El insomnio y las dificultades para mantener el sueño son prevalentes en condiciones del neurodesarrollo como el espectro autista, manifestándose frecuentemente desde los primeros meses de vida. Históricamente, la práctica clínica ha reconocido que las diferencias en el procesamiento sensorial —un rasgo diagnóstico central del autismo— contribuyen a estos problemas. Sin embargo, existía un importante vacío en la literatura respecto a los mecanismos neuronales precisos:
¿Se deben estas alteraciones a un fallo en el filtrado cerebral de los estímulos ambientales mientras el bebé duerme?
Para resolver esta incógnita, De Laet, Gliga y su equipo de investigación abordaron el problema analizando la actividad electroencefalográfica de lactantes frente a estímulos experimentales, demostrando que la sensibilidad sensorial altera fundamentalmente la capacidad del cerebro para desconectarse del entorno.
Impacto de la reactividad sensorial en el sueño
El trabajo de De Laet y colaboradores revela que los bebés con alta reactividad sensorial no necesariamente duermen menos tiempo en su fase profunda, pero la calidad de ese sueño es significativamente más superficial. Los descubrimientos más novedosos incluyen:
Atenuación de las ondas lentas
Los lactantes con puntuaciones más altas en reactividad sensorial mostraron una menor actividad de ondas lentas (SWA) y una menor densidad de estas, independientemente de si el entorno era ruidoso o silencioso.
Vulnerabilidad ante estímulos auditivos
Durante las siestas con estimulación acústica, el grupo de alta reactividad experimentó una caída adicional en la densidad de ondas lentas y una reducción significativa en la densidad de los husos de sueño (sleep spindles), indicando una incapacidad para mantener el bloqueo sensorial.
Supresión de los complejos K
Se observó que una alta reactividad sensorial predice una menor probabilidad general de aparición de complejos K, un mecanismo neurofisiológico clave para la protección del sueño, sin importar la presenciade ruido externo.
Efecto generalizado del ruido
La estimulación auditiva redujo la duración total de lasiesta en todos los participantes (de 62.2 minutos a 50.9 minutos en promedio),revelando que, aunque los lactantes no parezcan visiblemente perturbados, sudescanso se interrumpe de forma encubierta.
Metodología y limitaciones del estudio
El equipo coordinado por De Laet evaluó a una muestra de 41 lactantes (n=41) de entre 8 y 11 meses de edad. La muestra incluyó intencionalmente a bebés con una probabilidad elevada de desarrollar autismo (por tener hermanos mayores diagnosticados) para garantizar una variabilidada decuada en los perfiles sensoriales.
El diseño experimental consistió en polisomnografías (EEG) realizadas en un laboratorio del sueño durante dos condiciones de siesta contrabalanceadas: una de línea base (silencio) y otra de estimulación (tonos puros de 60 dBA y 225 Hz reproducidos durante el sueño). La reactividad sensorial fue evaluada mediante el reporte de los cuidadores utilizando el Sensory Profile 2 (SP-2).
Para mantener el rigor y la honestidad intelectual, los autores señalan varias limitaciones críticas:
- Se permitió a los cuidadores recrear los arreglos de sueño típicos de casa (ej. sostener al bebé en brazos o acostarlo en la cuna), lo que pudo introducir ligeras variaciones en la percepción del volumen del estímulo auditivo.
- Los algoritmos automatizados utilizados para la detección de ondas lentas y husos de sueño en lactantes aún no alcanzan la precisión de los utilizados en estudios con adultos.
- El diseño del estudio en laboratorio podría excluir involuntariamente a los "malos durmientes", un sesgo metodológico común en la investigación del sueño infantil.
Conclusión
La investigación de De Laet y su equipo trasciende la simplecorrelación clínica al demostrar que la reactividad sensorial elevada altera lamicroarquitectura misma del sueño. Esto significa que los cerebros de estoslactantes enfrentan una dificultad intrínseca para alcanzar un estado dedescanso profundo y restaurador, operando en un estado de alerta persistente.
A nivel práctico para psicólogos y profesionales de la salud, estos datos sugieren que prescribir un "ambiente silencioso"e s una medida necesaria, pero insuficiente. Dado que el déficit en el acoplamiento sensorial persiste incluso en el silencio, las futuras líneas de intervención temprana deberían enfocarse en estrategias de regulación sensorial durante la vigilia. Mejorar el procesamiento sensorial diurno podría ser la clave para optimizar la presión del sueño y facilitar el desarrollo neurológico normativo durante la noche.

Fuentes y recursos de información
De Laet, A., Whitworth, M., Fincham, H., Lazar, A., Bedford, R., & Gliga, T. (2026). Sound asleep: sensory decoupling during sleep depends on an infant’s sensory profile. SLEEP. DOI: 10.1093/sleep/zsag010