Anorexia, bulimia, atracones compulsivos… los trastornos alimenticios se están convirtiendo en una verdadera epidemia del siglo XXI, ¿qué está sucediendo?

Vivimos expuestos a mensajes sociales que priman la belleza y la estética por encima de otros valores. La belleza es considerada una forma de aceptación y promoción social. Se entra al mundo a través de lo superficial, de lo que vemos a primera vista.

La publicidad no cesa en transmitir mensajes de belleza infinita y utópica. Las imágenes de cuerpos infantilizados que representan un ideal de belleza completamente insano y demencial, se suceden en la televisión, las revistas y las marquesinas de los autobuses.

La epidemia en trastornos de alimentación ataca sobre todo a la población adolescente, una etapa vital donde es primordial ser aceptado por los iguales y encajar en el patrón estándar.

Y en esa búsqueda de aceptación y reconocimiento, las chicas (y cada vez más chicos), rechazan sus cuerpos y sus formas naturales y originales, iniciando una larga andadura para lograr los cuerpos artificiales que no poseen.

Dejar de comer durante horas mientras se visitan páginas de Ana y Mía para recibir apoyo de otros tantos que anhelan la delgadez extrema, vomitar cada comida para mitigar el sentimiento de culpabilidad que genera haber comido, comer dulces y grasas a través de atracones para liquidar las emociones de frustración y amargura al no ser como uno desea ser.

El aumento de los mensajes publicitarios relacionados con la necesidad de lucir un cuerpo delgado y perfecto, junto a la falta de una buena psicoeducación respecto a este tema, está generando proporciones epidémicas de anorexia y bulimia.

A pesar de que los mensajes superficiales se queden en “la belleza está en el interior”, “el físico no importa”, etc.… el monstruo de los mensajes sociales toca a todos y todas.

Pronto uno se ve rechazando su propio aspecto físico e implorando el de otro. Y así, se crea una sociedad neurótica, donde nadie está contento con lo que es, y con lo que tiene. La insatisfacción, es evidente.

¿Dónde se encuentra la solución a esta locura social?

Difícilmente podremos modificar los mensajes que nos llegan de la sociedad y de la publicidad. Lo que si podemos hacer, es valorar como los tomamos y cuanta importancia le damos.

Se necesita mucha aceptación propia para mitigar la continua presión externa para cambiar lo que uno es. Son los primeros pasos a dar si se quiere romper el bucle demencial entre lo que se es, y lo que se desea ser.

De otra manera, a través de la falta de aceptación, uno puede entrar fácilmente en un bucle de insatisfacción y necesidad permanente de cambiar esto y aquello de su aspecto físico, emprendiendo una escalada que no encontrará fin tan fácilmente.

Adjunto las características que definen a los dos trastornos alimenticios que más aumentan, la anorexia y la bulimia.

La Anorexia nerviosa

Es una enfermedad mental que consiste en una pérdida de peso derivada de un intenso temor a la obesidad y conseguida por la propia persona que enferma a través de una serie de conductas.

Afecta preferentemente a mujeres jóvenes entre 14 y 18 años.

Los síntomas más frecuentes son:

  • miedo intenso a ganar peso, manteniéndolo por debajo del valor mínimo normal.
  • escasa ingesta de alimentos o dietas severas
  • imagen corporal distorsionada
  • sensación de estar gorda cuando se está delgada
  • gran pérdida de peso (frecuentemente en un período breve de tiempo)
  • sentimiento de culpa o desprecio por haber comido
  • hiperactividad y ejercicio físico excesivo
  • pérdida de la menstruación
  • excesiva sensibilidad al frío
  • cambios en el carácter (irritabilidad, tristeza, insomnio, etc.).

La Bulimia nerviosa

Es un trastorno mental que se caracteriza por episodios repetidos de ingesta excesiva de alimentos en un corto espacio de tiempo en forma de “atracones” y una preocupación exagerada por el control del peso corporal que lleva a la persona afectada a adoptar conductas inadecuadas y peligrosas para su salud.

Afecta también mayoritariamente a mujeres jóvenes, aunque algo mayores que en la anorexia.

Los síntomas más frecuentes son:

  • comer compulsivamente en forma de atracones y a escondidas
  • preocupación constante en torno a la comida y el peso
  • conductas inapropiadas para compensar la ingesta excesiva con el fin de no ganar peso: uso excesivo de fármacos, laxantes, diuréticos y vómitos autoprovocados.
  • el peso puede ser normal o incluso elevado
  • erosión del esmalte dental pudiendo llegar a la pérdida de piezas dentarias
  • cambios de carácter incluyendo: depresión, tristeza, sentimientos de culpabilidad y odio hacia una misma.

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