El género unisex: ¿Es posible la no injerencia de género en la educacion parentofilial?

El desarrollo de la autonomía psicológica en la infancia surge del proceso identificatorio con las figuras de apego y no de la ausencia de marcos iniciales

El género unisex: ¿Es posible la no injerencia de género en la educacion parentofilial?
Imagen de © Depositphotos.

¿Es posible bien-criar a un niño o una niña sin una suerte de paleta de colores con los que pintará su vida, sin un racimo de ejemplos identificatorios, tanto consciente como inconscientes?

¿Qué pretendemos al poner a nuestro recién nacido un nombre unisex?

¿A caso pensamos que así podremos criarla o criarlo en la no injerencia?

¿Acaso pensamos que el aprender a elegir lo que se es, o se desea, en definitiva, el saber bien-elegir en una criatura que se abre al mundo, se desarrolla a partir de una supuesta no elección otorgada por parte de quienes lo cuidan?

Queramos o no, tengamos las resistencias que tengamos, es inevitable la identificación, y será ella la precursora del género, más allá de los condicionantes biológicos. Somos seres que van siendo a partir de procesos identificatorios y contra identificatorios. Y más cosas, pero estas que mencionamos, indudablemente.

Están de moda los nombres unisex. Y la moda, ya se sabe, moda es. Hace unos años comenzó a extenderse (ósea: se puso de moda) entre aitas y amas, una suerte de uso educativo gandhiano, un manual pacifista con el que abordar pataletas y rabietas, con espumarajos o sin, que proferían los más pequeños a sus progenitores.

Suavidad y dialogo. Incansable timing ZEN por parte de ellas y ellos. En ocasiones, la suave cadencia de sus palabras, era respondida con más patadas, más gritos y demás. ¿En fin, quien dijo que, en una sociedad laica, lo de la otra mejilla no se podría filtrar como un modo educativo ultramoderno? Fuera bromas, ¿acaso no es agresión la falta de contacto contenedor? No hablo de pegar. Hablo de proteger.

¿Qué problema tenemos en proponernos como ejemplos de vida o como adultos que hacen uso de la palabra y del cuerpo, ante nuestros hijos e hijas? O dicho de forma menos retórica, ¿Qué problema tenemos en ser modelos de identificación y contención?

Es como si tuviéramos una especial precaución en no estropear el fruto de nuestro deseo. Verlos sufrir nos interpela en nuestra vida, con cómo los queremos, si les cuidamos lo suficiente o nos faltan saberes que no alcanzamos.

Rizar el rizo. Evitar el trauma. Como si el trauma fuera resultado de un mal hacer activo, excesivo, represor por parte de quien nos debiera bien querer y bien cuidar. Que si, que también. Pero, miremos con detención. La falta de orientación hace que nos perdamos. Si en la vida se trata de aprender a orientarnos, cómo vamos a lograrlo sin un aprendizaje adecuado que nos ubique en un cuerpo, a partir del cual echar a andar.

La orientación no surge de la nada, no es endógeno ni auto génico. Se nutre en la relación, en la imbricación con las figuras tempranas de apego. ¿Apego? Si, de pegamento. De contacto. De sostén real y afectivo. De contención, también. Lugar en donde se gesta el germen de pertenencia, en los albores primeros, a través del olor, el alimento, el calor, los sonidos precursores de un futuro sentido idiomático, haciendo que la carne, al ser hablada y tocada, deje de ser carne, comenzando su andadura hacía la propiocepción de un cuerpo que transitara de la fusión hacia la individuación, hacía la paulatina autopercatación de un cuerpo que irá adquiriendo autonomía.

En este microcosmos biológico y amoroso, entre la teta y la boca, entre la piel y el susurro acunado, entre el cuidado de un cuerpo que se mancha y excede, con la cuidadora presencia de otro cuerpo-fuente, el de mama, que la renueva y lo revitaliza; se da el primer lugar. La huella de ese primer lugar perdurará. El bebe siente ese lugar como su lugar. Ahí el germen de la pertenencia primaria. Luego vendrán otras...

Me siento perteneciente porque hay identificación. La identificación no es una imposición a ser o hacer lo que uno o una no quiere ser o hacer. Es un espejo. No sólo en el sentido especular de un cuerpo y su apariencia, que también. Es una teta simbólica de la que nutrirse. En primera instancia, es un GPS que orienta un sentido, pero no determina la dirección que debas de tomar. Y es a partir de esto segundo que podremos hablar de libertad. Pero sin GPS, no hay libertad.

Un nombre unisex es como darle a una criatura el manual de un GPS en varios idiomas, para que pueda elegir el que SIENTA que es el suyo. ¡Pero es que siempre habrá más y más idiomas! Y cuantas más introduzcamos en el manual, más desorientación daremos al pequeñajo o a la pequeñaja. Dale un GPS en tu idioma, que no esté dañado y funcione, y háblale de lo precioso de hablar idiomas., Oriéntale a saber, sobre una base sólida. Oriéntale a desear y a experimentar su camino.

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Cómo citar este Artículo

Torrealdea Koskorrotza, K. (2026, septiembre 8). El género unisex: ¿Es posible la no injerencia de género en la educacion parentofilial?. Actualidad en Psicología. https://www.actualidadenpsicologia.com/el-genero-unisex/

Psicólogo Especializado en Psicología Clínica. Formación en psicoanálisis Psicoterapeuta acreditado por la EFTA y la FEAP. Miembro de la AEN (Asociación Española de Neuropsiquiatría)

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