¿Por qué no te termina de gustar la casa donde vives, según la psicología?

A modern living room featuring stylish bookshelves, a vibrant painting, and minimalistic decor.
¿Por qué no te termina de gustar la casa donde vives, según la psicología?

Laura Gil Ferradás

Fecha de la entrada

Sabes que pasamos de media en casa unas 15 horas diarias y aun así no acabamos de sentirnos plenamente satisfechos con ella. Muchas veces no tiene que ver con la decoración, el color, o el número de habitaciones.

Según la Teoría de la Affordance, término inglés acuñado por el psicólogo James J. Gibson en los años 70, se refiere a las posibilidades de acción que el entorno y los objetos ofrecen a un ser vivo. Así pues, éste está lleno de pistas que pueden invitarnos o no a interactuar puesto que el cuerpo las interpreta de manera automática.

La traducción al español es la palabra ofrecimiento, definida dentro de la psicología cognitiva y percepción, como el conjunto de estímulos que un determinado objeto proporciona a una persona y que le invita a realizar una acción.

También es admitido como sinónima la palabra enacción, que no o es un término propio del español, sino un calco del inglés enaction, empleado principalmente en psicología y educación para referirse al conocimiento adquirido por medio de la acción. Veamos un ejemplo de ofrecimiento: la determinada forma de un picaporte “ofrece” la acción de girar; por lo que su diseño toma relevancia en cómo nos invita.

El diseñador Donald Norman, tomó esta teoría para diseñar objetos, afirmando que una cosa no solo tiene que poder usarse, sino que tiene que parecer que sí se puede utilizar de ese modo. Así pues, el objeto no puede resultar ser una controversia entre lo que es, y para lo que sirve.

Affordances en la vida cotidiana

Nuestras casas están formadas por elementos que nos dan señales: por ejemplo, un tirador grande nos invita a empujar, sin embargo, un pomo redondo nos sugiere que lo giremos, pero si luego se coloca en una puerta que debe empujarse nos da una señal contradictoria provocándonos una cierta incomodidad.

Lo mismo ocurre con los espacios, muebles, objetos que las componen que nos mandan señales (Affordance), a veces nos invitan a usarlos, pero otras parecen provocarnos incomodidad.

Esta teoría se utiliza en arquitectura, diseño industrial e interiorismo. En el caso concreto de la arquitectura, apreciamos como escaleras amplias con peldaños bajos no están únicamente para subir y bajar sino también, para sentarse. Nadie te lo ha indicado, pero, aun así, de forma intuitiva llegas a usarlas de ese modo.

En diseño industrial, las affordance más habituales son los asientos con y sin respaldo. En un asiento donde se apoya cómodamente tu espalda, sentirás que podrás quedarte mayor tiempo, mientras que, en uno sin él, te enseña descansar brevemente y emprender la marcha más tarde.

En el diseño de interiores, la forma de distribuir los muebles cambia por completo nuestro comportamiento en cómo la utilizamos. Un sofá bien orientado por ejemplo con una lámpara al lado y una mesa nos dice quédate.

Un sofá sin mesa de centro o auxiliar se muestra como un espacio incompleto, si no hay un lugar cómodo para dejar un libro, un café el cuerpo se tensa sutilmente, la mente lo detecta y nos genera incomodidad, aunque finalmente nos adaptemos. Del mismo modo, si la mesa existe, pero está muy lejos, nos genera una disonancia entre lo que esperamos (utilizarla) y lo que realmente ocurre (no poder usarla). Esta pequeña frustración repetida cada día erosiona la sensación de bienestar en nuestra casa.

También, una butaca sin apoyabrazos o respaldo firme no nos ofrece la sensación de contención necesaria, aumentando el estrés basal.

La iluminación fría y única genera ambientes poco acogedores, mientras que las luces cálidas en diferentes niveles bajan el ritmo y facilitan la relajación. El espacio se fragmenta, y baja el ritmo, activa el sistema nervioso parasimpático, que nos ayuda a relajarnos.

Que una silla o el sofá den la espalda a un espacio demasiado amplio también es una affordance negativa puesto que se genera una sensación de exposición, y el cuerpo se activa en modo alerta.

Si un espacio tiene eco, también activa el sistema nervioso ya que este sonido es interpretado como alerta.

Puertas que no se puedan abrir totalmente porque hay “algo” detrás o que no te puedas asomar a una ventana porque hay “algo” delante son de las affordance más comunes que incluso nos pueden poner de mal humor.

Affordances invisibles y sociales

Existen también affordances invisibles: señales sutiles que el cuerpo detecta, aunque no sean obvias. Pueden ser espacios indefinidos sin transiciones visuales, muebles que no resultan prácticos y zonas que obligan a rodeos. Estas pequeñas incomodidades diarias se acumulan y erosionan el bienestar sin que sepamos bien por qué.

Las affordances sociales juegan un papel clave, así pues, un espejo grande en el baño facilita la interacción en familia, una bandeja para dejar llaves en la entrada fortalece los vínculos indirectos, y la orientación de los asientos en el salón puede fomentar (o no) la conversación y la convivencia.

Hasta el recibidor, si está despejado y bien iluminado, da la bienvenida y relaja a las visitas, mientras que la ausencia de un espacio para dejar abrigos transmite falta de hospitalidad.

Neuroarquitectura: la ciencia detrás de la decoración emocional

Según estudios sobre la psicología de espacio, la luz cálida ayuda a relajarse y mejora el descanso, y la disposición del entorno físico afecta la percepción de confort y seguridad. El buen diseño tiene impacto directo sobre el estrés basal, el descanso y la calidad de la convivencia en el hogar.

Así, la teoría de la affordance nos da herramientas prácticas para transformar nuestros espacios cotidianos en sitios más habitables, funcionales y emocionalmente enriquecedores. Parte del arte de decorar radica en comprender lo que comunican los objetos y el entorno a través de estos mensajes silenciosos, logrando ajustar el ambiente a las necesidades reales de quienes lo habitan y así sentirnos mejor cada día.