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“España ya no es un país machista”, dicen los sociólogos, orgullosos de este logro que nos ayuda a consolidarnos como un digo país europeo primer mundista.

Tenemos una ley de Igualdad, un Ministerio de Igualdad, Juzgados específicos de Violencia de Género y un sinfín de campañas publicitarias promocionando el “poder” y el “despertar” de las mujeres; pero, ¿es esto suficiente para despojarnos de pensamientos y actitudes arraigadas en una sociedad que ha sido machista desde el comienzo de sus días?

Es justo apreciar el proceso de cambio en el que nos encontramos, no debemos ser negativos ni fatalistas, corresponde valorar las mejoras que hemos obtenido en cuanto a este tema se refiere.

Hemos conseguido que el machismo evidente tenga muy mala fama, las conductas sexistas explícitas se encuentran castigadas socialmente y hemos logrado que los estereotipos tradicionales de género comiencen a cuestionarse cada vez con más naturalidad.

Pero lamentablemente, aún queda mucho camino por recorrer en la lucha contra el machismo.

Actualmente, parece que hemos combatido y controlamos la parte visible del iceberg, multamos y penamos actos públicos, pero ¿qué pasa con todas esas creencias y actitudes socialmente aceptadas y permitidas que se encuentran en la parte baja del iceberg del machismo, en la parte cubierta por el océano?

En psicología, se denomina “micromachismos” a todas esas conductas y pensamientos que se encuentran en la parte inferior de ese hipotético iceberg que representa el machismo, actitudes igualmente dañinas y humillantes pero que como estamos tan acostumbrados a ellas las vemos moralmente aceptables y le quitamos importancia añadiendo al concepto, un prefijo diminutivo.

En España contamos con infinidad de ejemplos de micromachismos (chistes, refranes, expresiones del lenguaje, conductas habituales) aparentemente inofensivos pero que de manera inconsciente perpetúan las creencias culturales sexistas; pero también los encontramos en otros muchos sectores.

Micromachismos y el arte

Uno de los campos que más ha aportado a mantener este tipo de creencias sexistas es el séptimo arte.

El cine nos ha dejado a lo largo de su historia, innumerables películas donde escenas y actitudes machistas eran prácticamente el hilo conductor de la trama o característica principal de sus protagonistas.

Los marcados estereotipos en los roles de género tradicionales han tenido gran parte de la responsabilidad en este caso, pues culturalmente era esperable que fuera el valiente caballero quien salvara a la joven doncella en apuros.

El problema ha surgido cuando la sociedad ha ido evolucionando pero ese desfasado cliché se ha seguido reproduciendo automáticamente hasta la actualidad, a pesar de que ya no existan tantos caballeros valientes ni que las doncellas necesiten ser salvadas de sus apuros.

Los cuentos de hadas deben tomarse simplemente como lo que son, historias infantiles y de fantasía que únicamente sirven como entretenimiento.

En el mundo de la música también son cuantiosos los ejemplos que podemos encontrar donde se hace apología al machismo.

Probablemente de esto tenga mucha responsabilidad la cantidad de mitos que rodean el concepto de amor romántico. El “amor romántico” como se conoce en la literatura científica, hace referencia a un modelo ideal de conducta amorosa con un importante componente cultural, descriptivo y casi normativo de cómo deben ser las relaciones.

Este ideal erróneo conlleva, frecuentemente, a que se desarrollen creencias e imágenes en torno al amor que numerosas veces dificulta el establecimiento de relaciones de pareja sanas, provocando la aceptación, y en ocasiones la justificación de comportamientos inadecuados, incluso ofensivos y abusivos.

Canciones que versan letras del tipo “el amor lo puede todo”, “sin ti no soy nada” o “eres mío/a”, no hacen más que fomentar y mantener el mensaje desvirtuado del “amor romántico”.

Micromachismos y el marketing

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Es prácticamente imposible hablar sobre sexismo y no mencionar el mundo del marketing y la publicidad. El estándar de belleza femenina que rige nuestros días resulta muy poco representativo y muy poco realista.

Mujeres preciosas son manipuladas y retocadas cada día hasta el punto de no reconocerse, por parte de las grandes empresas publicitarias con maquillaje, Photoshop o iluminación estratégica ¿y con qué fin?

La increíble presión a la que se encuentra sometida la mujer para mostrarse siempre perfecta, guapa y joven, ha tenido unas devastadoras consecuencias en las que podrían destacarse graves problemas psicológicos (autoestima, trastornos alimenticios, obsesiones, etc.) de los que daría para desarrollar otro artículo completo.

Continuando en el mundo del marketing, nos encontramos con un alarmante tema que afecta a los más pequeños, los juguetes y su estética.

Los prejuicios y los muchos años de costumbre nos hacen regalarle una cocinita a la niña por su cumpleaños y un balón o un coche al niño por Navidad. Es la sociedad, o nosotros mismo los que los limitamos desde que nacen, comprándole el pelele rosa a ella y pintándole el cuarto de azul a él.

Los clichés de género se encuentran de manera muy marcada en la infancia y curiosamente, según las teorías de la psicología evolutiva, esas preferencias se desarrollan mucho más adelante, haciéndonos a los adultos los únicos culpables de tales predilecciones.

A un niño de un año le da igual jugar con un camión o con una muñeca, pero si el único juguete disponible en casa son los coches y las pelotas, evidentemente crecerá con predisposición a esos juegos.

Erradicar la mentalidad machista

Actualmente nos encontramos en mitad de una lucha por conseguir grandes objetivos como erradicar la violencia machista de nuestra sociedad, lograr la igualdad de salarios para ambos sexos o compensar la falta de puestos directivos femeninos en determinados sectores. Desde luego, se trata de objetivos necesarios y realmente importantes, pero la clave está en qué podemos hacer los ciudadanos de a pie para aportar nuestro granito de arena en esta ardua lucha contra el machismo.

Existen objetivos mucho más simples y alcanzables por cualquier persona que se lo proponga, nos centramos en las grandes metas y nos olvidamos que cualquiera de nosotros en nuestro día a día puede ayudar a generar el cambio.

Estamos rodeados de infinidad de micromachismos a los que, si les prestamos atención, podemos identificar y eliminar. ¿Por qué sólo pagan los chicos en las discotecas?, ¿Por qué llorar es de chicas o símbolo de debilidad?, ¿Por qué nos reímos de un chiste que humilla a las mujeres?, ¿por qué una mujer que no es madre es menos mujer?, ¿Por qué un niño no puede disfrazarse de princesa? ¿Por qué hemos hecho de la lactancia un debate de estado?.

Queda expuesto que, a pesar de los muchos progresos, España sigue siendo un país machista, pero existe un antídoto: la prevención. Los colegios son entidades privilegiadas de intervención, ya que son instituciones en las que está representada toda la población.

La Educación es un derecho y es obligatoria, por lo que aprovechemos los colegios para enseñar y difundir la igualdad.

Si las nuevas generaciones crecen interiorizando conceptos como respeto, tolerancia e igualdad, dejarán de repetir y desarrollar conductas machistas. Es tiempo de dejar de criar a machitos alfa y princesas indefensas; es tiempo de criar niños y niñas felices, cívicos e iguales.

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