La adolescencia representa un periodo crítico de reorganización neurobiológica y social, donde la aparición de problemas de salud mental alcanza un pico significativo alrededor de los 14,5 años. Si bien la literatura clásica ha establecido vínculos entre el bienestar general y la ausencia de psicopatología, persiste una pregunta fundamental en la psicología del desarrollo: ¿Aporta la Inteligencia Emocional (IE) una capacidad predictiva única sobre los problemas de conducta, más allá de lo que ya explican las medidas tradicionales de bienestar?
Para responder a esta cuestión sobre la validez incremental de la IE, Justine Lomas, Con Stough y Luke Downey (Swinburne University of Technology) llevaron a cabo una investigación cuyos resultados sugieren que las competencias emocionales —específicamente la gestión y el control— actúan como factores protectores diferenciados frente al malestar psicológico y las conductas disruptivas.
Comprendiendo la inteligencia emocional
La investigación, publicada en Psychological Reports, adoptó un diseño cuantitativo con una muestra de 422 estudiantes de tres escuelas independientes en Australia. Los participantes, con una edad media de 13,29 años (DE = 0,46), cursaban el octavo año escolar (Year 8).
Es imperativo señalar la composición demográfica de la muestra como una limitación de partida: hubo un desequilibrio de género significativo, con 339 varones y solo 83 mujeres, debido a la naturaleza de las escuelas reclutadas (dos masculinas y una femenina).
Lomas y su equipo utilizaron una batería de instrumentos psicométricos validados para triangular los datos:
- IE: Adolescent Swinburne University Emotional Intelligence Test (SUEIT), evaluando reconocimiento, comprensión, razonamiento y gestión emocional.
- Bienestar: Se midió tanto el bienestar subjetivo (Personal Wellbeing Index) como el eudaimónico (escala EPOCH: compromiso, perseverancia, optimismo, conexión y felicidad).
- Malestar y Conducta: General Health Questionnaire-12 para el distrés psicológico y el Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ) para problemas internalizantes y externalizantes.
El poder de la gestión emocional
El análisis de regresión múltiple realizado por Lomas, Stough y Downey arrojó datos reveladores sobre la arquitectura emocional del adolescente. Los resultados indican que la IE no es un mero correlato del bienestar, sino un predictor activo.
- Predicción del Malestar Psicológico: La dimensión de Gestión y Control Emocional (EMC) emergió como el predictor más robusto del distrés psicológico ($\beta = -.43$). Esto implica que los adolescentes con mayores herramientas para modular sus respuestas emocionales presentan niveles significativamente menores de ansiedad y estrés, independientemente de su género.
- Bienestar Eudaimónico y Subjetivo: El Reconocimiento y Expresión Emocional (ERE) y la Gestión (EMC) explicaron una varianza significativa en el bienestar eudaimónico ($R^2 = .24$). Esto sugiere que la capacidad de identificar y manejar emociones es fundamental no solo para "sentirse bien" (subjetivo), sino para percibir propósito y crecimiento personal (eudaimónico).
- Diferencias de Género: Lomas y sus colaboradores observaron que las mujeres reportaron niveles significativamente más altos de malestar psicológico y conductas internalizantes. Curiosamente, aunque los varones puntuaron más alto en subescalas de IE como Gestión y Reconocimiento, el género femenino actuó como un predictor independiente de mayor vulnerabilidad psicológica en esta muestra.
- Conductas Problemáticas: La IE demostró tener poder predictivo sobre conductas externalizantes (agresividad, impulsividad) e internalizantes (retraimiento), aportando información que las medidas estándar de bienestar no lograban capturar por sí solas.
Examinando las conexiones con el bienestar adolescente
El estudio de Lomas, Stough y Downey ofrece una validación empírica crucial: la inteligencia emocional posee utilidad clínica y predictiva propia. No se trata simplemente de que los adolescentes felices tengan alta IE, sino que las habilidades específicas de regulación, conciencia y expresión actúan como mecanismos amortiguadores ante la psicopatología.
Desde una perspectiva aplicada, este hallazgo es esperanzador. A diferencia de rasgos de personalidad más estáticos o el estatus socioeconómico, la inteligencia emocional es maleable. Los autores sugieren que las intervenciones escolares no deben limitarse a la promoción genérica del bienestar, sino enfocarse técnicamente en el entrenamiento de la regulación emocional (EMC).
Para mantener la honestidad intelectual, debemos interpretar los tamaños del efecto con cautela debido a la ausencia de control sobre variables de confusión como la capacidad cognitiva (CI) o los rasgos de personalidad (Big Five). Asimismo, el diseño transversal impide establecer causalidad directa, y el fuerte sesgo masculino en la muestra limita la generalización de los hallazgos en la población femenina. Futuras investigaciones, como sugieren los autores, deberían abordar estas disparidades y explorar el papel mediador del género con muestras más equilibradas.
Fuentes y recursos de información
Lomas, J., Stough, C., & Downey, L. (2025). Pursuit of Happiness: The Relationship Between Adolescent Wellbeing, Psychological Distress, Problem Behaviours, and Emotional Intelligence. Psychological Reports. DOI: 10.1177/00332941251399175