En un mundo donde los videojuegos son una presencia casi constante en la vida de muchos niños, especialmente los varones, surgen preguntas fundamentales: ¿qué impacto real tienen estas horas frente a la pantalla en su comportamiento y, crucialmente, en sus habilidades sociales?, ¿fomentan el aislamiento y la agresividad, o pueden, bajo ciertas condiciones, potenciar la conexión y el trabajo en equipo?
Ante esta encrucijada, una nueva investigación liderada por Mahboubeh Alborzi y Mahsa Torabi, publicada en el prestigioso Games for Health Journal, ofrece una mirada detallada y matizada. Su estudio se sumerge directamente en la compleja relación entre los tipos específicos de videojuegos que consumen los niños varones en edad escolar, el tiempo que les dedican y el desarrollo de sus competencias sociales.
Impacto de los videojuegos en el comportamiento social
Tradicionalmente, el debate sobre el impacto de los juegos digitales en el desarrollo social infantil ha sido recurrente. Ante este debate, Alborzi y Torabi se propusieron investigar cómo los videojuegos afectan el desarrollo social de los niños.
Mientras algunos sostienen que fomentan el aislamiento y la agresividad, otros defienden su capacidad para mejorar la comunicación y el trabajo en equipo, especialmente aquellos de naturaleza colaborativa. Dada la creciente popularidad de los videojuegos entre los menores y la evolución de las actitudes de padres y educadores, los investigadores consideraron esencial una investigación más exhaustiva.
El estudio de Alborzi y Torabi se centró en estudiantes varones de cuarto a sexto grado en Irán. Empleando un método de muestreo aleatorio por conglomerados, los investigadores seleccionaron a 192 niños de escuelas primarias que jugaban videojuegos, junto con un número igual de no jugadores para comparar los resultados. Los jugadores se dividieron en cuatro grupos según el juego específico que practicaban: Clash of Clans, Fortnite, Mortal Kombat y PES (Pro Evolution Soccer).
Para evaluar las diferentes dimensiones del comportamiento social, Alborzi y Torabi emplearon un cuestionario validado sobre habilidades sociales. Este cuestionario evaluó la interacción social adecuada, la impulsividad, las tendencias antisociales, el deseo de dominio y las relaciones con los compañeros. Además, se analizó el tiempo dedicado a jugar y si los juegos se practicaban en plataformas móviles o consolas.
Entre la sociabilidad y la competitividad
Los resultados de Alborzi y Torabi revelaron diferencias significativas entre los jugadores y los no jugadores en varias áreas. Aunque no se detectaron diferencias notables en el comportamiento apropiado general o en la agresividad, los jugadores obtuvieron puntuaciones más altas en comportamiento antisocial, deseo de dominio y relaciones con los compañeros.
Este patrón aparentemente contradictorio –más tendencias antisociales pero también mejores relaciones interpersonales– podría reflejar la naturaleza social de muchos juegos, que pueden tanto fomentar la conexión como promover la competitividad.
El nivel de grado también influyó. Los estudiantes de quinto grado mostraron niveles más altos de agresividad y comportamiento de búsqueda de dominio en comparación con sus compañeros más jóvenes y mayores. Esto podría estar relacionado con cambios en el desarrollo, ya que los niños en este grupo de edad a menudo están experimentando transformaciones en su identidad, independencia y roles sociales. Los autores señalaron que la exposición a contenido de juegos agresivos podría amplificar estas tendencias, especialmente entre los niños que ya experimentan cambios emocionales y físicos asociados con la adolescencia temprana.
El tipo de juego y su influencia específica
El tipo de juego practicado tuvo una influencia notable en aspectos concretos del comportamiento social. Clash of Clans, un juego de estrategia con elementos de equipo, se asoció con comportamientos sociales más apropiados y relaciones interpersonales más sólidas. Fortnite, que implica colaboración y competición en línea, también pareció mejorar las relaciones con los compañeros. Fortnite se reveló como un impulsor de la sociabilidad en el entorno digital.
Por otro lado, Mortal Kombat, conocido por su combate violento uno contra uno, se relacionó con niveles más altos de agresividad y comportamiento antisocial en comparación con los otros juegos estudiados. Los niños que jugaban a Mortal Kombat tendían a obtener puntuaciones más altas en impulsividad y más bajas en habilidades relacionadas con los compañeros.
El impacto del tiempo de juego
Alborzi y Torabi hallaron que el tiempo de juego predecía los resultados sociales con mayor fuerza que el tipo de juego. En otras palabras, cuanto más tiempo jugaba un estudiante, más probable era que experimentara cambios –positivos o negativos– en su comportamiento social.
El análisis de regresión demostró que el tiempo dedicado a los juegos digitales era un factor predictivo significativo en todas las dimensiones medidas. Por ejemplo, tiempos de juego más largos se asociaron con un comportamiento más impulsivo, mayores deseos de dominio y relaciones interpersonales más débiles.
La investigación también exploró cómo interactuaban la edad y el tipo de juego. Por ejemplo, los estudiantes más jóvenes que jugaban a Mortal Kombat mostraron un comportamiento más antisocial que los estudiantes mayores que jugaban al mismo juego. Mientras tanto, los jugadores más jóvenes de Clash of Clans obtuvieron mejores resultados en interacción social que los jugadores mayores del mismo juego. Estos hallazgos sugieren que las respuestas específicas por edad al contenido del juego pueden influir en cómo los juegos afectan las habilidades sociales de los niños.
Es importante tener en cuenta algunas limitaciones. La muestra se limitó a estudiantes varones en un país, lo que puede afectar la aplicabilidad de los hallazgos a otras poblaciones, como niñas o niños en diferentes entornos culturales. Los datos también fueron transversales, lo que significa que capturaron una instantánea en el tiempo en lugar de efectos del desarrollo a largo plazo. Como resultado, Alborzi y Torabi no pueden determinar definitivamente la causa y el efecto.
Alborzi y Torabi recomiendan realizar más investigaciones que incluyan muestras más diversas e investiguen los impactos a largo plazo de los juegos digitales en el desarrollo social. También abogan por estudios que evalúen cómo los programas de juego estructurados –como los utilizados en las escuelas o entornos terapéuticos– pueden diseñarse para promover resultados sociales positivos. Explorar si los juegos digitales pueden utilizarse como herramientas para enseñar el comportamiento prosocial, particularmente en niños con dificultades sociales, podría ser especialmente útil.
Fuentes y recursos de información
Alborzi, M. & Torabi, M. (2024). The Impact of Computer Games on the Social Skills of Elementary School Students: A Comprehensive Analysis. Games for Health Journal, 13, (6), 477-485. DOI: 10.1089/g4h.2024.0048