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Conversar es dialogar, llegar a consensos, escuchar, tener en cuenta al otro, intercambiar mensajes y  emociones.

El respeto se gana y no se impone, a través de un verdadero dialogo, intercambiando mensajes verbales, afectivos y emocionales con absoluto respeto y libertad.

La familia no es únicamente un grupo de personas que comparten espacios comunes, vínculos de parentesco y que cooperan entre sí para conseguir objetivos comunes sino que es la estructura social más importante y vital del ser humano, la cual le aporta, además de todo lo anterior, seguridad y bienestar física, psicológica y social.

La familia es una comunidad de personas  donde las relaciones entre sus miembros están marcadas con un intenso carácter afectivo y emocional que las diferencia claramente de cualquier otra entidad social.

Los conflictos son parte inevitable de las relaciones humanas, por ello, su resolución de forma positiva y  constructiva entre los miembros que  componen la familia resulta fundamental para conseguir cohesión y  bienestar emocional.

Saber enfocar los conflictos de forma operativa y positiva no es solamente necesario por aspectos de convivencia y de buen clima emocional dentro de la unidad familiar, sino que la familia, como primer agente de socialización, debe iniciar y potenciar estilos de comunicación eficaces así como favorecer el aprendizaje y el entrenamiento en el manejo de situaciones conflictivas dentro y fuera de la familia.

Hay un aspecto clave para el aprendizaje de estas habilidades y es el ejemplo de las figuras parentales, aprendiendo por observación cómo los adultos significativos para el niño se manejan y resuelven los distintos conflictos que van surgiendo a lo largo de su crecimiento y maduración.  

 

geralt / Pixabay

Ser ejemplo de serenidad, calma, escucha, tolerancia, comunicación positiva y empatía son aspectos claves para conseguir aprendizajes significativos en estas habilidades y competencias.

A continuación, proponemos 8 estrategias de comunicación para manejar conflictos, reforzar la cohesión y el bienestar emocional entre los miembros de la familia:

1. Es fundamental distinguir entre una conversación y una advertencia.

Conversar es dialogar, llegar a consensos, escuchar, tener en cuenta al otro, intercambiando mensajes y  emociones.  Este aspecto resulta fundamental en la relación diaria y afectiva con adolescentes,  donde el respeto se gana y no se impone, donde existe un verdadero dialogo e intercambio de mensajes verbales, afectivos y emocionales con absoluto respeto y libertad.

Son los diálogos y las conversaciones las que generan crecimiento y desarrollo, además de una forma de aprender a relacionarse con terceros y resolver conflictos de forma autentica y positiva. Es necesario tener en cuenta el desarrollo evolutivo de nuestros hijos, entendiendo que a medida que van crecimiento es necesario potenciar cada vez más el dialogo y la conversación como estrategia de comunicación y de relación.

2. El ambiente y el clima  emocional afectuoso y no sobreprotector de las figuras parentales.

Está muy relacionado con una sana autoestima del niño,  una cohesión fuerte entre sus miembros y altos niveles de bienestar emocional.   La expresión y comprensión de sentimientos es vital  en el núcleo familiar ya que proporciona elementos de seguridad y tranquilidad.  Todos los miembros de la familia deben estar seguros y tranquilos de poder expresar cualquier emoción y sentimiento, ya sea de felicidad o de enfado.

La cercanía, los abrazos, las sonrisas y la complicidad son el elemento central de cualquier relación afectiva y emocional segura. También es necesario exteriorizar emociones como el desacuerdo, el enfado, la rabia y la ira… las cuales deben ser manejadas y reconducidas para que expresen emoción sin dañarse a sí mismo y al otro, escuchando, alentando y tranquilizando al niño… antes de corregir y aconsejar.

3. La forma de aprendizaje más vital de un niño es la observación y la imitación.

Lo que en psicología y educación denominamos aprendizaje vicario. Por ello, actitudes en los padres de escucha, serenidad, respeto al otro, expresión de sentimientos, amabilidad… son claves para que el niño tenga en su repertorio conductual modelos positivos de afrontamiento antes situaciones conflictivas. No podemos pedir al niño que haga cosas que nosotros no hagamos previamente, diciendo una cosa y haciendo otra, entrando continuamente en contradicción.

4. La escucha es una habilidad fundamental para una comunicación fluida.

Positiva y efectiva. Se trata de escuchar con comprensión y cuidado, dejando claro que estamos disponibles para ellos, con tiempo y atentos a lo que nos dicen. No interrumpir, asentir con la cabeza y trasmitir que les estamos entendiendo. Solamente desde la escucha activa podemos conseguir que el niño se siente comprendido, aceptado y con posibilidades de asumir  alternativas positivas y constructivas.

5. No actúes en caliente, date tiempo y espacios para serenarte, hablar con calma y  tranquilidad.

Si vas a perder el control es mejor dejarlo para otro momento. Evita los gritos, los reproches y las amenazas. Toda experiencia por muy negativa que sea, si es manejada de forma positiva y constructiva, sirve de aprendizaje y crecimiento. Aprovecha dichas situaciones para la reflexión, el análisis y la mejora.

6. Hacer preguntas abiertas de tal forma que sea el niño el que hable, no lo adultos, evitando darle las respuestas con nuestros argumentos.

Es lo que denominamos diálogo socrático, es decir, utilizar las preguntas como forma de que el niño llegue a la reflexión y al conocimiento. Se trata de que a través de una conversación tranquila el niño vaya contestando a las preguntas planteadas y, tras su respuesta continuemos generando debate y más preguntas de tal manera que la conversación permita la reflexión, el análisis de la situación y la valoración de las consecuencias.

7. Permitir los silencios, entenderlos como espacios de reflexión y análisis.

En ocasiones, vivimos los silencios como espacios desagradables, cortantes e incómodos.  En ocasiones, las conversaciones con nuestros hijos son monólogos llenos de argumentos de por qué deben cambiar. Sin embargo el silencio puede ser utilizado como un recurso con un gran valor educativo, que permita tiempos y espacios de calma, de reflexión, de respeto y de reencuentro con uno mismo.

8.- Olvidarse de los reproches y de todo lo ocurrido en el pasado.

Hay que centrarse en el momento actual y en buscar soluciones, no culpables. Poner el acento en todas sus fortalezas, creer en él y en la posibilidad de mejora, crecimiento y maduración como persona. Decirlo y hacerlo explícito, el niño nunca debe dudar que creemos en él y que entendemos los conflictos y problemas cotidianos como momentos perfectos para reflexionar y mejorar.

Imagén de la cita: Geralt | Pixabay

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