Una hora semanal de jardinería mejora hábitos alimenticios y actividad física en preescolares

Observaciones de maestros indican que la jardinería en preescolares promueve hábitos alimenticios saludables y aumento de actividad física

Una hora semanal de jardinería mejora hábitos alimenticios y actividad física en preescolares
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La desconexión progresiva entre la infancia y el entorno natural es una preocupación creciente en la psicología del desarrollo. El estilo de vida contemporáneo, marcado por la urbanización y la dependencia digital, ha precipitado una disminución en la actividad física y alteraciones en los hábitos dietéticos desde edades tempranas.

En este contexto, la Teoría de la Restauración de la Atención (ART) y los principios de la cognición encarnada (embodied cognition) sugieren que la interacción física con la naturaleza no es meramente recreativa, sino fundamental para la regulación cognitiva y emocional. Para abordar este vacío empírico en poblaciones jóvenes, Jeong y su equipo (2025) publicaron recientemente una investigación en Acta Psychologica que evalúa la eficacia de una intervención basada en la jardinería dentro del currículo preescolar.

Más allá del juego al aire libre

El estudio parte de una premisa crítica: la educación infantil no solo debe enfocarse en habilidades académicas, sino en un desarrollo holístico que incluya la salud física y la alfabetización ecológica. Jeong y colaboradores argumentan que la falta de interacción natural contribuye a la inestabilidad emocional y a déficits en la curiosidad exploratoria.

La investigación se alinea con el Currículo Nuri de Corea (que enfatiza la educación ecológica), buscando validar si una intervención estructurada de jardinería puede actuar como una herramienta de terapia hortícola (HT) preventiva, mejorando variables psicofísicas concretas en niños de cinco años.

Para garantizar la honestidad intelectual y la correcta interpretación de los datos, es crucial detallar el diseño del estudio dirigido por Jeong.

  • Muestra (n): El estudio contó con una muestra pequeña de 30 niños de cinco años de guarderías en Seúl, divididos en un grupo experimental (n=15) y un grupo control (n=15).
  • Diseño: Se trató de un ensayo controlado no aleatorizado de 16 semanas de duración.
  • Intervención: El grupo experimental participó en actividades de jardinería estructuradas (siembra, cuidado y cosecha de lechugas, tomates cherry y hierbas) durante una hora semanal. El grupo control continuó con su rutina habitual.
  • Instrumentos: Se utilizaron cuestionarios de observación para padres y maestros (POQ y TOQ) para medir hábitos alimenticios, calidad del sueño, habilidades sociales y familiaridad con las plantas.

Discrepancias entre escuela y hogar

El análisis de datos realizado por el equipo de Jeong, Moon y Yoo arroja resultados mixtos que invitan a la reflexión sobre la influencia del contexto en la conducta infantil.

  • Mejora significativa en hábitos alimenticios (reporte docente): El hallazgo más robusto fue el cambio en la conducta alimentaria observada por los maestros (p = .002). Los niños del programa de jardinería mostraron una mayor disposición a probar vegetales y mejores modales en la mesa dentro del entorno escolar.
  • Aumento de la Actividad Física: El grupo experimental mostró un incremento significativo en sus niveles de actividad física (p < .001) con un tamaño del efecto medio-alto (d = 0.749). Las demandas físicas de la jardinería (cavar, transportar agua) actuaron como un catalizador motor superior al juego libre del grupo control.
  • Familiaridad Botánica: Como era de esperar, la familiaridad con las plantas y la comprensión de su ciclo vital aumentaron drásticamente en el grupo experimental (p < .001).
  • La Paradoja del Entorno (Escuela vs. Casa): Un dato crítico es que no se observaron mejoras significativas en los hábitos alimenticios reportados por los padres en el hogar. Esto sugiere que la conducta alimentaria es altamente dependiente del contexto; los niños pueden comer mejor en un entorno estructurado y social como la escuela, donde participaron en el cultivo, pero no transfieren automáticamente ese hábito al hogar sin una intervención familiar paralela.
  • Sin cambios en el sueño: A diferencia de lo hipotetizado, la calidad del sueño no varió significativamente, lo que indica que una hora semanal puede ser insuficiente para alterar ritmos circadianos o patrones de descanso consolidados.

Es imperativo analizar este estudio con cautela debido a sus limitaciones metodológicas, explícitamente reconocidas por Jeong y sus coautores:

  1. Tamaño muestral: Con un n=30, el poder estadístico es limitado y la generalización de los resultados debe ser prudente.
  2. Sesgo de observación: La discrepancia entre los informes de maestros y padres podría reflejar un sesgo del observador o diferencias reales de comportamiento según el entorno.
  3. Falta de aleatorización: La asignación no aleatoria introduce posibles variables de confusión relacionadas con la inscripción en guarderías específicas.

Implicaciones para la psicología educativa

La investigación de Jeong, Moon, Yoo et al. (2025) ofrece una validación preliminar pero valiosa de la jardinería escolar como herramienta de salud pública y desarrollo psicológico.

Para los profesionales de la psicología y la educación, la lección principal reside en la especificidad del contexto: las intervenciones escolares pueden modificar conductas dentro de la institución, pero la transferencia al hogar sigue siendo un desafío que requiere estrategias puente (involucrar a los padres). No obstante, integrar la jardinería en el currículo preescolar se perfila como una estrategia costo-efectiva para combatir el sedentarismo y fomentar una relación empática con el entorno natural desde la primera infancia.

Fuentes y recursos de información

Jeong, S., Moon, J., Yoo, E., Kang, Y., Park, D., & Uygun, M. (2025). Effect of gardening activities in early childhood education institutions. Acta Psychologica, 260, 105723. DOI: 10.1016/j.actpsy.2025.105723