La influencia del control motor y la atención en cómo sentimos el paso del tiempo

La percepción del tiempo se distorsiona al correr no solo por el esfuerzo físico, sino principalmente por las demandas cognitivas del control motor

La influencia del control motor y la atención en cómo sentimos el paso del tiempo
Imagen de © Depositphotos.

Un nuevo estudio revela que la forma en que movemos nuestro cuerpo puede alterar nuestra sensación del tiempo. Esto no se debe únicamente al esfuerzo físico, sino también a las demandas cognitivas del control motor.

Cuando corremos, pareciera que el tiempo se estira. La nueva investigación sugiere que esto no es solo porque nuestro corazón está latiendo más rápido, sino porque nuestro cerebro está ocupado controlando el cuerpo. Durante décadas, los científicos han documentado cómo la actividad física altera la percepción del tiempo.

Individuos practicando ciclismo, corriendo o incluso caminando a menudo sobreestiman la duración de un estímulo, como si el reloj interno funcionara más lento cuando el cuerpo se mueve más rápido. Sin embargo, la razón subyacente de este fenómeno ha sido difícil de precisar.

¿Se debe al estrés fisiológico del ejercicio, como el aumento del ritmo cardíaco, las hormonas y la temperatura corporal? ¿O es porque el cerebro está dedicando recursos a controlar movimientos complejos, dejando menos recursos para registrar el tiempo con precisión?

Un reciente estudio aborda directamente esta interrogante. Utilizando un ingenioso diseño experimental, investigadores demuestran que la distorsión temporal que experimentan las personas al correr no se debe principalmente a cambios fisiológicos, sino a las demandas cognitivas del control motor.

El rol crucial de la atención

En un trabajo anterior, el mismo equipo liderado por Giovanni Anobile, había demostrado que las personas sobreestiman la duración de estímulos visuales y auditivos mientras corren en una cinta. Curiosamente, este sesgo desaparecía tan pronto como se detenía la carrera, aunque la frecuencia cardíaca y otros indicadores corporales permanecían elevados. Esta observación sugería que el efecto podría no provenir únicamente de alteraciones fisiológicas.

Para poner a prueba esta hipótesis de forma rigurosa, los investigadores compararon la percepción del tiempo en cuatro condiciones:

  • Correr en una cinta.
  • Caminar hacia atrás.
  • Estar de pie mientras realizaban una tarea mental distractora (resolviendo un problema de memoria visual).
  • Estar de pie sin distracciones (condición de referencia).

En todas las condiciones, excepto en la de referencia, los participantes sobreestimaron consistentemente la duración de los estímulos en aproximadamente un 7-9%. El hecho de que caminar hacia atrás y dividir la atención en reposo produjeran distorsiones similares a las de correr sugiere que las demandas de control cognitivo, y no solo el esfuerzo físico, son las que impulsan el efecto.

El modelo de la puerta atencional

Estos hallazgos se alinean con décadas de investigación que demuestran que la percepción del tiempo depende en gran medida de la atención. Cuando los recursos cognitivos están ocupados con otra cosa (ya sea resolviendo un acertijo mental o manteniendo el equilibrio al moverse hacia atrás), el cerebro asigna menos recursos para registrar el tiempo.

Esto encaja bien con el modelo de la puerta atencional de la medición del tiempo, que propone que la atención actúa como una puerta que permite que se acumulen pulsos de un reloj interno. Cuando la atención se divide, la puerta puede abrirse más o pulsar de forma más irregular, lo que lleva a sobreestimaciones de la duración.

De forma aún más intrigante, esta distorsión ocurrió tanto en intervalos inferiores como superiores al segundo, lo que sugiere que el efecto aprovecha un mecanismo general de percepción del tiempo, independientemente de la escala del intervalo.

Estos resultados son relevantes más allá de los experimentos en cintas de correr. Nos recuerdan que la percepción está profundamente corporizada: el cerebro no registra pasivamente el tiempo o el espacio, sino que integra constantemente la entrada sensorial con el control motor. En entornos ecológicos del mundo real, cualquier tarea que requiera movimientos inusuales o complejos puede sesgar nuestra percepción del tiempo.

Giovanni Anobile et al (2025). también advierten contra la suposición de que las distorsiones temporales observadas durante las actividades físicas reflejan solo factores fisiológicos como la fatiga o los cambios hormonales. Sus datos muestran claramente que las demandas atencionales y cognitivas son al menos igual de importantes.

Los autores señalan que futuras investigaciones deberían examinar si estos efectos se generalizan a otros tipos de movimiento y a duraciones más largas, así como de qué manera las fluctuaciones atencionales a lo largo del tiempo modulan el sesgo. La comprensión de la asignación dinámica de los recursos cognitivos podría tener implicaciones para todo, desde el entrenamiento atlético hasta la rehabilitación de pacientes con déficits motores o de atención.

Fuentes y recursos de información

Bartolini, T., Petrizzo, I., Arrighi, R., & Anobile, G. (2025). The role of physical and cognitive effort on time perception. Scientific Reports15(1). DOI: 10.1038/s41598-025-07814-9‌

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