La fuga disociativa consiste en uno o más episodios de amnesia en los cuales un individuo no puede recordar parte o todo su pasado.

La fuga disociativa también puede implicar la pérdida de la propia identidad o la formación de una nueva identidad la cual puede ocurrir acompañada de un viaje repentino, inesperado y decidido fuera del hogar habitual del individuo.

Síntomas de la fuga disociativa

Los síntomas específicos pueden incluir:

  • La perturbación predominante es el viaje repentino e inesperado fuera del hogar o del lugar de trabajo habitual, con incapacidad para recordar el pasado.
  • Confusión sobre la identidad personal o la asunción de una nueva identidad (parcial o completa).
  • La alteración no ocurre exclusivamente durante el curso del trastorno de identidad disociativo y no se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo, un fármaco de abuso, un medicamento) o una afección médica general (por ejemplo, epilepsia del lóbulo temporal).

Los síntomas causan angustia o deterioro clínicamente significativo en áreas sociales, ocupacionales u otras áreas importantes de funcionamiento.

La duración de una fuga puede variar de horas, semanas, meses o inclusive en algunos casos puede durar más tiempo.

Durante la fuga, la persona puede parecer normal y no llamar la atención, puede asumir un nuevo nombre, identidad y domicilio y participar en interacciones sociales complejas.

Sin embargo, en algún momento, la confusión sobre su identidad o la recuperación de su identidad original puede permitir la toma conciencia acerca de su amnesia o que le cause angustia.

La prevalencia de fuga disociativa se ha estimado en 0.2%, pero es mucho más común en relación con guerras, accidentes y desastres naturales. Las personas con trastorno de identidad disociativo frecuentemente exhiben conductas de fuga.

Una persona en estado de fuga a menudo no presenta síntomas o solo aparenta estar ligeramente confundida.

Sin embargo, cuando termina el estado de fuga, pueden aparecer los síntomas de depresión, incomodidad, pena, vergüenza, conflicto intenso e impulsos suicidas o agresivos, es decir, la persona debe lidiar con lo que huyó.

La falta de poder recordar los eventos causantes de la fuga puede causar confusión, angustia o incluso terror.

Cuando el estado de fuga está en progreso rara vez se reconoce como tal.

Las sospechas inician cuando la persona parece confundida sobre su identidad, desconcertada acerca de su pasado, o conflictiva cuando su nueva identidad su ausencia es desafiada.

A veces, la fuga no se puede diagnosticar hasta que la persona vuelve abruptamente a su identidad previa a la fuga y se angustia al encontrarse en circunstancias desconocidas.

El diagnóstico generalmente se realiza de forma retroactiva en función de la historia, con documentación de las circunstancias previas al viaje, el viaje en sí y el establecimiento de una vida alternativa.

Aunque la fuga disociativa puede reaparecer, los pacientes con fugas disociativas frecuentes generalmente tienen un trastorno de identidad disociativo.

La mayoría de las fugas son breves y autolimitadas. A menos que el comportamiento haya ocurrido antes o durante la fuga que tiene sus propias complicaciones, el deterioro suele ser leve y de corta duración.

Si la fuga fue prolongada y las complicaciones debidas a la conducta antes o durante la fuga son significativas, la persona puede tener considerables dificultades, por ejemplo, un soldado puede ser acusado de desertor y una persona que se ha casado puede haberse convertido inadvertidamente en un bígamo.

En el raro caso en que la persona aún se encuentra en la fuga, recuperar información, sobre su verdadera identidad, descubrir por qué fue abandonada y facilitar su restauración son importantes.

El tratamiento involucra métodos como la hipnosis o entrevistas facilitadas por medicamentos.

Sin embargo, los esfuerzos para restaurar la memoria del período de fuga a menudo son infructuosos.

Un profesional capacitado puede ayudar a la persona a explorar patrones internos e interpersonales para manejar los tipos de situaciones, conflictos y estados de ánimo que precipitaron la fuga para evitar comportamientos de fuga posteriores.

Actualmente esta condición no es reconocida como un trastorno individual por la actualización de 2013 del DSM-5, puesto que se considerada como una condición específica del trastorno de amnesia disociativa, sin embargo, aún sigue siendo reconocida por el CIE-10.

Causas de la fuga disociativa

La fuga disociativa puede ser causada por una situación la cual le genera a la persona un estrés emocional extremo. Se cree que la fuga disociativa ocurre como la forma en que el individuo escapa del estrés que de otra manera no podría enfrentar.

Una causa común de la fuga disociativa es un trauma sexual severo de algún tipo. Otras causas pueden incluir:

  • sentimientos extremos de vergüenza
  • trauma causado por la guerra
  • trauma causado por un accidente
  • trauma causado por un desastre natural
  • secuestro
  • tortura
  • abuso emocional o físico en la infancia

Estos eventos traumáticos pueden haber sido experimentados por la persona, o pueden ser efecto secundario al haber sido testigos de que le sucedió a otros y haber quedado gravemente traumatizado por lo que vieron.

También existe la posibilidad de que un vínculo genético predisponga a alguien a la fuga disociativa.

 

¿Qué tan común es la fuga disociativa?

La fuga disociativa es relativamente rara. La frecuencia de la fuga disociativa tiende a aumentar durante períodos estresantes o traumáticos, como durante la guerra o después de un desastre natural.

 

¿Cómo se diagnostica la fuga disociativa?

Aunque no existen pruebas de laboratorio para diagnosticar específicamente trastornos disociativos, se pueden emplear métodos como pruebas de diagnóstico, tales como estudios de neuroimagen, electroencefalogramas (EEG) y análisis de sangre, para descartar enfermedad física o efectos secundarios de los medicamentos si se sospecha que causan los síntomas.

Ciertas afecciones, que incluyen enfermedades cerebrales (como epilepsia), lesiones en la cabeza, intoxicación por drogas y alcohol y privación de sueño, pueden provocar síntomas similares a los de trastornos disociativos, como la amnesia (pérdida de memoria).

Si no se encuentra una enfermedad física, la persona puede ser referida a un psiquiatra o psicólogo, estos profesionales de la salud están especialmente entrenados para diagnosticar y tratar enfermedades mentales.

Los psicólogos usan herramientas de entrevista y evaluación especialmente diseñadas para evaluar a una persona por un trastorno disociativo, tales como  la entrevista clínica estructurada para la Disociación o SCID-D.

 

Tratamiento de la fuga disociativa

Una vez que se realiza el diagnóstico, puede comenzar el tratamiento, el cual puede incluir lo siguiente:

  • crear un ambiente seguro
  • asistencia para recuperar recuerdos perdidos
  • técnicas que ayuden a reconectarse con la vida antes del trauma
  • descubriendo gradual, tratamiento y gestión del trauma que originalmente causó la fuga disociativa
  • desarrollar mecanismos de afrontamiento para manejar mejor las situaciones estresantes del futuro
  • recuperación de las funciones de vida normales
  • fortalecer y mejorar las relaciones

Estos objetivos se logran a través de varios tipos de terapias, que pueden incluir:

  • terapia familiar
  • psicoterapia
  • terapia cognitiva conductual
  • técnicas de meditación y relajación
  • música o arteterapia
  • hipnosis clínica
  • terapia conductual dialéctica

Actualmente, no existen medicamentos conocidos para ayudar al comportamiento disociativo. Sin embargo, es posible que se receten medicamentos para ayudar con otros síntomas, tales como la depresión o la ansiedad.

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