Los Tests de personalidad prometen claridad pero pueden generar confusión sobre quiénes somos

¿Son los Tests de personalidad como el Myers-Briggs una herramienta útil para el autoconocimiento o simplemente una fuente de confusión?

Los tests de personalidad prometen claridad pero pueden generar confusión sobre quiénes somos
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Los tests de personalidad, como el Myers-Briggs, prometen autoconocimiento e introspección, pero frecuentemente no alcanzan la fiabilidad científica deseada. Su atractivo radica en satisfacer nuestra necesidad psicológica de identidad y pertenencia, aunque muchos se basan en descripciones vagas que explotan el efecto Barnum, similar a lo que ocurre con los horóscopos.

Si bien algunos tests tienen utilidad clínica, los expertos advierten sobre tomar los más populares como medidas definitivas de la personalidad. Considerarlos demasiado seriamente puede llevar a auto-limitaciones y a ignorar el potencial de crecimiento y cambio personal.

El auge de los tests de personalidad

Los tests de personalidad han ganado popularidad en la vida cotidiana, utilizándose desde procesos de selección de personal hasta aplicaciones de citas. Prometen ayudarnos a comprender quiénes somos y cómo nos diferenciamos o nos asemejamos a los demás.

Pero, ¿reflejan estos tests una imagen precisa de nuestra personalidad? ¿Podría ser perjudicial tomarlos demasiado en serio?

Un test de personalidad es una herramienta diseñada para obtener respuestas que revelen la "personalidad" de un individuo, es decir, sus patrones de comportamiento y pensamiento en diversas situaciones.

Estos tests pueden consistir en cuestionarios de autoevaluación, como el Indicador de Tipo Myers-Briggs (desarrollado en la década de 1940) y el Inventario de los Cinco Grandes (desarrollado en la década de 1990). Alternativamente, pueden ser tests "proyectivos", donde la persona interpreta estímulos ambiguos. Un ejemplo famoso es el test de las manchas de tinta de Rorschach, creado a principios de la década de 1920 por el psiquiatra suizo Hermann Rorschach.

Una mirada histórica al interés por la personalidad

El interés por comprender y categorizar la personalidad no es nuevo. Textos históricos de diversas culturas sugieren que esta inquietud ha existido durante miles de años.

Alrededor del 400 a.C., el filósofo griego Hipócrates propuso que el temperamento de una persona estaba influenciado por el equilibrio de cuatro fluidos corporales, conocidos como "humores".

Incluso antes, alrededor del 1115 a.C., funcionarios del gobierno en la antigua China examinaban el comportamiento y el carácter de las personas para determinar su idoneidad para diferentes puestos en el sistema público.

Sin embargo, el desarrollo sistemático y científico de herramientas para comprender y clasificar la personalidad comenzó en el siglo XX.

Uno de los primeros tests fue desarrollado en 1917 por el ejército de los Estados Unidos para predecir cómo reaccionarían los nuevos reclutas a la guerra y si corrían el riesgo de sufrir "neurosis de guerra" (ahora clasificado como trastorno de estrés postraumático). El objetivo era identificar a las personas que podrían no ser aptas para el combate.

Esta evaluación constaba de 116 preguntas con respuestas de "" o "no", incluyendo preguntas sobre síntomas somáticos, adaptación social e historia médica y familiar. Algunos ejemplos eran: "¿Alguna vez se ha desmayado?" y "¿Generalmente se siente bien y fuerte?". Aquellos que obtenían una puntuación alta eran derivados a un psicólogo para una evaluación adicional.

Desde entonces, se han desarrollado y utilizado miles de tests de "personalidad" similares en entornos clínicos, laborales y educativos. Muchos de ellos, como el test de Myers-Briggs, han ganado popularidad gracias a Internet y los medios de comunicación.

La psicología detrás del atractivo de los tests de personalidad

La clave no reside en las características específicas de los tests, sino en la profunda necesidad psicológica que prometen satisfacer. La necesidad de autoconocimiento comienza en la infancia y continúa a lo largo de la vida. Nos preguntamos: "¿Quién soy?" y "¿Cómo encajo en el mundo?".

Los tests de personalidad ofrecen una forma sencilla de obtener respuestas a estas preguntas complejas. Puede ser reconfortante, incluso estimulante, verse reflejado en los resultados.

Según la teoría de las necesidades humanas del psicólogo estadounidense Abraham Maslow, las personas se orientan hacia la superación personal y la "autorrealización", que se refiere, en términos generales, a la realización del potencial de cada uno.

Por lo tanto, las personas pueden sentirse atraídas por los tests de personalidad con la esperanza de que conocer su "tipo" les ayude a tomar mejores decisiones para su crecimiento personal, ya sea en su carrera, relaciones o salud.

Maslow también identificó otra necesidad humana: la necesidad de pertenencia. Conocer tu tipo de personalidad, y el de quienes te rodean, es una forma de encontrar a "tu gente". Según la teoría de la identidad social, encontrar un grupo al que sentimos que pertenecemos influye en nuestra percepción de quiénes somos.

Críticas a la validez y fiabilidad de algunos tests

Es importante señalar que existe investigación psicológica que cuestiona la validez y fiabilidad del test de Myers-Briggs. Una de las principales críticas es que realizar el test más de una vez en un corto período de tiempo puede generar resultados diferentes (lo que se denomina baja "fiabilidad test-retest"). Dado que la personalidad es generalmente estable a corto plazo, idealmente se esperarían los mismos resultados.

Además, el Myers-Briggs y tests similares utilizan un lenguaje amplio, positivo y suficientemente vago al describir los tipos de personalidad. Al hacerlo, aprovechan eficazmente el "efecto Barnum" o "efecto Forer": la tendencia de las personas a aceptar declaraciones generales como descripciones únicas de sí mismas.

¿Le suena familiar? Eso es porque los horóscopos hacen lo mismo. Los resultados de los horóscopos y los tests de personalidad pueden "sentirse bien" porque están diseñados para resonar con experiencias y aspiraciones humanas universales.

El uso de tests de personalidad en la práctica clínica e investigación

Dicho esto, los tests de personalidad se utilizan habitualmente en la investigación y la práctica clínica; aunque los expertos sugieren utilizar medidas que hayan demostrado ser científicamente sólidas. Un test común utilizado en la práctica clínica es la forma revisada del Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota (MMPI-2-RF).

Este test de 338 ítems mide rasgos de personalidad problemáticos que pueden afectar la salud mental de un individuo. Si bien tiene su propio conjunto de problemas, el MMPI-2-RF es útil para evaluar con precisión los síntomas de los trastornos de la personalidad y predecir cómo los diferentes rasgos de personalidad pueden afectar los resultados del tratamiento.

Los riesgos de auto-etiquetarse

Si te encasillas en un tipo de personalidad rígido, corres el riesgo de limitarte a las fronteras de esta etiqueta. Incluso puedes usar la etiqueta para justificar tus propios comportamientos problemáticos o los de los demás como "simplemente cosas de [tu tipo de personalidad] ".

Además, al ver el mundo puramente a través de estas categorías simplificadas, podemos ignorar el hecho de que la personalidad puede evolucionar a lo largo de largos períodos. Al poner a otros, o a nosotros mismos, en una caja, no logramos ver a las personas como individuos que son capaces de cambio y crecimiento.

Si bien no hay nada de malo en hacer un test de personalidad por diversión, por curiosidad o incluso para explorar aspectos de tu identidad, es importante no apegarse demasiado a las etiquetas, no sea que se conviertan en todo lo que eres.

Fuentes y recursos de información

  • Edmonds, G., Jackson, J., Fayard, J., & Roberts, B. (2008). Is Character Fate, or Is There Hope to Change My Personality Yet?. Social and Personality Psychology Compass, 2, (1), 399-413. DOI: 10.1111/j.1751-9004.2007.00037.x
  • Hogg, M. (2016). Social Identity Theory. Peace Psychology Book Series, 3-17. DOI: 10.1007/978-3-319-29869-6_1