¿El retorno de lo desaparecido? ¿O lo que no cesa de no desaparecer?: 50 años después

La Salud Mental frente a la repetición del terrorismo de estado.

¿El retorno de lo desaparecido? ¿O lo que no cesa de no desaparecer?: 50 años después

El 50 aniversario del Golpe de Estado Cívico Eclesiástico Militar nos demanda una mirada retrospectiva y resiliente desde la praxis como profesionales de la salud mental; al menos  una mirada entre miles posibles que permita estar a la altura de nuestro tiempo en lo que a coyunturas subjetivas y colectivas respecta: “que mejor renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época” decía un ilustre reconocido por todes.

Capitalizando nuestro devenir socio histórico podemos pensar la violencia como un  acto de disciplinamiento cuando es ejercida por el aparato estatal; más aún cuando además se fortalece en los grupos hegemónicos civiles y eclesiásticos para efectivizar su dominación.

Habitamos actualmente escenarios atravesados por  un clima social de altísimo nivel de circulación de violencia simbólica con la hegemonía de la reproducción de discursos de guerra; en donde se legitiman y se naturalizan cuestiones como la vulneración de derechos de los grupos sociales más desprotegidos, y la pérdida de conquistas sociales conseguidas (en materia de género, laboral, de derechos humanos, etc.). En este contexto la baja en la edad de imputabilidad, por ejemplo, la criminalización de la protesta social, la propuesta de eliminar la categoría de femicidio como figura penal, se nos presentan como interpelaciones emanadas desde un aparato estatal que en su nivel de agravio nos recuerdan a lo peor de nuestro pasado.

Como efectores de salud mental y analistas curioses de los contextos que nos rodean sabemos que hay una ineludible relación entre la naturalización justificatoria de la violencia estatal con la normalización de la desigualdad social. En este sentido el desguace del “Estado Social” por parte de gestiones neoliberales elegidas democráticamente que asumen el poder, funcionan en estricta imbricación con el crecimiento del “Estado Penal” (cárceles atestadas, ejercicio represor del quehacer policial, etc.).

No hay Salud Mental sin memoria para vivir en Democracia.

Nos queda apostar por los sentidos subjetivos como operadores epistémicos para  lograr captar las narrativas que, construidas socialmente, puedan habilitarnos a espacios de resistencias y de superación de esta encerrona.

La de la actualidad no es una tarea sencilla, en una época altamente tecnologizada,  los discursos hegemónicos en su performatividad impactan en la disposición de los cuerpos  en los espacios públicos, posibilitan la emergencia de populismos punitivistas, alimentando ideologías de meritocracia  concluyendo en la gobernanza a través del delito.

Aquí emergen como consecuencias lógicas los procesos de des-subjetivación que genera la violencia institucional, la cultura policial en el ejercicio legalizado de la violencia, la desafectación política  en lo que a asuntos de seguridad pública concierne instituyendo tácitamente un “Estado de Excepción” (en el sentido de Estado de No Derecho).

 La crisis democrática vigente, relacionada en nuestro país con la instalación de una demonización hacia lo político,  el desencanto ante los partidos tradicionales, el descenso en la participación electoral, el descompromiso en el ejercicio de ciudadanía, la polarización social en el establecimiento de grietas, el rol de las corporaciones mediáticas en la difusión de noticias tendenciosas, la pérdida de credibilidad en las instituciones públicas, entre otras cuestiones nos remite a la existencia de una especie de “Estado de Excepción”; que en su gobernabilidad, si bien ha sido elegido por los sujetos votantes que constituyen el pueblo , por las modalidades en que se configura espontanea e implícitamente dista del “Estado de Derecho”, tal y como lo vislumbráramos en otras épocas.

Es importante destacar cómo nos historizamos cuando “hacemos salud mental”; de lo contrario es posible reproducir narrativas negadoras y disociantes como la de los dos demonios o  axiomas trillados como el que reza “los derechos de uno terminan donde empiezan los de otros” planteando competencias individualistas donde podría reinar la Justicia Social que emerge de las miradas inclusivas con perspectivas de género y de derechos para desarraigar desigualdades atávicas. Sabemos aquí que la vulnerabilidad no es un atributo del sujeto sino un rasgo de las relaciones sociales.

No hay proceso social sin sujetos, no existen sujetos sin afectividad, no hay relación de poder sin gobierno sobre los afectos; nos repetimos a nosotres mismes como un mantra de salvación para enfrentar nuevas dictaduras que adoptan modalidades sutiles y sofisticadas.

Antes eran pañuelos blancos, ahora son pañuelos verdes, wiphalas, banderas multicolores de la diversidad LGBTIQ+ que nos recuerdan que los lazos sociales pretenden estar intactos aunque se intenten instaurar rivalidades, introyectando en las subjetividades que todo lo ajeno es hostil y amenazante.

Ante un sistema patriarcal, capitalista, neocolonial, adultocéntrico, depredador, capacitista, y extractivista, que nos quiere dividides y tristes: la sororidad de las mujeres es emancipadora, la alegría de les jóvenes es resistencia; ante el mandato de productividad: el ocio  es arte en el reencontrarnos y reconocernos en nuestras propias raíces originarias; quizás en un rotundo esfuerzo de poesía.

Antes fueron los centros clandestinos de detención, la desaparición forzada de personas,  la privatización de nuestras empresas nacionales, el endeudamiento del estado; hoy son los femicidios, la proliferación de posturas odiantes barnizadas bajo el título de “fobias” (homofobia, lesbofobia, transfobia), las nuevas modalidades de esclavitud laboral de les trabajadores autónomes, la estigmatización de la militancia, la despolitización de las practicas, la venta de nuestros glaciares; no existe un punto de comparación entre este pasado ominoso y nuestra realidad actual, sino la misma intolerancia y autoritarismo que subyacen en el no registro del otre en la dignidad de su alteridad.

La psicología se enfrenta a desandar ese andamiaje que como todo dispositivo de biopoder se instala, se cuela y se reproduce de la manera más silenciosa. El reto para quienes “hacemos salud mental” es des-patologizar el malestar subjetivo que este orden de cosas genera, de construyendo el empuje a la sobre medicación y al sobre diagnóstico. Algo tiene que ser dicho; en este soportar la estructura trágica de la historia, y más allá de cualquier goce solitario que se imponga, aun cuando persista una falla sistemática en el intento de representar lo excluido de cualquier sentido y desde la extimidad de los sujetos, se bordean nuevos límites.

Hoy sabemos que les desaparecides por la última dictadura cívico eclesiástica militar fueron 30400; hoy les que resistimos somos todes les que añoramos una Matria Grande Soberana y Latinoamericana.

Ante un Otro que goza perversamente con la pobreza, con el cercenamiento de la alteridad, invisibilizándonos al nombrarnos individuos aislados absolutamente responsables de nuestra felicidad; emergen las modalidades de lo comunitario que con su inherente politicidad amenazan con recrearlo y recuperarlo todo.

El trauma histórico desarticula el tejido social, y en su repetición ¿cómo se zurce? ¿Cuáles son sus intentos de tramitarse? Quizás desde los anudamientos singulares que emergen habitando los espacios públicos, en las marchas, en las manifestaciones colectivas de les menos favorecides de este sistema, en la defensa de las leyes de inclusión que supimos conseguir, en la oposición al ecocidio empresarial, en la no propagación de fakenews que apuntan a instalar un odio a lo distinto como descarga regia de la impotencia social que tanta dominación genera; y sobretodo en el quiebre y la desarticulación de la creencia de salvarse solo. Quizás una contra- pedagogía de la crueldad implica aceptar que nadie se salva solo y que nadie salva a nadie. Urge aprehender la interdependencia de las vidas: la violencia contra el otre es violencia contra una misma. ¡Que caigan los mandatos de felicidad individualista! Que la psicología nos sirva para leer entre líneas, que si el bienestar no es para todes es reproducción de privilegios y que la salud mental tiene siempre un sustento que es colectivo.

Fuentes y recursos de información

  • Bonvillani Andrea “Derivas punitivistas en los primeros años del gobierno libertario en Argentina: la institucionalización de la crueldad como política del mileismo” en Revista Ecuador Debate N126, marzo 2026.
  • Butler Judith La fuerza de la no violencia, Ed Paidós, Bs As, 2020.
  • Ceron Plaza Ismael Psicoterapia Queer, Ed Bellaterra, España, 2023.
  • Crisafulli L, Coppola P.; Perano J. Estado de no derecho: violencia institucional en la democracia argentina comp. Editores del Sur, Bs As, 2025.
  • Farran Roque La razón de los afectos: populismo, feminismo, psicoanálisis. Ed Prometeo, Bs As, 2021.
  • Laurent Eric El reverso de la biopolítica, Ed Grama, Bs As, 2016.
  • Miller Jacques Alain El Otro que no existe y sus comités de ética; seminario en colaboración con Eric Laurent. Ed Paidos, Bs As 2005.
  • Miller Jacques Alain Un esfuerzo de poesía, Ed Paidos, Bs As 2016.
  • Miller Jacques Alain El ultimísimo Lacan, Ed Paidos, Bs As 2020.
  • Papalía Nicolás J La rebelión de los mandriles: el impacto de la violencia en la sociedad contemporánea, Ed Galerna, Bs As, 2025.
  • Segato Rita Contra-pedagogías de la crueldad, Ed Prometeo, Bs As, 2018.
  • Segato Rita Las estructuras elementales de la violencia: ensayos sobre genero entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanosEd Prometeo, Bs As 2010

Cómo citar este Artículo

Sabuquillo, G. (2026, marzo 24). ¿El retorno de lo desaparecido? ¿O lo que no cesa de no desaparecer?: 50 años después. Actualidad en Psicología. https://www.actualidadenpsicologia.com/el-retorno-de-lo-desaparecido/

Gisela es psicóloga desde el año 2004, graduada en la Universidad Nacional de Córdoba. Se ha desempeñado como residente en salud pública; actualmente cursa su especialidad en Violencias en el Ministerio de La Mujer, y se desempeña en el Polo Integral de la Mujer.

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