Tu inacción es el alimento del miedo. Mientras tú estés fantaseando con otras realidades desde el sofá de tu casa, el miedo seguirá controlando tu vida.

Quizá quieras iniciar un proyecto, cambiar de ciudad, mejorar tu empleo, terminar una relación que no te beneficia… ¿Qué o quién te lo impide?, ¿por qué no te has puesto manos a la obra con ello?

Probablemente quien te lo impidas seas tú mismo.

Probablemente la mayor barrera entre tú y tu deseo de cambio sea transparente pero increíblemente fuerte.

Probablemente la barrera esté en tu mente. ¿Sabes por qué? Porque probablemente la barrera sea el miedo.

El miedo es una emoción tan necesaria como cualquier otra y tiene una función biológica: la conservación de nuestra especie. Esta es la razón por la que ante un peligro, aparezca.

Ahora bien… ¿cuándo dicho peligro es real o imaginario?

Cuando quieres iniciar un proyecto y te asalta el miedo, el mensaje que esconde es… “cuidado, puede que fracases”, “ve despacho o te dañarás”, “te vas a caer y te harás daño”

Es normal que nuestros antepasados tuvieran miedo y huyeran del león, es un mecanismo de supervivencia. Pero la realidad es que la gran parte de los miedos actuales han sido aprendidos a través de los mensajes que se han ido recibiendo durante el desarrollo vital.

Miedo a la muerte, miedo al fracaso, miedo a la separación, miedo al terrorismo, miedo al compromiso, miedo al rechazo…

Y suma y sigue.

Entonces, los miedos que albergan dentro de nosotros son más imaginarios, que reales. Sin embargo, les damos una veracidad absoluta.

Ya lo decía Eduardo Galeano en su Ventana sobre el miedo…

El miedo al silencio aturde las calles.

El miedo amenaza:
Si usted ama, tendrá sida.
Si fuma, tendrá cáncer.
Si respira, tendrá contaminación.
Si bebe, tendrá accidentes.
Si come, tendrá colesterol.
Si habla, tendrá desempleo.
Si camina, tendrá violencia.
Si piensa, tendrá angustia.
Sin duda, tendrá locura.
Si siente, tendrá soledad.

Por lo tanto, una gran parte de los miedos son aprendidos y dejan de ser funcionales en el mismo momento que limitan tu bienestar y el logro de tus objetivos.

¿Puedes pararte unos minutos y reflexionar acerca de lo que no estás haciendo en este momento por miedo?

Y después… ¿puedes pararte a pensar a qué o a quién tienes miedo?

Puede ser al fracaso, al que pensaran, a no ser válida, al rechazo…

EL problema comienza cuando tus miedos te controlan. Cuando tú dejas de ser dueño de tu vida, para ser esclavo del miedo.

Y esto sucede cuando te callas algo que desearías decir (por miedo), cuando no tomas una decisión importante para ti (por miedo), cuando no inicias algo nuevo (por miedo).

El miedo se manifiesta en las veces que te restas a ti mismo y no haces nada para remediarlo.

El miedo te impide vivir aquí y ahora plenamente, sabotea tu bienestar haciendo que te vayas al pasado constantemente o viajes al futuro creando situaciones poco probables.

Pone excusas y justificaciones continuas para mantenerte en la inmovilidad, en lo que él entiende como zona de seguridad y bienestar.

El miedo te mantiene en una zona donde nada pasa, pero tampoco nada crece.

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