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Vigorexia: dismorfia muscular o complejo de Adonis

¿En qué consiste la vigorexia?

Esta psicopatología, que a día de hoy no está tan reconocida a nivel científico como otras relacionadas con la imagen corporal como pueden ser la anorexia o la bulimia, aparece en el manual DSM-5 en un subapartado de los trastornos obsesivo-compulsivos con el nombre de dismorfia muscular.

La principal característica de la vigorexia es la percepción de tener un cuerpo sin el suficiente tamaño muscular cuando en realidad estas personas suelen poseer un cuerpo hipermusculado. Por ello es frecuente que realicen una dieta estricta basada en “carbohidratos limpios”, es decir, libres de grasas y alta en proteínas. También es característica la práctica compulsiva de ejercicio físico con pesas y, en última instancia, llegar a recurrir al consumo de esteroides con el fin de aumentar la masa muscular.

Contextualización histórica de la vigorexia

Para buscar el origen del culto hacia el cuerpo musculado nos remontamos a la antigua Grecia donde los atletas musculosos competían en las olimpiadas, siendo el campeón recibido después como un héroe en la ciudad donde había nacido. Los atletas eran venerados por los más jóvenes, quienes soñaban con ser como ellos algún día.

Otra etapa importante para el desarrollo de la vigorexia fue el “boom de los gimnasios” en los años 80 y la influencia de culturistas clásicos norteamericanos.

No es hasta 1993 cuando esta psicopatología comienza a reconocerse a nivel científico de la mano del doctor Harrison G. Pope, cuando se encontraba investigando acerca de la auto-percepción a nivel físico de 108 fisicoculturistas. Detectó unos síntomas opuestos a la anorexia por lo que comenzó llamando a esta psicopatología como “anorexia inversa”. Esto es debido a que, a diferencia de las persona con anorexia que están preocupadas por no coger peso, las personas con vigorexia tienen como objetivo principal subir de peso en forma de masa muscular.

Actualmente vivimos en una sociedad donde el cuerpo masculino musculado está muy bien visto, llegando a ser relacionado con el éxito y la felicidad. Por ello es común encontrar en diversas campañas publicitarias en las que aparece un hombre con un físico de atleta que repercute en un gran número de personas.

La búsqueda del físico ideal ha provocado el desarrollo de numerosos problemas psicológicos. En las mujeres la vigorexia no es tan frecuente como en los hombres, sin embargo, es más frecuente el desarrollo de la bulimia y la anorexia nerviosa. En ambos casos hay un factor común, que es la insatisfacción con la propia imagen corporal.

La imagen corporal en el siglo XXI

El hombre moderno está insatisfecho con su apariencia física posiblemente porque la sociedad moderna y las presiones de los medios la han presentado como un ideal irreal de la forma en que debería verse» (Pope, Olivardía et al., 2004, p. 114) (García, 2011, p. 21).

En el siglo XXI el culto a la imagen corporal se ha llegado a consolidar como un valor social, llegándose a dar más importancia a lo que transmite la imagen exterior de las personas por encima de la imagen interior. Se produce un sesgo cognitivo en las personas conocido como “efecto halo”, caracterizada por la creencia de que las personas con un buen aspecto físico poseen mejores aptitudes en otros campos que las personas que no poseen el aspecto físico que marcan los cánones sociales de belleza. Este sesgo fue acuñado por Thorndike (1920) y posteriormente estudiado por Kahneman, quien habla de él en su libro “Pensar rápido, pensar despacio”.

En el caso de las personas con vigorexia es muy común que piensen que todos sus problemas personales se van a solucionar alcanzando el físico ideal al que aspiran. No obstante, es físico nunca se llega a alcanzar debido a que, pese a los progresos que van consiguiendo, nunca se sienten conformes. Esto desencadena un círculo vicioso compuesto por problemas relacionados con la insatisfacción corporal, la relaización compulsiva de entremiento de pesas en el gimnasio y la búsqueda de ese físico ideal que nunca se llega a alcanzar.

Epidemiología

Hay una gran influencia por parte de los medios de comunicación y la publicidad en el desarrollo de la vigorexia. Otro medio que influye en esta psicopatología es el cine. Podemos apreciar fácilmente cómo aparecen numerosos actores con cuerpos muy musculosos que influyen en los espectadores como pueden ser los actores de las películas de superhéroes que están teniendo un gran éxito en los últimos años.

Cabe destacar el medio que más repercusión está teniendo en la búsqueda de un cuerpo perfecto y ese es Instagram. Esta red social está refleta de modelos fitness, que se dedican a subir fotos exhibiendo cuerpos casi imposibles de alcanzar por la mayoría de las personas. Es importante resaltar que esos físicos no muestran la realidad debido a que es posible que esas fotos hayan sido retocadas por algún programa fotográfico, así como también juegan mucho con las luces y sobras con el fin de resaltar ciertas partes del cuerpo como, por ejemplo, los abdominales.

Prevalencia de la vigorexia

El resultado de algunos estudios destaca que la tercera parte de los casos de anorexia masculina han sido desencadenados previamente por la vigorexia.

Algunos estudios han revelado que cada vez hay más jóvenes que recurren al consumo de esteroides con el fin de aumentar su masa muscular, lo cual acarrea graves consecuencias para su salud, tanto física como psicológica.

Aproximadamente el 90% de las personas que sufren esta psicopatología son hombres.

El desarrollo de esta psicopatología se suele dar en edades comprendidas entre los 18 y los 35 años. No obstante, cada vez se detectan más casos en adolescentes que aún no han cumplido la mayoría de edad.

Evaluación de la vigorexia

La vigorexia es una psicopatología relacionada con múltiples factores y, por tanto, debe ser evaluada de forma multidisciplinar.

Se deben realizar diversas pruebas relacionadas con la ansiedad, la depresión, los trastornos de la conducta alimentaria, los trastornos obsesivo-compulsivos, la autoestima, la imagen corporal y otros problemas psicopatológicos que pudieran estar asociados.

También es importante detectar si la persona consume o no esteroides en cuyo caso afirmativo es necesaria la ayuda de un médico en la intervención debido a los problemas de salud física que pudiera estar sufriendo.

Podría ser de gran utilidad la ayuda de un nutricionista que ayude a la persona a llevar una alimentación equilibrada y no tan restrictiva como la que se suele llevar a cabo en estos casos.

Prevención de la vigorexia

Esta epidemia silenciosa ha crecido considerablemente en las últimas décadas llegando a influir en personas cada vez más jóvenes. Es por ello que sería bueno implantar modelos de prevención a través de charlas informativas dirigidos a personas de diversas edades y con diferentes grados de riesgo.

  • Prevención primaria: estaría dirigida a las personas más jóvenes que se encuentra en la etapa de la adolescencia y la etapa pre-adulta debido a que son lo que mayor riesgo corren de desarrollar esta psicopatología. También es importante dirigirse a padres y familiares de los mismos con el fin de que puedan detectar posibles indicios del desarrollo de este trastorno lo antes posible.
  • Prevención secundaria: enfocada a la detección prematura del desarrollo de la vigorexia con el objetivo de que sea tratada por profesionales de la salud lo antes posible.
  • Prevención terciaria: esta medida se tomaría con personas que padecen esta psicopatología de forma bastante prominente. El objetivo es tratar la vigorexia de forma exhaustiva y así evitar que esta psicopatología llegue a ser irreversible.

REFERENCIAS 

  • Baile, J. I. (2005). Vigorexia. Cómo reconocerla y evitarla. Madrid: Síntesis.
  • Fanjul, C. (2008). Vigorexia: una mirada desde la publicidad. Madrid: Fragua.
  • García, A. (2011). Vigorexia. La prisión corporal. Madrid: Pirámide.
  • Pope, H. G., Katz, D., L. y Hudson, J. L. (1993). Anorexia nerviosa and reverse anorexia among 108 male bodybuilders. Compr. Psychiatry, noviembre-diciembre, 34(6), 406-9.
  • Raich, R. M. (2000). Imagen corporal. Conocer y valorar el propio cuerpo. Madrid: Pirámide.
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