La investigadora Alessia Telari de la Universidad de Milano-Bicocca se propusieron averiguar qué ocurre en nuestra mente cuando alguien simplemente se esfuma de nuestra vida digital. En un estudio publicado en Computers in Human Behavior, el equipo analizó cómo reaccionamos emocionalmente ante la incertidumbre del ghosting frente a la claridad, aunque dolorosa, de un rechazo directo.
Cuando el silencio genera más preguntas que respuestas
El ghosting —la práctica de terminar una relación cortando toda comunicación de forma unilateral y sin explicaciones— se ha convertido en un fenómeno habitual en aplicaciones de citas y redes sociales. Sin embargo, la mayor parte de lo que sabíamos sobre su impacto psicológico provenía de recuerdos del pasado, los cuales suelen estar distorsionados por el tiempo.
Para superar esta limitación, Telari y su equipo diseñaron un experimento en tiempo real que siguió día a día el impacto emocional de este comportamiento. La hipótesis central planteaba que, aunque tanto el ghosting como el rechazo explícito generan un golpe emocional inmediato, la falta de cierre del ghosting actúa como una herida abierta, dificultando el procesamiento cognitivo e impidiendo una recuperación fluida.
Para comprobarlo de manera ética y controlada, los investigadores reclutaron a jóvenes adultos para participar en conversaciones diarias de 15 minutos mediante la aplicación Telegram. Lo que los participantes no sabían era que sus parejas de chat eran en realidad colaboradores entrenados (confederates). Tras varios días de interacción fluida sobre temas cotidianos, el experimento introdujo un giro:
- Un grupo continuó conversando normalmente (grupo de control).
- A un segundo grupo se le notificó explícitamente el fin del contacto: "Hola, ya no me interesa seguir hablando contigo".
- Al tercer grupo simplemente se le dejó de responder sin explicación alguna (ghosting).
Por qué duele menos un "no" directo
Los resultados revelaron un patrón claro sobre cómo la incertidumbre afecta nuestra capacidad de adaptación. Al medir diariamente las emociones, la satisfacción relacional y la amenaza a necesidades psicológicas fundamentales —como el sentido de pertenencia, la autoestima, el control y la existencia significativa—, el equipo observó dos dinámicas bien diferenciadas:
- El impacto inicial es idéntico: Tanto el rechazo directo como el silencio repentino provocan una caída inmediata en la cercanía percibida y un pico de emociones negativas. En el primer momento, ambas formas de exclusión duelen exactamente lo mismo.
- La trayectoria de recuperación se bifurca: Quienes recibieron una negativa explícita mostraron una recuperación constante con el paso de los días; sus niveles de confusión disminuyeron y su necesidad de control comenzó a restablecerse. Por el contrario, las víctimas de ghosting permanecieron atrapadas en un estado prolongado de vulnerabilidad psicológica y confusión sostenida.
Interpretación: La certeza de un rechazo, aunque incómoda, le ofrece al cerebro un punto final a partir del cual puede empezar a reconstruir su narrativa y pasar página. El ghosting, en cambio, genera una pérdida ambigua donde la persona permanece en un bucle mental intentando descifrar qué salió mal.
El desgaste progresivo de la percepción del otro
Un matiz revelador del estudio fue la evolución de los juicios morales hacia la persona que desaparece. Mientras que la percepción sobre quien rechazó directamente se estabilizó tras el impacto inicial, la evaluación moral sobre el "fantasma" empeoró de forma continua día tras día. Cada jornada en la que el silencio se mantenía reconfirmaba la falta de consideración, aumentando el resentimiento del participante afectado.
Asimismo, las intenciones de aislamiento social mostraron patrones divergentes. Tras un rechazo directo, el deseo de estar solo aumentó de inmediato pero se redujo paulatinamente. En el caso del ghosting, la inclinación al aislamiento creció de forma gradual con el tiempo, sugiriendo un repliegue defensivo más tardío pero persistente.
Para validar estas dinámicas, el equipo llevó a cabo dos experimentos. El primer estudio contó con 46 participantes observados durante 6 días. Para comprobar si los efectos se mantenían en un horizonte temporal más amplio y evaluar si el género de la pareja influía en la reacción, se realizó un segundo estudio con 90 participantes a lo largo de 9 días.
Los análisis mostraron que la congruencia de género entre los interlocutores no alteró significativamente los resultados. En términos estadísticos, las diferencias en la tasa de recuperación entre el ghosting y el rechazo mostraron efectos moderados pero consistentes en variables clave como la amenaza a las necesidades básicas y la confusión percibida.
Como el estudio se desarrolló en un entorno experimental controlado con interacciones breves de pocos días entre desconocidos, no podemos asimilar completamente estos hallazgos a relaciones románticas duraderas o de alto compromiso emocional, donde el impacto del ghosting podría ser sustancialmente mayor debido al vínculo previo existente.
¿Cómo cambia esto nuestra comprensión de la comunicación digital?
Esta investigación desmonta el mito de que desaparecer es una opción "más suave" o "menos dañina" que confrontar a alguien con un rechazo directo. Aunque la persona que decide hacer ghosting pueda buscar evitar la incomodidad de una conversación difícil, en realidad termina trasladando todo el peso de la incertidumbre al otro.
El silencio no es la ausencia de un mensaje; en la interacción humana, el silencio es un mensaje ambiguo que la mente llena con sus peores inseguridades. Quizás una comunicación clara, por breve o distante que sea, no solo representa un acto de cortesía básica, sino también una herramienta necesaria para preservar el bienestar emocional de ambas partes en el entorno digital.
Fuentes y recursos de información
Telari, A., Pancani, L., & Riva, P. (2025). The phantom pain of ghosting: Multi-Day experiments comparing the reactions to ghosting and rejection. Computers in Human Behavior, 172, 108756. DOI: 10.1016/j.chb.2025.108756
