Una investigación, publicada en Cell Reports por Rebekka Tenderra y Stephanie Theves, del Instituto Max Planck de Estética Empírica y del Instituto Max Planck de Cognición Humana y Ciencias del Cerebro en Alemania, sugiere que las personas con mayores habilidades de razonamiento parecen ser más eficientes al construir mapas internos de cómo los diferentes objetos se relacionan en el espacio.
Los resultados proporcionan evidencia de que una característica clave de la inteligencia podría derivar de la forma en que el cerebro codifica las relaciones entre las experiencias, especialmente a través de una región llamada hipocampo.
Inteligencia y organización de la información
Las conclusiones de Tenderra y Theves apuntan a un vínculo entre la capacidad cognitiva general y la eficiencia con la que las personas integran piezas separadas de información en un todo estructurado. En lugar de centrarse en cómo los individuos inteligentes se desempeñan en tareas específicas, los investigadores examinaron cómo sus cerebros codifican la estructura de las experiencias.
Los resultados sugieren que la inteligencia puede implicar la capacidad de formar un mapa mental del mundo que ayude a guiar el pensamiento flexible y la toma de decisiones.
El hipocampo y la inteligencia fluida
La inteligencia fluida, que se refiere a la capacidad de resolver nuevos problemas y reconocer patrones, medida a través de pruebas de razonamiento, es considerada un componente central de la inteligencia general.
Tenderra y Theves plantearon la hipótesis de que una diferencia entre las personas con distinta inteligencia podría radicar en su capacidad para organizar la información en estructuras relacionales. En otras palabras, los individuos más inteligentes podrían ser más propensos a representar diferentes datos como parte de un mapa más amplio, capturando cómo los elementos se relacionan entre sí espacial o conceptualmente.
Estudios anteriores habían sugerido que el hipocampo, una parte del cerebro conocida por la memoria y la navegación espacial, juega un papel importante en la creación de este tipo de mapas cognitivos.
Navegación virtual y resonancia magnética funcional
Para probar su hipótesis, los investigadores utilizaron imágenes cerebrales para observar cómo los participantes aprendían las ubicaciones de varios objetos colocados dentro de una arena virtual. Los participantes vieron seis objetos diferentes, cada uno asignado a un lugar específico en un espacio circular. Practicaron la colocación de los objetos en los lugares correctos y recibieron retroalimentación después de cada intento.
A medida que avanzaba el aprendizaje, los participantes se volvieron más precisos al recordar dónde pertenecía cada objeto. Después de completar la tarea, se les pidió que organizaran los objetos desde una vista panorámica, demostrando qué tan bien habían internalizado el diseño. Sus respuestas coincidieron estrechamente con las posiciones reales de los objetos, lo que sugiere que la mayoría de los participantes pudieron formar un mapa mental bastante preciso del entorno.
Mientras tanto, los investigadores utilizaron resonancia magnética funcional (fMRI) para registrar la actividad en el hipocampo mientras los participantes veían los objetos. Buscaron patrones que indicaran si el cerebro representaba las relaciones espaciales entre los objetos. Específicamente, examinaron si los patrones de actividad neuronal eran más similares para los objetos que estaban más cerca entre sí en el diseño aprendido, y más diferentes para los objetos que estaban más lejos.
Mapas mentales y el hipocampo derecho
El hallazgo clave de Tenderra y Theves fue que los individuos con puntuaciones más altas de inteligencia fluida mostraron signos más fuertes de esta codificación "tipo mapa" en el hipocampo derecho. Es decir, su actividad cerebral reflejaba un sentido más claro de las distancias entre las ubicaciones de los objetos.
Esta conexión entre la codificación relacional y la inteligencia se mantuvo incluso después de tener en cuenta qué tan bien se desempeñaron los participantes en las tareas de memoria, lo que sugiere que los patrones cerebrales no eran simplemente un reflejo de quién recordaba con mayor precisión.
Análisis adicionales mostraron que este vínculo cerebro-conducta fue consistente en diversas tareas cognitivas, especialmente aquellas que estaban más fuertemente relacionadas con la inteligencia fluida. La correlación no fue impulsada por una sola prueba, sino que reflejó una tendencia general entre los individuos más inteligentes a organizar sus experiencias de aprendizaje de una manera más estructurada, tipo mapa.
Consistencia geométrica y relaciones espaciales
Cuando Tenderra y Theves compararon a las personas con puntuaciones de inteligencia fluida más altas versus más bajas, encontraron diferencias en la consistencia con la que el cerebro representaba las relaciones de los objetos. Aquellos en el grupo de menor inteligencia tenían representaciones neuronales que eran menos consistentes con un mapa bidimensional.
En términos prácticos, esto sugiere que pueden haber codificado algunos pares de objetos de maneras que no se alineaban bien con un diseño espacial general, lo que apunta a lapsos en la integración de las relaciones en toda la escena. Para investigar más a fondo esta idea, los investigadores pidieron a los participantes que estimaran las distancias entre pares de objetos en una escala deslizante.
Nuevamente, los resultados mostraron que las personas con puntuaciones de inteligencia más altas proporcionaron estimaciones geométricamente más consistentes, reforzando la idea de que eran mejores para integrar las relaciones de los objetos en un mapa cohesivo.
Memoria relacional vs. memoria de ítems
Tenderra y Theves también probaron si la relación observada entre la inteligencia y la actividad cerebral era específica de la codificación relacional. Lo hicieron incluyendo una tarea de memoria separada donde los participantes simplemente tenían que reconocer si habían visto un objeto antes. Esta tarea midió la memoria básica de ítems, no cómo se relacionaban los objetos entre sí.
Si bien los participantes se desempeñaron bien en general, la fuerza de las respuestas cerebrales en el hipocampo durante esta tarea no se correlacionó con las puntuaciones de inteligencia. Esto sugiere que la capacidad de razonamiento general está específicamente ligada a la capacidad de codificar relaciones, no solo a la memoria en general.
Estos resultados se suman a un creciente cuerpo de trabajo que considera el hipocampo no solo como un centro para la memoria y la navegación espacial, sino también como un centro para organizar la información de maneras que apoyen el pensamiento flexible.
La capacidad de representar cómo se relacionan los diferentes elementos de una experiencia puede proporcionar una base para resolver problemas en nuevos contextos o extraer inferencias de datos limitados.
Los investigadores reconocen que su trabajo se centró en un tipo específico de aprendizaje relacional que involucra arreglos espaciales. Queda por verse si los mismos principios se aplican a otros tipos de relaciones abstractas, como las que involucran conceptos o reglas. Además, el estudio se realizó con un grupo relativamente homogéneo de adultos sanos, lo que puede limitar la amplitud con la que se aplican los hallazgos.
Dado que la investigación fue transversal, no puede hablar de causalidad. No está claro si tener una forma más estructurada de codificar las relaciones contribuye a una mayor inteligencia o si las personas con mayor inteligencia desarrollan naturalmente mejores estrategias para organizar la información. Los estudios a largo plazo podrían ayudar a aclarar cómo se desarrollan e interactúan estas habilidades con el tiempo.
Tenderra y Theves sugieren que futuros estudios podrían explorar si estos patrones de codificación relacional aparecen en otras regiones del cerebro involucradas en el razonamiento o la generalización, como la corteza prefrontal. Existe cierta evidencia de que estas áreas también representan información estructurada, aunque aún no está claro cómo se compara su papel con el del hipocampo.
Fuentes y recursos de información
Tenderra, R. & Theves, S. (2025). Human intelligence relates to neural measures of cognitive map formation. Cell Reports, 44, (8), 116033. DOI: 10.1016/j.celrep.2025.116033