Durante décadas, la psicología ambiental ha argumentado que estar en contacto con el entorno natural reduce el estrés y mejora nuestro estado de ánimo. Sin embargo, la mayor parte de lo que sabemos se ha construido observando casi exclusivamente a poblaciones de países desarrollados y occidentales.
Para responder si esta relación es un fenómeno humano universal o un privilégio cultural, la investigadora Lea Barbett y su equipo (2026) emprendieron el análisis internacional más ambicioso hasta la fecha sobre nuestra conexión psicológica con el entorno.
Del contacto superficial a la identidad compartida
Durante décadas, la psicología ambiental ha analizado la conexión con la naturaleza (nature connectedness). Este constructo no se refiere a la mera cantidad de tiempo que pasamos al aire libre o a visitar un parque el fin de semana.
Este es un constructo psicológico interno, el cual es la medida en que una persona integra el mundo natural en su propio concepto de identidad y siente una pertenencia emocional e intuitiva hacia la Tierra.
Piensa en ello como la diferencia entre visitar una casa y sentir que perteneces a ella. Quienes poseen una alta conexión no solo ven árboles; experimentan una sensación de asombro, empatía y fraternidad con la vida silvestre.
Barbett y sus colaboradores (2026) postularon una hipótesis clara: esta integración afectiva y cognitiva con la naturaleza actúa como un andamio psicológico que predice múltiples dimensiones del bienestar personal en cualquier rincón del globo. Específicamente, evaluaron seis pilares fundamentales:
- Sentido de propósito en la vida (eudaimonía)
- Esperanza
- Satisfacción con la vida
- Afrontamiento resiliente (capacidad de adaptarse a la adversidad)
- Optimismo
- Atención plena (mindfulness de rasgo)
Una fuerza universal con matices insospechados
Los análisis estadísticos arrojaron que sentirse parte de la naturaleza predice de manera sólida un mayor bienestar en todo el globo. Sin embargo, la intensidad de este efecto varía según las características socioeconómicas y culturales de cada nación.
1. Sostén transversal del bienestar psicológico
A nivel general, la conexión con la naturaleza mostró asociaciones positivas significativas con el propósito de vida (b = 0.21), la esperanza (b = 0.21), la atención plena (b = 0.26) y el afrontamiento resiliente (b = 0.28). Integrar el entorno natural en la identidad individual actúa como un motor interno que nutre la capacidad de recuperación adaptativa ante situaciones adversas.
2. El efecto amortiguador en contextos desfavorables
La relación entre el vínculo con la naturaleza y el bienestar resultó ser sorpresivamente más fuerte en países con menor desempeño ambiental (según el Índice de Desempeño Ambiental) y menor desarrollo humano ajustado por desigualdad (IHDI).
En entornos donde los recursos sociales o la infraestructura pública son escasos, la conexión psicológica con el entorno natural funciona como un colchón emocional que protege a los individuos de las amenazas macroestructurales.
3. La amplificación colectivista
La asociación fue más pronunciada en naciones con orientaciones culturales colectivistas frente a aquellas de corte individualista. En culturas donde el yo se define a través de las relaciones e interdependencias, la sensación de integración con la red biológica se asimila con mayor fluidez y genera recompensas psicológicas más acentuadas.
El equipo de Barbett examinó una muestra masiva de N = 36,803 participantes distribuidos en 75 naciones, cuyos datos fueron recopilados entre 2020 y 2022 mediante el esfuerzo multinacional del Consorcio C19. Para analizar la compleja estructura de datos, utilizaron modelos de regresión lineal multinivel donde los individuos estaban anidados dentro de sus respectivos países.
Dado que la recolección de datos se basó en un diseño transversal realizado en un único punto en el tiempo, no es posible establecer una relación de causalidad estricta. Es viable que las personas con mayor bienestar busquen activamente conectarse con el entorno natural, o que existan variables no observadas que influyan en ambas direcciones. Asimismo, la muestra estuvo integrada predominantemente por estudiantes universitarios recopilados durante la pandemia de COVID-19, lo que sesga la representatividad hacia poblaciones con mayor nivel educativo.
Redefiniendo nuestra relación con el entorno
Tradicionalmente, las políticas públicas han tratado la conservación ambiental y la salud mental como dos agendas separadas. El trabajo de Barbett demuestra que la salud del individuo y su integración psicológica con el entorno planetario están entrelazadas de manera indisoluble.
Este hallazgo cuestiona la idea de que la conexión con la naturaleza es solo un pasatiempo de las clases acomodadas. Por el contrario, revela que para las comunidades vulnerables o con acceso restringido a recursos sociales, el vínculo con el entorno vivo puede ser uno de los recursos psicológicos más accesibles para cultivar la esperanza y la resiliencia.
Si futuros estudios longitudinales confirman la dirección causal de estos efectos, fomentar la reconexión con la naturaleza mediante intervenciones comunitarias, el diseño urbano sustentable o la educación ambiental no será únicamente un objetivo ecológico. Será, ante todo, una estrategia accesible y global para la salud mental.
Fuentes y recursos de información
Barbett, L., Syropoulos, S., & Capozzoli, J. (2026). Nature connectedness and well-being: Evidence from a multi-national investigation across 75 countries. Journal of Environmental Psychology, 110, 102895. DOI: 10.1016/j.jenvp.2025.102895