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Breve análisis psicológico de The Joker/El Guasón

El Guasón (“The Joker”) es uno de los escasos ejemplos de obras cinematográficas taquilleras que presentan un tema tabú con un tremendo mensaje subliminal.

Vemos en el personaje del Guasón a una persona que trata de lidiar con trastornos mentales que trae desde su niñez, a quien arrebatan sus herramientas de contención y que, excluido, despojado y ridiculizado, se refugia en lo único que le queda: sus trastornos. 

La pintura en la cara no logra maquillar el dolor que pueden causar los trastornos mentales. Tampoco se busca romantizar el horror de una sociedad en decadencia que no acepta ni integra a la salud mental como un componente fundamental del bienestar de sus integrantes.

La película presenta una carencia magnánima de empatía, fiel reflejo de la sociedad en la que nos estamos transformando, sumergiendo al espectador en la perspectiva patológica del sujeto afectado.

De este contexto surge la solidaridad comunitaria del público, una identificación tan humana como peligrosa, que comienza a ser testigo del bombardeo de las estructuras sociales de sustento del actor y las elecciones subjetivas que este toma en ese ambiente.

A medida que trascienden las escenas, vemos los predecibles efectos de la salud mental no tratada en un protagonista ahogado en sus trastornos.

Los profesionales de la salud podrán identificar una serie de patologías, y es un buen ejercicio para estudiantes de psicología y psiquiatría para inferir diagnósticos diferenciales.

Personalmente, puedo compartir que conté claramente nueve trastornos mentales del Manual de Diagnóstico y Estadística de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-5), y que, con algo más de trabajo, se podría encontrar alguno más.

Hay algunos fácilmente identificables, como el afecto pseudobulbar, que produce esa risa incontrolable que es rasgo característico del personaje. También la distimia (un cuadro depresivo crónico) es evidente, así como los trastornos psicóticos. Otros, sin embargo, están más soslayados. Este es el caso, por ejemplo, de la amnesia disociativa, esa que no le permite recordar el episodio violento que sufrió cuando niño.

El llamado abierto y casi desesperado a la sociedad para que reevalúe su postura ante la salud mental transforman al film en altamente recomendado. El mensaje al espectador se resume en una frase del protagonista, tan alarmante como triste y espeluznante: “La peor parte de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras”.

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