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Los Trastornos de la Conducta Alimentaria son trastornos mentales en los cuales se mantiene una relación patológica con la comida y una idea obsesiva relacionada con la imagen corporal.

Con la publicación del DSM-5, han sido clasificados como Pica, Trastorno de Rumiación, Trastorno de evitación/restricción de alimentos, Anorexia Nerviosa, Bulimia Nerviosa, Trastorno por Atracón, Otros Trastornos Alimentarios y Trastornos Alimentarios no Especificados.

Estos trastornos tienen un origen multifactorial, ya que vienen desencadenados por diversas causas que pueden ser biológicas, socioculturales, psicológicas y/o familiares.

En la sociedad actual, los trastornos alimentarios que tienen mayor repercusión mediática y social y, por tanto, son los más conocidos, son la anorexia (ya sea restrictiva o purgativa) y la bulimia.

Estos trastornos repercuten en los/as pacientes tanto psicológicamente (ya que pueden sufrir depresión, ansiedad, consumo de tóxicos, trastornos obsesivos, autolesiones e incluso intentos autolíticos) como físicamente (en muchos casos los pacientes manifiestan osteoporosis, amenorrea, bajadas de tensión, bradicardia, etc.).

Destaca su mayor influencia concentrada en torno a la adolescencia y al sexo femenino. En los últimos años, es notable la importancia que ha adquirido la imagen en nuestra sociedad.

Este hecho puede verse por el incremento en el número de centros de dietética, entrenadores personales, centros de estética, productos dietéticos presentes en grandes superficies y gimnasios que hemos experimentado en nuestro país.

Sólo en este último sector, el de los centros deportivos, según el Observatorio Sectorial DBK Informa, en el año 2017 se produjo un incremento del 6% respecto al año anterior, hecho que se suma al continuo aumento durante los últimos años, que se refleja también en sus ingresos, que, según esta misma fuente, han sufrido un aumento de 100 millones de euros con respecto al año 2015.

El aumento de esta preocupación por mantener una determinada imagen corporal ha ido de la mano del avance en la accesibilidad a las nuevas tecnologías.

Hace unos años, los productos de belleza se promocionaban en los medios de comunicación, mismos medios en los que podíamos ver el ideal estético que primaba en el momento.

Actualmente está difusión es mayor, ya que, a través de Internet y de las distintas redes sociales, estas imágenes, productos y mensajes llegan a los dispositivos móviles en cualquier momento del día. Se ha disparado el número de casos de personas afectadas por diferentes Trastornos de la Conducta Alimentaria.

Este hecho, además de estar influenciado por problemas sociales, familiares, medios de comunicación, etc. se debe también a los contenidos que se difunden en internet y al aumento del tiempo que los/as adolescentes dedican a las redes sociales.

Así, a este crecimiento alarmante de personas que sufren algún trastorno alimentario, se suma el incremento de usuarios que tienen perfiles en las diferentes redes. Concretamente, en el año 2017, el Instituto Nacional de Estadística cuantificó dicho aumento, indicando que el uso de Internet en edades comprendidas entre los 16 y los 24 años es casi universal (98,0%), porcentaje que desciende según aumenta la edad de la población.

En lo referente al uso de las redes sociales, según ésta misma fuente, el Instituto Nacional de Estadística (2017), los/as más participativos son los/as estudiantes (90,4%) y los/as jóvenes de 16 a 24 años (90,0%).

A la rápida difusión de todo aquello que se publica por este medio, se suma el escaso control que hay sobre el contenido que se comparte.

La Associació contra l’Anorèxia i la Bulímia, indica que la aparición masiva de las redes sociales ha hecho que aumenten en un 20% las conductas de riesgo de los/as pacientes que sufren algún tipo de Trastorno de la Conducta Alimentaria.

Según esto, dichos/as pacientes habrían incrementado el número de conductas patológicas por la información que encuentran compartida en los diversos portales de Internet.

En el mundo virtual podemos encontrar contenidos al alcance de cualquiera. Los medios de comunicación destacan como una fuente importante de influencia en los Trastornos de la Conducta Alimentaria, pero, en los últimos años, se les han sumado páginas como Facebook, Instagram o Twitter.

Además, según diversos estudios publicados hasta la fecha, no sólo ha aumentado el uso de Internet y de las redes sociales, sino que una de las principales búsquedas que hacen los/as adolescentes está relacionada con el objeto de nuestra investigación, la preocupación por conseguir una determinada imagen corporal.

En las distintas redes, los/as usuarios/as se hacen eco de miles de fotos y vídeos en los que se destaca el actual canon de belleza, se comparten dietas y ejercicios para adelgazar (los cuales se intensifican meses antes del verano), e incluso se hace apología de la anorexia y la bulimia en páginas ProAna y ProMía.

Si bien es cierto que estas últimas se han prohibido en países como Francia y Alemania, con penas de hasta un año de cárcel y 10.000 euros, en otros países como España siguen desfilando libremente por la red.

Hoy en día, la autoestima de muchos/as adolescentes, que son los que forman el grupo con mayor riesgo de sufrir trastornos alimentarios, se basa, en mayor o menor medida, en la actividad de sus redes sociales.

En ellas contemplan qué estereotipo alcanza más “me gusta” haciendo que aumenten las comparaciones y que, en muchos casos, se incremente la obsesión por el físico.

Es más, cada vez es más común que muchos/as jóvenes quieran desarrollar su futuro en este mundo virtual, ya sea a través de la moda, la fotografía o los vídeos. Basta con pasar unos minutos en internet para darse cuenta de todo lo anteriormente citado.

Resulta evidente la influencia que las redes sociales ejercen en los/as jóvenes y que, en ellas, hay mucho contenido referente a los cánones de belleza que imperan en la actualidad.

Es por ello que la relación entre el uso de éstas y la preocupación por la estética parecen tener una relación muy estrecha, pudiendo afectar en el desarrollo Trastornos de la Conducta Alimentaria, o aumentando las conductas de riesgo en personas que los padecen.

Bibliografía

Gallegos, A. (2015). Asociación del riesgo para adquirir trastornos de la conducta alimentaria con el Índice de Masa Corporal en adolescentes entre 15 y 18 años en colegios de CORPEDUCAR de la ciudad de Quito. Máster. Universidad de San Francisco de Quito.

Mónika Jiménez Morales. (2010). Trastornos del comportamiento alimentario en internet. Revista Icono 14, 8, 84-96.

Gina Lladó, Rocío González-Soltero y María José Blanco. (2017). Anorexia y bulimia nerviosas: difusión virtual de la enfermedad como estilo de vida. Nutrición Hospitalaria, 3, 693-701. 10

Zelmira Beatriz Lozano Sánchez. (2012). La familia y las redes sociales en los trastornos alimenticios en adolescentes de la época contemporánea. Revista Científica In Crescendo, 3, 299-311

Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares. (2017). INE.

Lidia María Ortiz Cuquejo, Carlos Aguiar, Gloria Celeste Samudio Domínguez, Avelina Troche Hermosilla. (Abril 2017). Trastornos de la conducta alimentaria en adolescentes ¿una patología en auge? Pediatría (Asunción), 44, 37-42.

Adriana Paola Rodríguez Puentes y Antonio Fernández Parra. (2014). Relación entre el tiempo de uso de las redes sociales en internet y la salud mental en adolescentes colombianos. Acta Colombiana de Psicología, 17(1), 131-140.

Luis Fernando Sámano Orozco. (2013). Do internet, social network and other educational tools influence in the development of nervous anorexia and bulimia? Nutrición Clínica y Dietética Hospitalaria, 33(1), 38-42.

Linkografía

Asociación Española para el Estudio de los Trastornos de la Conducta Alimentaria. https://www.aeetca.com

Associació contra l’Anorèxia i la Bulímia. http://www.acab.org/es

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