El sobrenombre es una variedad de nombre propio que cumple un importante rol sociocultural , favoreciendo una identificación más realista de las personas y establecimiento vínculos especiales entre los individuos que  los poseen y los usan…
L.A.Gómez , ( 1999).

La importancia de los apodos

¿Recuerda los buenos tiempos de la escuela primaria cuando todos lo llamaban con cualquier nombre menos el que le impusieron sus padres?

Habrá tenido mucha suerte si lo llamaban con sobrenombres como Jefe o As, o tal vez tuvo la mala suerte de lo que lo llamaron Dumbo o Puerco.

Al principio estos apodos pueden parecer muy graciosos y divertidos, pero solo a los adultos, que no son conscientes de que este tipo de “nombres” son insoportables para los niños y que crean las diferencias y desigualdades entre sus compañeros.

Los apodos les enseñan a los niños sobre el estatus social, la amistad y la moral.

Para poder entender mejor la importancia de los apodos, Rom Harré y sus colegas (1980) hicieron una encuesta con los adolescentes de Estados Unidos.  Los resultados de esta encuesta mostraron que los niños que no tienen un apodo se sienten menos importantes dentro de un grupo, más bien aislados y olvidados.

Como dice Harré (1980): “Tener un apodo equivale a poseer un atributo que nos hace merecedores de la atención social, aun cuando sea negativo. Por tanto, quizá sea mejor que nos llaman Cerdo que simplemente Juan”.

A través de los apodos los niños ponen una etiqueta a las personas. Eso ocurre sobre todo dentro de los grupos de compañeros. Todo parece ser importante en esta selección.  Los rasgos de personalidad, los rasgos faciales, la fuerza, posturas, velocidad y tono de la voz, etc. Los lideres de un grupo usan las “Panzas” para mostrar quien puede ser miembro de este grupo.

Por desgracia, los apodos causan mucho estrés y sufrimiento. “Pero los niños a menudo son las victimas voluntarias”.

No es necesario el más gordo, el más tonto ni el más sucio al que llaman Hipopótamo o Garras, sino al que está dispuesto a soportar la humillación de ser el símbolo de la avercía infantil, de la imprevisión y de la aversión al baño (Harré , 1980).

Los apodos y la cultura

Los niños no emplean los apodos de la misma manera en las diferentes culturas. Apodos como “Tullido” o “Trespatas “ , con las que se burlan de deformidades físicas , son mucho más comunes en los países árabes que en Inglaterra o Japón.

Los niños japoneses prefieren utilizar analogías de animales o insectos. Sin embargo, en cualquier cultura parece que los apodos ayudan al niño a construir la realidad social que lleva consigo hasta la adultez “(G.J.Craig, 2001).

La razón por la que aparecen los apodos

La razón por la que aparecen los apodos se debe, sin duda, a que han de cubrir una serie de necesidades comunicativas, sociales, emotivas y estéticas.

Sirven para distinguir, identificar, precisar la identificación; para marcar una relación entre algunas características del sobre-nombrado y su apelativo, así como para establecer rangos o grupos sociales, aportar valores afectivos, introducir connotaciones, clasificar, economizar lenguaje o ganar relevancia, ofender, fomentar y practicar la creatividad, establecer comparaciones y jugar con el lenguaje (Fernández , 2000).

Lo bueno de los apodos

Los apodos que destacan las habilidades que poseen los niños para ciertas competencias, concursos, deportes y actividades educativas, refuerzan su seguridad.

Lo perciben como una herramienta positiva que los distingue de los demás indica. Por ejemplo, “El Oso“, habrá quienes se identifiquen con el mote porque lo relacionan con fuerza o corpulencia, “El 300” porque posee un buen físico, “Godzilla” por grande e imponente (L. García, 2007).

Los motes les permiten ser identificados por los demás, incluso por nuevas personas que los ubican fácilmente.

Los niños tienen un gran ingenio para crear apodos, tanto que a veces resultan indelebles al seguir a la persona desde la infancia hasta la adultez.

Como el caso de los apodos que ponen los hermanos: “La Bambi” a la más tierna, “Tambor” al más ruidoso y a los más pequeños de la familia, “El Pollo” o “La Beba“. También surgen sobrenombres relacionados a personajes animados, explica García como “Dexter”, de la caricatura “El Laboratorio de Dexter“, para referirse a los niños genios.

Origen social de los apodos

El origen social de los apodos, propuesto por J. Avilés (2004) tal como dice el refrán empleado por los nicaragüenses: “Los apodos comienzan en casa”, estableciéndole un papel e importancia un poco desmedida al ámbito familiar, en torno a este fenómeno.

En especial durante el período de la niñez, sobre todo, asociando al mal pronunciamiento de su propio nombre o de otras personas del mismo círculo que al llamarlo, lo pronuncian mal.

El fenómeno se extiende más allá del nombre, y podría generalizarse al mal pronunciamiento de la cualquier otra palabra, durante el proceso de socialización familiar.

Cuando este proceso de socialización se extiende a la escuela, ésta pasa a ser fuente de origen de una buena cantidad de apodos, cuando el grupo de niños o adolescentes desarrollan una fuerte interacción, en la que todos y cada uno de ellos está sujeto a la presión social.

Inadecuados procedimientos y métodos pedagógicos, —en cuanto al tratamiento de los niños, por parte de los maestros—, son factores desencadenantes y motivantes de muchos apodos estudiantiles, originados por burlas o descalificaciones, hechas por los maestros en el aula, en presencia del resto de compañeros, quienes sin piedad se convierten en los más crueles e incisivos pone nombres de sus condiscípulos.

En esta época colegial el mismo defecto de un compañero es magnificado y traducido en apodo, resultando muchas veces verdaderas caricaturas habladas del compañero apodado.

Debe agregarse que desde los primeros años de vida durante el proceso de aprendizaje, de forma lúdica, niños y niñas, aprenden inconscientemente poner malos apodos.

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