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title: "La PALABRATERAPIA o algo más que hablar y hablar"
description: "Me queda la palabra  Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra.Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo..."
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date: 2026-03-23
modified: 2026-03-22
author: "Kepa Torrealdea Koskorrotza"
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categories: ["Artículos de colaboradores"]
tags: ["Psicoterapia"]
type: post
lang: es
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# La PALABRATERAPIA o algo más que hablar y hablar

> Me queda la palabra  Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra.Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada, si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra.Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria, si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra.Blas de Otero

Recuerdo un joven paciente de 18 años que me fue derivado por un neurólogo, hace ya unos años. El doctor buscaba ofrecerle una psicoterapia al chico, quien presentaba crisis epilépticas nocturnas y el galeno descartaba que tuvieran raíz orgánica.

Acepté el caso y tras ponerme en contacto con el joven, establecimos una primera cita. Vino con la expresión propia de quien busca respuestas y el miedo subyacente de no poderlas encontrar. Me contó que sus crisis, efectivamente, eran nocturnas; vamos que los ataques se le daban de noche, mientras dormía.

La primera vez ocurrió dos años atrás, cuando tenía dieciséis años. De inmediato, sus padres se pusieron en marcha y pidieron cita con un especialista. Le hicieron una resonancia magnética y un electroencefalograma.

Nada raro. Ocurría, le dijo el doctor, que, en ocasiones, las crisis epilépticas no dejaban rastro y se presentaban con alevosía y nocturnidad, como ladrones que te robaban los recuerdos, sin dejar huella de su paso.

Le trató con psicótropos y estableció las respectivas citas de seguimiento. La terapia funcionó, y el chico estuvo dos largos años sin crisis, totalmente asintomático. Al cabo de ese periodo, en unas de las citas de control, el doctor le confeso:

“Mira, esto que estás tomando (en referencia a la pastilla) es bueno, pero la dosis es tan escasa que es imposible que te esté haciendo efecto…”.

El chico quedó pasmado. No entendía nada. Esa misma noche, sufrió la segunda crisis epiléptica, dormido; como dos años atrás. ¿Qué pasó? Quizás la sugestión dejó de funcionar. Dicho de otra manera, lo que le mantuvo sin crisis durante dos años, fue el valor que el doctor otorgó a la pastilla, no la pastilla en sí.

Quizás, la tan denostada sugestión, sea la constatación de que tenemos poder de autocuración, y que ésta pasa por el encuentro, por la relación, por la palabra de alguien a quien otorguemos un ***saber***. Uno que nos preste un sostén para sujetar el temblor de sentirnos vivos de forma transitoria. Algo de este temblor le ocurría a aquel chico.

Las palabras nos enferman y, cómo no, también, nos curan. Al menos, como al joven de la viñeta clínica, en ocasiones, nos ayudan a no sufrir en exceso. Las palabras dichas con acierto llegan a combatir enfermedades obstinados en hacer su camino, sordas ante las súplicas de quien las padece.

A veces, no siempre, consiguen hacerse oír por el cuerpo. Pero, sin embargo, nunca sabemos de antemano cual es el camino que deberán transitar para atravesar las muchas capas de sordera de un cuerpo que arrasa. Tampoco, cuantas y cuales usar, y en qué momento. Pero el oficio de ***decir***, requiere de un *aprendizaje de escucha* previo. Largo y tendido.

Hablar en psicoterapia no es *blablar, aunque veo que vamos en esa dirección.*

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**Nota**: *No pretendo criticar la farmacoterapia, tan necesaria en tantas ocasiones. Quiero, por el contrario, poner en valor la importancia del lazo humano y la conversación terapéutica en el trabajo de psicoterapia (y en el de ayuda, en general). Un lazo humano en crisis y suplantado por test, protocolos, terapia online y, recientemente, la IA.*
