El apego es definido por Ainsworth y Bowlby como un vínculo emocional profundo y duradero que conecta a dos personas mutuamente a través del tiempo y el espacio.

El apego en si no tiene que ser recíproco esto implica que una persona puede tener un apego hacia un individuo el cual no le corresponde.

El apego se refiere a aquellas conductas específicas de los niños, como la proximidad hacia una figura de paternal cuando estos se sienten alterados o amenazados.

Por otra parte, el comportamiento de apego del adulto hacia el niño incluye responder de manera sensible y apropiada a las necesidades de este.

El comportamiento de apego parece ser universal en todas las culturas. La teoría del apego explica cómo emerge la relación padre-hijo e influye en el desarrollo posterior.

Desarrollo de la teoría del apego

La teoría del apego en psicología se origina con el trabajo fundamental de John Bowlby. En la década de 1930, en ese entonces John Bowlby trabajaba como psiquiatra en una Clínica de Orientación Infantil en Londres, donde tuvo la oportunidad de tratar a muchos niños con trastornos emocionales.

Esta experiencia llevó a Bowlby a considerar la importancia de la relación entre el niño con su madre en términos de su desarrollo social, emocional y cognitivo.

Específicamente, moldeó su creencia sobre la relación entre las experiencias de separación temprana de bebés de su madre y el posterior desajuste que estos experimentaban, lo cual llevó a Bowlby a formular su teoría del apego.

John Bowlby, quien trabajaba junto con James Robertson observó que los bebes experimentaron una angustia intensa cuando eran separados de sus madres. Incluso cuando estos niños eran alimentados por otros cuidadores, su ansiedad no disminuía.

Estos hallazgos contradecían la teoría conductual dominante sobre el apego (Dollard y Miller, 1950), la cual demostró que subestimaba el vínculo del niño con su madre. La teoría conductual del apego vigente en aquella época establecía que el niño se apegaba a la madre debido a que ella era quien alimentaba al bebé.

Bowlby definió el apego como una “conexión psicológica duradera entre los seres humanos”.

Bowlby propuso que el apego se puede entender dentro de un contexto evolutivo en el cual el cuidador proporciona seguridad y protección para el bebé, por tano el apego es adaptativo ya que aumenta las posibilidades de supervivencia de los bebes.

Esto se ilustra en el trabajo de Lorenz (1935) y Harlow (1958). De acuerdo con Bowlby, los bebés tienen una necesidad universal de buscar proximidad con su cuidador cuando están bajo estrés o amenazados.

La mayoría de los investigadores creen que el apego se desarrolla a través de una serie de etapas.

 

Etapas del desarrollo del Apego

Rudolph Schaffer y Peggy Emerson (1964) estudiaron a 60 bebés en intervalos mensuales durante sus primeros 18 meses de vida, en lo que se conoce como estudio longitudinal. Todos los niños fueron estudiados en su propio hogar, y se identificó un patrón regular en el desarrollo del apego.

Los bebés fueron visitados mensualmente durante aproximadamente un año, se observaron sus interacciones con sus cuidadores y se entrevistó a los cuidadores. La madre guardó un diario para examinar la evidencia del desarrollo del apego. Se registraron tres medidas:

  • Ansiedad ante extraños: como respuesta ante la llegada de un desconocido para el niño.
  • Ansiedad de separación: nivel de angustia que el niño experimenta cuando es separado de su cuidador y el grado de comodidad cuando este regresa.
  • Referencias sociales: se refiere al grado en el cual un niño mira a su cuidador para determinar cómo se debe responder a una nueva situación (marco seguro).

Además, estos autores descubrieron que los apego en los bebes se desarrollan en la siguiente secuencia:

Apego asocial (0 a 6 semanas)

Los bebés en sus primeras semanas de vida son básicamente asociales, en el sentido que diversos tipos de estímulos, tanto sociales como no sociales, producen una reacción favorable, como una sonrisa.

Apego indiscriminado (6 semanas a 7 meses)

Los bebés disfrutan indiscriminadamente de la compañía humana, y la mayoría de los bebés responden por igual ante cualquier cuidador. Se enojan cuando un individuo deja de interactuar con ellos.

Sin embargo a partir de los 3 meses, los bebés sonríen con más frecuencia con las caras que les son familiares y suelen sentirse cómodos con un cuidador habitual.

Apego especifico (7 a 9 meses)

Se presenta cuando existe una especial preferencia por una sola figura de fijación. El bebé busca personas particulares para su seguridad, comodidad y protección. Muestra temor ante extraños e incomodidad cuando se les separa de una persona especial (ansiedad de separación).

Algunos bebés muestran miedo ante los extraños y ansiedad de separación con mucha más frecuencia e intensidad que otros, sin embargo, se los considera evidencia de que el bebé se ha apegado. Esto por lo general se desarrollada a partir del primer año de edad.

Apego múltiple (10 meses en adelante)

Los bebes se tornan cada vez más independientes son capaces de crear múltiples apegos. A los 18 meses de edad, la mayoría de los bebés son capaces de sostener apego con más de una figura cercana.

Los resultados del estudio de Schaffer y Emerson indicaron que los apegos se formaron con aquellas personas que respondieron con precisión a las señales del bebé, no necesariamente con aquella persona con la que pasaron más tiempo. Es lo que denominaron respuesta sensible.

aquellos bebés con apegos fuertes tenían madres que respondían rápidamente a sus demandas e interactuaban con sus hijos. Por otra parte, los bebés que tenían un apego débil poseían madres que interactuaban poco con ellos.

Muchos de los bebés del estudio desarrollaron apegos desde los diez meses de edad, que incluían a figuras de apego diferentes a sus madres, tales como padres, abuelos, hermanos e inclusive vecinos.

Sin embargo, la madre fue la principal figura de apego para aproximadamente la mitad de los niños a los 18 meses y el padre para la mayoría de los demás.

Uno de los factores más importante en la formación de apego no se refiere a quién alimenta y cambia al niño, sino quién juega y se comunica con él o ella. Por lo tanto, la capacidad de respuesta parece ser la clave del apego.

Teorías sobre el apego

Se han propuesto dos teorías principales las cuales representan las corrientes más importantes, que explican como se forma el apego.

Teoría del aprendizaje conductista del apego

Representada por Dollard y Miller, sugiere que el apego es un conjunto de conductas aprendidas. La base para el aprendizaje del apego es la provisión de alimentos. Un bebé inicialmente formará un apego con aquella persona que lo alimenta.

Los bebes aprenden por tanto a asociar al alimentador, generalmente la madre, con la comodidad de ser nutridos a través del proceso de condicionamiento clásico, por tanto, llegan a encontrar el contacto con la madre que los conforta.

También encuentran que ciertos comportamientos, por ejemplo, llorar, sonreír, brindan respuestas deseables de los demás, tales como, atención, comodidad y, a través del proceso de condicionamiento operante, aprenden a repetir dichos comportamientos para obtener aquello que desean.

Teoría evolutiva del apego

Representada por autores como Bowlby, Harlow y Lorenz sugiere que los niños vienen al mundo biológicamente preprogramados para formar vínculos con los demás, porque esto les ayudará a sobrevivir.

El bebé crea conductas innatas de “facilitación social”, tales como el llanto y la sonrisa que estimulan las respuestas innatas de cuidado de los adultos. El factor determinante del apego no es el alimento, sino el cuidado y la capacidad de respuesta.

Bowlby sugirió que un niño inicialmente solo formaría un apego primario (monotropía), además la figura apego actuaba como una base segura que permite al niño explorar el mundo. La relación de apego actúa como un prototipo para todas las demás relaciones sociales futuras, por lo que su interrupción puede tener graves consecuencias.

Esta teoría también sugiere que existe un período crítico para desarrollar el apego, el cual se ubica alrededor de 0 meses a 5 años de edad.

Si el apego no se ha desarrollado durante este período, entonces el niño sufrirá consecuencias en su desarrollo las cuales serán irreversibles, tales como inteligencia reducida y aumento de la agresividad.

Teoría de la impronta de Konrand Lorenz

Lorenz (1935) realizó un curioso experimento, tomó un nido con huevos de ganso y los mantuvo hasta que estaban a punto de eclosionar. Luego la mitad de los huevos fueron dejados bajo el cuidado de una madre ganso, mientras que Lorenz mantuvo la otra mitad para sí mismo durante varias horas.

Cuando los gansos nacieron, Lorenz imitó el sonido de graznido de la madre ganso, por lo cual los jóvenes pájaros lo consideraron como si fuese su madre y por consecuencia lo siguieron. El otro grupo siguió igual comportamiento con la madre ganso.

Lorenz descubrió que los gansos siguen el primer objeto en movimiento que ven, durante un período crítico de 12-17 horas después de la eclosión. Este proceso se conoce como impronta, y sugiere que el apego es innato y está programado genéticamente.

La impronta tiene efectos permanentes, tanto para la supervivencia a corto plazo como para la formación de modelos internos para las relaciones posteriores.

La impronta se produce sin que sea necesario que produzca ningún tipo de alimentación. Si no se ha desarrollado ningún apego dentro de las 32 horas, es poco probable que se desarrolle posteriormente.

Para asegurarse de que se hubiera producido la impronta, Lorenz puso todos los pichones juntos debajo una caja volteada y les permitió mezclarse. Cuando se quitó la caja, los dos grupos se separaron para ir con sus respectivas “madres”: una mitad con la mama ganso y la otra con Lorenz.

La impronta no parece darse inmediatamente después de la eclosión, más bien parece existir un período crítico durante el cual puede ocurrir.

Hess demostró que, aunque el proceso de impronta podía ocurrir tan pronto como una hora después de la eclosión, las respuestas más fuertes ocurren entre las 12 y 17 horas después de la eclosión, y que después de 32 horas era poco probable que se produjera la respuesta. Lorenz y Hess creen que una vez que se ha producido la impronta, está ya no se puede revertir.

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