¿Cómo influyen los traumas infantiles en la formación de adicciones en la edad adulta?

Traumas infantiles acumulativos podrían multiplicar el riesgo de adicciones interconectadas en la edad adulta

¿Cómo influyen los traumas infantiles en la formación de adicciones en la edad adulta?
Imagen de © Depositphotos.

Sabemos que una infancia difícil deja cicatrices emocionales profundas, ¿pero sabías que también puede cambiar drásticamente la forma en que lidiamos con nuestros impulsos en la edad adulta? A menudo pensamos en las adicciones como problemas aislados: alguien bebe demasiado, otro no puede dejar de apostar. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por Giorgio Veneziani (2026) revela una realidad mucho más compleja: cuando los traumas infantiles se acumulan, no solo aumenta el riesgo de una adicción individual, sino que estas se entrelazan formando una red de la que es mucho más difícil escapar.

Del dolor aislado a la red de escape

Para entender este fenómeno, primero debemos mirar cómo medimos el trauma. Las Experiencias Adversas en la Infancia (ACEs, por sus siglas en inglés) se refieren a eventos severos antes de los 17 años, como la muerte de un familiar cercano, violencia física, abusos o negligencia grave.

Al mismo tiempo, el campo de la psicología ha ampliado su visión de la adicción: ya no solo nos preocupan las sustancias (como el alcohol o la cocaína), sino también las adicciones conductuales, que ocurren cuando una actividad (como comprar, trabajar en exceso o comer) secuestra tu bienestar y pierdes el control sobre ella.

El razonamiento del equipo de Veneziani era el siguiente: históricamente, la ciencia ha estudiado cómo un solo tipo de trauma causa una adicción específica. Pero en la vida real, las tragedias rara vez hacen fila de una en una; a menudo se acumulan en la vida de un mismo niño. Si el dolor emocional se multiplica, ¿podría ser que en la adultez la persona no busque una sola vía de escape, sino un ecosistema entero de conductas adictivas que se alimentan entre sí?

Para responder a esto, los investigadores no utilizaron las estadísticas tradicionales que asumen que "A causa B". En su lugar, recurrieron a un análisis de redes. Imagina un mapa de constelaciones donde cada estrella es una adicción; este método permite a los científicos ver exactamente qué "estrellas" brillan al mismo tiempo y cuáles actúan como centros de gravedad que mantienen unidas a las demás.

Ecosistemas de supervivencia

Al mapear el comportamiento de 802 adultos, los hallazgos de Veneziani y su equipo desvelaron patrones que cambian nuestra forma de entender la vulnerabilidad humana.

La intensidad del escape se multiplica

El primer hallazgo claro fue que las personas con múltiples traumas infantiles no solo tenían adicciones, sino que estas eran significativamente más severas —específicamente el uso de tabaco, los atracones de comida y la conducta sexual compulsiva— en comparación con quienes tuvieron una infancia sin este tipo de adversidades. Esto nos indica que el dolor acumulado y no procesado parece requerir vías de escape más intensas y viscerales para ser silenciado temporalmente.

La trampa de la red interconectada

La verdadera sorpresa llegó al mirar el "mapa estelar". En el grupo de personas con múltiples traumas, las adicciones formaban una red sumamente densa y entrelazada. ¿Y entonces qué significa esto en la práctica? 

Básicamente, que una adicción actúa como puerta giratoria hacia otra. En este grupo, el tabaco y el alcohol funcionaban como las "anclas" centrales de la red, facilitando un patrón de uso de múltiples sustancias (policonsumo) que se retroalimentaban constantemente.

El contexto cambia la naturaleza del hábito

Un matiz fascinante surgió al observar el juego patológico. En personas sin historial de traumas, las apuestas se asociaban principalmente con los videojuegos (un perfil orientado al ocio descontrolado). 

Sin embargo, en quienes tenían traumas acumulados, el juego se vinculaba fuertemente con el consumo de alcohol y cocaína. Este dato es crucial porque sugiere que el equipaje emocional de la infancia puede transformar la naturaleza misma de una actividad: lo que para unos es un mal hábito conductual, para los sobrevivientes de traumas se incrusta en un mecanismo de afrontamiento puramente químico y compulsivo.

¿Cómo sabemos lo que sabemos?

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores reclutaron a más de 800 adultos en Italia mediante plataformas como Facebook e Instagram. A través de cuestionarios validados, evaluaron la exposición a traumas antes de los 17 años y midieron diez tipos de adicciones (cuatro químicas y seis conductuales). A partir de ahí, dividieron a los participantes en tres grupos: cero traumas, un solo trauma y múltiples traumas.

Es fundamental ser transparentes sobre los límites de este lente científico. Como el estudio midió todas estas variables en un solo momento (un diseño transversal), no podemos afirmar con certeza absoluta que el trauma infantil cause directamente esta red de adicciones. 

Es posible que existan factores biológicos, genéticos o ambientales subyacentes que influyan en ambos frentes. Además, la muestra estuvo compuesta mayoritariamente por mujeres jóvenes italianas. Esto significa que necesitamos futuros estudios para confirmar si este mismo "mapa estelar" de adicciones se dibuja igual en hombres mayores o en culturas de otros continentes.

Redefiniendo la recuperación

¿Qué significa todo esto para el mundo real? Los hallazgos de Veneziani nos obligan a dejar de ver la adicción simplemente como una "falta de voluntad" o un problema aislado que debemos erradicar. Nos muestra que, para muchas personas con un pasado adverso, sus adicciones son en realidad un ecosistema de supervivencia altamente estructurado.

Esto cambia radicalmente lo que creíamos saber sobre el tratamiento. Si un terapeuta se enfoca únicamente en hacer que un paciente deje de beber, pero ignora la red subyacente que conecta esa bebida con las compras compulsivas o los atracones de comida, es probable que la persona simplemente salte de un nodo de la red a otro.

De cara al futuro, el propio Veneziani advierte que debemos empezar a integrar nuevas tecnologías en estos mapas, preguntándonos cómo la interacción compulsiva con la Inteligencia Artificial podría convertirse en el nuevo nodo de esta red de escape.

Al final, este estudio nos deja una reflexión provocadora: si los traumas del pasado construyen redes de adicción tan robustas, los tratamientos del futuro no pueden limitarse a cortar un solo hilo. Quizás el verdadero camino hacia la recuperación no sea prohibir la sustancia o la conducta, sino sanar el trauma base para tejer una red de seguridad emocional que haga que escapar ya no sea necesario.

¿Cómo influyen los traumas infantiles en la formación de adicciones en la edad adulta?

Fuentes y recursos de información

Veneziani, G., Giraldi, E., Panagini, G., Marano, G., Festa, G., Mazza, M., & Lai, C. (2026). The role of cumulative adverse childhood experiences in the interrelationships among addictive behaviors: A network analysis study. Addictive Behaviors, 175, 108610. DOI: 10.1016/j.addbeh.2026.108610