Cuando las necesidades emocionales de los niños no son satisfechas en la infancia, por lo general el desarrollo de su personalidad se ve limitado en ciertas formas específicas.

Teniendo en cuenta que la experiencia de la infancia de cada uno es diferente:

Una niña pudo ser criada por una madre emocionalmente ausente y despectiva que no le prestaba atención, por otro lado, otro niño creció bajo la tutela de una persona completamente inmersa en sus labores la cual igualmente ignoró sus necesidades, mientras que una tercera fue educada como una extensión de una persona con fuertes rasgos narcisistas.

Cada una de estas circunstancias se traducen en escenarios específicos que moldean en la niñez, la personalidad y el comportamiento en la edad adulta.

En este sentido el papel de la madre (entiéndase como madre aquella persona encargada del cuidado y la protección), es fundamental en el desarrollo psicológico de sus hijos.

Por eso cuando se habla de madre, no necesariamente es la madre biológica, sino, puede tratarse de aquella persona que ocupa su lugar, la abuela, la tía o inclusive un padre que suple dicha función.

Cuando esta relación falla por lo general deja cicatrices que perduran inclusive por de por vida.

En este artículo, se describen sin ningún orden en particular, cuáles son los efectos más comunes y más duraderos que estas experiencias infantiles tienen en la adultez, las cuales pueden perdurar, inclusive por décadas a menos que se aborden y traten a través de la psicoterapia y del auto-conocimiento.

 

1. Apego inseguro

Una madre que es amorosa y capaz de sintonizarse con su hijo forma a un adulto que se siente comprendido y apoyado; de ella se aprende que las relaciones pueden ser estables y cariñosas, que el mundo es un lugar de oportunidad para ser explorado, que la gente cuida de ti, por tanto, se constituye en una base segura.

Cuando esto no ocurre, cuando la madre es emocionalmente poco fiable -a veces presente y a veces no- los niños entienden que las relaciones son volubles y precarias y que nada está garantizado.

Una niña, por ejemplo, pueden crecer con un tipo de apego inseguro, con una gran necesidad de conexión, pero siempre con la sensación de que puede pasar algo malo.

Esta niña con una madre ausente emocionalmente que en ocasiones se muestra en exceso “regañona” aprende a blindarse, a ser tan autosuficiente como sus capacidades le permitan.

Es un estilo evasivo de apego, mientras que la niña firmemente busca intimidad, su contraparte suele evitarla y no se compromete con ella; la hija ansiosamente busca un vínculo, no correspondido, lo cual crea una sensación de rechazo.

Estos patrones de apego persisten hasta la edad adulta y afectan en general la formación y estabilidad de las amistades y las relaciones románticas por igual.

2. Inteligencia emocional no desarrollada

Los niños aprenden sobre sus emociones a través de la interacción diádica; Los gestos y las palabras de una madre enseñan al bebé a calmarse cuando está estresado o incómodo.

Más tarde, la madre desempeña un papel clave para ayudar a sus hijos a expresar sus sentimientos, nombrarlos y aprender a manejar sus temores y emociones negativas.

Los niños inmersos en una relación de apego insegura no aprenden estas habilidades básicas que les ayuda a regular sus emociones.

Se encuentran envueltos o aislados, ambos estilos inseguros de apegos se interponen en el modo de nombrar las emociones y de poder emplearlas para expresar las emociones, lo cual es uno de los factores clave de la inteligencia emocional.

3. Deterioro del sentido de sí mismo

El rostro de una madre es el primer espejo en el que una hija se vislumbra.

El rostro de la madre sintonizada y amorosa refleja la aceptación, que le expresa “Tú eres tú y estás muy bien cómo eres.”

Sin embargo, el rostro de la madre no amorosa refleja defectos supuestos e insuficiencias.

Si la niña es rechazada o ignorada, aprende una terrible lección: que no vale la pena intentarlo o, si es criticada constantemente, asimila que nunca será lo suficientemente buena para nada.

Pocas niñas que tienen una falta de amor, son capaces de comprender con claridad lo que les ha sucedido en absoluto, especialmente si han sido los chivos expiatorios en la familia.

4. Falta de confianza

Para confiar en los demás, debes creer que el mundo es esencialmente un lugar seguro y la gente en él es bienintencionada, aunque a veces sea imperfecta.

Sin embargo, con un cuidador emocionalmente poco fiable o alguien que tiene una actitud combativa o hipercrítica, los niños aprenden que las relaciones son inestables y peligrosas, y que la confianza en los otros es efímera y no se puede contar con ellos.

Los niños sin amor suelen tener dificultades para confiar en todas las relaciones que establecen, pero especialmente en la de amistad.

5. Dificultades con los límites interpersonales

Una madre sintonizada logra enseñarle a su hijo que existe un espacio saludable en el cual puede respirar y ser el mismo incluso cuando existen relaciones cercanas.

Ella no se inmiscuye en el espacio propio, obligándolo a interactuar cuando él o ella aún no están preparados.

Su comportamiento refleja la comprensión de que hay un área de superposición, pero que cada persona en la díada es independiente por sí misma.

La evitación en los niños surge cuando ocurre una superposición demasiado cercana e intrusiva; los niños entonces prefieren interactuar en niveles más superficiales para que su independencia no se vea amenazada.

Esto tiende a ser una respuesta a la actitud intrusiva de la madre o a la percepción de falta de fiabilidad.

O por el contrario, un niño excesivamente ansioso podría no entender la diferencia entre mantener una distancia prudente y ser aceptado.  Puede entonces confundirse ante la necesidad de un compañero o par de mantener cierta distancia como un rechazo.  Creerá erróneamente que ser incluido es sinónimo de ser amado.

6. Elección de amigos y parejas tóxicas

Todos buscamos aquello que nos es familiar, y no es coincidencia que comparta raíz con la palabra familia.

Buscamos permanecer en la zona de confort, si no tenemos una base sólida que nos permita arriesgarnos por lo nuevo y más si existe falta de amor.

Hay una buena probabilidad de que al menos en un principio, te sientas atraído por aquellas personas que te tratan como lo hizo tu madre, pero una zona de confort familiar no necesariamente ofrecerá comodidad.

Hasta que como adultos comencemos a reconocer las heridas de la infancia, continuaremos recreando la atmósfera emocional en la cual crecimos en nuestras relaciones como adultos.

7. Sentimientos de aislamiento

Debido a que nuestra cultura cree obstinadamente que todas las madres son amorosas y que la maternidad es instintiva, una niña que crece sin el amor de su progenitora, creerá erróneamente que ella es la única hija del planeta que se encuentra con esta carencia.

Lo más probable es que se sienta aislada y asustada como resultado, además, es probable que se aislé a sí misma debido a la profunda vergüenza que siente.

Es poco probable que le diga a alguien lo que siente, más que nada, como todos quiere pertenecer a la tribu, son de esas chicas que abrazan desesperadamente a sus madres y se ríen con ellas en busca de lo que les es negado.

 

El primer paso hacia el largo camino de la sanación de las heridas emocionales de la infancia es el reconocimiento y es aquí donde un/a profesional puede ser de gran ayuda.

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