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Actualmente existe una enorme presión social sobre los padres para que sus hijos sean exitosos académicamente, y esto se empieza a evidenciar inclusive desde el preescolar, como una abrumadora presión para que ingresen a las mejores instituciones educativas y que en un futuro tengan las mejores oportunidades para tener una vida feliz y exitosa… y esto desde ¡Preescolar!

Una consecuencia de dicha mentalidad es que los tiempos de receso y recreos se han visto disminuidos y los niños pasan una cantidad cada vez mayor de tiempo en el interior del aula de clase, realizando pruebas y probando su capacidad de aprendizaje, se han sustituido asignaturas como las artes y la educación física.

Los padres en consecuencia, ya sea por recomendación de la institución educativa o por iniciativa propia, recurren cada vez más a intervenciones médicas para ayudar a sus hijos a mantenerse enfocados.

Un reciente artículo publicado por la National Public Radio (NPR) sugiere que debemos comenzar a reexaminar las actitudes prevalecientes hacia las capacidades de atención de los niños, especialmente la prevalencia moderna de diagnósticos de TDAH.

Cualquier niño que se balancea un poco y se distraiga momentáneamente puede ser rotulado bajo los actuales criterios del DSM-5, como alguien con un déficit.

A ello se suma la circunstancia de pretender mantenerlos en sus asientos pasivamente durante largos períodos de tiempo en lugar de involucrarlos en el aprendizaje, que es cambiante y activo.

Tenga en cuenta estas cuatro pautas cuando se trata de determinar  la dificultad de su propio hijo en la escuela.

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  1. Los Diagnósticos de TDAH han aumentado dramáticamente.

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El diagnóstico del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad  (TDAH) en los niños en EEUU ha aumentado 30% en los últimos 20 años.

Sin embargo, según los expertos en genética,  dicho cambio tan dramático indican que la tasa de este incremento es demasiado rápida para ser el resultado de la evolución genética.

La desconexión entre la atención y tratamiento para una condición que aumenta su prevalencia y el fuerte aumento de los diagnósticos de TDAH, sugiere que muchos niños están siendo tratados y medicados para una condición que no poseen.

 

  1. Los criterios para el diagnóstico del TDAH son subjetivos e insuficientes.

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El diagnóstico actual del TDAH se puede realizar según una práctica estándar que permite un diagnóstico, con tan solo cumplir positivamente con seis de nueve características de inatención o hiperactividad e impulsividad de una prueba tipo checklist.

Dimitri Christakis, profesor de pediatría en la Universidad de Washington y el director del Centro de Salud del Niño, Comportamiento y Desarrollo del Hospital Infantil de Seattle, afirma  que emplear este tipo de herramientas de medición es inadecuado para realizar un correcto diagnóstico del TDAH.

La investigación del doctor Christakis sugiere que la capacidad para sostener y focalizar la atención es más sutil que cualquier cuestionario checklist de nueve preguntas.

 

  1. El diagnóstico del TDAH debería tener un sustento en la neurociencia.

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A pesar de la falta de marcadores genéticos para este transtorno, neurocientíficos de la Universidad de Yale han encontrado vínculos entre ciertos patrones de actividad de redes neuronales e individuos con diagnósticos severos de TDAH.

Los investigadores señalaron, sin embargo, que su técnica para la identificación de personas con dificultad para concentrarse, no está lista para su uso como una herramienta de diagnóstico.

Un reto adicional en la utilización de técnicas de neuro-imagen cerebral para el diagnóstico del TDAH es que la dificultad para concentrarse es un síntoma que no solo está presente en el  TDAH, y que no existe actualmente una forma de distinguir entre la incapacidad de una persona para concentrarse a causa del TDAH o de otros trastornos como son la depresión, problemas de aprendizaje y el autismo.

Aun cuando las nuevas investigaciones aportan  evidencia que parece prometedora, los expertos aún no están seguros de su capacidad para diagnosticar el TDAH.

 

  1. El verdadero problema no se puede tratar con medicamentos.

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Es normal tanto niños como adultos en ocasiones tengan dificultades para mantener y focalizar su atención en tareas superfluas y sin importancia.

Pero antes de llegar apresuradamente al consultorio del neuropediatra  por medicación de control,  intente primero este simple remedio casero: el ejercicio, la incorporación del movimiento y la actividad en su día a día  puede ayudar a su hijo a liberar un poco de energía acumulada, y ayudarlo a enfocar su atención cuando la necesite.

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Si esto no funciona y los síntomas persistenten tanto en la escuela como en el hogar y estos conllevan un deterioro tanto en la interacción social como en el rendimiento académico, lo más conveniente sería primero acudir a un profesional para un correcto diagnóstico neuropsicológico.

No hay duda de que los padres quieren lo mejor para sus hijos, sin embargo medicar a su hijo desde una edad temprana puede causar más daño que bien.

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