El Espectro Autista (TEA):

El Trastorno de Espectro Autista (TEA) es una disfunción neurológica crónica con gran carga genética, en donde se encuentran afectadas las áreas cerebrales de integración, coordinación y sincronización.

En el TEA se observan diferentes síntomas relacionados con el deterioro en la flexibilidad en el razonamiento y comportamientos, así como en la interacción social y la comunicación.

Por lo que, tanto una detección como una intervención temprana es de gran importancia, pues favorece el pronóstico y ayuda a la adaptabilidad de los niños que padecen TEA.

Es decir, en la detección de los “comportamientos anómalos” es de vital importancia que tanto los padres como los profesionales de atención primaria conozcan la información referente sobre el desarrollo normal del niño, los antecedentes perinatales (infecciones, sufrimiento fetal, bajo peso, diabetes gestacional, consumo de fármacos o sustancias teratogénicas y prematuridad), familiares y la evolución de la consecución de destrezas esperadas del desarrollo del menor.

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Por lo general, son los padres los primeros en detectar y preocuparse por aspectos que observan en el menor como el lenguaje tardío, pobreza en respuestas socio-emotivas y retraso en el desarrollo del niño.

Señales de alerta del TEA

Por consiguiente, se debe de estar atento a señales que indican realizar una evaluación más específica de la posible área afectada. Estas señales de alerta se clarifican en:

  • Desde los 12 meses. Ni balbucea ni realiza gestos como señalar o decir adiós con la mano.
  • Desde los 13 a los 15 meses. No camina aún con apoyo, no toma ni sostiene un lápiz y no emite ninguna palabra clara.
  • Desde los 16 a los 18 meses. No camina solo.
  • Desde los 18 meses. No dice alguna palabra que pueda resultarle sencilla.
  • Desde los 19 a los 21 meses. No sube ni baja escaleras, no intenta formar torres y no comprende órdenes sencillas.
  • Desde los 22 a los 23 meses. No corre, no patea la pelota, no imita trazos y no une palabras para formar frases.
  • Desde los 24 meses, el niño no realiza frases espontáneas de dos palabras (no ecolalias).
  • A cualquier edad, disminución latente o pérdida de estrategias del lenguaje y nivel social.

A edades muy tempranas es verdaderamente complicado el darse cuenta de alteraciones y modificaciones en el comportamiento del niño. Por ello, la observación de las conductas del menor es fundamental para la detección temprana de estas alteraciones.

Desde los 18 meses o incluso antes, los padres detectan algunas alteraciones en las conductas de sus hijos. Se han realizado pues numerosos estudios que afirman que las primeras manifestaciones del TEA se pueden observar antes de los 3 años, generando una estabilidad en el diagnóstico.

Recomendaciones en el TEA

Algunas de las recomendaciones, tanto para los profesionales de atención primaria como para los padres, son las siguientes:

  • En las consultas, conviene que los profesionales aporten información a los padres sobre las conductas que acompañan a un adecuado desarrollo del niño.
  • Los profesionales de atención primaria deben de atender en consulta todas las preocupaciones sobre los comportamientos o el desarrollo del niño que puedan tener los padres.
  • Tras observar, por parte de los profesionales, algún comportamiento relacionado con el TEA se debe de informar a los padres sobre la posible sospecha y la necesidad de realizar una evaluación más exhaustiva e inmediata. No obstante, es importante tener en cuenta la necesidad de informar a los padres pero sin alarmarlos.
  • Los profesionales deben de abordar la información ayudando a los padres a que sean conscientes, a que comprendan y acepten las dificultades del menor.
  • A la hora de transmitir dicha información se recomienda no emplear los términos “trastorno” o “autismo”, es más recomendable que se exprese el profesional con frases como “parece que su hijo no presenta un desarrollo comunicativo y social propio de su edad”.
  • Es normal que al comunicar a los padres la noticia surjan sentimientos de negación y miedo en éstos, por lo tanto, es aconsejable transmitir calma, no juzgar y escuchar de un modo activo las preocupaciones que puedan surgir a los padres tras la noticia. Una forma de transmitir confianza y disminuir la incertidumbre de los padres es proporcionar información sobre el proceso diagnóstico y los beneficios que éste tendrá sobre su hijo.

Por lo tanto, la detección temprana del TEA en los niños tiene una relación crucial con la mejora de la adaptabilidad del menor y su pronóstico. Pues cuanto antes se detecte el TEA, antes se podrá abordar y comenzar a intervenir con el menor.

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