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El reforzamiento de ambos miembros de la pareja trae consigo como decían Patterson y Reid “que las tasas de gratificaciones intercambiadas se hacen sobre una base de reciprocidad

Insto al lector a que piense en una pareja que lleve 10 años juntos, con hijos. ¿Qué palabras os vienen a la hora de acceder a la misma? Seguramente: convivencia, comunicación, seguridad, monotonía,… y es justo en este último término donde me gustaría incidir, porque de la misma se deriva el poder, al delegar con frecuencia los detalles del día a día, al no aumentar el uso de las gratificaciones con la correspondiente consecuencia que se derivan de las mismas.

Sin embargo, cada vez más vemos en nuestra consulta parejas que no se plantean tal circunstancia en su quehacer diario.

Me atrevería a sostener que seguramente estemos ante el eje central de la valoración del nivel de satisfacción diario que tenemos en relación a nuestra pareja.

Por tanto; bajo este epígrafe ¿por qué nos cuesta tanto ofrecer a nuestra pareja conductas específicas y concretas que ayuden a que el otro se sienta mejor?

En primer lugar, nos encontramos con creencias del estilo “si ella o él ya sabe que le quiero, ya llevamos mucho tiempo juntos, no hace falta que se lo diga todos los días”. Hay que señalar que no debemos dar nada por sentado ni considerar que todo está dicho ya, simplemente porque un día firmamos un papel o nos comprometimos a convivir juntos o tuvimos hijos en común.

El ser humano necesita refuerzos, alicientes en el día a día, porque es lo que mantiene viva la motivación y el bienestar diario. Y este principio no sólo lo podemos extrapolar únicamente en la relación marital; a nivel laboral pondríamos utilizar el mismo argumento.

Imaginaos que nunca tuviéramos una mínima gratificación de nuestro jefe o que sólo recibiéramos un salario de forma muy esporádica, seguramente con el tiempo nos plantearíamos un cambio, puesto que nos iríamos a la cama con la sensación de que nada es reconocido ni recompensado.

Ahora poneos en la tesitura de que un día un jefe, un compañero, nuestra pareja, nos reconoce algo que hemos hecho bien; del tipo “gracias por haberme ayudado en este trabajo o gracias por ofrecerme una sonrisa cada día”. ¿Qué efecto inmediato tiene para con nosotros?

Este hecho trae consigo el re-considerar nuestras creencias y pensamientos sobre la importancia que tiene el aumentar ciertas conductas que agraden a mi pareja.

Por otro lado, saber qué puede ser una gratificación y si realmente mi pareja lo va a vivir como tal o le va a parecer algo arbitrario o ajeno.

Hay quien piensa que para sorprender a mi compañero hay que comprar un regalo, y más aún en esta sociedad en la que las afluencias del consumo florecen los comercios: las Navidades, el día de San Valentín, día de la madre, día del padre,… sin embargo bajo esta coyuntura no sólo lo haríamos dos o tres veces a lo sumo, sino que nos meteríamos en algo prefijado, marcado, sin que por ello pueda ser en sí gratificante por sí mismo para nuestra pareja.

Por tanto, no es el hecho en sí, sino lo que significa para nosotros. Y eso conlleva que no depende de la cuantía económica.

De hecho, ese tipo de refuerzos son en muchos casos menos potentes que otros. Sería conveniente hacer un listado de cosas que consideramos que para nuestra pareja sería bueno que las tuviéramos en cuenta (estas conductas deberán ser concretas y fácilmente definibles).

Las mismas las podemos englobar en distintas categorías: expresiones verbales, conducta afectiva y acciones que hacen la vida más agradable a nuestro compañero/a. Se pedirá a la pareja que anote en la hoja de registros las conductas agradables que encuentre en el otro y a su vez el compañero deberá darle señales de haberlas reconocido.

En segundo lugar, tanto el estilo de vida actual como los hijos reducen en ocasiones objetivamente el tiempo que pasan juntos la pareja.

Es frecuente escuchar frases del tipo “no encontramos a lo largo de la semana momentos para estar solos, juntos” y, si los tenemos, es al final del día cuando ambos ya estamos cansados de nuestro quehacer diario.

Todos estos condicionantes deberán de tenerse en cuenta para conocer los efectos que conllevan a la hora de “cuidar” la relación de pareja. Por ello, no quiero dejar de señalar la metáfora del jardín para que ambos sean conscientes de lo que están cuidando o no.

Habría que imaginarse como un jardín nuestra vida, en el mismo hay distintas plantas que conforman las diferentes áreas importantes para nosotros. Sin embargo, puede que estemos muy pendientes de algunas de ellas (ya sea el trabajo, la familia, amigos…) y por ende otras plantas pueden estar dejándose de lado con mayor frecuencia (quizás no reguemos de igual modo unas que otras).

¿Qué pasará por tanto con estas últimas?

Seguramente se marchitarían, de este modo se ofrecería la posibilidad de tomar conciencia de la repercusión de dejar a un lado tales flores del jardín.

Por tanto, es importante igualmente dedicar un tiempo a cuidar, mimar, centrando nuestra atención en ciertos aspectos (reciprocidad, comunicación, resolución de problemas,…) que son el eje fundamental para que la relación no se deteriore, no dejando por ende marchitar la misma.

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Cuando una pareja acude a terapia uno de los ejercicios más típicos con los que solemos trabajar, no sólo al principio, igualmente en el transcurso de la misma, es el Pille a su pareja haciendo algo agradable (este ejercicio fue desarrollado por el profesor A. Jack Turner y recogido ya en 1980 por el profesor Liberman), precisamente para trabajar todo lo anteriormente mencionado.

Por tanto, la importancia de acudir a recibir ayuda a cargo de un profesional que guíe en tales pautas (no hay que olvidar que las parejas que están pasando por dificultades suelen tener un sesgo perceptivo negativo del otro y de la relación, centrándose en lo negativo y olvidándose de lo positivo).

Por ello, tanto la perspectiva de gratificar al compañero, como que tales conductas se mantengan a largo plazo, es lo que favorecerá un paso previo a la comunicación, puesto que hay conductas que pueden acompañar la perspectiva de que utilizando el procedimiento de la balanza hay un equilibrio entre ambas fuerzas considerando que hay muchas cosas que merece la pena destacar, al señalar lo reforzante que es la relación para cada uno de los miembros de la pareja.

Autora: Silvia Fernández Bernárdez, psicóloga de Psicomaster

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1 COMENTARIO

  1. Excelente publicación, recomiendo a las/os estudiantes de Clínica II leerlo y a quien le interese. Pueden aprender a cuidar su relación de pareja. Muy buen aporte. Gracias.

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