos de derechos en sociedades altamente patriarcales.

Para concluir, este ensayo pretende pensar colectivamente desde las praxis de la psicología actual a las mujeres, como sujetos políticos atravesados por dispositivos de poder en contextos sociales específicos donde muchas veces el malestar emerge como modalidad de respuesta a las vulneraciones que se padecen repetida y constantemente, generación tras generación. En este sentido no hay salud mental sin derechos humanos, y sin perspectiva de género, cuestiones insoslayables al momento de pensar la epistemología de la psicología en los contextos actuales.

Los sufrimientos de las mujeres parecen no resolverse solo con la prescripción de benzodiacepinas o con terapias de reemplazo hormonal, necesitamos pensar la salud de la mujer más allá de sus fines reproductivos, urge salir de la estrategia de control social estereotipada de diagnosticar y tratar conflictos. Nos debemos lecturas de factores de riesgo territorialmente situadas ante malestares psíquicos específicos.

Es inminente el primer nivel de atención en el plano preventivo, ¿cómo? Garantizando que los cuerpos de las mujeres dejen de estar cartografiados por el deseo fálico y territorializados por el discurso edípico para entender que los roles de género afectan las formas de enfermar de las mujeres.

Solo así podremos comenzar a discernir en nuestras prácticas en salud mental intervenciones género sensitivas de aquellas generadoras de inequidad de género.

Fuentes y recursos de información

  • Fernández A M (2021) Psicoanálisis: de los lapsus fundacionales a los feminismos del siglo XXI, Ed Paidós
  • Rosemberg M I (2020) Del aborto y otras interrupciones: mujeres, psicoanálisis y política, Ed Milena Caserola
  • Segato R L (2010) Las estructuras elementales de la violencia: ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos, Ed Prometeo.
  • Segato R L (2022) Escenas de un pensamiento incomodo: genero, violencia y cultura en una óptica decolonial, Ed Prometeo
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Cómo citar este Artículo

Sabuquillo, G. (2025, julio 2). Mujeres y salud mental: las Mujeres como sujetos políticos. Actualidad en Psicología. https://www.actualidadenpsicologia.com/mujeres-sujetos-politicos/

Gisela es psicóloga desde el año 2004, graduada en la Universidad Nacional de Córdoba. Se ha desempeñado como residente en salud pública; actualmente cursa su especialidad en Violencias en el Ministerio de La Mujer, y se desempeña en el Polo Integral de la Mujer.

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